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Encuentro testimonial

Martes 12 de agosto de 1997 – La Nación

Música

Encuentro testimonial



Por: RENÉ VARGAS VERA

Nuestra opinión: Bueno

"Las cantautoras", presentaciones de las compositoras y cantantes Eladia Blázquez, Marilina Ross y Teresa Parodi, con Gustavo Gardelín en piano y teclados. Temas de sus respectivos repertorios, en una "temporada limitada". Dirección artística: Lino Patalano. En el teatro Maipo. Esmeralda 449.

Amelita Baltar, Susana Rinaldi y Marikena Monti juntas, eran un vendaval en aquel año 73, cuando decidieron aparecer cantando, primero en La Bola Loca de la calle Maipú, luego en Magoya, en Mar del Plata, y en el 74, en el Embassy porteño.

En "tres mujeres para el show", Amelita cantaba folklore, Susana tango, y Marikena canciones francesas e internacionales. La idea de Garrido-Almada había resultado un éxito arrasador: una sala repleta durante siete meses durante el 73 lo confirmaba.

Ahora, a veinticuatro años de aquel suceso, Eladia Blázquez, Marilina Ross y Teresa Parodi deciden emular a sus colegas. La diferencia, respecto de aquellas tres pioneras, es que Eladia, Marilina y Teresa son creadoras en los terrenos del tango, el folklore y la balada, e intérpretes de sus propios temas. Es decir, obviamente -aunque la palabreja suene cacofónica- cantautoras

El show

Las cantautoras ensayan el rol de show-women. Y salen airosas en una función de estreno, donde tienen garantizada una ruidosa claque, aunque es evidente que en tal cometido actoral ha de sobresalir, por su delicioso histrionismo, la hermosa y juvenil Marilina Ross.

Para probarlo están Eladia Blázquez en el centro, Teresa Parodi a su derecha y Marilina Ross a su izquierda. La buena sincronización indica que María ha de cantar primero "Contra viento y marea"; que enseguida se le unirá Teresa, y que hacia el final intervendrá Eladia.

Hasta ese momento compartimos un recital. El show comienza cuando Eladia esgrime la primera humorada en la que se cuelgan sus compañeras.

La idea de presentar una a la otra -como lo hicieron antes Amelita-Susana y Marikena- es acertada. Sobre todo cuando, como en este caso, no se recurre al ditirambo.

Canto y compromiso

La concepción del show es inteligente. Empezando porque su desarrollo cultiva el dicho "lo bueno, si breve, dos veces bueno". También por dar testimonio de este feroz, salvaje tiempo finisecular. Y por insertar en el medio -como un perfil personalísimo- el ámbito intimista, casi confidencial, del propio ancestro y del amor.

Marilina sabe instalarse en el corazón de la gente con la ternura de su expresión, pero además por su condición de sereno testigo, en "Mis hijos naturales", "Como mis padres" y "Un inocente juego" (que es un canto de solidaridad). Lo que más atrapa de ella -además de su encanto natural- es que asume el medio tono, enriqueciéndolo con matices.

Teresa irrumpe después con un inapelable prefacio a modo de autorretrato, para cantar -volcánica- "Esa musiquita" y su poesía de alto vuelo, que da paso al sentimental "Recuérdenme" (dedicado a sus hijos). En ambos casos trata Teresa de controlar sus ímpetus canoros y recurre más que nunca a limar consonantes, como los centroamericanos.

Eladia no se acompaña con guitarra, como María y Teresa. Para eso están los buenos dedos de Gustavo Gardelín. Y repasa, con voz más pequeña y fatigada que sus colegas, pero con buen gusto, temas como "Buenos Aires, mi ciudad", "Somos como somos" y "A un semejante" (donde aparecen metáforas). Su don histriónico la lleva por buenos caminos.

Hacia la segunda parte se unen las tres voces para otro hallazgo creativo de Teresa Parodi: "Con el alma en vilo". No es un trío para la posteridad, al menos en afinación, y no obstante la firme tercera voz, confiada a María.

Teresa ha de cantar, más eufónica (con matices) "El otro país" y otro tema a uno de sus hijos; Eladia "Argentina, primer mundo" (que incluye algún acierto discepoliano) y la esperanzada "A pesar de todo", y María una canción que denuncia la mentira y la hipocresía, y aquella idealista de "Soles".

Es el final. Las tres se entregan a "Honrar la vida", una canción de buenas intenciones.

"Las cantautoras" dan fe de algo cuasi utópico entre argentinos: compartir estilos. Y además de los mensajes para toda una generación, demuestran que sus afinidades espirituales son creíbles.



Fuente: La Nación

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