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¿Es cierto que la juventud me quiere?

26 de noviembre de 1982 - Tiempo Argentino

"¿Es cierto que la juventud me quiere?"

Marilina Ross. O cómo estar siempre lista para empezar de nuevo




"¿A dónde va la humanidad sobre escaleras mecánicas propulsadas por el ansia de poder, que no puede hacer al hombre feliz? Pero igual va sin meditar que no va a ninguna parte a codazos y a empujones, con la bomba de neutrones para defender la paz. ¡Qué paz! Dame la mano amigo quiero sentir que vivo, bajémonos de un salto para viajar por dentro, para volar en alto, para crecer en serio, para vivir y morir en paz." ("Escaleras mecánicas", de Marilina Ross)

Por: J. M. Z.

Hablemos de tu vida, hoy, aquí en la Argentina, después de dos años y medio de haber elegido quedarte.

- Siento que soy útil. Lo que estoy haciendo sirve y me sirve. Estas canciones, estos recitales, el disco, son como una caricia: estamos mal, bueno, pero vamos a ayudarnos, vamos a tirarnos una mano, a sentir que estamos vivos -que ya es bastante-. Es como un pañito tibio, si querés; no les resuelvo nada, pero por lo menos es un mimo, un mimo compartido: ellos -el público, los jóvenes- a mí y yo a ellos. Creo que en momentos como éstos, ya es bastante. Cuidarnos, cobijarnos, o querernos, no es mucho más lo que se puede.

- El hecho de sentirte útil, necesaria, ¿es suficiente para hacerte superar las "pálidas"?

- No creo que se trate de superar en el sentido de evitarlas. No, en los bajones tenés que meterte, meterte a full, con todo el dolor y con todo el desgarro que produce. De allí salís, y salís muy fortalecido. Creo que todo es bienvenido, todo sirve, si se sabe capitalizar.

- Vos viniste de visita por dos meses, y no quisiste volver a Europa. ¿Por qué?

- Yo elegí, y sigo eligiendo estar acá. Tengo allá mi casa, divina, puedo trabajar, hacer cine, etcétera, pero mi objetivo no es ganar dinero, si no, no estaría aquí, donde tengo todas las dificultades, todas las prohibiciones y todas las contras. Aquí me siento viva; allá sentía como que estaba de paso constantemente.

- Hace tiempo, en un reportaje, dijiste que te sentías como de visita en una casa donde te recibían bárbaro, pero sin poder evitar el miedo a "romper algo".

- Sí, como de visita, cuidándote. Y eso que fui muy bien recibida. Hubo premios, trabajo, dinero. Todo eso estaba cubierto, pero yo estaba por la mitad, estaba a media máquina, no podía rendir, no podía gozar. Extrañaba como loca todo esto y me moría de angustia. Y eso que la gente me gratificaba permanentemente, me reconocía por la calle, me saludaban, no estaba como doña Nadie: llegué a tener un sitio. Así y todo, lo cambié por ser doña Nadie aquí, pero más entera, yo conmigo; allá no estaba yo.

- ¿Cómo encontraste a la Argentina? ¿Cómo la ves ahora?

- Desde el punto de vista humano, creo que ésta es la peor crisis. Y no tiene que ver sólo con lo económico. Acá se deposita todo en eso, y no se oye hablar más que de guita y a cuánto está la tasa, el dólar... ¡no! el ser humano es mucho más que eso. Es como si eso fuera la pantalla y de ahí no pudieras pasar. Fue lo más grave que encontré cuando volví: que no había otro tema que no fuera el de la guita. Con mis amigos, con gente que quiero. De pronto tenía que perder tres horas hablando de inversiones, de a cuánto compré esto y a cuánto lo vendí. Después de las tres horas, agotado el tema, recién podíamos empezar el "¿cómo estás?, ¿qué te pasa?, ¿cómo te sentís?". Funcionaba como una barrera de comunicación grandísima.

- ¿Qué otra barrera de comunicación encontrás aquí?

- El miedo. Es una gran barrera. Es muy difícil hablar, es como si siempre hubiera alguien escuchando atrás.

- ¿Y el miedo al ridículo?

- El miedo al ridículo siempre lo tuve y siempre lo vencí. Y sigo haciendo ridículos. Pero bueno, no es tan grave. Hay miedos, como el cantar libremente en la calle, bailar. En España todo el mundo canta y baila por la calle, y nadie les dice nada. Son cosas que a nosotros nos va a costar mucho superar. Se han creado callos, primero fueron llagas y ahora ya son callos. Creo que nos va a llevar un tiempo poder cantar por la calle.

- Hablemos de tu expresión como artista. ¿Estás totalmente dedicada a la música?

