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Aprendiendo sin miedo

21 de junio de 1984 – Revista Cantarock

La columna de Pipo

Marilina Ross: Los límites del rock nacional



Cuando llegué a la casa de Marilina para hacerle el reportaje de este número, me preguntó: "qué voy a hacer yo en Cantarock si no soy rockera?"

Una no-roquera de 41 años que llega con fuerza a los jóvenes rockeros argentinos, que últimamente no se están dejando manejar por los esquemas. Pero, ¿Qué como es un rockero? Si se trata de usar teclados, guitarras eléctricas y batería, Marilina las usa. Si la cuestión es ser espontáneo en el escenario, a diferencia de los artistas de plástico y de las viejas generaciones que actúan con gestos eternamente repetidos, Marilina no tiene ningún empacho en mostrarse tal cual es. Si lo que tiene que hacer un rockero es cantar como le sale, Marilina le gana todos, porque hace lo que puede con los pocos recursos que tiene.

Marilina se ganó a los pibes con sus canciones sencillas y sinceras, sin hacer ningún esfuerzo para obtener el diploma de rockera. Músicos más avanzados que vienen de otras corrientes han tratado de romper sus círculos elitistas de intelectuales politizados para llegar a los jovenes y no lo consiguieron, porque sus cabezas estaban demasiado cargadas de teorías y prejuicios que erizan de inmediato la piel de la sensibilidad rockera.

¿Por qué me estoy metiendo en este tema? Porque todo el mundo anda rasgándose las vestiduras diciendo que el rock se comercializó, que el rock está en decadencia, que es un producto más de la industria del espectáculo. Y bueno, quizás tengan algo de razón, pero no es para tanto, los muchachos analizan mientras la vida sigue. Las nuevas generaciones se emocionan con Marilina, bailan con los Twist y se rebelan con Charly García sin sentirse demasiado culpables por la mezcolanza. Y es una suerte.

Los potros se ven en la pista y no en la mesa del bar.

¿Cómo puede ser que una mujer que canta más o menos, no tiene una banda que "la rompe" y no tiene una actitud de desafío pueda vender más discos que tantas mejores cantantes de estilo moderno y sonido elaborado? Algo tendrá "La nena", alguna clase de sinceridad elemental, esa cosa medio de barrio y parientes que también tienen los Twist, Litto Nebbia y Sui Generis. Sin ninguna clase de rebuscamientos literarios al estilo psicobolche o copias modernas del heavy-new wave-plastic de las elites de la Galería del Este. Esa desfachatez de largarse a cantarle a la gente con lo que uno tiene, decidir comunicarse y divertirse y emocionarse sin pretensiones.

Es una suerte que las nuevas generaciones no se sientan culpables de escuchar a Marilina aunque no sea rockera, porque toda su vida "La nena" estuvo haciendo lo que le parecía y siempre le fue bien, y demuestra una vez más que vale la pena andar buscando y jugarse entero por lo que uno cree. Le fue bien hace veinte años cuando actuaba sus personajes ingenuos por la televisión y todos los pibes de entonces no enamorábamos de su sonrisa brillante. Le fue bien cuando se jugó por el teatro "serio y comprometido" participando en la inigualable "Cosa Juzgada" y encarnando asombrosamente a "La Raulito". Y le fue bien cuando después de la hecatombe y el genocidio argentino apareció cantando sin odio ni resentimiento, con ganas de seguir aprendiendo de la vida, sin creerse ningún verso, haciendo la suya, rockera a su manera.

Esa pasión de Marilina es lo que la hace magnética. Ese fervor por la vida que la llevó a conectarse con los nuevos valores que rondan el planeta: el equilibrio ecológico, la desconfianza en las armas no importa quien las maneje, y la intuición de que somos algo más que una máquina de producción y consumo. Esa pasión la llevó también a cantarle a los sobrevivientes de una oscura pesadilla nacional, a las madres que buscan a sus hijos en la plaza, al sexo con ternura que el destape nunca menciona, a sus padres y sus amigos.

