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Tengo 32 años, no tengo hijos y estoy sola

15 de enero de 1976 - Gente y la actualidad N° 547, Año 10

LAS CONFESIONES DE MARILINA ROSS:

"TENGO 32 AÑOS, NO TENGO HIJOS Y ESTOY SOLA"

El título lo dice todo: ésta es una confesión fervorosa, la radiografía íntima de una mujer. Esa mujer tuvo, en 1975, muchísimos éxitos profesionales. Aquí no habla de eso. Habla de su vida, de sus 32 años. Un balance apasionado y lúcido a la vez. Una mirada comprometida hacia adentro.


Por: NELLY LOERI
Fotos: EDUARDO FRÍAS

Múltiples Marilinas me reciben en su departamento de la calle Viamonte. Marilina-risa, Marilina-payaso, Marilina-nena, Marilina-Raulito, Marilina-fotos, claro, mientras Marilina-Marilina se sienta frente a mí y se me ofrece a las preguntas y al análisis sin contar con el apoyo de ningún personaje, sola y desprotegida, tal vez para demostrarme que es todas aquellas Marilinas y fundamentalmente otra más. Una mujer. Una mujer sola, dispuesta a intentar un complejo "strip-tease interior", ese en el que no van quedando en el camino ropas, sino ideas, sentimientos, fracasos, rabias, esperanzas. Radiografía. Fotografía de adentro, en definitiva. "Miro a esta persona parecida a mí/ treinta veces tratando de vivir", dice Marilina en una canción que se llama, justamente, "Fotos mías". Yo, ahora, le propongo que las miremos juntas.

- Una mujer de 32 años, plantada ante sí misma y ante los otros, ¿Cuál es el resultado de ese "enfrentamiento"?

- Los 30 años son, sin duda, una fecha clave. No para mí, en particular, sino para todo el mundo. Entonces, es común hacer un balance. Pesar lo que se quería y no se logró, lo que se tiene y no interesa, los 20 años que se fueron. Y eso produce una crisis, ya que no es posible no "darse por enterada" de que muchas cosas cambiaron.

- Hablame de esos cambios.

- A los 30, fundamentalmente, empecé a ser en todo yo misma. A los 20, estaba sometida a "lo que se debe hacer": mi familia esperaba que yo fuera una "nena perfecta", una niñita modelo. Entonces yo no tenía conciencia de las limitaciones que significaban esas exigencias; simplemente, las sufría. Después, bastante después, empecé a conocerme y aprendí que lo más importante no es hacer lo que todos dicen que se debe sino lo que a uno le hace bien.

- "Busqué la foto del bebé, mi nombre de mamá/ ampliada y a color quedó sin revelar", decías en "Fotos mías". ¿Por qué no está ese hijo, que parece ser tu mayor carencia?

- No sé... No existe ninguna dificultad física grave..., pero no está... Y yo siento la imperiosa necesidad de tenerlo. Podría decirte que porque es el mayor hecho creativo que uno puede realizar, pero más simplemente prefiero decirte que porque tengo muchas ganas de que esté conmigo. Sí, tenés razón, un hijo me obligaría a reorganizar mi vida. Pero puedo y quiero hacerlo.

- ¿Qué le darías a ese hijo?

- Fundamentalmente, armas para que pueda ser él mismo; para que sea capaz de elegir y para que, una vez que lo haya hecho, sepa respetar su elección. Es decir, para que luche para ser lo que quiera. En una palabra, trataría de darle libertad.

- El amor, la pareja, tus fracasos... "Dónde está mi príncipe, mamá/ Quiero que me venga a despertar...", has escrito...

- En esa canción, referida al "príncipe azul", ese de los cuentos, de las fotonovelas y de la televisión, quería mostrar que "el gran amor", ese con mayúscula, único y perfecto del que te hablan desde chica, no existe. El amor es algo más normal, más cotidiano y más difícil. Además, no hay "un" amor válido para todos. Cada uno encuentra una forma de amor... ¿Equivocarse? Es lo natural, lo real. Mis fracasos no me traumatizan porque he tomado conciencia, precisamente, de que aquel modelo ideal de amor es falso, irreal.

- Tu explicación es muy coherente. Pero supongo que en el momento en que el fracaso se da te duele, y empezás a preguntarte si no sos vos la responsable...

- Claro que me duele, pero en cuanto a las responsabilidades, generalmente, son "fifty- fifty". Yo sé que tengo fallas, pero quiero un hombre que me acepte tal cual soy, con todos mis defectos y con todos mis errores.

- En suma, no querés "inventar" otra Marilina, perfecta y encantadora, para gustar a un hombre, para seducirlo...

- ¡No, ni hablar! Yo no entro en eso de las trampas para gustar... Esas trampas suelen darse en una relación tradicional, en la que el hombre es que el lleva el dinero a casa y espera que su mujer sea tal como él quiere, porque eso forma parte de las reglas del juego. Yo trabajo y me mantengo, y esa independencia económica es el punto de partida de todo.

- ¿Eso es una ventaja o una dificultad para formar pareja?

