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Si comentan qué bien maquillada está, no es un buen trabajo

Del libro "Luz, cámara, memoria. Una historia social del cine argentino", de Fernando Ferreyra (Corregidor, 1995)

El cine suele ser muy cruel. La cámara revela si el actor miente o transmite. Uno lo siente con la cámara y como espectador. A mí me motiva un actor al que le creo, el que tiene verdad.

Entrevista a César de Combi

"Si comentan qué bien maquillada está, no es un buen trabajo"

De estirpe de maquilladores, César de Combi ha maquillado desde Mirtha Legrand hasta Eva Perón. En 1990 cumplió 50 años con el cine argentino. Porteño, ingenioso artesano, hasta artistas de Hollywood se asombraron con sus técnicas de improvisación. Fue el primer maquillador de Canal 7, consolidó uno de los trabajos más aplaudidos de la historia de la televisión: la caracterización de Narciso Ibañez Menta en la versión de El fantasma de la Ópera.

Por: ABEL LANGER

Si bien hice películas muy importantes, La Raulito fue una de las que me dio más satisfacciones. Cuando uno ve una persona que está maquillada para una filmación, advierte efectivamente que ha sido maquillada para una película. Maquillada en función de la parte técnica. Es decir, según el celuloide, el tipo de filmación. Lo que ocurre es que después, en la pantalla, no se nota el maquillaje.

Sin embargo, La Raulito se filmaba con cámara oculta, en la calle. Entonces nadie debía darse cuenta que era una actriz. Cuando se trata de algo así me baso en lo natural. En ese caso, la verdadera Raulito estaba presa en el hospicio de mujeres. La gente de la producción me había dicho "andá, es buena tipa, pero lo que pasa es que por ahí te insulta, te pelea, y por ahí no, te besa". Pero como teníamos que filmar una secuencia, que era el hospicio, en el Hospital Alvear, tenía que maquillar a la gente como si fueran internados. Para no pecar y hacer una cosa que no fuera lo lógico, fui al hospicio. Recorrí todo y cuando voy a salir -había tres o cuatro escalones- veo un chico con la camiseta de Boca, pantaloncito, mirando para arriba hacia una ventana. Decía "ahora van a hacer una película mía, la de la Raulito". Subí los escalones, me puse de frente y le pregunté ¿decime vos sos Raulito?. Me dijo que sí. ¿Y vos sabés que yo soy el maquillador?, le dije. Ahí empezamos a charlar. Estuvo maravillosamente. De las cosas que me contó se podían hacer veinte películas. Mientras ella me hablaba yo estudiaba todo su físico, para ver si pescaba algo de mujer. Y nada, en absoluto. Tenía el pelo mal cortado, la nariz medio torcida, una cicatriz en la ceja. Cuando llegó el momento de preparar el maquillaje, lo hice. Hicimos las pruebas y daban perfectas. Le dije a Marilina que tenía que cortarse el pelo muy cortito, lo mismo las uñas. "Me lo corto en la peluquería", me contestó. No, le dije. "Esos chicos no se cortan en la peluquería, se cortan entre ellos. Yo te tengo que destrozar el pelo, cortártelo muy mal. Vos tenés la ventaja que, mientras te crezca, te ponés una peluca". No le gustó mucho pero lo hizo. Se lo corté de espalda para no hacerlo como en la peluquería. Lo mismo con las uñas: "Esos chicos no se las cortan, se las comen". Le destrocé las uñas a Marilina. ¿Por qué? Porque yo puedo hacer el mejor maquillaje del mundo, y si me olvido de un detalle de la mano, y se la pone un actor en la cara, se nota. A Marilina le puse hasta lagañas. Le estropeaba los dientes con un material especial que se pone entre las piezas. Le quedaban como cariados. En la oreja le ponía suciedad. Íbamos a filmar a Retiro, y después que la maquillaba arrastraba a Marilina por el suelo para que se ensuciara. En ese momento no le gustaba mucho, pero hoy es el día en que todavía me lo agradece.

En La Raulito preparamos el tema del maquillaje dos meses antes. No se debía notar el maquillaje porque toda la película se filmó con cámara oculta.

Habían hecho un armatoste que decía Obras Sanitarias de la Nación. Lo ponían en el medio de la calle y adentro estaba el cameraman. Filmábamos en Constitución, y Marilina con el nene -que en verdad era una nena y la acompañaba a todos lados- estaba con chicos reales. Los que vivían en la estación. A propósito de esta situación hay anécdotas sensacionales. Una vez, uno de esos chicos no recibió propina cuando abrió la puerta del auto. Entonces Marilina le golpeó la puerta. El chofer le dijo "pibe, vení". Y cuando Marilina metió la cabeza adentro del auto, le encajó una trompada. Marilina se la tuvo que comer.

Otras veces, para cambiar las escenas que seguían, nos juntábamos en un bar a cinco cuadras de Constitución, todos desparramados para que nadie se diera cuenta. En una mesa, Marilina con Lautaro Murúa, que le daba las instrucciones. Después, por ejemplo, me sentaba yo con ella para hablar sobre el maquillaje. Un día Marilina estaba hablando con Lautaro, y en determinado momento dice "perdón, esperá un segundito, voy al baño". Y fue y se metió en el baño de mujeres. Fue el gallego, el mozo, y la sacó a patadas. Claro, para el mozo era un chico.

Nunca hubo una persona que se diera cuenta del maquillaje.

Pero lo más grande es lo siguiente. Las películas, se sabe, no se filman siempre en continuidad con el libro, se van aprovechando los lugares.La Raulito se empezó por el final. Cuando la Raulito rompe un vidrio en Necochea, roba una pelota y va por la playa corriendo hasta Mar del Plata. Primer día de filmación. Habíamos hecho pruebas y estaba todo fenómeno. Pero cuando fuimos a filmar, y Marilina estaba junto a los otros chicos, se notaba la diferencia. Al lado de los chicos reales se advertía la piel distinta. Le comenté a Lautaro y al iluminador, Miguel Rodríguez, que se notaba, que así no iba a dar. Era un problema. El maquillaje no daba la suciedad de esos chicos. Por más que se laven, no se les va. Están como percudidos. ¿Con qué maquillé, entonces, en toda la película? A ella le doblaba un poquito la nariz. Con un arito de corcho que le ponía adentro de la nariz. No era maquillaje. Hacía eso y le torcía la nariz. El tajo en la ceja lo hacía con látex, y era una cicatriz. ¿Qué es lo que me dio el percudido? Quemaba un corcho y le hacía unos manchones en la cara. Después me mojaba la mano y se la pasaba por toda la cara. Así me daba la sensación exacta.

Ese maquillaje me dio muchas satisfacciones. Embromaba a todo el equipo permanentemente. "No me quiten el corcho de la caja de maquillaje, que es importado".

Es el ingenio argentino. Es lo que explicaba Fernando Lamas a Esther Williams, cuando le comentaba lo que yo hacía. Le explicaba que De Combi no maquillaba con maquillaje. Fernando le decía a Esther que aquí se creaba.


Muchas Gracias Fernando por aportar esta nota y Silvina por tipearla.

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