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Marilina y el mar

1985 - Revista Gente


Lejos de las playas de Puerto Pollensa, en Mar del Plata, Marilina Ross habla de sus máximas pasiones: el agua, las olas, el sol, la arena


MARILINA Y EL MAR


Informe: HÉCTOR MAUGERI
Producción: SOFÍA HILDEBRAND
Fotos: CARLOS GOLDÍN

Lo ama, como todo aquel al que no le hablaron del mar cuando la infancia. Sucede que mi padre era montañés, de Asturias, y mamá de capital de provincia de Navarra. Ellos no eran de mares, nunca supieron explicar qué era el mar, dice Marilina Ross, con cierta nostalgia. Lo conoció a los quince años, que suele ser la edad del amor. Aquí cumplí mis quince años, cerca del mar, que para nosotros, los de entonces, era una fiesta. Cualquier pileta de Ezeiza era una fiesta para los chicos de aquella época. El mar era demasiado caro para nosotros y para nuestros padres. Yo sabía que, alguna vez, iba a conocerlo. Todo llega. Llegaron muchos mares. Hubo uno, que bañaba las playas de Puerto Pollensa, que después fue canción. Quizás un ámbito como el de Puerto Pollensa hizo que me pudiera enamorar. el amor está dentro de uno, ¿sabés?, aquí, en el pecho. Con decirte que la canción la compuse al volver a Madrid y recordar lo que había pasado en esas playas... Como a todo aquel que ama el mar, le fascina el sol: Es mi amigo, mi gran compañero. En mi tema Soles, hablo de tres. Pero, en verdad, es sólo uno. el primer sol es el de la guitarra, la nota, la cuerda... El segundo sol es el de aquí, del pecho, el del amor. El tercero, el de afuera, el que siempre está. Supongo que el más importante de los tres debe ser el sol que llevamos adentro. Yo lo tengo registrado en la boca del estómago. Allí siento todas mis emociones: cuando tiemblo, cuando me enamoro, cuando me late el corazón. La angustia y el dolor están en este sol, en el de adentro. Ese sol, el de adentro, hizo que Marilina Ross terminara uno de sus exitosos recitales en el Salón de las Américas, del Provincial, cantando sus canciones en la plaza de enfrente, para la gente que no había podido entrar. Fue apenas antes de esta charla sobre el mar, la arena y sus soles. Se supone que el mar es nuestro origen, ¿no? Se supone que hace varios miles de años el ser humano salió de las aguas, que era pez, y que cuando salió a caminar, con sus dos patitas, se encontró con el gran paraíso o con el gran desastre. Venimos del agua. Transpiramos agua salada, las lágrimas son saladas, como el agua de mar. Creo que también nosotros tenemos un mar interno...

Arena y fuego para esperar el amanecer, y el nombre en la arena. "Desde la noche que salí a nadar y casi me ahogo, la arena es un símbolo de tranquilidad, me hace sentir viva".


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