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Marilina Ross, de la explosión a la paz

Domingo 31 de julio de 1983 - Clarín

Marilina Ross, de la explosión a la paz

Una impecable continuidad tuvo el espectáculo que presentó Marilina Ross en el Estadio de Obras. Con una puesta escénica llamativa y cargada de sorpresas cantó temas que partieron de la búsqueda de la identidad hasta llegar al encuentro afectivo, luego de un transcurso sólidamente concebido.


Estados de ánimo, búsquedas y encuentros, afectos, amores y muchos sentimientos abarcaron el repertorio de Marilina Ross en el Estadio Obras.


Por: Roque de Pedro


Una pared blanca cubría el centro del escenario cuando se corrieron las cortinas. De pronto, mientras todos esperaban que delante de ella apareciese Marilina Ross, una explosión derribó el muro en tanto surgía el humo de Trentuno y se concentraban un par de fogatas a los costados. Un símbolo en el que desaparecían los ladrillos del ocultamiento y se recurría a las llamas purificadoras. La voz surgió de la nada: "¿Cómo habré llegado hasta aquí...?", una figura blanca recorrió las ruinas y dio lugar a la artista esperada. "¿Dónde estoy?", repitió su canción, "¿Dónde está la luz?" prosiguió. Y ella fue dándola de a poco, en un sencillo tiempo de palabra, con voz sin pretensiones, directa, ausente de exageraciones pero también sin falsas modestias. Marilina Ross fue, durante toda la noche en el Estadio Obras, una palabra auténtica.

Es mérito de ella poseer condiciones de expresión y creativas, incluso el haberlas desarrollado a través de un concienzudo proceso en el cual dio numerosas muestras de calidad actoral que las omnipotencias castradoras se encargaron muchas veces de alejar de la escena y las pantallas. Hay que sumarle aquí la perspectiva de puesta que trajo Susana Torres Molina quien acertó en las ambientaciones de los diversos momentos.

Oscuridad y silencio invadieron el estadio cuando tras marcar las pretensiones de "la bomba de neutrones para defender la paz", se detuvo "¿Qué paz?". Estaba en los momentos suspendidos, como esa pared derribada que compensaron los soles cantados con alguna inflexión blues rodeada de luces de velas blancas entre los escombros. "Por lo menos estamos en Obras" dijo aprovechando la doble significación de la palabra, "en ropa de trabajo...". Luego se pondría guantes blancos para Hacer el amor, y los pasos por la vereda que sugeriría más tarde la batería serían multiplicados por toda la gente. También llegó la Canción de cuna para despertar a un niño y el desvelo de la gente se convirtió en el ya conocido "Se va a acabar...", mientras se preparaba el estreno de Jesús, querido hermano, una versión casi salmodiada del poema de Claudio Baglioni.

Una escenografía informal rodeó a Marilina en su actuación, que fue apoyada por La Banda de la Plaza, grupo de asentada preparación.

Era el momento de los afectos. Por ello cantó Y ahora mi canción va... (A mis amigos), con su sencillo decir en el que involucra a Piero, a Cristina Banegas. Y justamente de ella fue el tema siguiente, El hacedor. Prosiguieron entonces las sorpresas: Marilina hizo crecer a su canción mientras trepaba, a un balancín desde el cual creó una plástica acción columpiándose de forma tal que Danza nació con espontaneidad al tiempo artificiales, caían serpentinas en el escenario y el público sumaba su grito de Woodstock. Soñamos estar en un recital rock y como si el sueño fuera realidad apareció el Blues del encuentro, pieza de Susana Torres Molina, en la que intervino María Sánchez en la batería, mientras; Laura Hatton prosiguió siendo una flautista vigorosa. La gente pedía más y Marilina les hizo caso, conLa cigarra de María Elena, con el Manso y tranquilo de Piero, al tiempo que las luces se encendían y coreando el "arriba, arriba, un poco más alto", todos llevaron su satisfacción a cuestas.


Fuente: marilinaross.com.ar

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