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Estoy cansada de hacerme la nena

1985 - La Revista

A los 42 años, la exitosa actriz y cantante hace un balance de su carrera.

MARILINA ROSS

"ESTOY CANSADA DE HACERME LA NENA"



Por: YAYI VILLEGAS
Fotos: MARTÍN GURFEIN

Cuando se embarcó en la emocionante y difícil carrera artística decidió adoptar el nombre de Marilina Ross, por sobre el de María Celina Parrondo, con el que había sido registrada hace 42 años.

La actriz, cosechadora de éxitos y premios (en televisión "La nena", "Yo soy porteño" o "Cosa juzgada", en cine "La tregua", "La Raulito" o "Piedra libre"; y en teatro "Lucy Crown", "Ah Soledad", "Tartufo" o "El rehén"), ha quedado por el momento detenida en su actividad pese a que no descarta la posibilidad de volver. "Tengo por ahí -dice- un proyecto dando vueltas y vamos a ver si logro encontrar el tiempo para concretarlo".

Lo que más le importa ahora es la música. Acaba de editar su cuarto álbum titulado "Cruzando las grandes aguas", que tanto para ella como para quienes lo escucharon es su mejor trabajo discográfico.

Hasta ahí la parte profesional. La que está frente a LA REVISTA es María, como le gusta que la llamen, una mujercita menuda y agradable, que aun poniendo de manifiesto su responsabilidad y su experiencia de vida ante el mundo, no puede quitarse la imagen aniñada que siempre la caracterizó.


Marilina Ross presenta un nuevo look en una etapa de su vida en la que ha llegado el tiempo de la serenidad y la felicidad.

- Has cambiado tu "look" de chiquilina con el cabello largo enrulado, por el pelo corto y parado, como intentando parecer mayor. ¿Se puede hablar de una nueva María?

- Si fuera verdad esto que estás diciendo, creo que sería una de las cosas más lindas que he escuchado últimamente. Porque esa fue un poco la idea: cortarme el pelo porque ya estaba cansada de hacerme la nena cuando no es así. Yo, además, me siento mayor, pero cuando me lo corté, todo el mundo me decía que parecía más joven que antes, con lo cual ya no sé qué hacer con mi imagen.

- Tenés 42 años y no los ocultas en absoluto, pero ¿te pesa esa edad?

- No, nunca he estado mejor.

- Si tuvieras que hacer un balance de tu vida, ¿qué sacarías en concreto?

- Es bastante favorable. Tengo muchas más cosas en el haber que en el debe de ese balance. En el debe se me pudo haber quedado el no tener hijos. Creo que lo único y no porque no haya hecho lo necesario, sino que no vinieron. Cuando cumplí los 40, fue el momento en que hice mi balance, es decir, una toma de conciencia de esta vida. Me acuerdo que me preguntaron qué quería que me regalaran. No me quedé con lo obvio de qué objeto necesito, sino que me pregunté más adentro qué necesitaba realmente y me di cuenta que no necesitaba nada más. Que estaba muy contenta con lo que soy, con lo que siento, con cómo vivo, con lo que hago, con mis amigos, con mi familia.

- Decís que estás conforme con lo que tenés, pero en cuanto a tu carrera como cantante, no pareciera que tu intención sea quedarte en el camino, existe una suerte de superación permanente.

- Trato de ser lo más fiel que puedo, sin pretender mucho más. Ya sé que María Callas no voy a ser nunca por más que lo intente. Yo no soy una cantante. Yo cuento cosas que me pasan. Trato de conmover y de comunicarme con el otro, y eso se logra en los recitales. Entonces todo lo que me queda por hacer es vivir en este resto de mi vida, sacarle partido y gozar hasta el último segundo. Mi objetivo es, por supuesto, ser feliz.

- ¿Qué cosas te hacen feliz?

- La música, las charlas honestas y no muy superficiales... aunque a veces también viene bien alguna superficialidad, pero solamente como descanso, como un alto en el camino. A veces también me copo con los jueguitos electrónicos y no hay quien me separe de ellos. Y otra cosa que me hacen muy feliz son las plantas.

- Es obvio, estás rodeada de ellas.

- Me gusta mucho ocuparme de la tierra, ver crecer las plantas, ayudarlas, limpiarlas, ver cuando florecen y es maravilloso todo lo que te dan sin pedirte nada. Ahora tengo dos durazneros y están ya creciendo los duraznitos peluditos y es tan hermoso gozar de todo esto. No esperar que te falten las cosas para darte cuenta de su valor.

- ¿Cuándo llegaste a esa conclusión?

- Hace tres años, cuando me rompí dos dedos de la mano y me di cuenta recién del valor que tenían. No podía componer, ni tocar la guitarra, ni nada. Entonces empecé a valorar las cosas que tengo y a poder gozar de los deditos, las arrugas, las canas y de todo lo que me pasa. Porque son míos y están ahí.

Plantas por doquier, objetos de plata y porcelana, fotografías antiguas, pinturas, un grabado en piedra del artista español Juan Moral que le obsequiara a Marilina y del cual ella se enorgullece, adornos de madera y bambú, sillones confortables, forman parte del hogar de María, una vieja casona de Palermo muy bien remodelada.

- Lamento -comenta- no tener más tiempo para estar acá. Cuando se empieza a poner el sol, ir a regar las plantas, sacar los yuyitos, cazar los caracoles y matar las hormigas que a veces aparecen, cosas muy elementales y muy tontas a lo mejor, pero que me dan mucho placer. Como irme al fondo, al estudio, agarrar la guitarra, improvisar o tocar canciones de otra gente, por el solo hecho de averiguar en qué tono están y cómo va cambiando la armonía.

- En un momento de la charla planteaste como objetivo el hecho de ser feliz, pero eso parece más bien efímero. ¿Qué otros objetivos te planteás?

- Ninguno más. Vivir solamente el presente que ya es bastante. Que no se me escape este aquí y ahora pensando en el mañana. Quiero este aquí y ahora.


Muchas Gracias Xil por compartir esta nota

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