Marilina no será una compositora original ni una gran cantante. Pero ha tenido polenta suficiente para hacer lo suyo cuando le llegó la hora, sin fijarse en lo que decían los críticos, los políticos, los rockeros o el gordito de gafas de Puerto Pollensa. Y para mí esa es una buena razón para una tapa.

Marilina Ross – Aprendiendo sin miedo






Reportaje de Pipo Lernoud
Fotos de Enrique Monti


En una pirueta asombrosa, Marilina pasó de ser la niña mimada de la televisión a protagonizar lo mejor del cine y el teatro nacional. Pero al mismo tiempo preparaba una nueva etapa: la de ser una cantante popular de ejemplar sinceridad. Es una historia que vale la pena conocer.

Nací en Liniers, hace 41 años. Mi papá era mozo de la confitería Rex. Mi mamá trabajaba de modista en el tiempo que le quedaba libre de manejar a tres salvajes, mis dos hermanos y yo. Empecé a cantar con ella mientras ayudaba en la cocina. Mi mamá siempre cantó, como buena española. Ya de chiquita yo le metía la segunda voz.

A los ocho años, como "la nena era graciosa" los viejos en el teatro infantil Labarden. Me metía en el teatrito de títeres de un pintor que vivía a la vuelta y me pasaba tardes enteras moviendo los muñequitos. Estudié danzas españolas, danzas nativas, arte escénico, un poco de canto. Cuando me quise dar cuenta, ya era actriz. Tenía catorce cuando me echaron del Labarden, aunque tenía muy buenas notas y estaba en el cuadro de honor. Rajaron a la directora por problemas políticos, y yo que la quería mucho, me sublevé, levanté al alumnado en contra de las autoridades. Sufrí como una desesperada por esta mujer, Blanca de la Vega, era una buena profesora y la queríamos mucho, y no había razón para echarla por cuestiones políticas.

Llegué entonces sólo hasta sexto grado. No quería más matemáticas. Decidí dedicarme a lo que tuviera que ver con la actuación. Pero al salir de Labarden me di cuenta que no me iba a ser tan difícil trabajar. Yo ya me creía actriz, pero tuve que bajar el copete y entrar en la Pitman a estudiar dactilografía e inglés para ser una buena secretaria.

No llegué a ejercer de secretaria. A los dieciseis, de pura cararrota, me presenté a Luisa Vehil y la convencí de que me tomara una prueba. Ingresé en su compañía. Con el primer sueldo de actriz me compré una guitarra, porque la música siempre fue mi gran amor.

Empecé a rascar las canciones que estaban de moda, las típicas zambas de la época. De ahí en adelante tuve dos viajes artísticos paralelos: la actriz hacia afuera y la música como una cosa personal, hacia adentro, sólo para los amigos.

Tu faceta de actriz tuvo rápido éxito...

Claro, anduvo bien, y yo me engolosiné con eso. Estuve años trabajando con Luisa, que también tenía un ciclo en televisión, y una vez necesitaron una adolescente, me tomaron una prueba y entré. Todo me fue sucediendo con mucha facilidad de ahí en más.

Actué en un programa muy popular de la época, "Yo soy porteño", donde hacía un personaje que cantaba y bailaba cosas del año veinte, casi todos tangos. Ese programa duró ocho años. Los últimos años de "Yo soy porteño" ya había comenzado "La nena", donde era el personaje central, y también en esa época me casé con Emilio Alfaro. Al quinto año de hacer "La nena" ya estaba saturada, y aunque me ofrecieron el oro y el moro no quise seguir. Durante toda esa época trabajé muchísimo, ahora no comprendo como hacía para aguantar. Estaba en tres programas de televisión simultáneamente, y hacía cine y teatro.

