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Talento y garra, "remos" para cruzar

Noviembre de 1985 - Revista Flash

Talento y garra, "remos" para cruzar

"Cruzando las grandes aguas" es el nuevo long-play de Marilina Ross que presentará en el Teatro Opera, entre el 8 y el 10 de noviembre. "Me atrevo a vivir todo sin culpas, tratando de no herir a los demás. Tengo derecho. A mí me ha pasado de todo en la vida". A los 42 años, su balance...


Dos épocas inevitablemente tomadas como referencia. De aquella "Nena" a esta Marilina, pujante, vital y que no quiere atarse a ningún molde preestablecido, han pasado 20 años ¿o 20 siglos?

Se sorprende. Y hasta se sonríe pensando: "¡Qué nivel tiene el periodismo!", cuando alguien le pregunta: "¿Por qué te cortaste el pelo?". Una pregunta banal, casi sin importancia, pero que tiene que ver con el cambio.

El cambio de esta mujer de 42 años que ha pasado por etapas tan distintas como conflictivas (como la persecución política que sufrió) y que conserva -aunque no le guste- el mismo aire adolescente de aquellos programas suyos de "La nena" por Canal 13. Entonces, con una sonrisa irónica contesta: "Porque tenía ganas. No tiene ningún significado especial. Tenía que elegir entre hacerme la permanente y seguir destruyendo mi pobre pelo o cortarlo. Decidí cortarlo para darle más fuerza y más vida", y agrega sin abandonar la ironía: "Si los cambios fueran solo esos..."

Después de tres años de vida como profesional de la canción, Marilina Ross parece haber dejado en algún lugar de sí misma a la actriz. Hoy, con un éxito que pasa por recitales "a full", -lo que demuestra su poder de convocatoria- discos que se agotan -como su long-play "Soles"- y una cantidad de recitales por el interior y el exterior del país, parece definitivamente asentada en el camino de la música. Y, con absoluta honestidad, reconoce: "Yo no soy una cantante, soy una persona que cuenta historias". Historias que le pertenecen y entonces, en cada una de sus letras, están las respuestas de su propia historia y de su realidad de hoy. Se prepara en este momento para afrontar un nuevo desafío: Una presentación en vivo en el Teatro Ópera de su último long-play "Cruzando las grandes aguas" entre el 8 y 10 de noviembre junto a "La banda de la plaza", integrada por Carlos de la Peña en teclados y coros, Ricardo Renaldi en teclados, Laura Hatton en flauta, percusión y coros, Rodolfo Gorosito en guitarras, Carlos Tribuzy en bajo y Gustavo López en batería. Para esa presentación, estuvo muchos meses componiendo desde la euforia, la depresión, en definitiva, desde su propia sensibilidad.

- ¿Con qué perspectiva ves los sucesivos cambios experimentaste?

- Creo que la vida es un cambio, es un eterno cambio. Nacemos siendo una pequeña "piltrafa" chiquita que late y de ahí en más todo empieza a transformarse. Y no tiene por qué detenerse ese cambio, si latimos, si la Tierra gira, ¿cómo no vamos a cambiar nosotros? Yo no analizo mis cambios, simplemente sigo cambiando. Mientras haya vida hay que cambiar.

- Hace pocos días, en el aniversario de Canal 13, se pasaron aquellos programas que hacías con Osvaldo Miranda. ¿Qué sentiste viéndote en esos tapes? ¿Cuál fue la sensación?

- Era como otra persona. No me reconocí..., fue muy raro lo que sentí. Pensá que esos programas son de hace 20 años. Los hice en 1965 y quizá por eso sentí que era otra persona la que estaba ahí. Que no era yo.

- ¿Te acordás cómo eras hace 20 años? Supongo que te habrá movilizado muchas cosas ver parte de tu pasado en una pantalla.

