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La entrevista de Playboy: Marilina Ross

Marzo de 1994 – Revista Playboy, N° 90, Año IX

LA ENTREVISTA DE PLAYBOY: MARILINA ROSS

Una profunda charla, sin desperdicio, con la actriz y cantante sobre sexo, política, su pasado, su presente y aquel gordito de gafas que fue a cambiarse los lentes.


"Dicen que el amor de pareja es posible, pero... yo no estoy tan segura. Lo difícil, creo, es la convivencia. Es la tumba del amor. Y siempre lo supe y siempre postulé la no convivencia y siempre terminé conviviendo. Y ahí es donde yo hago macanas. No sé poner límites..."


Por: CRISTINA CASTELLO

Todo lo que usted quería saber sobre... y no se animaba a preguntar, es el sueño de todo entrevistador que se precie. Pero casi nunca se consiguen resultados. Sólo aproximaciones. Porque, aunque se hagan las preguntas, no suele haber respuestas. No sabe-no contesta, es lo habitual. Sobre todo en los temas más íntimos. O más conflictivos.

No es éste el caso. Acá encontrará usted todo lo que quería saber sobreMarilina Ross o –en realidad- sobre María Celina Parrondo. Erguida sobre sus flamantes cincuenta y uno –aunque para algún nostálgico siga siendo La nena- no tuvo pelos en la lengua. Pero la vida acostumbra dar con una mano y quitar con la otra. Entonces, para estos resultados, hubo que evitar las preguntas de rigor.

¿Cuáles? Esas que hubieran dado como resultado que nació en Liniers, que fue la única hija mujer de un matrimonio que se llevaba como la mayoría de los matrimonios. Y que ella sufrió aquellas diferencias. Que empezó a hacer teatro a los ocho años, tarea ésta que fue intensa entre 1960 y 1976. Que de aquel tiempo recuerda obras como: Lucy Crown,Ah, Soledad, Tartufo y El rehén. Que, paralelamente, hizo tele:Yo soy porteño, La nena –ya estaba dicho- Cosa Juzgada y Piel naranja. Que participó en quince películas, entre ellas La tregua,Piedra libre y, claro, La Raulito. Que en el ’76 –represión obliga- tuvo que exiliarse en España. Y que a su regreso, en el ’80, dijo eldesde ahora y para siempre que ya no le dice al amor. Se lo dijo a la música. Con la cual tenía un romance añejo, cuya primera expresión pública fue el álbum Estados de ánimo (1974). Las preguntas convencionales la hubieran hecho contar, otra vez más y van... “sus shows” y discos posteriores. Soles, A mis queridos seres, Sobre un mar de miedos, Cruzando las grandes aguas, Mis hijos naturales, Conectándome, Latiendo y –el último- De amor y de locuras. Y, particularmente, aquel tema, que ella incluye en todos sus recitales: Puerto Pollensa.

¿Qué respuestas le dio a los otros interrogantes? A usted no le resultará fatigoso saberlo. Porque son contundentes y comprometidas. Y pobladas de humor. Como Marilina, sentada para esta entrevista en su casa de Palermo Viejo, pucho tras pucho y mate en mano.

Nuestra periodista Cristina Castello se llevó dos horas de grabación. Y unas cuantas reflexiones. Al grano.

Marilina le pareció una militante fervorosa, cuando se trata de defender la vida. La contracara de lo light y de lo soft tan de moda. De esa especie de monstruo que decreta: no sientas, no vibres, no ames, no te comprometas. Y consideró gratamente curioso cierto que recorte que hizo la entrevistada, de sus recuerdos. Por ejemplo, cuando de una actuación en Nueva York –luces, cámara, fama, todo eso...- ella rescató su encuentro con otros latinoamericanos. El intercambio humano.

Pero la idea más fuerte que se llevó nuestra cronista fue una. Que hubo preguntas que Marilina contestó por consideración hacia su trabajo. Pero que, en realidad, hubiera preferido obviar. Como la primera.


Playboy: -¿Qué es el erotismo?

Marilina: -No sé, yo parto del amor. Y ahí, todo es válido.

Playboy: -¿El amor? Parece una utopía en estos tiempos.

Marilina: -Pero existe la utopía y existe el amor.

Playboy: -Los pragmáticos la llamarían loca.

Marilina: -Entonces no tienen vida. No son seres humanos. O están locos ... ellos.

Playboy: -¿Qué es la locura?