Empecé a cantar mientras lavaba los platos

En el 65 cuando me casé con Emilio Alfaro, que es un tipo muy claro, muy inteligente, una persona brillante, se me abrió un programa enorme, mi cabeza se expandió... Trabajamos con el grupo "Gente de Teatro"...

Que fue fundamental en la historia del teatro argentino...

Sí. El Grupo llenó un espacio entre lo que se llamaba "teatro independiente" con muy buenas obras y excelentes actores pero representado en pequeños sótanos, y el teatro comercial que no tenía calidad pero llevaba gente. El Grupo llegó al gran público con obras de mucho valor. Trabajamos muchísimo, éramos muy rigurosos en la selección del material.

Tenía una organización cooperativa, democrática.

Todas las decisiones se tomaban por votación. La gente nos llamaba "Clan Stivel" porque no podía entender que fuéramos un grupo sin jefe, democrático y suponía que David Stivel era el líder. Todos cobrábamos igual. Rotábamos los personajes protagónicos, de manera que en "Cosa Juzgada", el ciclo que teníamos en televisión, nos tocaban los personajes centrales una vez cada uno. En teatro tuvimos éxitos con obras muy buenas, como "El rehén" y algunas de Gorostiza, "Libertad, libertad, libertad", por ejemplo. El grupo duró desde 67 al 71. De allí pasé a hace "Solita y Sola". Yo sola en el escenario.


Empezabas a desarrollar tu propia onda...

Sí. Curiosamente ese espectáculo era como empezar a contar mi vida, esa manía que todavía tengo en mis canciones. Yo terminaba el espectáculo diciendo: ¿yo qué quiero ser, qué quiero hacer? y agarraba la guitarra y me ponía a cantar.

Ya componías.

Hacía muchos años que componía. El primer café concert que se hizo en la Argentina, en el año 64, tenía música mía, con letras de Paco Urondo. Salía yo con la guitarra entre squetch y squetch y cantaba los temas. Era el Café Teatro Estudio y estaban Federico Luppi, Flora Steimberg y otros. En el 74 Piero me dijo "Basta de trabajar de entrecasa con la música", y me produjo mi primer LP. No tuve más remedio que grabar. Yo amaba tanto la música, era como un territorio privado que yo no mostraba mucho, que terminé teniendo miedo de mostrarla y que no gustara. Al mismo tiempo "La Raulito".

En el album hay temas tuyos.

Casi todos. Algunos con Cristina Banegas. Había una canción de Chico Buarque, Soneto.

Cuando se estrenó "La Raulito" y se armó todo el revuelo, me llamó Migré para hacer una telenovela, y yo dije ¿por qué no?. Así Piel Naranja, que llevaba de cortina un tema del disco. "Quereme, tengo frío", Migré hizo que el personaje tocara la guitarra, entonces yo aparecía cantando y componiendo en algunas escenas.

¿Por qué tratás de escaparte y no hablar de La Raulito?

¡Es porque ya se habló tanto de esa película! Pero bueno, si te parece que a los lectores de Cantarock puede interesarles; la cosa fue así: "Cosa juzgada", el ciclo que teníamos en televisión con la gente de Teatro, se basaba en hechos reales sacados de los legajos de tribunales. Y uno de los casos que hicimos fue el de "La Raulito", en el 69. Me tocó personificarla y me enamoré de ese ser, de ese animalito acorralado. Desde ese momento sentí que esa historia daba para una película. Durante cinco años anduve con el proyecto bajo el brazo visitando productores, directores, pidiendo de rodillas. Nadie le veía posibilidades, les parecía una historia muy cruda.

Por fin una productora se interesó y llamó a Lautaro Murúa para dirigirla.

Cinco años estuve luchando con “La Raulito”

¿Cómo te sentías haciendo tu música estando en el ambiente teatral?

Hago la música que puedo, y no pertenezco a ninguna corriente o estilo musical. Lo que me interesa es contar una historia, y la música es el canal para comunicarla.

