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Un motor que no pudieron parar

Abril de 1981, Revista Humor N° 57

Marilina Ross

UN MOTOR QUE NO PUDIERON PARAR

Título: "Marilina, aquí y ahora".
Intérpretes: Marilina Ross (voz, guitarra y canciones), Martín Pavlovsky (tecladista).


Se puede llegar de varios puntos a esta zona del mar abierto llamada Marilina Ross.

Uno puede haber salido del recuerdo de la actriz y estar intentando acercarse a esta música (música = mujer que hace música), esta cantante compositora que insólitamente aparece guitarreando.

Se puede también partir del conocimiento desperdigado de sus canciones y tratar ahora de unirlas en una sola noche, en una hora y media y en una cronología coherente y completa.

O inclusive alguien puede llegar al teatro o boliche de turno para comprobar qué le pasó, cómo está, qué dice aquella mina que algún día, hace cuatro o cinco años, se fue a España empujada por... digamos, las circunstancias.

Sí, esta noche de nuevo yo aquí. Hace tiempo que no nos veíamos. Es que anduve perdida y después me empujaron.
No, el motor no pudieron pararlo y les juro que lo han intentado pero no conseguido...

Venga uno de donde venga, con los conocimientos y objetivos que tenga, se encuentra -de todas maneras- con Marilina Ross. Y eso es lo lindo. Porque lo más interesante de este espectáculo es que no parece un espectáculo, sino un encuentro con una persona. Así de simple.

Casi no hay show. El show tiene reglas que aquí no son respetadas. No hay un grupo acompañante, por ejemplo. Apenas una guitarra, que ella misma toca, y un piano eléctrico. No hay juegos de iluminación: sólo unos poquitos spots como para que se vea. No hay bailarines ni escenografías ni -desde luego- canciones efectistas "festivaleras" que calienten a la gente con estribillos pavos. Las canciones sí calientan a la gente, pero por otros motivos. Porque se nota que son productos (resultados, consecuencias) de muchos bajones, de varias alegrías, de una vida intensa.

Monté a caballo sobre un mar de miedos.
Llegué a esta tierra y encontré brazos abiertos, tan queridos que hasta pude yo también llorar, tan queridos que hasta puedo ahora también cantar.

María (Marilina) sube al escenario y se encienden todas las luces, pero las de adentro. Sus luces y las del espectador.

Está más linda que de costumbre y todo el mundo podría jurar que tiene 22 años, a pesar de sospechar que debe tener algunos meses más.

Sonríe, por ejemplo, y a uno le parece que la conoce desde hace mucho. Mira a los ojos al público y nadie piensa en la demagogia barata, y tan de moda, de muchos actores que miran a los ojos al público. Dice que lo extrañó y la gente no tiene más remedio que creerle. Pide ayuda para armar entre todos un rato de comunicación y alguno que otro se resiste, pero poco.

Marilina: Pin...

Público: ¡Pon!

Diga la verdad. Si alguien desde un escenario le gritara inesperadamente "pin", ¿usted le contestaría "pon" o pensaría que está loco? Yo vi el espectáculo varias veces y la respuesta del "pon" nunca falló, como si se tratara de una antigua convención al estilo "uno-dos" o "muchas gracias-de nada". "Pin" dice esta contadora musical de sentimientos, para constatar si el clima efectivamente está creado, como ella lo supone en ese momento. "Pon" le contesta un grupo de gente, ávida de contestar al afecto, como en este caso, ya bastante harta de reclamarlo todos los días.



Danza sobre restos de cristales de este tiempo no tan bello porque sola no estás.
Danza sobre antiguas cenizas, sobre todas tus heridas, sola no estás.


Curioso lo que pasa con este recital, por llamarlo de alguna manera. En primer lugar en él la calidad vocal de la protagonista no interesa demasiado. Marilina no es una gran cantante (ni lo quiere ser), pero ojo: no desafina, tiene una voz muy agradable y -fundamentalmente- siente lo que canta, sabe transmitirlo como pocos y, claro, no tiene ninguna intención de desprenderse de su capacidad actoral al cantar. (Yo prefiero estos cantantes -de aquí a la eternidad- antes que a los técnicamente perfectos pero interpretativamente inexpresivos).

Los temas, por su parte, son baladas con melodías bien armadas, pegadizas, algunas hermosas, pero en general no constituyen tampoco hallazgos musicales demasiado destacables.

Pero, entonces ¿dónde reside la polenta de este asunto? En la capacidad para transmitir vivencias, en el talento para hacer arte a partir de la propia vida, en la decisión de ser creativamente honesta, en la posibilidad de largar ondas buenas hacia el oyente-espectador, con la condición de saber pegar con las letras. Y las letras pegan y mucho.

Y en cada estación
el miedo a seguir.
Saber que crecer
es ir, es ir, es ir...

Marilina se mete en el bolsillo a todos en dos minutos. A todos: desde el que llega ya enganchado con ella hasta aquel espectador que se tira para atrás en la butaca con el criterio de "A ver, dale, hacé algo que me guste si sos capaz".

La acompaña alguien a quien yo creía conocer, obviamente poco, ya que me sorprendió no sólo por su faceta de músico sino también por su capacidad de humorista: Martín Pavlovsky, hijo de Eduardo "Tato" Pavlovsky.

En algo más de una hora, María -Marilina recorre parte de su vida. "Fotos mías" (una de las canciones más totalizadoras, como ella misma lo aclara), "Carta a papá" y "Voy a hablar de mi amante" (con letras de Cristina Banegas), "Canción de cuna para despertar a un niño" (dedicada a su panza y a un hijo que no llegó), "Quereme, tengo frío" y "Casi sin querer" (dos de "amor" o de "romance"), "Uno más uno" (en la que sugiere la tesis de terminar con la búsqueda de la media naranja para intentar la pareja que no esté constituida por dos mitades sino por dos enteros), "Pasaje de ida" (que toma como anécdota su viaje a España pero que trepa hasta referirse a las pérdidas que uno debe bancarse para crecer), "Aquel estado de ánimo" (una crónica de una noche de depresión, esas cosas que la gente suele tener), "La de mis viejos" (paralelo de su experiencia en Europa con la de sus padres españoles en Argentina), "La bomba de neutrón" (cuyo tema es la locura agresiva del hombre civilizado), "Puerto Pollensa" (que deja al oyente con unas ganas impresionantes de enamorarse) y "Danza" (un tema italiano que le canta a las ganas de vivir intensamente y hacer esfuerzos para sentirse bien a pesar del dolor).

Mírenme a los ojos,
aquí estoy, abierta en dos.
Quiéranme como soy.
Así, soy yo, soy yo.

Y sí. En esta impúdica seducción colectiva que perpetra Marilina, yo no pude dejar de quererla más que antes.

La macana para mi egoísmo afectivo es que a muchos les pasa lo mismo.



Fernando de Rosario compartió esta nota. Muchas Gracias Fer!!

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