Marilina: -Por un lado es toda esta crisis, de andar corriendo detrás de lo material. Es esto de los pragmáticos, como ironiza usted. Pero, por otro, es lo lindo, lo creativo, la balada para un loco, los sentimientos, John Lennon y...

Playboy: -¿John Lennon?

Marilina: -Sí... (sonríe y toma un block que tiene a un costado). Mire lo último que “le” escribí: “No sos el único en imaginar un planeta sin fronteras/ sin religiones que nos separen/ sin un motivo para matar o morir/ somos cada vez más los que...”.

Playboy: -¿Las personas del Ejército Zapatista, en México, tienen “un motivo para matar o morir”?

Marilina: -Claro que sí. Absolutamente. ¿Cómo que no? Tienen todos los motivos para matar o morir. El hambre, la injusticia... ¿le parece poco? Y el maltrato que sufren desde chicos. Si quiere, hablamos de política.

Playboy: -Enseguida. Chicos, decía, ¿Usted nació con flequillo?

Marilina: -Nací... nací... creo. No nací con flequillo, pero enseguida creció.

Playboy: -¿Y en aquella infancia suya con flequillo, era feliz?

Marilina: -No... había muchos conflictos familiares, pero... yo trataba de esconderme en los rincones. Y era feliz en el Albarden, en el teatro infantil. Donde yo podía jugar, y volar, y aprender, y estudiar.


"HICE EL AMOR EN UNA MOTO... ANDANDO ¡Y A 80! YA NO ERA TAN JOVEN... NO HACE TANTO. Y TAMBIÉN ¡EN UN AVIÓN...! Y EN UN COLECTIVO... ¡RODEADA DE GENTE!"


Playboy: -¿Cómo volaba entonces?

Marilina: -Bueno... llegué a volar en un trapecio, en el Teatro Colón. Fue para uno de los festivales de fin de curso, donde me tocó hacer de trapecista y de actriz. En el balanceo, llegaba hasta la mitad de la platea. Era un viaje de ida y vuelta y parecía que nunca terminaba.

Playboy: -También voló en Solita y sola...

Marilina: -Sí, fue cuando me separé del grupo Gente de Teatro. También puse un trapecio, pero me caí y me rompí el hombro. Es que hay vuelos y vuelos.

Playboy: -A veces, volar tiene sus riesgos. Pero usted insiste, parece...

Marilina: -No me resigno.

Playboy: -¿Resignar las alas es la muerte?

Marilina: -Y sí... yo quiero seguir volando, pero a veces no me dejan y no se puede, y no hay forma.

Playboy: -El vuelo es primo hermano de la imaginación. Y de los sueños. ¿Qué imaginaba y soñaba entonces?

Marilina: -Fue cuando empezaron mis instintos como actriz. Aquella puesta en marcha de la imaginación, de la música y de la danza –como un juego- era muy placentera. Sin embargo, no era una cosa que tuviera consciente, como objetivo. Más bien (ríe)... eran los deseos de mi mamá.

Playboy: -¿Queda lejos la infancia?

Marilina: -Lejísimo y muy borrada.

Playboy: -¿Se siente adulta entonces?

Marilina: -No, no, claro, en ese sentido no. Mi analista lleva años tratando de conseguirlo (se divierte), pero hay una parte mía que se resiste. Porque hay algo de asombro y de aprendizaje que no quiero perder. Pero si dije que queda lejos es porque de la infancia no me queda un recuerdo, sino recuerdos. Dolorosos o bellos, pero aislados.

Playboy: -¿Alguno, a flor de neurona o de alma?

Marilina: -Uno feo: cuando Aníbal, un vecinito mío, se apretó un dedo. En el momento lo asumí con fuerza, pero llegué a mi casa y sufrí el primer desmayo de mi vida. ¿Algo lindo? (piensa largamente) ¡Ya está…! Me gustaban las flores… en realidad me las comía. Tenía predilección por unas amarillas, chiquititas, que crecían en el césped de la plaza. Cuando venia la primavera (se pone pícara), para mí era un festín: todavía recuerdo el gustito a limón que tenían.

Playboy: -¡Se comía la naturaleza! ¿Qué le diría Nacha Guevara?

Marilina: -¡Bueno, pero yo no atentaba contra la ecología! Además, adhiero totalmente a la postura de Nacha en ese sentido.

Playboy: -El Presidente dice lo mismo.

Marilina: -¡¿Cómo?!

