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La nena que había perdido la alegría

1981 - Revista TV GUIA

MARILINA ROSS CINCO AÑOS DESPUES. EN ESPAÑA CRECIÓ, SUFRIÓ, MADURÓ

"LA NENA" QUE HABÍA PERDIDO LA ALEGRÍA





Hace cinco años que se fue del país y cinco meses han pasado desde su regreso... Y nos encontramos con aquella misma Marilina Ross, que tanto se luciera en "La Nena", "Cosa Juzgada", "La Raulito", "Piel Naranja", con su rostro aniñado y su cuerpo casi adolescente. Sin embargo, hay algo diferente; sus ojos se han vuelto muy profundos y su sonrisa tiene un dejo melancólico...

- Es que al parecer, es inevitable sufrir para crecer humanamente... Y por otra parte, cinco años no pasan en vano... Yo no sabía lo que era la melancolía hasta que estuve lejos de mi tierra y de mi gente... Tenía profundos pozos depresivos pese a que en España me lo dieron todo: trabajo, premios, afecto... Pero yo estaba a media máquina, a medio corazón... Era un problema mío, no de ellos.

- ¿Qué te faltaba?

- La alegría mía, personal, profunda y despreocupada. Me faltaba el estar allí en paz. Tanto fue así -y me siento mal al decir esto, porque ningún país y ningún pueblo puede haberme brindado tanto como el español, salvo el mío propio-, que nunca pude hablar con acento peninsular, pese a ser hija de españoles y haber escuchado ese dulce idioma desde toda mi vida... Creo que lo que ocurría es que nunca quise tomar conciencia de que no estaba realmente en mi tierra.

“SIENTO COMO SI NUNCA ME HUBIERA IDO”



- ¿Cómo era tu vida en España?

- Si no hubiera sido por todo eso de lo que te hablé, diría que dichosa... Vivía en una buhardilla, que antes había sido el palomar de una vieja casa. Estaba en último piso y era todo una verdadera ruina, pero descubrí que el lugar tenía tres desniveles que se podían capitalizar estéticamente... y allí tengo ahora mi propio nido... El techo del baño, tiene vidrio entre las vigas, al igual que una de las paredes, lo que me permite bañarme al sol o a la luz de la luna, con una gran vista de los techos de Madrid y del jardín colgante que hice en la terraza. Lo extraño mucho, porque prácticamente lo hice con mis propias manos, dándole forma a la chimenea, redonda, al estilo de Ibiza, a las paredes -todas blancas- y a las columnas. Todo eso lo extraño porque es una parte muy importante de mí...


- ¿Te volviste a enamorar en España?

- Sí. Y eso fue lo que me ayudó a salir del pozo, a vivir de nuevo... Pero no quiero hablar de mi intimidad, ni de mi vida sentimental presente. Prefiero hablar del pasado, sobre todo, porque me dejó gratos recuerdos. Porque tengo una excelente relación con Emilio Alfaro y con su esposa, lo mismo que con Jorge Martínez, aunque a él no lo he visto desde que estoy en Buenos Aires. Mi vida afectiva siempre se vio perjudicada cuando hablé de ella, porque tengo el "sí" flojo a la confidencia... eso no debe hacerse con el periodismo...

- ¿Volverías a Madrid por ese amor?

- Sí. ¿Ves? ¡Ya otra vez volví a hablar! Lo que importa en última instancia es el amor en sí. El amor con mayúscula, el universal. Sobre todo, lo fundamental, es vivir el hoy y aquí, disfrutando en plenitud de lo que se tiene, sin lamentarse por lo que falta... Eso también lo he aprendido con la ausencia. Una ausencia que ya no es... Aquí me he reencontrado con los afectos y conmigo misma. Con lo bueno y con lo malo de mí. Y también con la posibilidad de volver a trabajar para el público argentino, al que espero darle toda mi emoción a través de "Boda blanca", que se reestrenará en abril. Y en Punta del Este voy a hacer recitales en el Casino San Rafael con el mismo espectáculo que presenté en Buenos Aires, en el "Tramp’s Pub" y el teatro de La Piedad. No quiero mirar hacia atrás, pero cuando lo haga, no puedo olvidar las seis películas realizadas en España, "Panorama desde el puente", en teatro, ni "Pigmalión", en televisión, como tampoco el último espectacular, también en TV, que se iniciaba en mi buhardilla madrileña diciendo: "¿Cómo llegué hasta aquí, si no salí?" Porque esa es la verdad... Siento como si nunca me hubiera ido...

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