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y mi padre se hizo presente... otra vez!






3) AROMAS A EUCALIPUS

Los sobres con las cartas del Mago llegaban siempre con la melodía de una flauta dulce medieval que salía de abajo de las estampillas, y sus escritos eran voces de juglares, contándome su vida en historias relatadas con una magia que permitía hasta sentir el aroma a eucaliptus, a robles, a caballos, a praderas… a mar.
Me contó sobre su niñez, su tierra, su Navia tan querida… las ferias de caballos, sus ancestros vaqueiros…. su herencia familiar longeva.
Describió toda la belleza de los pinos que rodeaban la Rebollosa, su casa natal, en medio de una pradera que él llamaba “el Paraíso”… un sitio desde donde si lograbas subir al Monte Cascarón podrías ver a 7 Km la belleza del mar Cantábrico que aparecía uniendo las montañas con el cielo. Esa imagen, quedó grabada en mí, como una fotografía estenopeica, no como si la estuviera imaginando… sino más bien, como si la estuviera recordando.
El Mago siempre tenía un dicho para cada ocasión. Despreciaba a los amarillos, a los que no se la jugaban por un ideal, a los que caían siempre bien parados con todos los gobiernos de turno, pero tenía mucha más gente a la que quería, tenía una gran añoranza por su tierra natal, estaba orgulloso de sus hijos y nietos, leía y había leído tanto!. Admiraba la poesía española, y no perdonaba a Franco. Tenía varios hermanos, pero dos de sus hermanas vivían en su tierra natal, Aurelia y Magdalena y me habló de uno de sus sobrinos: Paco, hijo de Aurelia. Este fue un pedacito de su familia a la que también incluimos, sin saberlo, en nuestro “pacto astral”.
EL Mago amaba a Piero, quien era para él un gran amigo (Amigo con mayúsculas), amaba a su mujer Susy, amaba su tierra, y amaba a Don Ramón Campoamor, el poeta que le prometió al río Navia morir en sus orillas, aunque estaba desilusionado con él, pues finalmente Don Ramón, no cumplió con su palabra a la ría (como le llaman en su tierra al río Navia), porque murió en Madrid.
El Mago, creía ciegamente en “la palabra”. Él era un hombre de palabra. Y Don Ramón, no cumplió con su promesa.


(continuará)…

1 comentario:

  1. Aretha Franklin me canta de fondo, con la magia de su Soul, mientras leo el relato que me transporta sin duda a lugares donde la existencia sigue intacta. No hay palabras para la existencia, menos definicion, porque sino dejaria de ser. Por ende solo hay que percibirla. Sin duda el narrador lo logro conmigo!

    Excelente post!

    Abrazo!

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