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Mi amiga Sandra Mihanovich



Desde el año 1981 andamos juntas por los escenarios... "Emparentadas... sin sabanas ni cordón... verdaderamente libres: compartiendonos"
Aqui van algunas pruebas:
3 shows en San Isidro en noviembre del 81. Plena dictadura.




                                                               
                                                                  Este es el programa.




Ella de visita en un show mio en Shams








                                                  Yo de visita en su recital de "Obras"


Y siempre la misma constante: el disfrute!

Marilina y Piero: ¿Otra vez el amor?

1981 - Revista TVSEMANAL


Arrumacos, besos y abrazos. Así fueron descubiertos.

MARILINA Y PIERO: ¿OTRA VEZ EL AMOR?



Sucedió en el reestreno de "Boda blanca" la pieza que protagoniza Marilina Ross en el teatro Planeta. ¿Un viejo amor ha renacido?


"¿Así que dejaste la grabación para venir a verme? ¿Y viste toda la obra? ¡Sos un divino!...", le dijo Marilina a Piero, mientras él no atinaba a responder, como sorprendido frente a una evidencia, sobre todo teniendo en cuenta que fotógrafo y redactor de TVSEMANAL estaban cerca. Luego del estreno, ya más íntimamente, se prodigaron arrumacos. La escena se registró en el teatro Planeta, con motivo del estreno de "Boda blanca" con Marilina (antes, su rol lo ocupaba Alicia Zanca). Como se sabe, ambos vivieron un fogoso romance en España, hace tres años.


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Descubrí que en política todo es una gran mentira

20 de marzo de 1981 – Radiolandia 2000


MARILINA ROSS CREE QUE IZQUIERDAS Y DERECHAS GENERAN ODIO, Y SOLO QUIERE VIVIR EN PAZ, FELIZ, AQUÍ Y AHORA


“DESCUBRÍ QUE EN POLÍTICA TODO ES UNA GRAN MENTIRA”




Cuatro años en España le demostraron lo difícil que es vivir lejos del país y la gente que se ama. Volvió a enfrentar todos sus miedos, los fantasmas que la acosaban. Está muy cambiada, con muchas ideas nuevas.


Tiene 38 años pero conserva la cara, el físico, los modos, los gestos de una adolescente. Sin embargo, cierta expresión de sus ojos por momentos se empeña en contradecir esa imagen. Y esta dualidad aparece también cuando Marilina Ross habla. De a ratos desbordante, de a ratos vacilante. A un gran silencio puede sucederle una carcajada, que trata de explicar que para ciertos temas no tiene respuestas y que, incluso, no le interesa tenerlas. Regresó a la Argentina luego de cuatro años de residencia en España, y en estos días ensaya la obra teatral “Boda blanca”, que se repondrá en la Sala Planeta el 1° de abril. En los descansos de uno de esos ensayos, mantuvimos una charla extensa, profunda, por momentos errática.

-¿Por qué volviste Marilina?

-Vine a enfrentar todos mis fantasmas, todos mis miedos, los que ya no me dejaban dormir, los que me hacían sufrir. Vine a ver dónde están, qué cara tienen. Quiero combatirlos y ganarles. Además, regresé porque quería estar de nuevo aquí. Extrañaba mucho y amo mucho a esta ciudad. Saqué un pasaje de ida y vuelta, pero me atrapó todo y no me puedo volver.

-¿Qué sentiste estando fuera del país?

-Lo más difícil de superar, es la pérdida de identidad. Sobre todo para una actriz que tiene que representar a una sociedad que acaba de conocer. Aquí me vuelvo a encontrar conmigo, es encontrarme con los demás. Sentía mucha nostalgia, me invadía una melancolía a veces peligrosa.

-¿Por qué peligrosa?

-Es que estaba muy triste, muy triste, sin esas ganas, ese entusiasmo que te permite enfrentar cualquier cosa, pase lo que pase. Pero haberme metido a fondo en todo ese dolor, en tanto sufrimiento, en todas esas pérdidas, me fortaleció, me dio más ganas que nunca de vivir, de buscar la felicidad.

-¿Qué opinás del momento que atraviesa España?

-Yo había estado en España, antes de la muerte de Franco y era realmente otro país, muy chato, muy gris, silencioso, ordenado, muy sofocado. A la muerte de Franco, España se dio vuelta. Reapareció la alegría, había mucha sensación de fiesta, pero todo eso, entrañaba un peligro: después de cuarenta años de una represión muy grande, de una represión digamos, todo lo que estaba tapado sale de pronto y sale desbordado. Entonces no se sabe cómo usar la libertad, se llega al libertinaje. La gente se desborda y se pasa de una monja en la tapa de una revista, al sexo en primer plano sin un devenir, sin una progresión. Pero esa etapa no se podía evitar. El destape, el erotismo a todo nivel, ya hartó a la gente. Es como dijo Saura: “voy a hacer cine de destape, para que eso pase lo más rápido posible”.



CRECER DE GOLPE

-¿Hace diez años, hubieras hablado del libertinaje como lo hacés ahora?

-Este pensamiento me lo dio ver algo desde afuera, desde adentro no se ve nada claramente. En España lo vi, porque yo era espectadora de ese proceso. Hace unos años en la Argentina, yo no tenía conciencia de que el libertinaje era una etapa y que, como tal, había que vivirla. Creo que crecí, que recibí golpes que me ayudaron a crecer y a enriquecerme. No me arrepiento de nada, todo me sirvió.

-¿Qué ganaste y qué perdiste con ese crecimiento?

-Antes tenía la proa hacia un sitio, y esa proa ha virado. Mis objetivos estaban más en los demás, puestos afuera, en cosas que no me pertenecían. Ahora la proa está dirigida hacia mí, hacia adentro para terminar en los demás, en el afuera.

-Tus palabras sugieren un retorno a lo individual.

-Sí, lo individual como punto de partida, no como punto de llegada. ¿Qué podés modificar afuera si no sabés qué es lo que querés modificar adentro?

-¿Estás arrepentida de algunas cosas que hiciste?

-No, porque en su momento creía firmemente en eso y yo siempre actué así. Me muevo por impulsos y espero que nunca tenga que arrepentirme de mis impulsos, porque son los más auténticos. No parten de una cosa impuesta, vienen desde muy adentro. Y por eso sigo golpeándome la cabeza, sintiendo que hay dos formas de vivir. Una gris, en la que no sufrís ni sos feliz y otra, que es la mía, en la que sufrís y sos feliz alternativamente. Yo quiero vivir aquí y ahora.