- Sí, claro que me movilizó. Recordé por ejemplo que me divertía mucho hacer "La nena". Que la pasaba muy bien con Miranda, que me gustaban los libros, el personaje, que desde que entraba a maquillaje empezaba a hacer diabluras. El personaje se había instalado en mí y me dominaba. Yo no era de hacer locuras, pero cuando entraba al canal era como si "La nena" se posesionaba en mí. Generalmente me sucedía eso con mis personajes en aquella época...

- ¿Se fue de vos "La nena"?

- No lo sé. Supongo que algunas partes sí, otras me ha quedado también. Me vi muy joven, con la voz muy finita, porque era de verdad muy chica.

- ¿Y esa "nena" no te persigue hasta hoy? Siendo como sos; una de las pocas de tu generación que ha envejecido de una forma distinta.

- Siempre tuve ese problema, aun cuando era adolescente. Cuando empecé a trabajar como actriz, no representaba la edad que tenía, siempre "daba" mucho menos. Y eso me traía problemas en mi carrera como actriz porque no podía realizar personajes de mi edad. Siempre me daban personajes de nenas. Y entonces la problemática de la gente de mi generación, no la podía encarar. Vivía atrasada. Pero eso, supongo que tendrá que ver con mi contextura física, o no sé...

- ¿También con tu mentalidad?

- No me siento muy adolescente en mi forma de pensar o de ser. El adolescente tiene toda la vida por delante y yo sé que no la tengo. A mí me queda muy poco tiempo y tengo conciencia de eso. Yo siento que no es tanto el tiempo. Cuando era joven podía decir "y si me equivoco... ¡Qué me importa! Después lo voy a hacer mejor". Ahora no, es menor el tiempo que queda y la conciencia cambia.

- ¿Es una conciencia fatalista ésa de pensar que el tiempo se acaba? Hay una frase china que dice: "Vive hoy como si fueras a vivir 100 años más".

- No es que sea fatalista, soy realista. La gente de mi generación está viendo a sus padres morir. Y eso un joven no lo siente, es distinto todo. Ahora estoy tomando contacto y conciencia de lo que significa la vejez, el deterioro físico, porque lo veo en mis padres. Y sé que voy hacia eso.

"VOLVÍ DEL EXILIO TRATANDO DE QUE NO ME MATARAN"

- En el ´80, cuando volviste a la Argentina, tuviste que empezar a cantar.

- Mirá, yo volví, no como cantante, sino como persona. Y tratando de que no me mataran en principio.

- Está bien, pero recuerdo que vos dijiste en aquel entonces "tomé la guitarra para poder ganarme el puchero". ¿Te acordás?

- Sí, recuerdo que fue más fácil empezar a trabajar en "pubs" pequeños donde ganaba para vivir más o menos una semana. No tenía, en aquel momento, posibilidades de otra cosa.

- Después de varios años, ¿cómo ves y cómo sentís la música? ¿Qué pasó con la actriz que hay en vos?

- La actriz no está sepultada, simplemente está descansando. No podría sepultarla porque no creo que nada sea definitivo, en nada. Todo es un constante cambio y yo estoy abierta a los cambios que se me produzcan y que me sorprendan. No quiero calcular qué voy a hacer mañana, pensar si voy a cantar, escribir, actuar o dirigir o me voy a ir a Japón. No lo sé.

- Recién decías que no te sentías, en mentalidad, adolescente. ¿Crees que esa forma de pensar es compartida por tu generación? Eso de no querer planificar el mañana.

- No lo sé. Tal vez no, pero bueno, esta es mi vida y yo respondo por eso.

- No será que no encajás muy bien en "las generaciones establecidas". Las que determinan qué edad es para cada cosa.