- Y, en el fondo, yo creo que al hombre le cuesta bastante desprenderse del rol que desempeñó durante siglos...

- Y, en tu caso particular, puede sumarse a eso el problema de la lucha por el éxito, de la competencia...

- Te diré que en mi medio la competencia es feroz, que es la base de nuestra carrera. Para subsistir uno tiene que ser "genial". Además, no te olvides que tiene una doble y compleja dependencia: con el público y con una empresa que lo obliga a tener éxito porque si no no volverá a contratarlo.


"Los 30 años son, sin duda, una fecha clave", dice Marilina. "Es el momento de hacer balance, de sacar cuentas". Marilina lo ha hecho. Es en esencia la misma mujer, pero más madura.

- Además los intereses pueden no coincidir y complicar más aún la cosa...

- Mi objetivo es hacer trabajos en los que ambos coincidan, "La Raulito" es el que más quiero porque logra exactamente mi propósito: reflejar la realidad y comunicarme con todo tipo de público.

- ¿El teleteatro que hiciste entra dentro de esos objetivos?

- Mirá, yo tenía muchos prejuicios con respecto al teleteatro, pero ahora entiendo que la gente que trabaja y sufre bastante todos los días tiene derecho a distraerse. A mí el teleteatro me ha dado amor, el amor de mucha gente que me escribe, me llama... Yo creo que todos los prejuicios que existen con respecto a él se deben a quienes están molestos porque no pueden lograr una repercusión similar.

- En TV hiciste un espectacular en el que te mostraste vos, Marilina, sin personaje, cantando tus problemas, tus dudas, tus fracasos, asumiendo públicamente tu edad, tu madurez... ¿A qué necesidad respondió ese balance?

- A los 20 años uno tiene la vida por delante y mira sólo al futuro. A los 30, uno mira para adelante, pero también para atrás, y quizás por eso decidí juntar mis canciones que son, fundamentalmente, mis "estados de ánimo". En esa visión retrospectiva no me arrepiento de nada, porque lo que hice me llevó a ser la que ahora soy... Tal vez me gustaría volver a tener 20 años, pero con la experiencia de ahora.

- ¿Cómo ves la vejez?

- No la veo en sí misma sino como proximidad de la muerte y eso me angustia. Por eso trato de vivir intensamente cada momento...

- ¿Te asusta la decadencia física?

- Sí. Pero no creo que sea demasiado grave. Me importan más los valores interiores. Lo de afuera podés cambiarlo, mentir. Lo de adentro, no. Nunca me importó demasiado mi físico. A lo mejor porque nunca aparenté la edad que tenía...

- Es cierto, durante mucho tiempo se te identificó con "la nena", y tal vez a vos te gustaba que así fuera. Por eso llevabas siempre el pelo muy largo y vestías estilo adolescente.

- No fue algo hecho conscientemente. Yo sé que no soy una nena y no me comporto como tal... Además, el parecerlo me ha impedido hacer papeles en los que representara a mi generación... Volviendo a la vejez, ¿sabés cómo imagino la mía? En una casa de las afueras, rodeada de mis amigos, casi en comunidad, cantando, jugando a las cartas, leyendo...

"Me asusta la vejez, pero no creo que sea algo demasiado grave. El físico importa poco, a mí siempre me importó poco. Lo que vale, lo que me interesa, son los valores interiores".

- ¿Qué es lo que a los 32 años no tolerás en un hombre?

- La hipocresía; el que quiera mostrarse como no es realmente, el que no tenga coraje para vivir a fondo. Me gusta que sea un poquito inconsciente, que no razone demasiado, que viva hoy y aquí, que no trate de modificarme.

- Quizá el estar tan poco dispuesta a hacer concesiones te dificulte la convivencia...

- Es posible, pero ya probé cambiar, ser menos exigente y no me sirvió. No quiero renunciar a mis necesidades por temor a quedarme sola, no quiero aceptar por comodidad lo menos malo, no quiero renunciar a mi individualidad. Quiero que cada uno en la pareja sea dueño de su vida. Mirá, esto se lo había escrito a Jorge: "Casi sin querer se olvida, casi sin querer se pierde. Casi sin querer se va el amor. Por eso te estoy queriendo casi sin querer. Jurarte eterno amor... no sé".

- ¿Cómo vivís tu soledad actual, como un fracaso?

- No, como un momento real por el que tengo que pasar. Siento que ahora necesito estar sola.

Sí, está sola. Definitivamente mujer, nunca más "nena", con algunas canas cruzando su pelo revuelto, con algunos surcos marcando su cara, con un poco de cansancio en la mirada. Está sola. Pero no se la ve desprotegida ni temerosa. Espera. Un amor (no "el gran amor"), un hijo. Sin dramatismos ni literaturas. Y mientras tanto vive, hoy y ahora, intensamente, sin mirar demasiado hacia atrás, sin aguardar demasiado del mañana. Vive y espera. Siendo ella misma. Sin trampas ni concesiones. Deseando que la quieran, simplemente, así, como es.


Muchas Gracias Silvina por tipear esta nota

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