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Marilina y Sandra, con euforia

Sábado 8 de Diciembre de 2001 - La Nación


Marilina y Sandra, con euforia


Marilina Ross, Sandra Mihanovich y un show en lo que todo es inofensivo y agradable


Por: RENÉ VARGAS VERA
Foto: GUSTAVO SEIGUER

Nuestra opinión: BUENO

"Un lugar, un sueño...", recitales de la cantautora y actriz Marilina Ross y la actriz y cantante Sandra Mihanovich, junto a Walter Nebreda en piano y teclados, Juan Losoviz en bajo y Oscar Giunta en batería. Puesta y operación de sonido: Osvaldo Mahler. Textos y puesta en escena: Marilina Ross. Producción artística: Lino Patalano. Producción ejecutiva: María Marta Mascardi y Patricia Kessler. En el teatro Maipo.

Hall. Mucho hall. El suficiente como para que este particular mundillo de la farándula, donde abundan las mujeres en grupo o en pareja, algún señor o señora mayores y pocos chicos, inicie una entusiasta tertulia -que se prolongará luego en las butacas- durante 40 minutos.

Aquí ha concurrido más gente joven y de la generación intermedia que madura. La charla es animada, pero sin histeria. Todos comparten un intenso y sólido espíritu de grupo, dispuestos a divertirse -como solía repetir otrora Carlitos Balá por la TV- "sanamente y en familia".

La cuestión es distraerse, propósito que la etimología de la lengua designa como apartarse, separarse, esparcir el ánimo, quitar la atención de algo, ocuparse de alguna cosa que nos haga olvidar cuestiones tan insignificantes como, por ejemplo, cheques, cajas de ahorro o cajeros automáticos.

Desde arriba del escenario nos observan, desnudas y de pelo corto, varias bellas damiselas pintadas en color sepia, que contrastan con la cortina rojiza y las butacas bermellón. Más que un profundo don de observación, es el tiempo libre y distendido el que permite acceder a estos pequeños, vanos e inútiles descubrimientos que hacen juego con una propuesta liviana, ligera, artísticamente somera.

Se inicia el racconto

De pronto la oscuridad del escenario crea el suspenso. La luz disipa el enigma y nos muestra ya a Sandra y Marilina de pie y juntas, en medio del humo denso, con sendas guitarras cantándole a la danza. "Danza junto a tu vida/si no se puede hacer más." Para "no aferrarse a los dolores".

Marilina viste traje blanco y remera negra. Sandra está toda de negro. Marilina conserva en su rostro el aura de eterna adolescente. Sandra sonríe y sonreirá con ganas en toda la noche, casi como un rictus.

Entonces empieza, con "Uno más uno", un racconto del generoso cancionero de ambas. No es ésta una canción de cantidades, sino que sugiere la unión de alguien con otro para algo.

Y en medio del repaso se percibirá la imaginación de Marilina, que ha diseñado una puesta escénica con variadas atmósferas. La primera es una especie de reportaje de Marilina a Sandra donde cuentan, con cierto cándido humor, el paso de sus gargantas por el universo de la canción. La segunda -que demuestra la generosidad de Marilina para con su partenaire durante el espectáculo- será el video con una vieja publicidad de un cigarrillo grabada por Sandra. El texto, "En la vida hay que luchar para encontrar", es tan genérico y virtual como el resto de las canciones.

Sandra y Marilina intercambiarán roles y se unirán en muchos dúos. Marilina siempre asumiendo una segunda voz, bastante musical en su hoy más asentado que nunca registro de contralto. También exhibirán buen gusto en los tramos protagónicos, y una impecable afinación.

Marilina prefiere el gesto medido y la expresión mesurada en el canto, sin exhibir su voz en su estilo de corto fiato. Sandra, en cambio, se suelta, histriónica (a partir de su rol de nenita durante el primer racconto junto a Marilina) y si bien regala excelentes matices se deja tentar por una tendencia a la vociferación que perjudica su buen estilo, abriendo la boca con fruición y explotando en las vocales abiertas.

Un público adicto

El primer coro del público surge en la canción de Facundo Cabral "Vuele bajo", que se desprende del contexto por su inspirado verbo poético. Otro será con "El sol siempre está", en la que ambas juegan con la letra. Y un tercero, "Honrar la vida", ya en plena despedida.

La regresión es ese caballito de batalla llamado "Puerto Pollensa", con su carga anacrónica, que ambas cantan con envidiable entusiasmo, sentadas en medio de la escena.

Entre los bises llegarán los boleros "Una mujer", "Soñar y nada más" y "María, María", más "Cuatro estrofas", que Sandra canta en un rincón, acompañada sólo por el piano -casi como lo mejor de la noche- para conformar a un público fiel y totalmente entregado a su deleite.

Todo ha sido agradable, inofensivo, pulido, afable, eufórico, alegre, gracioso, para satisfacción del oído y el bienestar del ánimo. A ello ha contribuido un trío que respetó los climas con bastante musicalidad.

El ritmo de la puesta no ha decaído ni por un momento. Marilina ha sabido manejar muy bien los tiempos escénicos a lo largo de su trayectoria, y sabe compartirlos generosamente con una amiga del alma.

Las luces han cumplido buen papel durante el show, subrayando los climas y los protagonismos. Pero, sobre todo, el sonido se ha constituido aquí en oportuno cómplice. Cada una ha sabido estampar su impronta y al mismo tiempo compartir la escena con una buena dosis de gracia femenina.


Fuente: La Nación

Desde el rinconcito, Christian aportó la imagen de esta nota.

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