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La mujer es el negro del mundo

8 de febrero de 2001 – La Otra Guía N° 52, publicada en marzo de 2001

MARILINA ROSS

“La mujer es el negro del mundo”
(aunque yo no lo haya sufrido a tal extremo)

Desde la paz de su refugio, susurra cálidamente la frase de John Lennon.




Por: MARTA MARKOFF

Febrero a pleno, veredas con vapor, final de siestas. Un día todo lleno de Acuario, por la fecha, por la Era y por la entrevistada: María para pocos, Marilina Ross para el oído del mundo. Palermo Viejo de verdad, que carga cansado un snobismo americano tan desarticulado como ridículo, en una escenografía donde las luces de neón y el blindes desencajan. Sin embargo, la intimidad hogareña de María, sí guarda intacta la bohemia que siempre caracterizó a este barrio típico de Bs. As., con el olor a caballerizas, vino y tango. Su casa, su auto, su perro León, su estudio, su jardín, su calor humano, su franqueza, su inocencia confirmada y su evocación a un grande al recordar aquella frase suya tan mentada: “La mujer es el negro del mundo”.

Sus relatos, más que palabras son imágenes, son como frescos que nos remontan plácidamente a una ciudad de hace cuatro décadas, más llana, más fraternal, generosa y solidaria, laboriosa y creativa, de adultos con la inquietud constante de que nosotros, sus hijos de los años 40, nos embriagáramos de educación, de cultura, de conocimientos sobre esta tierra americana maravillosa, que los había cobijado de la miseria de una Europa devastada.

Así nos cuenta María, que allá por un febrero del 43 eligió a sus papás, quienes vivían en la calle Pola al 200, otro barrio tradicional mezcla de Villa Luro y Liniers, de donde, no por casualidad, se asentaron españoles tan especiales como luego lo serían sus hijas en el arte de la música, Marilina y entre otras, Amparito Pericet con su danza bolera. Sin diferencia con la mayoría de los chicos de entonces, hijos de inmigrantes que trabajaban sin mirar el reloj, su escuela primaria fue la de la vuelta de su casa, según dice entre risas, como aclarando a qué otra podría haber ido. A modo de anécdota nostálgica, relata que le encantaba visitar a un artista plástico que vivía doblando una de sus esquinas, donde jugaba incansablemente con títeres que allí habían, dándole personajes y vida; se acuerda de sus tres o cuatro añitos y entre sonrisas recalca que “parece que La Nena ya era muy graciosa” y que por tal razón, el vecino pintor, al descubrirle condiciones innatas, orientó a sus papás a que la encaminaran hacia el aprendizaje del arte dramático. Su mamá, amante del género y en parte cumpliendo su propio sueño, logra que ingrese en el Teatro Infantil Albarden, semillero de grandes figuras argentinas.

Recordando sus veranos cuenta que conoció el mar a los 14 años; vuelve a hacer hincapié en que sus padres eran humildes trabajadores y que antes, sólo disfrutó de una vacación en Villa Allende en Córdoba. Con referencia a sus juegos preferidos menciona entre carcajadas el “de las estatuas”, el de librar su imaginación en las marionetas y por supuesto confiesa que desde muy temprana edad aflora su pasión máxima: “jugar a la música”, como luego lo dirá en sus propias canciones.

A diferencia de la generalidad de los adolescentes, cuando le llega el tiempo de cuestionarse “qué quiero ser”, ya era una actriz indiscutida, razón por la cual su elección verdadera no es sino la música y la composición, actividades éstas que recrea como un hobbie en los momentos libres que le dejaba su profesión consolidada. Cuenta con entusiasmo de su debut profesional junto a Fernández de Rosa, convocada por Luisa Vehil para la obra “Lucy Crown” en el Teatro Liceo allá por el 60 y casi como una travesura de niña, que lo era, confiesa el destino de su primer sueldo: una guitarra española. De más está aclarar, que desde ese instante su adicción fue convertir sus dedos en hacedores de nítidas tonalidades y arpegios, que pronto acompañarían expresiones del espíritu que hoy identifican sin mácula a varias generaciones. Prácticamente adoptada por la familia Vehil, continúa durante años con la compañía, la que además la incorpora a la T.V.

