/* Profile ----------------------------------------------- */ .profile-img { float: left; margin-top: 0; margin-right: 5px; margin-bottom: 5px; margin-left: 0; padding: 4px; border: 1px solid #6728B2; } .profile-data { margin:0; text-transform:uppercase; letter-spacing:.1em; font: normal normal 83% Verdana, sans-serif; color: #af99dd; font-weight: bold; line-height: 1.6em; } .profile-datablock { margin:.5em 0 .5em; } .profile-textblock { margin: 0.5em 0; line-height: 1.6em; } .profile-link { font: normal normal 83% Verdana, sans-serif; text-transform: uppercase; letter-spacing: .1em; } /* Footer ----------------------------------------------- */ #footer { width:660px; clear:both; margin:0 auto; padding-top:15px; line-height: 1.6em; text-transform:uppercase; letter-spacing:.1em; text-align: center; } -->




Estoy orgullosa de no estar en cierta televisión

Jueves 29 de enero de 2004 – Revista Veintitrés

MARILINA ROSS, SU INTENSA VIDA Y SU FUGAZ REGRESO A LA PANTALLA CHICA CON PIEL NARANJA

“Estoy orgullosa de no estar en cierta televisión”

Hizo historia en TV con La Nena y en cine con La Raulito. Acompañó a Perón en su retorno de España. Sufrió censura y exilio. Se refugió en la música. Adora a Migré y sólo por él vuelve brevemente a una tele que ya no le gusta.



Por: JOSEFINA LICITRA

Marilina Ross no volvió del infarto. En mayo de 2002, un síncope y una angioplastia hicieron de Marilina otra mujer. Ya no canta (dice que le falta el aire, pero en realidad no tiene ganas), ya no actúa (buena parte de la televisión le desagrada) y pasa los días en su casa de Palermo Hollywood: una construcción antigua que conserva el aire verdadero que Palermo Hollywood le quitó a las cosas. Compró esta casa cuando estaba enamorada.

- Es hermosa, lástima la separación. Cuando es uno el que se queda, quedan también los recuerdos-, dice con la voz seca y reposada.

A Marilina le sobran recuerdos. Sólo por citar los que son públicos, está su protagónico en La nena (la telecomedia que, en los ’60, transformó su cara de ángel en un ícono de la televisión); su participación en Cosa Juzgada (una representación de casos policiales reales, hecha por el grupo Gente de Teatro de David Stivel); su composición en La Raulito, su exilio, su regreso, sus nueve discos. En el medio también está Piel naranja, el novelón que hizo con Arnaldo André en 1975, y que terminó hace dos décadas con un final que hizo llorar al país: Clara (Ross) y Juan Manuel (André) habían sido asesinados por el marido de ella.

Ahora, Alberto Migré decidió resucitar a Juan Manuel y hacer Piel naranja, años después: una continuación de cuatro capítulos, producida por Cuatro Cabezas, que termina el próximo sábado y que cuenta con una única aparición de Marilina Ross en televisión.

- Se supone que era una sorpresa para el público, pero Clarín habló de más. La vuelta de tuerca que le encontró Migré es muy linda y sorpresiva.

- En Piel Naranja hay una ganadora de reality. ¿Qué piensa de los programas como Lux Star, que son semilleros de “artistas”?

-¿Artistas? ¡Un artista es otra cosa! Si querés hacer un trabajo digno tenés que estudiar mucho y tener los ojos muy abiertos en la vida, para luego poder pintarla.

- ¿Y cómo espectadora, le gusta esta nueva Piel Naranja?

- Me encanta, adoro a Migré. Es más: también me tragué Piel naranja, el original, hace dos años por Volver. Felizmente, mi mala memoria hace que me hubiera olvidado todo.

Marilina y Arnaldo André, en Piel Naranja versión 1975

Todo lo que no está en su memoria, está en sus carpetas. Las fans le regalan biblioratos llenos de recortes: fotos viejas, notas adulonas, producciones estilo Caras en versión años ’60: “Marilina Ross y Emilio Alfaro (su marido de entonces) disfrutan del esquí en el Tigre”. Marilina hojea las notas y se ríe: una risa como una tos suave.