La palabra cada vez nos separa más. A veces en vez de servir para comunicarnos sirve para confundirnos. Lo fantástico de la música, es que comunica sin darle tanto espacio a la cabeza para que analice y teorice y vea si está de acuerdo o no.

Esa fue una de las razones que me llevó a alejarme del ambiente de teatro. Había un "rigor ideológico" que exigía que todo fuera pensado y coherente. Todo el tiempo había una vigilancia mutua: ¡Eh!, ¡pero te estás contradiciendo!. Y bueno, ¿qué hay?, me contradigo. "Tan humano como la contradicción", dice Lerner, una frase maravillosa.

En una época uno creía que lo sabía todo, que tenía todas las respuestas. Era fácil, porque le ponías etiquetas a las personas siguiendo una ideología que aparentemente daba la explicación de todo.

¡Capaz que no saludábamos a alguien porque no pensaba como nosotros! ¡El pensamiento político es necesario, pero no puede regir tu vida y ser usado para interpretar todo!.

Cuando creés que lo sabés todo y que entendés cómo funcionan las contradicciones sociales, y de pronto alguien de arriba, de los que manejan el mundo, hace una jugada extraña que no estaba prevista en tu cuidadoso "análisis científico", se te cae toda la estantería. O tenés que inventarte alguna explicación traída de los pelos. La política es negociación, y cuando los grandes transan entre ellos uno queda afuera.

Por todo esto fue muy importante para mí descubrir que no tenía todas las respuestas y que tampoco era necesario tenerlas. Empecé a permitirme dudar. Y allí comenzó a abrirse mi cabeza. Primero surgieron todas las contradicciones que venía tapando, todos los sentimientos que no eran coherentes con la rígida doctrina. A eso se sumó la ida a España porque me prohibieron en la Argentina y me ofrecieron varias películas allá.

Llegué a España y "paré para ver" como diría Piero. Me metí adentro del dolor de estar lejos y no poder volver. Extrañaba como loca. Aunque estaba trabajando, tenía éxito y nunca había ganado tanta guita, estaba mal dentro mío. Decidí encarar las preguntas que flotaban en mi cabeza: ¿qué estoy haciendo acá? ¿qué quiero de mi vida? ¿adónde voy?. Recién cuando me pregunté eso en el fondo de mí misma, empecé a vislumbrar una lucecita.

Si seguía allá, sentía que me iba a morir. Así que decidí volver, a morir o a vivir, pero aquí.

Cuando volviste ya tenías decidido atreverte con la música públicamente.

No. Vine hasta Uruguay, para estar más cerca y ver qué pasaba. Pensaba estar sólo dos meses; al fin no aguanté más y crucé a la Argentina en el año 80. Empecé a quedarme sin darme cuenta hasta que perdí el pasaje de vuelta. Tenía mi casa montada en España y llegué aquí con un bolsito, pero me quedé. Aquí no tenía de qué vivir. Lo primero que hice fue un reemplazo en una obra de teatro "Boda Blanca". Pero no era lo que yo quería hacer.

Un día estaba en Córdoba con Raúl Ceballos, dueño de un café concert, y me convención de que cantara. Eso fue lo primero que hice aquí. Me dí cuenta que ordenando de cierta forma las canciones estaba contando mi vida. Y se produjo una comunicación muy fuerte con la gente que me hizo muy feliz. Vi claramente lo que tenía que hacer.


Era la primera vez que cantabas tus canciones sin una excusa teatral.

Con mi guitarra, solita, frente a la gente. No estaba la actriz delante. Mis canciones y mi corazón pelados delante del público.

Era mostrarse, confesarse, sin ningún show armado...

Sí. Contar todo. Pero yo no podía grabar. Un día se me acercó Sandra Mihanovich, que actuaba en el mismo boliche que yo y me pidió grabar Puerto Pollensa. Para mí era perfecto, porque yo estaba prohibida y un tema mío empezó a circular por todos lados.