BODA BLANCA. Marilina debutará el 1° de abril en esta pieza teatral, que se repondrá en la Sala Planeta. La foto la muestra en uno de sus diarios ensayos. "¿Cómo no iba a aceptar este trabajo? Cuando vi la obra, me conmoví hasta las lágrimas. Es un espectáculo de muchísima calidad".

VOLVER A LOS 17

“Marilina aquí y ahora”, es precisamente el nombre del espectáculo que presentó este verano en Punta del Este. En él, según nos dice, se propuso contar su vida a través de canciones, desnudar su intimidad, mostrarse para lograr comunicación con un público, que en su mayoría lo integran jóvenes de 16 a 20 años.

-¿Cómo te llevás con ese público adolescente?

-Muchos de estos chicos, han empezado a contarme sus experiencias a través de cartas, de libros, de poemas escritos por ellos, de charlas en cafés. Han sentido necesidad de compartir eso que yo muestro. Recibí una carta poema de una chica de 17 años. Una carta maravillosa, que me dejó helada. Habla de la necesidad de llegar un día a un cementerio y de imaginar tu nombre en una tumba para poder vivir, tener la muerte muy cerca para vivir a fondo. Yo pienso que mañana me puedo morir y por eso no voy a dejar para mañana lo que pueda hacer hoy.

-¿Me querés decir que no le tenés miedo a la muerte?

-Para mí la muerte ha dejado de ser un miedo. Jua jua ¿Qué dije? Bueno, está dejando de serlo. Estuve muy cerca de la muerte, tuve una sensación de muerte muy grande, un desmayo con conciencia. Estuve en un sitio muy acogedor, muy cálido. Era el alivio, el “al fin me siento bien”. Me costó muchísimo volver. Al día siguiente, el pánico se apoderó de mí, porque me di cuenta que había estado a un pasito de la muerte.

-¿Cómo fue?, explicame...

-Fue muy raro, muy raro. Estaba en una boite parisina, absorta, como transportada mirando todo lo que formaba a mi alrededor el rayo Lasser. De pronto, un rayo produjo un túnel eterno, interminable. Fue como si me chupara. Me caí, me desmayé, entré en una sensación de muerte muy placentera.

-¿La vejez, tu vejez, tampoco te atemoriza?

-La vejez, el último enemigo del hombre de conciencia. A esa la esquivo, todavía no la puedo enfrentar. Siento que estoy en el mejor momento de mi vida, no quiero preocuparme por ella. Ya vendrá y entonces sabré qué hacer. Vivo el presente. Nunca estuve con menos miedos, en paz, con menos ansiedad. Gozando, sin esperar grandes cosas.

LENNON, SU RUEDA Y LA POLÍTICA

-¿Antes esperabas grandes cosas?

-Sí, uno está en esta sociedad, en esta vida que nos toca vivir tratando de ser el mejor, de llegar... Eso ya no me importa. Es un poco lo que dice Lennon en su último disco: “Estoy sentado viendo la rueda girar, la gente me pregunta por qué me separo y veo la rueda girar, por qué no estoy dentro de la rueda, y yo les contesto que estoy bien mirando la rueda girar”. A mí tampoco me entienden que estoy bien mirando la rueda girar.

-¿No tenés miedo que digan que sos inmadura?

-Si la gente madura hace que el mundo esté al borde del Apocalipsis, de la guerra nuclear, yo no quiero llegar a esa madurez. Quiero vivir y ser feliz. Si eso es inmadurez no me importa.

-¿Perdiste interés por la política?

-Sí, no creo en ninguna política. Descubrí que todo es una gran mentira, que es otro el camino.

-Ese pensamiento tiene mucho de frustración, de resignación.

-No, no te equivoques, no estoy resignada. Sigo creyendo en el ser humano, sólo que ya no creo en los hombres que manejan el mundo.

-¿Y cómo pensás que pueden cambiar las cosas?

-Yo no voy a proponer la forma en que se puede producir un cambio, no soy omnipotente. A duras penas puedo conmigo y con la gente que tengo alrededor, que quiero y me quiere. En tanto el mundo siga dividido en izquierda y derecha, el odio seguirá estando. Quiero pasar por encima de todo eso, buscando al ser humano.


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Marilina Ross, segunda parte

Enero de 1981 - Revista Humor N° 50

En España anduvo de "Parranda". Y ahora, en la Argentina

MARILINA ROSS

Reportaje de MONA MONCALVILLO
Fotos de EDUARDO GROSSMAN


Segunda Parte. Viene de Primera Parte.


-¿Hubo algo más que te sirviera?

-Después hice "Reina Zanahoria", también con Suárez; era un proyecto muy delirante, loquísimo... Y me propuso hacerlo después que le habían fallado otras dos actrices, que no tienen nada que ver conmigo, Úrsula Andress y Nacha Guevara... Me lo ofreció a mí, que no tengo nada que ver con ellas, ni con el personaje... Pero confió mucho en mí, y yo tenía ganas de hacer una comedia, ganas de mostrar una imagen diametralmente opuesta a la de "La Raulito", que era por lo único que me conocían allá... Quise mostrar un poco la Marilina que había hecho muchas veces y por lo cual dudaron en darme La Raulito; allá era al revés, tenía que demostrar que podía hacer otros personajes...

-Tampoco te fue muy bien...

-Fue fallida también, pero fue un buen intento; fue un intento de esos en que vale la pena equivocarse. Preferí hacer algo donde arriesgaba muchas cosas, que hacer algo que sabía que iba a andar muy bien y fácil. Valía la pena apoyar ese proyecto, y lo apoyé. De todos modos, va a haber un momento en que se exhiba nuevamente en España y será entonces reconocida como una gran película; creo que estuvo adelantada en el tiempo. Me dieron un premio por ella y un nivel de gente la tiene catalogada como excelente, e inusitada en España. Y es verdad. Pero sucede que el público español no está todavía para recibir ese tipo de cine. Después hice "Soldados", de Alfonso Ungría, una historia de amor inserta en todo el conflicto de la guerra civil española; hay una escena final valiosa, cuando los dos personajes, siendo marido y mujer, intentan conectarse afectivamente por primera vez, estar solos en un sitio, pero el marco es la guerra y no pueden concretar la relación. Fue una escena difícil, casi sin ensayo, a lo que saliera. Y salió muy bien. Pero ésa me dieron un premio en España y otro en Italia. Luego viene "Al servicio de la mujer española" con libro y dirección de Jaime de Armiñán, y de ésta también rescato una escena. El personaje era una locutora de una radio de provincia que tenía un programa moralista llamado precisamente "Al servicio de la Mujer Española". Contestaba a las cartas de los oyentes, dando consejos morales que eran un horror... Ella vivía tratando de seguir sus propios consejos y era muy infeliz... No sabía lo que era enamorarse y ser feliz, hasta que aparece el hombre que le da vuelta la vida, la cambia y la destruye, como a su forzado estilo de vida. También tuve un premio por ésa...






