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y mi padre se hizo presente otra vez!



II) LA ALQUIMIA DEL MAGO

Casi tartamudeando, dije apenas una oración y le dí el cuaderno sin salir del ascensor. Pero me insistió: -eres tan joven y viajaste tanto, pasa, pasa, por favor, pasa!- (y si, era muy joven). Pasamos toda la tarde juntos con Susy, su esposa, también con acento español, hablaba algo más fuerte que él, y con un tono muy determinante. Ella cosía, algo estaba cosiendo, o bordando… toda la tarde. Había fotos y dibujos de María en cuadros y portarretratos… por todos lados.

Él sacó varios álbumes de fotos antiguas y no tanto… algunos de María en España… Recuerdo particularmente una, donde estaba con una gorra de marinero… ¿o capitán?. Creo que era de capitán…

Hace unos años, cuando volví de España, caminando por la feria de El Tigre… vi una gorra de marinero que inmediatamente me recordó aquella foto de María, y la compré… La llevaba como un talismán cada vez que iba al mar, durante años... Hace seis meses tuve una experiencia a mar abierto tan sublime y tan astral, que sentí que tenía que dejarle algo sumamente importante “para mí” al pescador que me abrió las puertas de las grandes aguas para “vivir tanta vida en un solo instante”. Dejarle bolívares no alcanzaba para llegar a la esencia del alma del Sr. Carlos. Le dejé mi gorra. Era un pueblito de pescadores perdido en medio del Caribe, durante los días siguientes, sus compañeros de pesca le gritaban de embarcación a embarcación: -Epa! Capitán Carlos!- y él se reía con orgullo. A mí me quedaba grande, era de la medida de Carlos. Sentí que era para él desde siempre, y llegó a destino. Ya no tengo mi gorra de mar, pero mi recuerdo de esa foto de María, quedó para siempre, en el mar de los delfines!.

El Mago me contó todo, todo lo que tenía para contarme y lo que no también, y su sonrisa se llenaba de más luz cuando me mostraba fotos de su casa natal… en Asturias…

Me pidió que le dejara una dirección, me dijo que él le pediría personalmente a María que me escribiera comentándome de los escritos… Pero no fue eso lo que sucedió.

Al mes, recibí una carta, con una letra algo temblorosa… atrás, remitente: Enrique Parrondo. Desde ese día nos adoptamos. Fue como una “declaración de amor astral”… Sí, eso fue. Ahora lo entiendo… ahora casi 30 años después puedo verlo.

El Mago, me escribió más de veinte cartas, en casi un par de años, y yo le escribí la misma cantidad… Nos mandábamos casi una carta por mes y cuando mi madre se iba a clase de cerámica, yo de vez en cuando, lo llamaba… hasta que me enseñaron que con un cablecito en los antiguos teléfonos públicos anaranjados con disco de aquella época, se podían hacer llamadas nacionales sin poner cospeles…. y se hablaba todo lo que uno quisiera…

Que paciencia la nuestra, porque los nervios de que me descubrieran haciendo ilegalidades, hacía que el temblequeo de mi mano zafara del único agujerito del tubo donde había que sostener el cablecito, y se cortaba una y otra vez…

Y así pasaron… los otoños, inviernos, primaveras y veranos. Y nuestra declaración de amor astral se fortalecía… El me sentía más que una hija, una nieta, y yo lo sentía más que un papá, un abuelo. En algo nos estábamos compensando, y sin dudas, nos dimos lo que cada uno necesitaba del otro. “Nos hicimos bien”… de eso se trata nuestro paseo por la vida…. y como dice María: “ese paseo será solo una vez”… o lo tomas, o lo dejas… y de vos depende el modo en que quieras construirlo.

(continuará...)



En la foto el padre del "mago" en su casa natal

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