/* Profile ----------------------------------------------- */ .profile-img { float: left; margin-top: 0; margin-right: 5px; margin-bottom: 5px; margin-left: 0; padding: 4px; border: 1px solid #6728B2; } .profile-data { margin:0; text-transform:uppercase; letter-spacing:.1em; font: normal normal 83% Verdana, sans-serif; color: #af99dd; font-weight: bold; line-height: 1.6em; } .profile-datablock { margin:.5em 0 .5em; } .profile-textblock { margin: 0.5em 0; line-height: 1.6em; } .profile-link { font: normal normal 83% Verdana, sans-serif; text-transform: uppercase; letter-spacing: .1em; } /* Footer ----------------------------------------------- */ #footer { width:660px; clear:both; margin:0 auto; padding-top:15px; line-height: 1.6em; text-transform:uppercase; letter-spacing:.1em; text-align: center; } -->




Descubrí que en política todo es una gran mentira

20 de marzo de 1981 – Radiolandia 2000


MARILINA ROSS CREE QUE IZQUIERDAS Y DERECHAS GENERAN ODIO, Y SOLO QUIERE VIVIR EN PAZ, FELIZ, AQUÍ Y AHORA


“DESCUBRÍ QUE EN POLÍTICA TODO ES UNA GRAN MENTIRA”




Cuatro años en España le demostraron lo difícil que es vivir lejos del país y la gente que se ama. Volvió a enfrentar todos sus miedos, los fantasmas que la acosaban. Está muy cambiada, con muchas ideas nuevas.


Tiene 38 años pero conserva la cara, el físico, los modos, los gestos de una adolescente. Sin embargo, cierta expresión de sus ojos por momentos se empeña en contradecir esa imagen. Y esta dualidad aparece también cuando Marilina Ross habla. De a ratos desbordante, de a ratos vacilante. A un gran silencio puede sucederle una carcajada, que trata de explicar que para ciertos temas no tiene respuestas y que, incluso, no le interesa tenerlas. Regresó a la Argentina luego de cuatro años de residencia en España, y en estos días ensaya la obra teatral “Boda blanca”, que se repondrá en la Sala Planeta el 1° de abril. En los descansos de uno de esos ensayos, mantuvimos una charla extensa, profunda, por momentos errática.

-¿Por qué volviste Marilina?

-Vine a enfrentar todos mis fantasmas, todos mis miedos, los que ya no me dejaban dormir, los que me hacían sufrir. Vine a ver dónde están, qué cara tienen. Quiero combatirlos y ganarles. Además, regresé porque quería estar de nuevo aquí. Extrañaba mucho y amo mucho a esta ciudad. Saqué un pasaje de ida y vuelta, pero me atrapó todo y no me puedo volver.

-¿Qué sentiste estando fuera del país?

-Lo más difícil de superar, es la pérdida de identidad. Sobre todo para una actriz que tiene que representar a una sociedad que acaba de conocer. Aquí me vuelvo a encontrar conmigo, es encontrarme con los demás. Sentía mucha nostalgia, me invadía una melancolía a veces peligrosa.

-¿Por qué peligrosa?

-Es que estaba muy triste, muy triste, sin esas ganas, ese entusiasmo que te permite enfrentar cualquier cosa, pase lo que pase. Pero haberme metido a fondo en todo ese dolor, en tanto sufrimiento, en todas esas pérdidas, me fortaleció, me dio más ganas que nunca de vivir, de buscar la felicidad.

-¿Qué opinás del momento que atraviesa España?

-Yo había estado en España, antes de la muerte de Franco y era realmente otro país, muy chato, muy gris, silencioso, ordenado, muy sofocado. A la muerte de Franco, España se dio vuelta. Reapareció la alegría, había mucha sensación de fiesta, pero todo eso, entrañaba un peligro: después de cuarenta años de una represión muy grande, de una represión digamos, todo lo que estaba tapado sale de pronto y sale desbordado. Entonces no se sabe cómo usar la libertad, se llega al libertinaje. La gente se desborda y se pasa de una monja en la tapa de una revista, al sexo en primer plano sin un devenir, sin una progresión. Pero esa etapa no se podía evitar. El destape, el erotismo a todo nivel, ya hartó a la gente. Es como dijo Saura: “voy a hacer cine de destape, para que eso pase lo más rápido posible”.



CRECER DE GOLPE

-¿Hace diez años, hubieras hablado del libertinaje como lo hacés ahora?

-Este pensamiento me lo dio ver algo desde afuera, desde adentro no se ve nada claramente. En España lo vi, porque yo era espectadora de ese proceso. Hace unos años en la Argentina, yo no tenía conciencia de que el libertinaje era una etapa y que, como tal, había que vivirla. Creo que crecí, que recibí golpes que me ayudaron a crecer y a enriquecerme. No me arrepiento de nada, todo me sirvió.

-¿Qué ganaste y qué perdiste con ese crecimiento?

-Antes tenía la proa hacia un sitio, y esa proa ha virado. Mis objetivos estaban más en los demás, puestos afuera, en cosas que no me pertenecían. Ahora la proa está dirigida hacia mí, hacia adentro para terminar en los demás, en el afuera.