-Premian mucho los españoles... ¿Y cuál fue la última?

-La que filmé este año. Se llama "Un hombre de moda" y está más cerca mío; habla de la generación de los "treinti...", época actual, y prácticamente hice de "mí", poniendo muchas experiencias propias; hice de argentina que vivía en España y funcionó muy bien. Me acaban de mandar una carta, donde me dicen que se estrenó en Madrid hace un mes y medio con mucho éxito, y está comentada como una de las mejores películas. Estuvo también en San Sebastián y tuvo premio de la crítica.

-¿Y en televisión y teatro?

-En televisión hice "Pigmalión" y un espectacular con mis canciones, que fue mi lanzamiento como compositora y cantante en España. Era un reportaje de mi vida, con fotos y documentos y las canciones ejemplificando, como lo que hago ahora en los boliches. En teatro hice "Panorama desde el Puente", en enero de 1980. Fue una experiencia desagradable, la pasé muy mal. Dos funciones diarias son imbancables, no se puede hacer nada bien. Tampoco me llevé bien con el director y los compañeros; fue todo muy feo. Cumplí el contrato, di el aviso de los diez días, y me fui. Me reemplazaron y después terminó levantándose la temporada...

-¿Qué diferencias técnicas hay entre los actores españoles y los argentinos?

-Aquí, en la Argentina, se ha llegado a crear un estilo de trabajo basado en métodos, ya sea el de Stanislavsky o el de Strasberg, que tiene que ver con el anterior; las 50 escuelas de teatro que hay en Buenos Aires, y las del resto del país, han generado un estilo donde se analiza un texto, un personaje, donde se busca la comunicación entre el director y los actores. Allá todo eso no existe. No existe otra escuela que la del conservatorio y es mala. Ahora, recién, se comienza a generar una corriente de formación del actor. El estilo de trabajo allá "letra sabida" y puesta de movimientos, y a letra sabida no hay mal cómico... A mí me era difícil trabajar así; primero, porque no podía llegar nunca al primer ensayo con la letra sabida, como un loro... Hay otras cosas que hay que saber antes de la letra, y después la letra sale sola, cuando sabés por qué el personaje tiene que decir eso. Por eso chocaba con todo el mundo. En "Panorama desde el Puente" me pasó con una actriz; cuando estábamos en escena no me miraba y le pregunté por qué. Y me respondió: "pues claro, es que tú no actúas, tú siempre estás en escena como en la vida real, y me desconciertas..." Fijate vos, yo "no actuaba" porque trataba de ver una verdad, la mía aunque más no fuera... Me buscaba a mí misma, para que algo fuera cierto, y chocaba con todo el resto. Luego de esa charla decidí terminar. Fue un infierno...

-¿Te afectó?

-Me fui en el verano español a tomar un curso con Strasberg en Los Ángeles. Lo necesitaba como el aire, para encontrar otro estilo de trabajo. Fue un gustazo, una maravillosa experiencia. Pero cuando volví, tratando de poner en práctica algo de eso, se agudizó más la diferencia, era insostenible... Yo sola no puedo trabajar, no puedo inventarme un mundo y chocar después contra todas las paredes y con muros donde no pasa nada... Bueno, estoy generalizando, claro que hay excepciones; a veces he encontrado gente a mi lado, casi humana...

-¿Con "Pigmalión" no hubo problemas?

-Después de "Panorama desde el Puente" hice "Pigmalión". Para hacerla pedí un mes de ensayo. Todos me miraban desorbitados, pensaban que estaba loca ¿Cómo iba a pedir un mes de ensayo para hacer una obra por televisión...? Llega el primer día de ensayo. Estaban todos los actores, algunos con letra absolutamente sabida, y el director que no aparece. En cambio está el asistente, que dice "pasen letra". Leímos toda la obra; al segundo día de nuevo, el director que no aparece y yo ya me inquieto y pregunto el por qué de la ausencia, si le pasa lago, y me responden que no, pero "para qué va a venir. Hasta que sepáis la letra, y tenga los muebles y movimientos para hacer la puesta en escena..." ¡Vino tres días antes de hacer la grabación! O sea que nos pasamos un mes, pedido por mí, todos sentados, cada cual en su silla, haciendo tonos, sin poder caminar o buscar cómo lo haría el personaje...

-Pese a todo había trabajo, por lo menos...

-Ahora no. Desde hace dos años, hay un gran parate y gran escasez de trabajo. Cada vez se hace menos. En cine, hace dos años que casi no se filma nada porque los productores se han negado a trabajar hasta que no les devuelvan el dinero de recuperación industrial, que es lo que da el estado para que sea reinvertido en el cine. Comparado con lo que se hacía antes, ahora no se hace prácticamente nada. En cambio, se está trabajando mucho en cooperativa. Así hicimos mi última película donde desde el iluminador hasta el último técnico pusieron su trabajo. Si funciona bien, como está funcionando, a lo mejor cobramos algo. Es un buen intento, por el que hay que poner el hombro. Es una nueva forma. Te aclaro que no existía allá, y que hoy, incluso en teatro, sigue mal vista la cooperativa. Muchos piensan que cuando alguien hace algo en cooperativa es porque le va mal. No existe lo que nosotros hicimos acá con "Gente de teatro", un grupo de actores que se une para un proyecto común, llámese cooperativa o como quieran; allá hay una dependencia total con respecto al productor, al empresario, a la vieja usanza; como hace muchos años era aquí...

-¿Por qué has dicho que hay una crisis de la palabra, y que cada vez querés hablar menos?

-No será porque hoy no hablo... Estoy sorprendida yo misma... Mirá, antes de irme, cuando hice "El gran Soñador", fue precisamente porque era un personaje mudo. Quería encontrar un nuevo estilo de comunicación, dado que la palabra cada vez nos confunde más. Porque cuando yo digo algo tengo una imagen de ese algo, y si el que la recibe tiene otra, eso como si no nos comunicáramos. Además, porque el ser humano es mucho más que la palabra; ya prácticamente ni nis tocamos; como civilización te estoy hablando, tenemos miedo al roce de la piel del otro... Yo no digo no hablar más, sino la que palabra ocupe el sitio justo y no otro. Por eso me gusta tanto la música. Llega más al sentimiento que a la razón; o cualquier otro arte que no tiene la palabra como medio. Es que tenemos tan ejercitada la cabeza y la razón, que ya a veces la palabra actúa como una defensa de los sentimientos...