- ¿Vive de recuerdos?

- No, porque no me alcanzaría la vida. Ahora vivo el aquí y ahora. Leo a Osho.

- ¿Y eso qué quiere decir?

- Que busco las respuestas en mí. También leo a Chopra y a Krishnamurti… No es de ahora: empecé en los ‘70. Buscaba en los libros lo que no encontré en la política: justicia social. Pero después vino el Proceso y empecé a preguntarme si la respuesta había que buscarla afuera o adentro, en cada uno.

- ¿Entonces ya dejó de ser peronista?

- Nooo, menos ahora. Me gusta lo que está pasando con Kirchner. En todo América Latina estamos viviendo un momento histórico en el que podrían cumplirse muchos de los deseos del General.

- ¿Es cierto que estuvo en chárter que lo trajo de regreso?

- Sí. Yo estaba haciendo teatro, me disloqué un hombro y me enyesaron. Se suspendió la obra. Ahí supe que buscaban gente de la cultura que pudiera ir. Y dije: “Yo puedo. Total, con este yeso imposible trabajar.”

- ¿Qué sintió dentro del avión?

- Que estaba metida en la tapa de un cuaderno Rivadavia. Era testigo de un hecho histórico. Yo soñaba con la vuelta de Perón. Pensaba que era la solución de todo. El pasaje me lo pagué yo, porque nunca pertenecí a ninguna cosa orgánica. Yo, por ejemplo, hacía trabajo en villas, pero no adoctrinamiento. Era hacer arte, darles lo que ni ellos sabían que existía. En los ’70, los artistas éramos muy molestos para ciertos grupos.

- ¿De cuántas maneras le manifestaron que usted era molesta?

- Me prohibieron. Los programas, de golpe, me dejaban afuera sin explicaciones. “No vengas porque se rompió una cámara”, esas excusas. No me podían nombrar. Finalmente me llegó un papelito, como a tanta gente, que decía: “O abandonan el país o serán ejecutados en el lugar donde se los encuentre”.

"Una terapeuta me contó que logró sacar a un pibe del autismo con una frase de Puerto Pollensa: 'Pánico porque me rechazarás'. Eso es eterno, es lo que más feliz me hace"

A pesar de las amenazas, Marilina hizo La Raulito en 1974 y recién se fue a España en 1976. Allá, por esa película, recibió el Fotogramas de Plata a mejor protagónico: un premio que disputó con Jack Nicholson, Al Pacino, Liv Ullman y Dustin Hoffman. La Raulito le abrió las puertas del cine en Europa: hizo cuatro películas, pudo haber hecho carrera. Pero no. Ella sentía que se moría.

- Entre morirme allá de pena y morirme acá a balazos, preferí morirme acá. Era llanto tras llanto, así que en el ’81 volví y dije: “Que sea lo que Dios quiera. Si sobreviví a La Raulito, bien puedo sobrevivir a esto.”

- ¿Por qué “sobrevivió” a La Raulito?

- Porque la filmé en las calles de Buenos Aires amenazada de muerte. Fueron dos meses de rodaje en los que no me reconocía ni mi madre.

- ¿Fuera del rodaje usted seguía con el personaje?

- Sí. Mi analista me llegó a preguntar cuánto faltaba para terminar la filmación. Si entraba a un bar a buscar un sándwich para comer, me gritaban: “¡Roñoso, rajá de acá!”. No podía ir ni al baño, no me paraban los taxis. Una vez estaba sentada en un umbral, esperando para que me filmaran, y salió un portero y me dio una patada en el culo. Es increíble cómo pasé de ser Marilina Ross, una privilegiada a la que le decían “pase por acá”, a ser nadie. Y sólo por estar sucia y mal vestida.

- ¿Y por qué no se bañaba después de grabar?

- Porque quería ser La Raulito las 24 horas. En esa época tenía un novio que estaba furioso. El pobre no sabía qué hacer conmigo. No podía dormir en la almohada de plumas y me quedaba dormida en los umbrales. Un horror. Mi compañero hasta me puso un sobrenombre: El Sore.