Playboy: -Claro, el mes pasado apareció en su programa Carlos Menem, grabado en exteriores, adhirió a la propuesta de Nacha y la felicitó por su programa. Ella se mostró honrada.

Marilina: -No lo vi.

Playboy: -¿Usted se sentiría honrada con Menem en una platea, o con su felicitación por un disco?

Marilina: -No… no… ¡¡¡no!!! De ninguna manera.

Playboy: -Pero usted era peronista.

Marilina: -Yo ni siquiera estaba afiliada. En realidad, era una entusiasta. Pero adhería a aquellas banderas… ¡pavada de banderas!: soberanía política, independencia económica y justicia social.

Playboy: -¿Y Menem es peronista?

Marilina: -No, Menem no es peronista. Nada peronista. Menem es un elemento más –uno más- que está cumpliendo un plan muy bien orquestado. Se basa en un cambio económico aparente y, en realidad, sólo tiene en cuenta los intereses de unos pocos.

Playboy: -¿Qué sentimiento le inspira el Presidente?

Marilina: -A mí… (largo silencio, pensativo)… ¡a mí me resulta… simpático! (ríe, a carcajada pura).

Playboy: -¿Simpático?

Marilina: -(Siguen las carcajadas) En realidad, eso viene de un cuento español. Porque cuando vivía Franco, todos decían que era divino y cuando se murió, empezaron a darle con un hacha. Entonces circulaba este chiste: “¿Qué querés que te diga?... A mí me caía simpático”.

"...como dice un cuento -creo que de Landrú- acá hay tres poderes: ejecutivo, ejecutivo y ejecutivo. Para decir que estamos en democracia, deberíamos ser un país independiente y -en cambio-, estamos entregados a los Estados Unidos. Entonces... ¡basta de ridiculeces!"

Playboy: -Franco y Menem. El chiste no parece inocente…

Marilina: -Y bueno, me da igual. No quiero atacar su figura, pero acá lo que importa es la causa. Este plan que viene de los acreedores externos y que es un calco para todos los países. Es lo mismo para Brasil, para Venezuela, para…

Playboy: -En otros países, como los que nombra, funciona –por lo menos- el mecanismo del juicio político. Acá no pudo hacerse siquiera el de Servini de Cubría.

Marilina: -Es cierto. En la Argentina no hay juridicidad. En Brasil, como usted dice, el Congreso decidió el juicio a Collor de Melo. Pero acá también el Parlamento está controlado por el gobierno y la Justicia brilla por su ausencia.

Playboy: -Convengamos, sin embargo, que desde el ’83 hasta ahora se hacen encuestas. Y se vota…

Marilina: -Sí, se vota. Eso es todo. Pero a mí me da risa cuando dicen que en el ’83 empezó la democracia. ¡Mentira! Sólo se retomó la costumbre de votar. Pero yo había votado antes.

Playboy: -¿A quién votó en el ’89?

Marilina: -(Con gesto de desesperación) A Carlos Menem… un vaso de agua por favor (ríe y ríe).

Playboy: -¿Qué es lo que menos le gustó desde diciembre del ’83 en adelante?

Marilina: -El indulto. Fue una de las cosas peores. Y no sólo porque no se llevaran adelante las condenas, sino porque consagró la impunidad.

Playboy: -¿Cómo armaría, ahora, un gabinete ideal?

Marilina: -No lo armaría… ni loca.

Playboy: -No habría democracia…

Marilina: -¿Y acaso hay democracia?

Playboy: -¿Y por qué no hay democracia?

Marilina: -Porque, como dice un cuento –creo que de Landrú- acá hay tres poderes: ejecutivo, ejecutivo y ejecutivo. Para decir que estamos en democracia, deberíamos ser un país independiente, y –en cambio- estamos entregados a los Estados Unidos. Entonces… ¡basta de ridiculeces, basta de mentira!

Playboy: -¿Será por su lenguaje jugado que usted está poco en los medios?

Marilina: -La verdad es que no estoy mucho en los medios por elección propia. Hablo cuando estoy por hacer un espectáculo, o cuando promociono un disco nuevo. O, simplemente, cuando tengo algo que decir. Si no, me callo.

Playboy: -Pero hay gente del espectáculo, o empresarios, o médicos, que son opinadotes profesionales, en televisión. Y a usted no se la ve…

Marilina: -Ah, no… es que yo no voy. Digo que no.