-Dentro de los cambios que considerás imprescindibles para vivir, ¿está comprendido este regreso?

-Y, sí... Esta vuelta acá es tan rara. Primero vine a Punta del Este, con la idea de quedarme uno o dos meses y volver a España, pero de allí, ¡cómo no iba a saltar...! Y acá me encontré con todo, mi tierra, amigos, mi identidad, mis cosas conocidas, y... ya he perdido el pasaje de vuelta. No sé cuándo me voy a ir. Estoy un poco viviendo el hoy, donde me "pille", y estoy bien; cuando deje de estarlo me iré. Claro que no es fácil vivir así, medio de asalto... Pero me recibieron con mucho amor, y el amor para mí es muy importante. Puede sonar a frase vacía, ridícula, pero yo me muevo por amor y casi todo lo hago por amor. Vine aquí por amor, concretamente...

-El humor incorporado a tu nueva actividad, ¿es espontáneo o elaborado?

-No es porque me lo proponga; así no me sale nada gracioso, no se da... Lo hago porque me divierto yo, porque tengo sentido del humor. Me gusta hacerlo y sale solo, no lo tengo previsto, improviso. Todas las noches es distinto, capitalizo mi charla con la gente; me ha pasado no tener nada de humor, y ese día todo sale un horror. No lo puedo forzar, aunque sé que tengo buen humor. En España me asusté mucho pensé que había perdido mi humor, la alegría... Sufrí mucho, la pasé muy mal y extrañé horrores. Un día me miré al espejo. Me vi más vieja, con arrugas, con mis labios cada vez más hacia abajo, y comprendí que había perdido la alegría y que nada me divertía...

-¿La comediante que vimos hace varios años era sólo producto de un papel?

-No, "La Nena" nació de un papel, pero tenía muchísimas cosas mías. Yo vivía el personaje desde que entraba al canal; hacía todo tipo de travesuras... Además, por eso de que me mimetizo bastante con los personajes -y más si son tan largos o cuando me llegan tan profundo-, me pierdo, me confundo... Entraba al canal y ya estaba haciendo un lío en maquillaje, en el vestuario, o en el taxi que me llevaba. Era "La Nena" fuera del set y dentro del set...

-¿Te sentís suficientemente madura como para cantar y contar tu historia, con humor e ironía?

-Ojalá lo esté... Siento que todavía estoy como a mitad de camino, que aún no me salió tan redondita como quisiera. Pero, bueno, estoy en camino y en este momento puedo dar hasta aquí... Lo ideal sería un Woody Allen, ésa es la meta, hasta ahí quiero ir... Y matarme de risa de todo lo que he sufrido, todo lo que me parecía espantoso ayer, y hoy mirando desde aquí, reirme...

-¿Vos te fijás objetivos?

-Cada vez me fijo menos objetivos, voy viviendo el hoy y así es imposible fijarse objetivos. Así como hoy me quiero quedar acá, los proyectos que tenía en España se fueron al diablo...

-¿Pero no hay un objetivo, sin importar el lugar donde estés?

-El objetivo mío es ser cada vez mejor ser humano (con perdón de la frase)... Es decir, ser cada vez mejor yo, ser más fiel a esa esencia o meollo que debo ser yo y que está tan tapada por caretas, máscaras, capas de cebolla... Mi trabajo diario es ir sacando y encontrando a "ésa", ésa que, a veces, sale con plena euforia y de pronto ¡zas! algo la tapa... Es ir abriendo el camino para que salga la de adentro y me permita ser más coherente, me guste o no me guste...

-¿Qué te haría irte de acá?

-Dejar de estar bien, algo que me atrajera mucho en otro sitio, o enamorarme y entonces sí, me subo al primer barco y allá me voy... Pero tendría que ser algo muy fuerte para que me arrastre, o también sentir que esto no da para más en cuanto a laburo...

-¿Qué te han ofrecido?

-Me ofrecieron reponer "Boda Blanca" en marzo, y acabo de decir que sí; esto es tan fresquito que todavía no me hago a la idea. Me pareció tan maravilloso ese espectáculo cuando lo vi, me gustó tanto, que me da placer participar de eso... También hay una propuesta de comedia musical para teatro, a mediados de año; un obra del gordo Viale. Por primera vez una comedia musical argentinísima, tal como somos nosotros y con la música de José Luis Castiñeira de Dios, que está en París; es maravillosa... La dirección será de Emilio Alfaro y es un proyecto muy interesante...

-De aquel viejo grupo o clan de teatro que habían armado, ¿queda algo?

-Mal llamado "clan", nunca fuimos un clan... Estamos todos desperdigados. Y te digo que nunca fuimos un clan, porque no estuvimos nunca tan cerrados como la gente o el periodismo dio en creer... Y si en algún momento nos cerramos, fue para defendernos de lo de afuera, que era muy duro...

-¿Con quiénes te gustaría trabajar?

-Y... me encantaría volver a formar el grupo... Lo que pasa es que no creo posible ir hacia atrás. Sería otro... Pero me gustaría volver a trabajar con Norma Aleandro, que ahora está en España y viene muy pronto a hacer un espectáculo sensacional en teatro; con Federico Luppi, Carella y poné puntos suspensivos...

-¿Con quiénes te has conectado?

-Bueno, con Norma nos vimos en España; estuvimos muy conectadas y somos grandes amigas; con Emilio Alfaro tuve un reencuentro muy lindo, después de muchos años. Nosotros vivimos diez años juntos, y estuvimos sin vernos nada, durante otros siete. El reencuentro fue importante, de esos que te quedan para toda la vida, de balance, de reconocer errores y poner al día nuestro afecto que estuvo, está y es muy grande... Es un gran amigo y el proyecto de la comedia es por eso con él. Su mujer actual es amiga mía. Y si en otro momento eso fue un duro trago -porque su mujer también en ese momento era amiga mía y viví muy mal ese momento- hoy me puedo reir y puedo estar bien con él, con ella y con la hija que han tenido... algo que yo busqué durante años y no vino... Esto es, para mí, aprender a vivir. Cuando los afectos resurgen, a pesar de todas las contras y de los prejuicios...

-¿Cómo ves el cine, el teatro o la televisión, después de casi cinco años de ausencia?

-De cine no he visto nada absolutamente... Es que cuando fui al teatro por primera vez me desmayé... No fui muy papelonera. Fui bastante discreta. Comencé a caminar por el pasillo -faltaban pocos minutos para que comenzara la función de Luis Fischer Quintana, gran amigo- y me "shockeó" mucho estar ahí y me empecé a sentir mal; busqué en el pasillo un señor grande y fuerte y me desmayé en sus brazos. Me desperté en la cocina del teatro, con ese señor, y después volví a la platea. Así que de películas nada, porque presiento que me voy a shockear mucho más, pero por el efecto contrario... Y en televisión, no he visto nada que me gustara... Hay un nivel muy bajo en general, estoy haciendo un esfuerzo por acordarme de algo que me haya gustado...