- Seguramente. A esta altura tendría que usar rodete, pollera al bies y tacones bajos...
Pero no me quedan bien. Es que yo puedo hablar solo de mí, que es a quien más conozco. Puedo decir que me pasó de todo, que tuve triunfos, fracasos, exilios, vueltas, tuve amores, odios y persecuciones. De todo. Esa fue y es mi vida. La sabiduría está en poder capitalizar a favor de uno todo lo que le ocurre, lo bueno y lo malo. Navegar sobre, no en contra.

- No me contestaste cómo sentís hoy la música. ¿Estás sobre...?

- Sí, más que nunca porque el long-play se llama "Cruzando las grandes aguas". Y simboliza el arriesgarse, "atreverse a". Me gusta esa sensación.

- ¿De atreverte?

- De atreverme a... y de no tener miedo, de enfrentar y avanzar las grandes aguas, no solo en lo personal. Por suerte creo que hay mucha gente que está en eso, el país está cruzando y si me apurás te digo que América latina quiere atreverse, intentar una forma nueva. Empujando hacia otro sitio, confío que tenemos que generar algo distinto. Europa está mirando ese cambio y sé que va a llegar.

- ¿A qué te atrevés? ¿Por dónde pasa ese "cruzar las grandes aguas"?

- Me atrevo a vivir. Y a permitirme vivir todo lo que me toque vivir en cada minuto. Sin culpas, tratando de no herir a los demás.

- ¿A los 42 años la libertad tiene un sentido distinto al que tenía cuando eras 20 años más joven?

- Totalmente. Hace 20 años tenía toda la vida por delante, podía equivocarme. A los 30 empecé a darme cuenta de que no tenía tanto tiempo y que tenía que definir un camino y ya a los 40 tengo todo mucho más claro. Sé que los caminos no son hacia afuera sino hacia adentro. Desde mí.

- ¿Cuáles son las cosas que te duelen?

- La injusticia, el hambre, el desamor, los prejuicios. La incomprensión tiene que ver con los prejuicios. Nadie se hace cargo de lo que pasa, están más atentos a qué hacen los demás, que lo de uno. Eso es algo que hay que modificar, ése es el hombre nuevo que hablo. Que tiene que nacer.

- ¿El hombre nuevo de que hablaba el "Che" Guevara?

- No sé. El hombre nuevo es el ser humano nuevo. Más allá de lo político. Lo político es una parte del hombre nuevo, pero no lo es todo. Como yo creía antes. No lo es todo.

- Si pudieras imaginarte a ese hombre nuevo, ¿cómo lo verías?

- Tan distinto como seres humanos hay. No es un arquetipo que haya que copiar. Tiene que nacer de cada uno de nosotros. Es ése que todos tenemos, adentro y que sólo hay que dejarlo salir.

CANCIONES Y ALGO MÁS

“Me cuesta hablar del long- play. Hay que escucharlo", dice Marilina, ya fastidiada de tanta pregunta. Y cuando apenas le faltan unos días para presentar su espectáculo en vivo en el Teatro Opera, vuelve a definirse como una "transmisora". "Ni canto, ni compongo, trato de comunicarme con la gente en los niveles que se dan a partir de los sentimientos".

Y cuando le digo si a la distancia "Puerto Pollensa", su primer éxito que grabara Sandra Mihanovich "porque yo no podía y hasta pusieron como nombre del autor María Celina Parrondo, y nadie sabía que era yo", sigue significando lo mismo, dice: "no, ya no es lo mismo. Ahora tienen más significado otras canciones, las nuevas".

Algunos títulos de estas nuevas canciones que integran"Cruzando las grandes aguas" son: "Miedo a la alegría", "Y que nunca más", o la ya famosa "Quiero ser yo" que le dedicara a un periodista radial, y que dice: "Usted que en una radio se atreve a comentar/ que está preocupado por mi sexualidad./ Usted... tan calladito ante tanta atrocidad/ pregúntese cómo es usted./ ¿Por qué pierde el tiempo juzgando a los demás?/ ¿Será que no se banca su propia ambigüedad?".


Muchas Gracias Silvina por tipear esta nota

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