Playboy: -Antes no era así.

Marilina: -Antes hacía todas las notas… Ahora hago lo necesario, pero no quiero perder el tiempo; tampoco voy a las reuniones de la farándula: me aburren.

Playboy: -Otros, de la farándula, van. ¿Qué tiene usted de distinto?

Marilina: -Lo distinto es que yo lo digo, porque todos deben aburrirse soberanamente allí.

Playboy: -¿Van porque son masoquistas?

Marilina: -Van, como fui yo en su momento. Hay que estar, para que se hable, para salir en los medios, todo eso…

Playboy: -¿Será por tanto preservarse que algunos tienen una imagen congelada de usted?

Marilina: -Para nada. Yo soy lo anticongelante. Soy movimiento. Además, acá hay un error muy grande, que consiste en considerar que la gente que no está en los medios de comunicación, no existe. Yo existo, pero me niego a aparecer como opinadora, como usted dice.

Playboy: -En el charter que trajo a Perón, usted opinó, con su presencia.

Marilina: -Fui “gracias” a que, como le conté, me rompí el hombro, porque me caí del trapecio. No podía trabajar. Me pagué el pasaje y fui como representante de la cultura, por los jóvenes. En realidad, no me lo quería perder.

Playboy: -¿Lo vio por primera vez en el avión?

Marilina: -No, en el Gran Hotel, en Roma. Yo estaba con mi bracito enyesado, y entonces no pude darle la mano, y entonces, y entonces… ¡me dio un beso!

Playboy: -No es difícil imaginarla. Usted menuda, al lado de una figura física alta, imponente… ¿Le temblaban las piernas?

Marilina: -Me temblaba todo… ¡Me morí en ese mismo instante! ¡Me morí! Después, en el avión, ya no hablamos, porque él estaba en primera y yo en turista.

"MENEM NO ES PERONISTA. NADA PERONISTA. MENEM ES UN ELEMENTO MÁS -UNO MÁS- QUE ESTÁ CUMPLIENDO UN PLAN MUY BIEN ORQUESTADO. SÓLO TIENE EN CUENTA LOS INTERESES DE UNOS POCOS."

Playboy: -¿Cuál fue el sentimiento predominante en aquel viaje?

Marilina: -La responsabilidad… porque ¡íbamos a cuidarlo! Para que no le pasara nada.

Playboy: -Además de la adhesión emotiva, ¿había racionalidad en usted?

Marilina: -Mire… (ríe, con mucha frescura) la racionalidad es mi lado flaco. Yo no suelo pensar mucho las cosas. Actúo más por impulso y por sentimiento y –cuando el pensamiento llega- ya está. ¡ya hice la macana! Sin embargo, no fue el caso: estoy contenta de haber estado en semejante momento histórico.

Playboy: -Eso de andar a puro vivir, ¿no le deja después?

Marilina: -… moretones? ¿Eso dice… moretones? ¡Y claro que sí! Pero me he puesto compresas de agua fresca y con sal gruesa (se ríe).

Playboy: -Algunos que anduvieron, como usted, a puro vitalismo, creyeron descubrir en Perón cierto componente fascistoide. ¿Le pasó?

Marilina: -No, porque eso se decía desde antes: mi papá insistía en que Perón era fascista. Pero yo sabía que era el discurso de los opositores, entonces traté de conocer más su propuesta. Y allí coincidí: no en lo fascistoide, sino en las tantas cosas que hizo. En las leyes laborales, en la protección de la infancia, en el respeto a los ancianos. ¿Se da cuenta? ¡Y usted me pregunta si Menem es peronista!

Playboy: -Lo curioso es que, de la lectura atenta de todos los libros de Perón, se deduce que la palabra libertad, no era lo frecuente.

Marilina: -¿Y dónde hay libertad?

Playboy: -Perdón… ¿No quiere que le derriben los ídolos?

Marilina: -Bueno, pero… ¿dónde hay libertad? ¿Hay libertad en Chiapas? ¿Hay libertad en Santiago del Estero? ¿Hay libertad en el mundo… o dónde hay libertad?

Playboy: -En Punta del Este.

Marilina: (Se divierte) No, pero… en serio… ¿dónde hay libertad?

Playboy: -Su respuesta es peligrosa. Ni siquiera el respeto a la infancia, o a la vejez deberían justificar la más mínima censura. ¿No le parece?