-Vos viviste el destape español en pleno apogeo, ¿cómo fue?

-Muy a lo español... Muy como son ellos, de pasar un día por un kiosco y ver una monja en la tapa de una revista y, al día siguiente, un sexo en primer plano, por ejemplo... Los españoles se volvieron locos, no lo podían creer... Todo al alcance de cualquiera... Y de la noche a la mañana, cuando en cualquier otro país los cambios se han ido haciendo en forma progresiva, buscando un poco más, un poco más, hasta llegar también a un destape, porque lo anterior no alcanza y se muestra todo. Pero en España, que casi no se mostraba el tobillo... Felizmente ya pasó. Fue como una gaseosa que se sacude antes de abrir, cuando se le quita la tapa sale mucha espuma, muchas burbujas, y después se termina, se agota en sí misma... Como dijo Saura en su momento, que iba a hacer una película de destape, porque había que contribuir a que se hiciera mucho para que se agotara más rápido... Fue como una moda, ya pasó; ahora la gente necesita otra cosa. Me ha tocado, por ejemplo, estar en playas nudistas en España -que las hay y muchas- y al primer día no te alcanzan los ojos para ver todo lo que está alrededor, familias, abuelos, madres, generalmente muchos alemanes. Era como una alucinación lo que veía, aunque todos se movían con total naturalidad. El primer día, muy incómoda yo, tratando de no perderme ni una... Pero al segundo día estaba más suelta, y al tercer día charlaba ya con un señor mayor y opinábamos sobre la vida. Y con un microscopio, con ese señor de unos 70 años, totalmente desnudito él y yo también, por supuesto, nos pasamos más de tres horas viendo insectos y conchillas marinas... Así es todo, al principio no me alcanzaban los pelos de la cabeza para taparme toda, y después, nada... Es descubrir que te podés conectar con lo que hay dentro del cuerpo; mientras el cuerpo está vestido la imaginación llega a ¿cómo será detrás de la ropa? Cuando ya no hay ropa es ¿cómo será detrás del cuerpo? Te conectás más con los valores humanos...

-¿Te sumaste al destape?

-Lo hice, sí, lo hice en "Soldados"; en la escena final, tratando de hacer el amor y por supuesto los dos estábamos desnudos, tampoco creo que hubiese podido hacerse de otra forma...

-Bueno, pero eso no es el "destape", precisamente... Había un desnudo que respondía a un guión, una trama bien desarrollada...

-Ah, bueno, entonces en "el destape" no entré... Además no tengo ya edad ni cuerpo para eso; si lo tuviera lindo, todavía... Soy chueca, tengo algún rollito...

-Pero en "Boda Blanca" te tenés que desnudar...

-Sí, pero de la cintura para arriba... Además acá ya me había desnudado en una película con Alberto de Mendoza, hace años, "Primero Yo"... Pero eso sí, siempre por exigencias del guión...

-¿Hay algún tipo de censura en España?

-No... no existe absolutamente ningún tipo de censura. Miento... existe la prohibición de menores de 18 años, que ahora creo que son 14, y están las películas clasificadas "S", que son las pornográficas, para que el público sepa a qué atenerse. Pero no están prohibidas...

-Entonces no hay censura...

-Existe tal vez políticamente. Hubo una película que estuvo censurada, "El Crimen de la Cuenca". Tuvieron muchas dificultades para estrenarla. Se contaba un hecho político y se denunciaban muchas cosas; presionaron los intereses políticos muy concretos para que no se diera. Pero creo que al fin se estrenó...

-¿Creés que es bueno que no haya censura?

-Yo creo que no debería haber censura. No la entiendo en pueblos civilizados, en gente mayor de edad, que puede decidir ver o no cierta película o comprar determinado libro... Aunque si me apurás un poco, te diría que sí, que hay cosas que yo prohibiría, como el mal gusto, o lo que no sirve para nada. Puedo entender la censura para los chicos, pero cuando uno es grande se supone que sabe qué es lo que le hace bien y qué lo que le hace mal...

-¿Hay diferencias entre el público español y el nuestro?

-Abismales. El calor del público argentino creo que no existe en ningún otro sitio del mundo. Por eso se vuelven locos todos los extranjeros que pasan por acá. Ayer fui a ver la Ópera de Pekín y qué asombro el de esos chinos ante el aplauso del público... No lo podían creer. Detrás de ese maquillaje se reían, estaban felices, les tiraban flores... Hay un calor hacia el artista muy grande, al artista y al no artista; pero igual vale, porque eso hace que se trabaje con más ganas y también te impulsa a hacer mejor tu trabajo. En España, lo que más me asombraba era el estreno de una película. Llegaban los protagonistas y pasaban, como si nada, entre la gente... Acá, cuando llegan los artistas a la sala el día del estreno, se matan por tocarlos, verlos... Y en Italia, un día vi que pasaba Vittorio Gassman al lado mío y di un grito: "¡Ah, Vittorio Gassman!..." Todos me miraban como a una loca. O cuando lo vi a Trintignant, yo parecía Cholula loca por los astros... Acá hay un clima, desde la gente a los medios de información de espectáculos, eso de "se rascó la oreja con la mano izquierda..." pasa solo acá. Y existe porque hay gente que consume eso. Claro, también deja de existir la vida privada del artista y así la pagamos también; en otros lugares no pasa...

-Creés que hay cosas que no te perdona el público argentino?

-Yo creo que a mí me perdonan todo... ¿Suena muy prepotente? Es que creo que porque hay amor el público me perdona todo... Nunca nadie me ha reprochado nada, de por qué no trabajo, de por qué me fui, y yo sí tenía esos temores; pero no...

-¿Te cuesta transmitir emociones?

-No, creo que es lo que menos me cuesta. En general, me rijo mucho por mis emociones y se me nota siempre. No las puedo controlar, y eso, al servicio de un trabajo, sale fácil. Parto de mí para hacer el personaje, busco en mí esas emociones, y como yo me las permito todas... siempre tengo alguna carta a la cual apelar...

-¿Estás convencida de que tu identidad está aquí?

-Sí, sin duda. Y eso se aprende afuera. Los cuatro años y pico en España, te diría que fueron una gran hondonada, ya no un pozo, una hondonada de la cual salí hace muy poco...

-¿Por qué no volviste antes?