1968 fue el año de su primer intento musical, grabando su primer simple con el Chango y su Grupo Vocal Argentino, los temas “carta a papá” y “vivir aquí” en el viejo sello Trova; riéndose a toda voz, ironiza que fue su primer fracaso. Implacable en su autocrítica, menciona como su segundo infortunio la grabación del tema “qué será de mí”, utilizado en la telenovela “Los hermanos”. Continuando como actriz, no deja de componer y de cantar en reuniones íntimas. Trata de convencerse a sí misma “lo mío no es por acá” y trae a su memoria la musicalización que le daba a la admirada poesía de Cristina Banegas, “carta a papá”, “voy a hablar de mi amante” y “había una vez un gato” son los temas que recuerda. Destacando cada vez su gran amor por la música, prefirió por entonces no dañar su vertiente interior, otorgándole un lugar exclusivo, personal y de esparcimiento espiritual.

Decidió animarse nuevamente a escribir luego de que su emoción vivenciara una fuerte experiencia; así, sin quitarle prioridad a la actriz, avanza con especial cuidado en la creación de letras y en 1974 graba su primer larga duración: “Estados de ánimo”. Una vez más su lanzamiento parece intrascendente, no obtiene apoyo ninguno de la compañía grabadora, cuyos ejecutivos aseveraban que las voces femeninas no se vendían.

Frustrada una vez más, insiste en convencerse de que no es lo suyo. En 1975, trabajando en “Piel Naranja”, el L.P. llega a manos de Alberto Migré, quien se enamora de algunos temas y comienza a insertarlos en la novela, sobretodo “Quereme, tengo frío”; se convierte en suceso, se edita en simple y vende más de 200.000 placas. En este punto, Marilina ironiza sobre el cambio de actitud desde la grabadora, deja de ser la desatendida para ser recibida con trompetas; de pronto, había demanda de voces femeninas...?. Por otra parte, en su profesión de actriz, rememora los ratos amargos de la época; antes de la filmación de “La Raulito”, brillante trabajo cinematográfico de colección, ya había sido víctima de amenazas. En el 76 hace “El gran soñador” espectáculo mudo, acompañado únicamente de música y gestos, a lo que risueña agrega “fue una suerte que no pudiera decir ni una palabra, porque ya estaba prohibida, figuraba en las tristemente famosas listas negras y no estaba enterada”. El éxito rotundo de “La Raulito” en España hace que la convoquen para dos películas, al mismo tiempo en que se produce el golpe del 24-3-76, es así que decide marcharse hacia el país de sus “ancestros de Vaqueiro” y es al llegar cuando se entera verdaderamente de los horrores que aquí sucedían. Bien aconsejada, decide quedarse a vivir, trabajar y por supuesto a componer. Motivada por los cambios, el sabor amargo del exilio, emociones fuertes y muy hondas en todos los órdenes de la vida, va gestándose “Soles”, canciones cuyas letras se convertirían en himnos.


Cuatro años difíciles transcurre María, cuando la rara sensación de que moriría si no regresaba comienza a acosarla y es cuando resuelve volver a Bs. As. en 1980, a pesar del “Proceso” aún vigente.

Presintiendo cambios profundos, y dando los tiempos que toda transición necesita, decide tomar su guitarra y, a modo de juego, acepta la propuesta de cantar en un pub de la ciudad de Córdoba. En 1981 debuta en nuestra capital, en un pub de la todavía Av. Canning y Las Heras, siendo su guitarra la co-protagonista. Con lógicos miedos, la magia se produce, se le van sumando músicos, la banda crece, el espacio queda chico, se mudan los recitales a un local con más amplitud, sus fans la seguimos sin pausa y la guerra de Malvinas nos sorprende, nos hiela, nuevamente la muerte acechando generaciones irrecuperables de argentinos. Con tristeza genuina, rememora Marilina la prohibición de las letras en inglés y su horrorizado pensamiento acerca de que tenga que producirse una guerra para que la música nacional recupere sus espacios. Demandada por las grabadoras, “Soles” ilumina al país, innumerables hogares argentinos se aferran a una imaginaria luz de esperanza que brota de cada estrofa, de cada acorde, de cada canción.