- Sí, dejé descansar a la actriz, la mandé al rincón.

- ¿Por qué?

- Porque la música siempre fue lo que más amé, lo que siempre me gustó y siempre hice en los ratitos de ocio que me dejaba la actriz. Bueno, ahora quiero darle todo mi tiempo y mi energía a la música, que es lo que más feliz me hace. Además, coincide con el momento externo, con las dificultades externas que me condicionan.

- ¿Y tu alejamiento del teatro? ¿Se debe a la búsqueda de algo tal vez menos intelectual?

- La música es más sentimiento, es menos cabeza y más estómago, más plexo solar.

- Veo que tuviste contacto con religiones orientales. ¿Leíste a Carlos Castaneda?

- Totalmente, me devoré todos los libros. Y como decíamos, para Don Juan, el primer enemigo del "hombre de conocimiento" es el miedo. Y hay que enfrentarlo: se cae como un fantasma.

- ¿Eso marcó un cambio en tu forma de hacer música?

- Claro. Antes, en el ´74, era distinto, como si las reglas del juego fueran llevarle mis temas a un arreglador, grabar una orquesta, llegar, poner la voz y sacar el disco con mi carita en la tapa. Lo habitual. Ahora es diferente. Después de ese viaje hacia adentro, en el nuevo disco me meto yo con patas y todo: hago los arreglos, toco, canto, hago los coros y compagino con los músicos que yo elegí y que tiran toda su mejor onda al proyecto.

- Casualmente has producido un acercamiento con la gente del rock.

- ¿Te parece? Si lo que yo hago no es rock. Cada vez que tengo que poner qué estilo hago, no sé qué poner: balada, rock, lento, canción...

- No hablo de esquemas musicales. Hablo de un acercamiento al rock. La gente del rock te quiere.

- Los jóvenes. Los jóvenes están. Esto me sorprende. Nunca pensé que podían seguirme los jóvenes. Primero, porque, cuando hago una canción, la hago cuando se me da la gana, sin pensar en grabar o en la persona a la que le pueda gustar: me tiene que gustar a mí, y después a la gente que tengo al lado. Es más, te digo, "Puerto Pollensa" es un regalo personal, es como registrar en una canción lo que podía haber quedado en una foto, detener ese momento en algo. Podía haber sido una carta, una fotografía o una canción. Jamás me imaginé que la iban a grabar y que iba a ser el éxito que fue. Todo eso me superó a mí.

- En cuanto al público, ¿no tenés miedo de convertirte en un especie de emblema político?

- ¡Ay! No quisiera. No quisiera. Lo que hago está más allá de partidos políticos: estoy apelando a los seres humanos, a lo que los junta realmente, no a lo que los separa. Dicen que todo lo que una hace es política, pero mi objetivo no es político en esto, para nada. Por ahí, sí, que todos terminen agarrados de la mano.

- ¿Estás definida políticamente?

- Creo que en mi canción "Escaleras mecánicas" mi ideología está clarísima. Eso es lo que yo quiero, no sólo en el país sino en el mundo. El mundo se está yendo al diablo; o le pegamos una vuelta de timón entre todos o nos vamos con la nuclear, la de neutrones o la que sea. O sea, no podemos estar dependiendo de eso ni de sectores.

- ¿Cómo modificás entonces la realidad?

- Desde dentro de uno, desde cada uno, cada uno con el otro. Al final del espectáculo digo que el gran amanecer llega, implacable y lo único que necesitamos son nuevos ojos y una nueva manera de mirar, de adentro hacia afuera y de afuera hacia adentro.

- ¿Hay fuerza en Latinoamérica?

- Sí, siento que hay mucha más fuerza en Latinoamérica que en nosotros; estamos como desvalidos en este momento. Nos puede venir muy bien un empujón desde aquel sitio. Somos Latinoamérica, y somos el continente niño. Si el Lejano Oriente es la sabiduría, los ancianos, Europa la madurez, los hombres ya de vuelta, Estados Unidos los jóvenes, los dueños, los que se llevan la vida por delante, nosotros somos los niños, a los que nos ponen en penitencia y nos tienen en un rincón. Pero tenemos todo por delante; eso es lo que tiene que nacer. Europa espera algo de nosotros, está mirando hacia acá. Y aquí hay mucho que hacer, partiendo de una apertura desde adentro, sin esperar que te la dé un gobierno. No echemos tanto la culpa al de afuera, empecemos a crecer y a ser cada cual uno, para luego juntarse en uno más grande que los revanchismos políticos.

- ¿Algún partido político te ha pedido una definición?

- Todo el tiempo. Pero es como tirarme un cable p’abajo. Yo sé que de ahí no viene el cambio.

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