-Porque siempre estuve haciendo cosas y porque me sentía tan mal, que quería estar un poco más compuesta, más entera, para volver...

-¿Dónde empieza y dónde termina la ficción?

-Me gustaría saberlo yo también... A pesar de que trato de ser honesta, y mi actitud en todo es tratar de buscar una verdad en mí y en los demás, siento que la ficción es como algo ineludible... Pienso que uno, con el tiempo, se pone más y más caretas para conectarse con un medio que está en la misma situación. Yo me esfuerzo en tratar de eludir la ficción, está tan encarnada con mi personalidad, que cuesta, es difícil. Pero no imposible...


Fernando de Rosario compartió esta nota. Muchas Gracias Fernando!!!

Marilina Ross, primera parte

Enero de 1981 – Revista Humor N° 50

En España anduvo de "Parranda". Y ahora, en la Argentina

MARILINA ROSS


Reportaje de MONA MONCALVILLO
Fotos de EDUARDO GROSSMAN

Si algo le faltaba era probarse afuera. Recorrer caminos en otro país, dar rienda suelta a su espíritu de transhumante, cerrar en España un eslabón que habían abierto sus padres y desafiar la soledad, en un medio desconocido, diferente. En casi cinco años de ausencia no fue feliz, perdió la sonrisa, sufrió mucho, acrecentó la nostalgia y le brotaron inseguridades. Pese a que realizió una actividad intensa y destacada, no creció. Según dice, se estancó.

Para consolidar su identidad, desperdigada, Marilina Ross volvió. Con algunos rulos más, 37 años, una cara todavía aniñada y nuevas canciones. Las canta, con su guitarra a cuestas, donde puede, tratando de reflejar su vida y andanzas, sin mayores pretensiones.

En este nuevo derrotero pasa sus días... por ahora.

Su ductilidad actoral la llevó, en veinte años de actividad, a recrear disímiles y complejos personajes de cine, teatro y televisión. Su patética interpretación de "La Raulito"; la terneza de "La Nena"; los recursos expresivos que gastó en "Solita y Sola", "El Rehén" o "Cosa juzgada", conformaron una acabada actriz, tan versátil que hasta fue capaz de salir airosa en un teleteatro de Migré...

Quebrando su proclamada necesidad de hablar cada vez menos para no bloquear sentimientos y pidiendo cada vez más afectos, Marilina Ross cerró su casi pesadilla española hablándonos, precisamente, de España, sus seis películas, los artistas, su casa, el "destape" y algunas coincidencias mágicas... Contrariamente a lo que ella cree, todo eso no la estancó. Sí, en cambio, la afirmó, acrecentando su necesidad de dar y darse, pese a todo... Los seres sensibles, aún ante el dolor, no detienen su crecimiento.


-Hace muy poco dijiste que con tus canciones estás haciendo el reportaje de tu vida. ¿Te cuesta tener que hacer un reportaje ahora, sin música y sin solemnidades?

-Mirá, siempre me costó hacer reportajes, siempre... Porque, entre otras cosas, no tengo mucha facilidad de palabra y, además, los reportajes tienden a detener algo, lo que se dice aparece como algo definitivo. Una contestación es una contestación y queda para siempre, no se toma como una cosa de ese momento. Y a mí, lo que siempre me interesa es el aquí y ahora, lo que pienso en este momento... Pero no quiere decir que dentro de diez minutos piense lo opuesto. Me suele ocurrir... Y como un reportaje se congela y queda para toda la eternidad... Sucede que ahora leo los reportajes míos y veo las pavadas que decía antes y me da vergüenza... pero bueno, correspondía a ese momento y nada está estático, afortunadamente; de lo contrario uno está muerto.

-37 años de edad y 20 de oficio en cine, teatro y televisión... ¿Podés hacer un balance?

-Sí, sí se puede... desde muy chiquitita me encontré en esto de la actuación, antes de darme cuenta y antes de quererlo inclusive. A los tres años ya estaba arriba de un escenario bailando, "porque la nena era graciosa"... Un pintor que vivía a la vuelta de mi casa les dijo a mis padres que me hicieran estudiar algo que tuviera que ver con la actuación, porque me pasaba las tardes jugando con títeres que hacía este pintor, Sanguinetti, un viejito paralítico. Había construido un tinglado, y yo hacía todos los personajes, actuaba, hacía voces, improvisaba..., él me descubrió condiciones para el arte. A los seis años me metieron en el teatro infantil Labardén, y estuve allí hasta los 15, estudiando y representando. Hice de todo, canté, bailé, actué... Pero no sé cuando quise ser actriz, y creo que en realidad no quise nunca ser actriz. No me disgustaba, pero sí creo que la música me apasiona más y le hubiera dedicado más tiempo... Si el tiempo que le dediqué a la actriz se lo hubiera dedicado a la música, habría sido más feliz. Es algo muy difícil de explicar, pero me emociono más cuando tengo que ver con la música que cuando tengo que ver con la actriz...

-¿Cantando o componiendo?

-Cantando no, porque la voz no me da, o desafino; tampoco sé tocar muy bien, pero sí componiendo. Y en algunos momentos cantando, cuando todo me sale bien, soy mucho más feliz que actuando...

-¿Y por qué no lo hiciste?

-Porque ya era tarde. Me puse a estudiar música pero no tenía paciencia y ya no era tiempo, me acordé tarde... Después de los treinta el tiempo se acorta...

-Volvamos al balance...

-Bueno, en teatro con el grupo de Stivel hicimos cosas importantes y lo que más me gustó fue "¿A qué jugamos?", una obra de Gorostiza, y fuera del grupo "Solita y Sola", un espectáculo unipersonal que me encantó. En cine, esto es clarísimo, mi mejor película, lejos, fue y es "La Raulito"... Yo soy muy exigente, de pronto rescato escenas de otras películas, pero no un trabajo totalizador. El único fue "La Raulito"; después un poco de "La Tregua", un poquito de las películas que hice en España; de las seis que hice valoro un cachito de una y otro de otra, nada más. Y en televisión, el ciclo de "Cosa juzgada", ahí hubo muchas cosas buenas... Pero es difícil sacar una conclusión final... No sé.

-¿No aflojaste en tus convicciones cuando aceptaste hacer el teleteatro "Piel Naranja"?