Marilina: -Es cierto, pero la libertad nunca va a venir de afuera. La libertad es un hecho de adentro y cada uno tiene que ganársela.

Playboy: -¿Fue para proclamar libertad –la del cuerpo- que posó desnuda junto a su grupo de música, para Siete Días, en 1985?

Marilina: -No, aquello fue una producción que planteó la revista. No fue idea nuestra.

Playboy: -¿Sentía pudor o vergüenza?

Marilina: -Sentía frío, mucho frío. No tengo esos pudores, -pero de todos modos- estaba tapada por los aparatos (de música), y tenía mi mallita (se ríe).

Playboy: -¿Y ahora, cómo se lleva con su cuerpo?

Marilina: -Mmm… no lo cuido, ni le doy mucha importancia. Es la carrocería, es el envoltorio y cuando está sano todo está bien; pero cuando falla algo, tomo conciencia de lo poco que lo tengo en cuenta.

Playboy: -Tiene usted unos kilos de más. ¿Por qué?

Marilina: -Por… ¡por menopausia! Entonces tengo retención de líquidos, me hincho y me deshincho. Pero no hago nada, ni quiero tomar hormonas, porque traen muchas consecuencias.

Playboy: -Tenía miedo a los cuarenta. Ahora tiene cincuenta y uno. ¿Cómo es?

Marilina: -No sé… siento que estoy en una época de crisis. Como un antes y un después de esta edad. Estoy en el medio y siento cambios muy fuertes en todo aspecto. Pero no sé cómo es, no sé cómo contárselo: por el momento sólo estoy sufriendo.

Playboy: -¿Y cómo se lleva con el espejo?

Marilina: -Mire… sinceramente… en realidad, hace dos años se me vinieron veinte años encima. Para colmo, siempre representé diez menos y ahora llegaron todos juntos. Tenía que disfrazarme de mayor para que se notara mi verdadera edad y ahora… ahora parezco de cincuenta y uno.

Playboy: -A lo mejor si adelgazara…

Marilina: -¡¿Qué adelgazar?! Esto… (se señala el cuello)… ¡esto es papada! ¡Estoy mofletuda! no sé… no sé cómo se llama esto. Pero… ¡qué cosas me hace decir usted! Además, este es el cuerpo de una mujer de cincuenta y uno, y si alguien me quiere, me querrá como soy.

Playboy: -Pero el cuerpo es, también, un lugar para el placer.

Marilina: -Mire… yo –salvo la cirugía de nariz, que me hice a los 18 años- tengo la carrocería de fábrica. Pero, además… ¿Es que hace falta tener la colita parada y hacer músculos y pesas, para sentir placer?

¡¿Qué adelgazar?! Esto… (se señala el cuello)… ¡esto es papada! ¡Estoy mofletuda! no sé… no sé cómo se llama esto. Pero… ¡qué cosas me hace decir usted! Además, este es el cuerpo de una mujer de cincuenta y uno, y si alguien me quiere, me querrá como soy.

Playboy: -Placer, no sólo trabajo, dicen que unía al elenco de Cosa Juzgada

Marilina: -(Desconcertada) No entiendo.

Playboy: -¿Es cierto que eran afectos a encuentros sexuales, ménage á trois y esas cosas?

Marilina: -(Estalla en carcajadas) ¿Y cómo no me invitaron? ¿Y cómo me la perdí? ¿Cuándo fue, que no me enteré? ¡No! ¡Qué cosas dicen! Teníamos reuniones de trabajo, de proyectos y de evaluaciones y éramos muy amigos entre todos. Pero ahí… fiestas… ¡no!

Playboy: -Entonces usted estaba casada con Emilio Alfaro. ¿Casada?

Marilina: -Sí, y con papeles y todo. Por México, porque él tenía cinco matrimonios anteriores. Yo me dije: esto es interesante… este señor debe saber mucho.

Playboy: -¿Y sabía?

Marilina: -Sí, fue algo muy importante en mi vida y aprendí mucho con él. Crecí mucho. Pero quizá lo que faltó fue demostrarme el afecto… no sé. Pero, aún hoy, tenemos una relación de respeto mutuo y de saber que los dos estamos cuando nos necesitamos.

Playboy: -¿Aquel amor nació con estrellitas en los ojos?

Marilina: -No, no hubo un enamoramiento loco de entrada. Eso tiene más valor para mí: porque no enceguece.

Playboy: -¿Por qué se terminó?

Marilina: -Porque se agotó.