Mi grupo se formó con gente que encontraba, tipos muy parecidos a mí, sin mucha experiencia musical. Crecimos juntos tocando en pequeños pubs. Y todavía sigo creciendo y aprendiendo. Todavía no he llegado a ningún sitio.

Me amenazaron bastante al principio. una vez dijeron que iban a volar el boliche con nosotros y el público adentro. Yo les pregunté a los músicos: "¿qué hacemos?". Y ellos dijeron "Toquemos igual". Entré muerta de miedo detrás de los músicos. Ellos pusieron el pecho a lo que viniera. Yo creo que eso es más importante que el nivel profesional o los contratos.

En todos los lugares donde actuaba, venía la gente con grabadores. Entonces pensábamos en grabar los recitales y vender los cassettes en forma independiente, ya que nadie quería que grabáramos. Y de repente llega la guerra de las Malvinas...

Y las compañías se acuerdan de que hay música nacional...

Vienen tres compañías a contratarme. Antes me cerraban las puertas en la cara, y de la noche a la mañana vienen a disputarme tres empresas.

Grabé con los músicos que venían acompañándome, con total inexperiencia. Todos me decían que buscara un arreglador y músicos de primer nivel. Pero yo no estoy haciendo una carrera musical, sino mostrándome coo soy. No tuve miedo de hacerlo mal o con poco nivel. Yo quería hacer lo mío, no que alguien de afuera me reformara los temas a su manera.

La mayoría de los músicos y la gente común prefieren adaptarse a una moda o a una ideología que mostrarse como son. Obedecer a productores y periodistas antes de escuchar sus propios sentimientos.

Pero fijate que hice lo que sentía y no salió tan mal: ¡se vendieron 60.000 discos!

Pero ahora ya estás obligada a producir, tenés contratos y compromisos.

Yo siempre compuse cuándo y cómo se me daba la gana. Ahora la cosa cambió un poco, porque compongo pensando en el grupo y en los arreglos. El próximo álbum es en vivo, para mantener la calentura y el espíritu de las actuaciones. Va el espectáculo completo, con los textos que hay entre canción.

¿Vas a volver a tu faceta de actriz?

Mirá, no sé lo que pasará en el futuro, por ahora rechazo todos los trabajos que me ofrecen. En toda mi carrera como actriz habré tenido algunos minutos de entrega y felicidad total, porque una tiene que estar pendiente de la actuación y el texto que uno no escuchó, no se puede ser espontáneo.

Con la música, en cambio, soy plenamente feliz, me sumerjo en ella y canto. Yo digo y canto lo que me pasa, mis interrogantes y mis sentimientos, vivo de lo que siento, y eso es una suerte inmensa.



Esta nota la compartió Ariel de Alicante.

1 comentario:

  1. Año 84 viaje de egresada ¡no sabes que esperado por mi!Eran una semana sin papa y mama sin los mellizos y sin mi hermana toda la vida para mi No tenia imaginacion de lo que me hiba ha encontrar lo unico que sabia que hiba que me iva a encontrar nieve y "mucho frio" eramos un grupo por momento homogeneo y por momentos cada uno hacia la suya y por supuesto yo tan particular compartiendo y por momentos "sola" Perdon Señora ignorando su FAMA pero no su existencia ahi por primera vez tome contacto con la naturaleza cierro los ojos y esta clavado en mi......la necesidad de libertad me invadia podia percibir una precencia muy importante en mi VIDA que se esfumo al regresar a casa ........Igual mis cinco sentidos los guardan celosamente en mi. Hoy a en mis 45 años es un tesoro que guardo para depositarlo en buenas manos. VOS TENES.....YO TEMGO........ ABRAZO, BESO, BESO, BESO Y LASTIMA QUE NO TE BESE COMO HUBIERA QUERIDO YO

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