-Tus palabras sugieren un retorno a lo individual.

-Sí, lo individual como punto de partida, no como punto de llegada. ¿Qué podés modificar afuera si no sabés qué es lo que querés modificar adentro?

-¿Estás arrepentida de algunas cosas que hiciste?

-No, porque en su momento creía firmemente en eso y yo siempre actué así. Me muevo por impulsos y espero que nunca tenga que arrepentirme de mis impulsos, porque son los más auténticos. No parten de una cosa impuesta, vienen desde muy adentro. Y por eso sigo golpeándome la cabeza, sintiendo que hay dos formas de vivir. Una gris, en la que no sufrís ni sos feliz y otra, que es la mía, en la que sufrís y sos feliz alternativamente. Yo quiero vivir aquí y ahora.


BODA BLANCA. Marilina debutará el 1° de abril en esta pieza teatral, que se repondrá en la Sala Planeta. La foto la muestra en uno de sus diarios ensayos. "¿Cómo no iba a aceptar este trabajo? Cuando vi la obra, me conmoví hasta las lágrimas. Es un espectáculo de muchísima calidad".

VOLVER A LOS 17

“Marilina aquí y ahora”, es precisamente el nombre del espectáculo que presentó este verano en Punta del Este. En él, según nos dice, se propuso contar su vida a través de canciones, desnudar su intimidad, mostrarse para lograr comunicación con un público, que en su mayoría lo integran jóvenes de 16 a 20 años.

-¿Cómo te llevás con ese público adolescente?

-Muchos de estos chicos, han empezado a contarme sus experiencias a través de cartas, de libros, de poemas escritos por ellos, de charlas en cafés. Han sentido necesidad de compartir eso que yo muestro. Recibí una carta poema de una chica de 17 años. Una carta maravillosa, que me dejó helada. Habla de la necesidad de llegar un día a un cementerio y de imaginar tu nombre en una tumba para poder vivir, tener la muerte muy cerca para vivir a fondo. Yo pienso que mañana me puedo morir y por eso no voy a dejar para mañana lo que pueda hacer hoy.

-¿Me querés decir que no le tenés miedo a la muerte?

-Para mí la muerte ha dejado de ser un miedo. Jua jua ¿Qué dije? Bueno, está dejando de serlo. Estuve muy cerca de la muerte, tuve una sensación de muerte muy grande, un desmayo con conciencia. Estuve en un sitio muy acogedor, muy cálido. Era el alivio, el “al fin me siento bien”. Me costó muchísimo volver. Al día siguiente, el pánico se apoderó de mí, porque me di cuenta que había estado a un pasito de la muerte.

-¿Cómo fue?, explicame...

-Fue muy raro, muy raro. Estaba en una boite parisina, absorta, como transportada mirando todo lo que formaba a mi alrededor el rayo Lasser. De pronto, un rayo produjo un túnel eterno, interminable. Fue como si me chupara. Me caí, me desmayé, entré en una sensación de muerte muy placentera.

-¿La vejez, tu vejez, tampoco te atemoriza?

-La vejez, el último enemigo del hombre de conciencia. A esa la esquivo, todavía no la puedo enfrentar. Siento que estoy en el mejor momento de mi vida, no quiero preocuparme por ella. Ya vendrá y entonces sabré qué hacer. Vivo el presente. Nunca estuve con menos miedos, en paz, con menos ansiedad. Gozando, sin esperar grandes cosas.

LENNON, SU RUEDA Y LA POLÍTICA

-¿Antes esperabas grandes cosas?

-Sí, uno está en esta sociedad, en esta vida que nos toca vivir tratando de ser el mejor, de llegar... Eso ya no me importa. Es un poco lo que dice Lennon en su último disco: “Estoy sentado viendo la rueda girar, la gente me pregunta por qué me separo y veo la rueda girar, por qué no estoy dentro de la rueda, y yo les contesto que estoy bien mirando la rueda girar”. A mí tampoco me entienden que estoy bien mirando la rueda girar.

-¿No tenés miedo que digan que sos inmadura?

-Si la gente madura hace que el mundo esté al borde del Apocalipsis, de la guerra nuclear, yo no quiero llegar a esa madurez. Quiero vivir y ser feliz. Si eso es inmadurez no me importa.

-¿Perdiste interés por la política?

-Sí, no creo en ninguna política. Descubrí que todo es una gran mentira, que es otro el camino.

-Ese pensamiento tiene mucho de frustración, de resignación.

-No, no te equivoques, no estoy resignada. Sigo creyendo en el ser humano, sólo que ya no creo en los hombres que manejan el mundo.

-¿Y cómo pensás que pueden cambiar las cosas?

-Yo no voy a proponer la forma en que se puede producir un cambio, no soy omnipotente. A duras penas puedo conmigo y con la gente que tengo alrededor, que quiero y me quiere. En tanto el mundo siga dividido en izquierda y derecha, el odio seguirá estando. Quiero pasar por encima de todo eso, buscando al ser humano.


Esta nota fue compartida por Xil. Muchas Gracias!!

No hay comentarios:

Publicar un comentario