Playboy: -¿El primer amor había sido con un hombre casado, cuando usted tenía dieciocho años?

Marilina: -¡¿De dónde sabrá eso?! Bueno, pero no… no fue con el casado. Fue cuando yo tenía once o doce años, y con un chico del barrio que…

Playboy: -¿Aníbal, el que se apretó el dedito?

Marilina: -(Se ríe) No, era el de la bicicleta. Yo tocaba el timbre de su casa y él salía. Paseábamos en bicicleta y no cruzábamos ni una palabra.

Playboy: -Poético… el lenguaje del silencio.

Marilina: -Sí… y recién el año pasado hablamos. Lo invitaron al programa “Volver a vivir”, donde yo estaba … (se entusiasma) y yo le pregunté si entonces sabía que yo estaba enamorada de él. Y me dijo que sí. Y después me animé y seguí: “¿Y yo te gustaba?” “Sí –me contestó- por eso salía en la bicicleta.”

Playboy: -Confirmó que sus voces no le mentían, después de cuarenta años. ¿Cómo fue con el casado?

Marilina: -Fue inevitable. Era mayor que yo y todo era muy difícil, por la situación. Duró tres años, pero me cansé. Me cansé de sus ausencias.

Playboy: -¿Por qué se terminó?

Marilina: -Porque se agotó.

Playboy: -¿Sintió impotencia o bronca?

Marilina: -No… es difícil que sienta bronca. O que la muestre. Me vienen angustias, llanto, desolación. Sufro como una condenada, pero después vuelvo a enamorarme y vuelvo a caerme y vuelvo a levantarme.

Playboy: -En orden cronológico, el de la bici, el casado, Emilio Alfaro. ¿Y qué, con Jorge Martínez?

Marilina: -(Parece fastidiada) Bueno, no lo niego…

Playboy: - Parece que la relación no la satisfizo mucho.

Marilina: -(Silencio) No… sin embargo cubrió el aspecto afectivo, porque yo venía carente de lo de Emilio. Jorge era todo hacia fuera y eso me vino muy bien. Pero, claro… faltaba una comunicación espiritual, o intelectual, o hubo crecimientos distintos. De todos modos, tengo un lindo recuerdo de él.

Playboy: -¿Por qué se terminó?

Marilina: -Se agotó.

Playboy: -Desde ahora y para siempre, se llama un film. Nada es para siempre, otro. Usted elegirá el título de la última, ¿no?

Marilina: -¡Pero claro! Dicen que el amor de pareja es posible, pero… yo no estoy tan segura. Lo difícil, creo, es la convivencia. Es la tumba del amor. Y siempre lo supe y siempre postulé la no convivencia y, finalmente, terminé conviviendo. Y ahí es donde yo hago macanas. No sé poner los límites, me mezclo, genero dependencia y me hago dependiente… ¡no va!

Playboy: -Bueno, la magia de los grandes encuentros, sin cotidianeidad, también tienen sus riesgos.

Marilina: -¡Ah…! pero a eso no hay que sacarle el cuerpo. Bienvenidos los grandes encuentros. Gracias a ellos, uno se siente más plena, más creativa, más capaz de dar, más vital.

"ES MARAVILLOSO MORIRSE. EN UN MOMENTO YO ESTUVE MUY CERCA Y LA SENSACIÓN QUE ME QUEDÓ FUE DE UN SALTO EVOLUTIVO MUY GRANDE. EL ALIVIO DE ESTE CUERPO QUE UNO ARRASTRA..."

Playboy: -Todo lo otro, según dice, se agota. ¿Será que no encontró su semejanza, su misma vibración de locura, parecida intensidad, o alguien que opaque al resto del mundo?

Marilina: -(Silencio más que eterno) Sí, sí, sí. Pero también se agotó, aunque… claro… no creo que haya sido el alma gemela entonces. A lo mejor llegamos a un momento de ahogo, de no creer, de que las fantasías no sean fuertes, o de que uno se canse.

Playboy: -Una piedad indecible se esconde en el corazón del amor, escribió William Yeats. ¿A usted no le pasa en esos casos?

Marilina: -No, porque suelo llegar a situaciones así, con el ego estaba maltratado. Entonces se me agota la paciencia. Y entonces digo basta.

Playboy: -¿Cómo se llama la persona que le inspiró ese amor?

Marilina: -(Más de treinta segundos de silencio.) Preferiría no dar nombres.

