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Marilina, solita

29 de octubre de 1972 - Clarín


Marilina, solita


Teatro, cine, televisión, radio, discos. Y después de doce años de labor profesional la joven actriz aborda sin ayuda uno de los géneros más difíciles: el café-concert





Marilina Ross es la única intérprete. Ricardo Talesnik se encargó del libro, y David Stivel dirigió el espectáculo.



Fotos: NORBERTO MOSTEIRIN

MEDIAS ROJAS. Vestido de lunares. Una guitarra. Y detrás un enorme muñeco, que habla con la voz de Carlos Carella, para apoyar el derroche de juego que Marilina Ross, solita, despliega en casi dos horas de actividad teatral. Y además de los recursos habituales en un café-concert: canciones, disfraces, diálogos con los espectadores, hay un trapecio donde Marilina se columpia como si ésa fuese su silla habitual.


- Desde chiquita me trepaba a todos los juegos de la plaza, me llamaban la machona, como se decía antes... A los diez años estudiaba arte escénico en el Teatro Infantil Labardén y hacíamos representaciones en el Colón. A mí me dieron un papel en el que debía columpiarme en escena; lo hacía con un impulso tal que llegaba, creo, hasta la mitad de la sala... Después practiqué el columpio varias veces en la televisión, con "La nena"... Esa es la explicación. No hay ningún antecedente circense... ¿Miedo? ¿Por qué? Decidí trepar y lo hago, eso es todo.


Delgadita, sin necesidad de régimen. No come dulces, no le gustan.


Sus gestos son lentos y demorados. A cada rato tuerce la cabeza hacia atrás o a un costado, con esos movimientos habituales en las muchachas de melena larga. Y a veces acomoda el pelo detrás de las orejas, con un gesto repetido y despacioso de la mano. Tiene un cabello lacio, sin marcado alguno, castaño casi oscuro, brillante. Lleva muy poco maquillaje. Para la escena, dos manchas de colorete en las mejillas. Y sombra en los párpados, sobre unos ojos extraños, grandes, absortos, pardos, asombrados. No se sabe si están por descubrir alguna realidad o vuelven ya de todos los hallazgos.


- ¿Que tengo el cuerpo y el aspecto de una adolescente? ¿Si eso me limita como actriz? No me puedo cambiar la cara y debo adaptarme a mi físico-. El tema la disgusta, indudablemente. Pasamos a otra cosa.


- No soy artista por herencia. Empecé a los cuatro años, cuando hacía gracias, cantaba y bailaba en las fiestas familiares. Un poco lo que pasa en mi espectáculo actual. Estudié en el Labardén hasta los catorce y debuté en el teatro Liceo hace doce años, en "Lucy Crown", con Luisa Vehil.


Le decimos que nos parece tímida. No contesta. Componemos la frase por otro lado. ¿Cómo se siente al presentarse sola?


- No estoy sola. El muñeco con voz es un gran apoyo. Al principio, en los ensayos, estaba realmente asustada. Después me tranquilicé. Y ahora me siento cómoda. Es interesante para toda actriz realizar un espectáculo distinto, completo.


Solita Ross, canta y se acompaña con ritmo de cuerdas.


- La guitarra la aprendí de oído. También el "tranquillo", un instrumento brasileño de cuatro cuerdas.


- ¿Y las canciones son suyas?


- He compuesto cuatro. La que más me gusta es la que canto ahora, en el espectáculo.

Repite la letra a nuestro pedido: ..."Es tan grande esta oscuridad/que me perdí./ ¿Dónde estoy?/ No soporto más caminar sin avanzar./ Para qué correr/ si después vuelvo a caer./ ¿Dónde esta la luz?".


- Es muy triste, casi angustiosa, ¿usted es así?


Terminante:


- No. Pasaba por un estado de ánimo transitorio. Me sentía de una manera determinada por una situación particular. Puse en marcha el grabador y empecé a improvisar. Me gusta componer música, pero sin letra. Soy pésima poeta. Intenté escribir poesías más de una vez, pero me salen muy feas y las tiro. Siento la música. La clásica no, no me interesa. Me gusta lo popular y actual. Lo brasileño ante todo: Caetano Veloso; también Chico Buarque.


Cambiamos de conversación.


- ¿Yo, mujer casera? Soy pésima organizadora. No sé cocinar. No me atrae la decoración de la casa. La ropa tampoco me preocupa. Mi destino no es ser ama de casa. Mi destino es ser actriz.


- ¿Cuál es su jornada habitual?


- Nada fijo. Odio la rutina y siempre hago lo que me gusta. Me levanto tarde. A veces como en casa. Las tardes son siempre diferentes. Hago visitas. Voy al cine. Y me acuesto muy tarde.


Fuma mucho. Habla poco, lo indispensable, o menos. Cuando está seria se la ve desganada y ausente. Cuando sonríe se transforma y acapara toda la luz. Tiene una enorme comunicación con el público, pero es cerrada para el diálogo. Se entrega a la entrevista como a un mal rato necesario, lo mismo que ir al consultorio del médico o del dentista. La cronista alterna en la charla el vos y el usted en la medida exacta e inconsciente de la sonrisa o la lejanía de la actriz.


Para arreglarse, a pesar de que ya tiene puesta una malla sobre el cuerpo, cierra la puerta de su camarín color rosa.


- ¿Qué diferencia nota entre el ambiente teatral porteño de sus comienzos y el actual?


La pregunta le gusta.


- En doce años noto un gran avance actoral, es evidente. Pero, a la par, hay un gran desgaste de autores argentinos. Escriben una o dos obras y paran la producción. Y nosotros necesitamos un teatro que exprese el momento actual.


Hace una pausa y dice: "¿Algo más?". Hubiésemos dicho: cien cosas más. Pero sería inutil. Ella da por terminada la entrevista. Se pone una capota de bebé, detalle final, y va hacia el piano, guitarra en mano, para afinarla antes de comenzar.


Las sillas de El Gallo Cojo están muy ordenadas. Las mesitas en su lugar. Los camareros listos. Va a empezar la función. El público aguarda la copa y el espectáculo desde el mínimo foyer-corredor, dispuesto a pasar dos horas agradables con una intérprete de talento. Pocos conocen que, noche a noche, entran en el juego la inteligencia y las energías de una joven actriz entregada a su destino. Dignidad profesional. Vocación firme. Intransigencia ante las mediocridades.


El público entra. La principiante de "Lucy Crown", la pícara nena de la TV, la adolescente de "Morir en familia", componen con todas sus ricas experiencias el personaje de hoy, la mujer que canta, besa, narra desenfadada, llora, se columpia.


Apoyado junto a la puerta de entrada un gran cartel anuncia: Marilina Ross en "Solita y sola". Y está la foto de la actriz, sin sonrisas, con una mirada vaga, perdida entre el enigma y el asombro.

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