-Acepté "Piel Naranja" porque ya había hecho "La Raulito"; no se había estrenado todavía pero ya estaba... Me sentí muy bien haciendo "Piel Naranja" aunque siempre me había negado a hacer trabajos de ese estilo, novelones... Los miraba desde arriba y pensaba "¿cómo voy a hacer esas porquerías?". Pero fue un error, en ese momento lo entendí, lo hice y me sentí muy bien. Al teleteatro lo consideraba como un género menor, lo menospreciaba, y el error está en que siempre se puede hacer bien un trabajo. Quizá no tan bien como otros que tienen otra estructura están mejor armados, con más tiempo, personajes mejor definidos, pero yo tuve momentos en "Piel Naranja" que recuerdo como buenos, incluso creativos. Había un pasaje escrito por Migré, con mis canciones, donde la protagonista estaba muy sola, muy desesperada, y se ponía en un altillo, con la guitarra, a componer; era una escena muy suelta, porque él escribía prácticamente la parte izquierda del guión, lo que pasaba por la cabeza del personaje, y el resto lo dejaba a mi criterio... Recuerdo que en ese momento fue muy creativo, muy ligado a mis canciones, era lindo... Creo que todo sirve, depende del criterio con que se lo encara... Antes yo era muy prejuiciosa, y me di cuenta a tiempo. Pero te decía que como ya había hecho "La Raulito", donde la cuota de exigencias por hacer cosas interesantes, con prestigiosos autores, ya la había cubierto, me dije "¿por qué no llegar al gran público ahora?"

-¿Podés juzgar tu trabajo, o a vos misma?

-Yo soy una insegura del diablo, nunca estoy convencida de lo que hago y siempre pienso que todo se puede hacer mejor, todo. Creo que había crecido mucho hasta el momento de "La Raulito"; ahí se produce como un parate dentro mío, acentuado por mi ida a España, dado que en España no hubo nada que me hiciera crecer artísticamente. Digamos que mi carrera, hacia adentro -no hacia afuera- iba in crescendo. Yo sentía que todo iba bien; sabía, apenas pasados los treinta, que me había alimentado, que tenía todo adentro y era momento de sacar... Sin embargo fue precisamente ahí, donde se produjo la quiebra; me voy y se me desmorona todo, se me cae todo. Vuelven las inseguridades, la desvalorización... Creo que esta vuelta es un poco para buscar mi identidad, todo lo que dejé en un momento, y reencontrarme conmigo misma; estuve muy perdida en España...

-¿Qué dejaste en España y qué trajiste?

-Dejé mi bohardilla, que es lo que más extraño; había logrado construir mi casa en el Madrid viejo, inventada de las ruinas. Con mis manos hice las paredes, las columnas, techos de vidrio, un jardín en el último piso, una chimenea, las vigas, hasta el techo abohardillado. Algo así como el sitio que siempre quise tener; lo había hecho, pero en Madrid... Dejé también muchos amigos, pero que se reconquistan en cualquier momento; algunos ya se están reconquistando. Dejé un clima de libertad que fue muy gratificante. Como país, dejé en España un país que quiero y algo así como la conclusión de la historia de mis padres, como lo cuento en una canción. Dos españoles que una vez vinieron aquí, muy jóvenes, y dejaron todo su pasado en el aire, inconcluso... Yo, de alguna forma fui a atar esos cabos y a terminar la historia de ellos, de la mía, que me corresponde... Sentí que cerraba un ciclo, que cerraba la posible herencia genético-espiritual con mis padres y los ancestros. Y creo que la cerré. Si ahora vuelvo, ya voy a ser yo, no voy a cubrir otras carencias, soy yo entera la que vuelve...

-En lo artístico creo que dejaste más de lo que trajiste...

-Dejé el cariño de la gente. Y sí, artísticamente allá no sentí que estuviera creciendo nunca, al contrario... La forma de trabajo es muy distinta, la gente es toda desconocida, a mí me es muy difícil entregar sentimientos a gente que muy formalmente de dice "mucho gusto encantada". Esto es un compromiso de amor; si no tenés un "rollo", como dicen ellos, me es muy difícil comprometerme afectivamente con un trabajo. Además los trabajos que hice me eran ajenos; generalmente hacía de española y yo no sé qué fue la guerra civil. Cómo voy a poder representar una gallega dura, áspera, perdida en los dolores de esa guerra...

-¿Cómo fueron tus seis películas en España?

-La primera se llamaba "Parranda". Mi apellido es Parrondo y mi padre es de Asturias; la película se filmó en Asturias, casi muy cerca del pueblo de mi padre..., todo muy mágico, y yo fui contratada desde aquí para hacerla. Mi llegada a España también fue mágica; es muy raro que una película argentina triunfe afuera, y que justo triunfara "La Raulito" en España, y estuviera un año y medio en la sala de estreno de Madrid, es bastante inusitado. En ese momento yo hacía aquí "El gran soñador" y me llovían proyectos, pero tenía algunas dificultades. De ahí que la cosa estaba bastante clara, me tenía que ir. Y me fui. Llegué allá, y a la semana ya filmaba "Parranda", una excelente película que pasó sin pena ni gloria, pero nunca me explicaré bien por qué. La historia era maravillosa del poeta gallego Blanco Amor, actuada por los mejores: José Luis Gómez, José Sacristán, Antonio Ferrandis, Fernando Fernán Gómez y dirigida por Gonzalo Suárez, que es un buen director de la nueva camada. Me tocó hacer de una loquita que vivía sola, entre las montañas de carbón de Asturias, con muñecas que decía que eran sus hijas, con cunas hechas con cajones de manzana; tres forajidos (los tres protagonistas), pasaban por allí y la vejaban, no físicamente, sino que se metían en ese mundo de ella, donde hasta tenía un cementerio propio para enterrar a sus muñecas, un mundo muy mágico y loco... Después hice "La Raulito en Libertad", también dirigida y con libro de Lautaro Murúa; fue fallida, hizo agua por muchos lados... Yo la hice por enamoramiento con el personaje, a pesar de que había muchas cosas que no me convencían; porque tenía ganas de hacer un personaje argentino, que hablara en argentino, porque hablando con la "c" y con la "z" era muy difícil para mí encontrar una verdad; también porque me iban a pagar muy bien y porque se suponía que iba a ser exitosa. Falló todo. No fue éxito, se estrenó, fatalmente, en un mal momento; mi arreglo económico fue desastroso, terminé sin cobrar un peso... Fue todo mal, pero me sentí muy bien haciendo ese personaje. Yo contabilizo un poco las cosas por cómo me sentí. Me sentí bien o mal, y de acuerdo a eso me sirve o no me sirve...

continúa en la Segunda Parte.


Fernando de Rosario compartió esta nota. Muchas Gracias!!!

Un motor que no pudieron parar

Abril de 1981, Revista Humor N° 57

Marilina Ross

UN MOTOR QUE NO PUDIERON PARAR

Título: "Marilina, aquí y ahora".
Intérpretes: Marilina Ross (voz, guitarra y canciones), Martín Pavlovsky (tecladista).