Playboy: -¿Habló de los anteriores? ¿Por qué no de éste?

Marilina: -Está bien. Es Juan Pérez.

Playboy: -Muy informativo. ¿Qué locuras hizo por amor?

Marilina: -(Vuelve al silencio) No son cosas que pueda decirle (se ríe).

Playboy: -¿Tiene prejuicios?

Marilina: -No, pero incluyo a otras personas y, para hablar, tendría que tener autorización.

Playboy: -Bueno, diga los hechos, no las personas.

Marilina: -No… se darían cuenta.

Playboy: -¿Hizo el amor en un Fiat 600 o…?

Marilina: -¡En una moto… andando y a 80! Eso es loco.

Playboy: -¿Cuándo fue?

Marilina: -Ya no era tan joven, no hace tanto.

Playboy: -Eso de sentir el vértigo… el de la moto, digo.

Marilina: -(Ríe a carcajadas) ¿El de la moto? ¡El otro vértigo también!¡No es nada fácil! Y también en un avión… ¡y en un colectivo… rodeada de gente! Pero… mire usted las cosas que me hace decir.

Playboy: -Eso es lo loco. ¿Y lo jugado?

Marilina: -Ah, no… eso no. Me jugué la vida y no me privé de nada. Pero no quiero entrar en particularizaciones.

Playboy: -Usted tiene el nombre en la cabeza, pero los lectores no lo saben. No lo diga, pero cuente el hecho.

Marilina: -No puedo. Tengo sólo esa referencia.

Playboy: -¿Cuántas parejas tuvo?

Marilina: -Parejas… una, dos, tres, cuatro y… como media docena. Me refiero a los compromisos afectivos.

Playboy: -¿Qué importancia asigna usted al sexo?

Marilina: -Mire… me siento muy rara: nunca hablo de estas cosas. Pero… bueno, para mí es más importante una relación enriquecedora, espiritual, tierna y afectuosa, que el sexo en sí mismo. ¿Ve? No le soy útil para Playboy.

Playboy: -¿Siempre fue así?

Marilina: -Y ahora más… (se ríe) … mire, me agarra medio jugada. No imagino mi vejez con una persona, sino en comunidad y compartiendo cosas.

Playboy: -¿Siente una suerte de agotamiento de posibilidades, en cuanto a relación de pareja?

Marilina: -Eso… siempre siento eso. (Se ríe) Ya probé todo. No debo servir.

Playboy: -Pero… ¿no siente ganas?

Marilina: -Cuando tuve sed, fui al vaso de agua. Pero ahora ya no la tengo… ojalá volviera.

Playboy: -¿Está usted un poco escéptica con respecto a todo?

Marilina: -No, estoy escéptica con respecto a este momento de la humanidad. Con respecto al hombre viejo, que está muriendo. Pero, como contrapartida, estoy muy esperanzada en un ser humano nuevo que está naciendo.

Playboy: -Convengamos, sin embargo, que este “hombre viejo que se está muriendo” le está saliendo lo peor…

Marilina: -Sí, y viviremos todavía cosas más terribles. Porque este hombre viejo se muere pataleando, y sin querer perder todo el poder. Pero, a la vez, hay un bebé gateando.


"¿DROGAS? ALGO EN ESPAÑA, SÍ. FUMÉ MARIHUANA O HACHÍS Y PROBÉ COCA, PERO NO ME CREARON HÁBITO. AHORA MI DROGA ES ÉSTA (SEÑALA LOS CIGARRILLOS): FUMO MUCHÍSIMO."

Playboy: -¿Qué es lo viejo?

Marilina: -¿Lo viejo? Es este mundo, es esto que hemos hecho. Es esta corrupción, es toda esta hipocresía, es esta lucha por el poder que da el dinero, y son las armas. Y son tantos suicidios de adolescentes. Y tantos jóvenes bulímicos y anoréxicos. Me aterra. Sin futuro, sin un camino, sin una creencia, sin poder quererse, sin tenerse en cuenta.

Playboy: -¿Esto es crisis o decadencia?

Marilina: -Es decadencia. Y crisis también, porque crisis quiere decir cambio. Por suerte, en nuestro país se están dando movimientos del hombre nuevo.

Playboy: -¿Qué es el hombre nuevo?

Marilina: -Es algo que está dentro de nosotros. Y se ve muchísimo en los niños: ya vienen con códigos genéticos distintos. Será un cambio planetario.