- ¿Ahora tiene novedades de la Raulito original?

- Todo el tiempo. En su cumpleaños le llevo una torta con los jugadores de Boca. Más de una vez ella me dio ánimo a mí.

- ¿Cuándo fue la última?

- Cuando pasó lo del corazón. Y el día que murió mi madre cayó en casa por primera vez, de casualidad. No sabía que mi mamá estaba mal. Cuando llegó, yo acababa de venir de la Chacarita.

Su padre, Enrique Parrondo, fue mozo. Su madre, Jesusa Lazaun Ross, fue ama de casa y la responsable de que Marilina se dedicara al arte. A los ocho años la llevó a clases de actuación: desde entonces estuvo en la compañía de Luisa Vehil, integró el grupo Gente de Teatro de Stivel, y se transformó en joven celebridad con La nena.


Con Osvaldo Miranda, en La nena.

- Todas las notas de los ’60 tienen el título “Ya no soy una nena”. ¿Estaba harta del personaje?

- Muy harta. La nena se levantó por mí. Al quinto año dije: “No lo hago más”, y eso que tenía contrato por diez años. Largué en pleno éxito, con cuarenta puntos de rating. Hasta me ofrecían el doble de plata, pero yo no quería morirme siendo “la nena”.

- ¿Cómo vivió la aparición de las primeras arrugas?

- Con felicidad. Yo nunca podía hacer personajes de mi edad, que tuvieran que ver con mi pensamiento. En algún momento la vejez me dio mucho miedo, pero no ahora. No me siento una señora de sesenta. Me siento muy vital, aún cuando pasé por momentos de mucha angustia, sobre todo después del infarto.

- ¿La angustió enterarse de que a usted también le va a llegar…?

-Eso por un lado. Y por otro, la limitación de la libertad. Siempre hice lo que quise y ahora no puedo. Tengo que estar cuidándome de todo. Yo adoraba el jamón crudo y nunca más pude comerlo, tampoco milanesas, que era mi plato preferido. Y encima este enfisema que me trae conflictos porque ahora no me da el aire…

- ¿Por eso desde hace tres años que no saca un disco?

-Sí. No creo que saque más discos ni que componga más. No tengo nada nuevo para decir. Ahora me voy a dedicar a hacer videos. O quizás vuelva a actuar… lo que no quiero es estar en televisión sólo por estar ahí. Es más: estoy orgullosa de no estar en cierta televisión, con tantos programas de chimentos y poco espacio para los actores.


Y como La Raulito.

-¿Qué cosas suyas cree que quedaron en la gente?

-La Raulito va a quedar. Puerto Pollensa también. Una terapeuta me contó que logró sacar a un pibe del autismo con una frase de Puerto Pollensa: “Pánico por que me rechazaras”. Y eso es eterno, es lo que más feliz me hace.

-Muchas lesbianas tomaron esa canción como una bandera personal. ¿Qué le parece?

-Odio que sea una bandera, porque eso sería una limitación. Puerto Pollensa habla de amor. Nunca pretendió ser un emblema gay. Es sólo un tema que habla de mi historia, porque me enamoré en Puerto Pollensa, en Palma de Mayorca. Todos mis temas siempre hablaron de mí, de cosas que me marcaron con fuego.

-¿Alguna vez hizo una canción contando lo del chárter?

-No. Lo más cercano es “La chacarera del Nunca más”, que retoma muchas ideas del General. Me acuerdo que me dieron una medallita de recuerdo por haber participado del chárter. Y yo encima la perdí, en un programa de Badía: me robaron una bolsa con mis recuerdos más valiosos.

-¿Qué más había en la bolsa?

-Un cuaderno escrito por la Raulito, de puño y letra. La foto de Luisa Vehil, que me dedicó cuando yo tenía 17 años, cuando recién empezaba, hablando de que yo tenía futuro. El libro de Carlos Mugica, una foto de Evita, el I-ching que me traje de España… Pero bueno. El I-ching era fácil de reponer.

1 comentario: