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La música ante todo

Martes 16 de mayo de 1989, Clarín Espectáculos

Más de veinte años de vocación... y devoción

El viernes a las 22, en el Coliseo, en el "Ciclo de los grandes", Marilina Ross festejará y pasará revista a sus 20 años con la música, acompañada por el tecladista Ángel Mahler. La cifra es aleatoria: hace 23 años que grabó su primer disco, con sus musicalizaciones de poemas de Paco Urondo y Elsa Jascalevich, pero venía componiendo desde mucho antes. Actriz por imposición familiar y presión social, Marilina asegura que su vocación siempre fue la música; no se considera cantante, pero afirma que "nadie va a contar mi historia mejor que yo".



La música ante todo

Por: SIBILA CAMPS

-Veinticinco años atrás, ¿qué te llevaba a expresarte en parte actuando y en parte cantando?

-En principio fue la música lo que más me gustaba; por eso tomaba poesías y trataba de ponerles música, no confiaba en lo que yo podía decir. Pero la música estuvo siempre, desde chiquita.

Creo que fui actriz, al principio porque mis padres querían que lo fuera; después, porque la sociedad "me enseñó" que lo importante era tener fama y tener dinero. Cuando me pregunté qué quería ser, ya era actriz (entré al Labardén a los 8 años). No era una vocación, mi vocación era la música. Si hubiera podido elegir, habría estudiado música... que no estudié nunca. Toda la energía estaba puesta en la actriz, y la música quedaba para los ratos libres, el hobby era tomar la guitarra y ver qué salía.

-¿Qué tipo de poetas elegías para musicalizar?

-Primero trataba de sacar los temas que me gustaban. Así empecé a hacerme amiga de la guitarra: con cuatro tonos era capaz de trasportar cualquier canción. Cuando intenté hacer una letra, me salió bastante fea y apelé a los que sabían hacerlas mejor. Y hubo un momento en que empecé a tener confianza en mí; creo que fue cuando compuse Canción de cuna para despertar a un hijo, en el '67 o '68.

-¿Qué fue lo que hizo que te sintieras más segura?

-Sentí que era al revés. Dije: "Tal vez no pueda expresar mis ganas de ser madre de una forma óptima, visto desde un lector o un oyente alerta; pero nadie va a contar mi historia mejor que yo".



-¿A partir de entonces volviste a trabajar con letras de otros autores?

-Seguí trabajando con Cristina Banegas, con quien hice bastantes canciones, entre ellas Carta a papá, El hacedor, Voy a hablar de mi amante, Pasaje de ida, Fotos mías. Luego empecé a valorarme yo, a adquirir más seguridad, me fui permitiendo más cosas.

-¿Qué tiene de egoísta y qué de generoso el cantautor, teniendo en cuenta que por lo general interpreta únicamente sus propias composiciones?

-Un cantautor no es básicamente cantante. No es mi caso, mi fuerte no es cantar. Yo no puedo tomarme el atrevimiento de cantar un tema ajeno y pretender hacerlo bien. Cuando hago temas ajenos (en mis discos siempre hay alguno) es porque llegaron a conmoverme de una forma muy profunda. Danza, por ejemplo, es un tema de Ivano Fossatti que a mí me hizo mucho bien cuando estaba en España; y todo eso que a mí me sirvió cuando lo escuché y lo cantaba en mi casa para salir del pozo, sentí que era necesario que ayudara a los demás; me sentía como una especie de intermediaria. En eso creo que no hay egoísmo.

Por lo demás, entre otras cosas tengo mi limitación vocal, no abarco más que una octava; entonces no tengo más remedio que hacer solo mis propias canciones, y en una tesitura bastante reducida. Pero en el fondo, creo que no pasa por ahí; pienso que tengo algo que decir, y que quiero decirlo.

-Interpretar implica actuar, en tanto es jugarse por un concepto, por un significado. El cantautor puede pasar a actuar situaciones diferentes, pero no esencias diferentes.

-Exacto. Los temas que incorporo en mis discos jamás van a decir lo opuesto a lo que yo creo.


"Los temas que incorporo en mis discos jamás van a decir lo opuesto a lo que yo creo".

-¿Esas esencias se fueron modificando en estos 25 años?

-Hay muchas canciones que me han quedado viejas. En alguna he hablado del amor como de una propiedad privada, de algo que me pertenece, y ya no vivo el amor como una persona que está a mi servicio. Tengo una visión menos terrenal; puedo ver las mismas cosas desde un sitio un poquito más elevado, y donde el árbol tapa menos el bosque.

-¿Hay temas que te piden y ya no querés cantar más?

-Sí, y los canta la gente. A veces me canso de decir siempre lo mismo. No quiero que se mecanice, que me ocurra como cuando era actriz, que tenía que repetir todas las noches la misma letra, pues llegaba un momento en que no creía en lo que decía. Sigo cuidando y respetando mucho a la canción.

-Para eso estarían las canciones nuevas; para decir lo mismo con otras palabras.

-Claro.

-Es decir lo mismo con otras palabras, más allá de la maduración que pueda alcanzar cualquier creador, puede ser tomado como un símbolo de coherencia, o como un símbolo de reiteración. ¿Cómo lo ves en tu propio caso?

-Me costó muchísimo juntar el material del nuevo disco. Inclusive tuve una crisis: pensé que no tenía nada más que decir y que no compondría más. Y después de la crisis aparecía la lucecita que me decía "Bueno, pero también se puede hablar de esto otro", y ya no tanto desde mí. Me puse más en observadora, a ver qué pasaba a mi alrededor. Por eso el nuevo disco se llama Conectándome... con las plantas, con los que se conectan, con lo viejo, con lo nuevo, con lo que hay que cambiar, con lo divino, y con ustedes, con los demás.

-No contestaste la pregunta.

-Es que no es nada fácil, y la estoy pensando. En este disco tengo una canción aparentemente de amor, pero desde la antiheroína, algo que no había hecho nunca; hay otro tema, Adictos, que habla de los adictos al televisor; Este dolor es un bolero; Veranito de invierno es barroco, con la Camerata Bariloche; hay un tango reo, antiguo, varios pops y solo dos baladas, no me repito.

-¿Dónde encontrás vos la coherencia?

-Dentro de esa incoherencia de géneros musicales, quiero que haya coherencia en lo que se dice, y que lo que se diga tenga el envoltorio musical necesario. La coherencia está en el hecho de que la vida es tan rica e inagotable, que nunca van a terminar de aparecer cosas por las cuales cantar, ya sean positivas o negativas. Nada está quieto, nunca nada es igual. Entonces es difícil repetirse.

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