Playboy: -¿Puede explicarse?

Marilina: -Creo que hay partes nuestras que tendrán que destruirse para que salga otra buena, que también está en nosotros.

Playboy: -¿Usted se imagina qué de bueno le puede salir a Videla, a Massera, o a Camps, por ejemplo?

Marilina: -Y... son grados evolutivos distintos. Yo tengo la creencia de que uno viene a esta vida, a esta reencarnación en la Tierra para evolucionar.

Playboy: -¿Puede aportar algo más, para que no se piense que usted está delirando?

Marilina: -Sí, creo que –tanto como los seres humanos- el planeta tiene un alma. Y que ahí, y a partir de esta crisis, se dará el cambio. Pero primero, insisto, tiene que morir el hombre viejo.

Playboy: -Usted murió en la ficción. En “Piel Naranja”, por ejemplo. ¿Cómo es morirse?

Marilina: -Mmmm... (se ríe). Disculpe, pero me acordé de una anécdota. Cuando volví al país en el ’80, iba en el coche y me paró un tipo del Ejército. “¡Ah... Marilina Ross! –me dijo-, pero... ¿a usted no la habían matado?” Yo... yo empecé a temblar. Pero el tipo agregó:“Claro... Don Joaquín”, y ahí comprendí que hablaba de Piel Naranja, con lo cual respiré un poquito-

Playboy: -¿Cómo es morirse? era la pregunta.

Marilina: -Es maravilloso morirse. En un momento yo estuve muy cerca y la sensación que me quedó fue de un salto evolutivo muy grande. El alivio de toda esta materia, de este peso, de este cuerpo que uno arrastra en esta vida.

Playboy: -¿Qué le pasó que estuvo cerca de morirse?

Marilina: -Desencarné.

Playboy: ¿Eso es voluntario o pasa no más?

Marilina: -No, es un susto, no sabía qué estaba pasando.

Playboy: -¿Cómo era la sensación?

Marilina: -Fue como un desmayo. Yo estaba arriba y, a la vez, me veía a mí misma abajo. Me daba mucho miedo porque no entendía nada.

Playboy: -¿Y qué Marilina tenía miedo, la de arriba o la de abajo?

Marilina: -Ninguna de las dos: el miedo vino después. Cuando dije... ¿qué pasó? ¿Qué fue esto? Y la sensación fue que estuve así en el límite entre la vida y la muerte. Pero sé que era más lindo allá... morirse.

Playboy: -¿A qué tiene miedo, ya que no a la muerte?

Marilina: -Tengo miedo a las muertes ajenas, a las de los seres queridos. Desde mi egoísmo más profundo, tengo horror a las ausencias.

Playboy: -¿Cómo se vence el miedo?

Marilina: -Enfrentándolo, enfrentándolo hasta que se salga de la sábana... ¡como un fantasma que es!

Playboy: -¿Cuáles son sus fantasmas cotidianos?

Marilina: -Ninguno. Me levanto tarde, me acuesto cuando amanece y me despierto al mediodía. Duermo ocho horas, pero en horarios distintos de la mayoría. Como cuando tengo hambre, y no soy metódica, ni planifico.

Playboy: -Como venga la vida.

Marilina: -Como venga la vida.

Playboy: -Vida sana. ¿Tomó drogas alguna vez?

Marilina: -Algo en España, sí. Fumé marihuana o hachís y probé coca, pero no me crearon hábito. Ahora mi droga es ésta (señala los cigarrillos): fumo muchísimo.

Playboy: -¿Usted tiene más amigos hombres o mujeres?

Marilina: -Mujeres. Las mujeres estamos en una búsqueda más completa, de cosas espirituales o esotéricas.

Playboy: -Marilina, ¿de qué se asustó el gordito de gafas de Puerto Pollensa?

Marilina: -(Más de treinta segundos de silencio, pesado.) De... dos personas que se amaban. Pero, mire... ya le dije: no me privé de nada. Pero no quiero que se utilice mi respuesta para que la gente se haga el bocho.


Desde el Rinconcito esta nota la compartió Christian.

1 comentario:

  1. Ay!!!! cuantos recuerdos!!!! Con 15 años compré esa Playboy por la nota tuya!!! la tuve escondida tantos años mientras viví en casa de mis viejos!!! :o)
    Era mi tesoro mas preciado!
    Todavía la tengo, pero ahora no necesito esconderla, que bueno! :o)

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