Sobreviene la anhelada democracia y el éxito de María no deja de ser una constante por todos conocida.

A esta altura del atardecer, más que un reportaje, la sensación era la de estar charlando entre amigas, lo cual evidenciaba su libertad al decir que “aunque le pudiere significar ganarse muchas enemigas”, para ella el feminismo que lucha desde la competencia con el hombre es equívoco, puesto que también ellos son oprimidos por las sociedades. Con firmeza apuesta a una lucha juntos de ambos géneros, para mejorar la calidad del ser humano, sin olvidarse de resaltar que el machismo generalmente tiene sus orígenes en la vida de un varón a partir de las conductas de las madres.

Confiesa además que nunca sintió la dificultad de ser comparada con el hombre; reconoce que en España cuando tomó verdaderamente conciencia sobre este tema, sobre la evolución del ser esencial, comprendió que la posibilidad de mejorar depende de uno mismo, que las culpas no son siempre del otro, que no se puede vivir reclamando a los gobiernos, a las sociedades, a los padres. Considera que la humanidad va en avance hacia el objetivo de ser menos hipócritas y más libres, más solidarios y que ese cambio desde adentro fundará los cimientos para una transformación de relevancia.

Refiriéndose a los medios de prensa, considera que siempre están digitados por el poder de turno y que por tal motivo pareciera que en el mundo jamás suceden cosas buenas, causas justas o luchas auténticamente sanas para lograr una mejor calidad de vida; pero deja claro que sí cree en la existencia de todo eso y resalta con fervor la Reunión de Porto Alegre en oposición total a la de Davos, donde los que se creen dueños del universo no quieren reconocer que el proceso de globalización está muerto como los 100 chicos, que por hambre fallecen en nuestro país cada día.

Recuerda en este momento, sin ocultar su bronca, que un conocido periodista de Página 12 reclamó a los cantautores nacionales, hace pocos días, la falta de un homenaje a las Madres de Plaza de Mayo y que debió ser Sting en el 87 quien lo realizara; por supuesto que no fue así dice María, recordando su tema La Plaza Blanca y su personal tributo a ellas en 1982, tanto como el “Que nunca más” del 85. No duda en calificar a Perón como un gran estadista, cuya máxima obsesión fuera “forjar la Patria grande”. Ella, a sí misma se autodefine como anti-imperialista, enfatiza su oposición a todo modelo de sometimiento y califica como un genocidio el sistema económico actual.

Entre risas pudorosas dice que el “Amor” todavía lo está buscando; a toda carcajada sostiene que la pareja es una complicación y a la vez necesaria. Aclara que su búsqueda está dirigida al amor generoso, sin egoísmo, no posesivo, siempre desde ella, dice y volviendo a la risa confiesa que trata cada vez de aprender lo que escribe en sus canciones. No logra poder dar sin esperar algo a cambio y en tono gracioso afirma que es una materia que siempre se la lleva a marzo, que creía que sabía todo y al fin comprende que no sabe nada. Ratifica al amor como imprescindible para la vida y más que un concepto sobre qué significa estar enamorado, suena a poesía espontánea cuando casi recitando despliega en el aire bellísimas imágenes: “estando en ese estado de enamoramiento todo es mejor, nos ayuda a vivir, nos ayuda a ser mejores personas, hasta lo terrible que pudiera pasar se lo ve de otro color, desde ese color todo es mejor y sin ello no se podría vivir mucho, todo sería insoportable”.

Como balance de su vida lo sintetiza diciendo: “si mañana fuera el día de mi muerte, estaría en paz, sin nada pendiente, sin nada que quede en el tintero, vivo al día y a pesar de las facturas caras que puede haber pagado, no me arrepiento de nada, estoy contenta y satisfecha”.

El atardecer va pintando de rojo Palermo, fin de una jornada especial, un cálido beso de despedida y un agradecimiento enorme a tanta franqueza.


Desde el rinconcito, esta nota la compartió Christian.

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