Se puede llegar de varios puntos a esta zona del mar abierto llamada Marilina Ross.

Uno puede haber salido del recuerdo de la actriz y estar intentando acercarse a esta música (música = mujer que hace música), esta cantante compositora que insólitamente aparece guitarreando.

Se puede también partir del conocimiento desperdigado de sus canciones y tratar ahora de unirlas en una sola noche, en una hora y media y en una cronología coherente y completa.

O inclusive alguien puede llegar al teatro o boliche de turno para comprobar qué le pasó, cómo está, qué dice aquella mina que algún día, hace cuatro o cinco años, se fue a España empujada por... digamos, las circunstancias.

Sí, esta noche de nuevo yo aquí. Hace tiempo que no nos veíamos. Es que anduve perdida y después me empujaron.
No, el motor no pudieron pararlo y les juro que lo han intentado pero no conseguido...

Venga uno de donde venga, con los conocimientos y objetivos que tenga, se encuentra -de todas maneras- con Marilina Ross. Y eso es lo lindo. Porque lo más interesante de este espectáculo es que no parece un espectáculo, sino un encuentro con una persona. Así de simple.

Casi no hay show. El show tiene reglas que aquí no son respetadas. No hay un grupo acompañante, por ejemplo. Apenas una guitarra, que ella misma toca, y un piano eléctrico. No hay juegos de iluminación: sólo unos poquitos spots como para que se vea. No hay bailarines ni escenografías ni -desde luego- canciones efectistas "festivaleras" que calienten a la gente con estribillos pavos. Las canciones sí calientan a la gente, pero por otros motivos. Porque se nota que son productos (resultados, consecuencias) de muchos bajones, de varias alegrías, de una vida intensa.

Monté a caballo sobre un mar de miedos.
Llegué a esta tierra y encontré brazos abiertos, tan queridos que hasta pude yo también llorar, tan queridos que hasta puedo ahora también cantar.

María (Marilina) sube al escenario y se encienden todas las luces, pero las de adentro. Sus luces y las del espectador.

Está más linda que de costumbre y todo el mundo podría jurar que tiene 22 años, a pesar de sospechar que debe tener algunos meses más.

Sonríe, por ejemplo, y a uno le parece que la conoce desde hace mucho. Mira a los ojos al público y nadie piensa en la demagogia barata, y tan de moda, de muchos actores que miran a los ojos al público. Dice que lo extrañó y la gente no tiene más remedio que creerle. Pide ayuda para armar entre todos un rato de comunicación y alguno que otro se resiste, pero poco.

Marilina: Pin...

Público: ¡Pon!

Diga la verdad. Si alguien desde un escenario le gritara inesperadamente "pin", ¿usted le contestaría "pon" o pensaría que está loco? Yo vi el espectáculo varias veces y la respuesta del "pon" nunca falló, como si se tratara de una antigua convención al estilo "uno-dos" o "muchas gracias-de nada". "Pin" dice esta contadora musical de sentimientos, para constatar si el clima efectivamente está creado, como ella lo supone en ese momento. "Pon" le contesta un grupo de gente, ávida de contestar al afecto, como en este caso, ya bastante harta de reclamarlo todos los días.



Danza sobre restos de cristales de este tiempo no tan bello porque sola no estás.
Danza sobre antiguas cenizas, sobre todas tus heridas, sola no estás.


Curioso lo que pasa con este recital, por llamarlo de alguna manera. En primer lugar en él la calidad vocal de la protagonista no interesa demasiado. Marilina no es una gran cantante (ni lo quiere ser), pero ojo: no desafina, tiene una voz muy agradable y -fundamentalmente- siente lo que canta, sabe transmitirlo como pocos y, claro, no tiene ninguna intención de desprenderse de su capacidad actoral al cantar. (Yo prefiero estos cantantes -de aquí a la eternidad- antes que a los técnicamente perfectos pero interpretativamente inexpresivos).

Los temas, por su parte, son baladas con melodías bien armadas, pegadizas, algunas hermosas, pero en general no constituyen tampoco hallazgos musicales demasiado destacables.

Pero, entonces ¿dónde reside la polenta de este asunto? En la capacidad para transmitir vivencias, en el talento para hacer arte a partir de la propia vida, en la decisión de ser creativamente honesta, en la posibilidad de largar ondas buenas hacia el oyente-espectador, con la condición de saber pegar con las letras. Y las letras pegan y mucho.

Y en cada estación
el miedo a seguir.
Saber que crecer
es ir, es ir, es ir...

Marilina se mete en el bolsillo a todos en dos minutos. A todos: desde el que llega ya enganchado con ella hasta aquel espectador que se tira para atrás en la butaca con el criterio de "A ver, dale, hacé algo que me guste si sos capaz".

La acompaña alguien a quien yo creía conocer, obviamente poco, ya que me sorprendió no sólo por su faceta de músico sino también por su capacidad de humorista: Martín Pavlovsky, hijo de Eduardo "Tato" Pavlovsky.

En algo más de una hora, María -Marilina recorre parte de su vida. "Fotos mías" (una de las canciones más totalizadoras, como ella misma lo aclara), "Carta a papá" y "Voy a hablar de mi amante" (con letras de Cristina Banegas), "Canción de cuna para despertar a un niño" (dedicada a su panza y a un hijo que no llegó), "Quereme, tengo frío" y "Casi sin querer" (dos de "amor" o de "romance"), "Uno más uno" (en la que sugiere la tesis de terminar con la búsqueda de la media naranja para intentar la pareja que no esté constituida por dos mitades sino por dos enteros), "Pasaje de ida" (que toma como anécdota su viaje a España pero que trepa hasta referirse a las pérdidas que uno debe bancarse para crecer), "Aquel estado de ánimo" (una crónica de una noche de depresión, esas cosas que la gente suele tener), "La de mis viejos" (paralelo de su experiencia en Europa con la de sus padres españoles en Argentina), "La bomba de neutrón" (cuyo tema es la locura agresiva del hombre civilizado), "Puerto Pollensa" (que deja al oyente con unas ganas impresionantes de enamorarse) y "Danza" (un tema italiano que le canta a las ganas de vivir intensamente y hacer esfuerzos para sentirse bien a pesar del dolor).

Mírenme a los ojos,
aquí estoy, abierta en dos.
Quiéranme como soy.
Así, soy yo, soy yo.

Y sí. En esta impúdica seducción colectiva que perpetra Marilina, yo no pude dejar de quererla más que antes.

La macana para mi egoísmo afectivo es que a muchos les pasa lo mismo.



Fernando de Rosario compartió esta nota. Muchas Gracias Fer!!

Foto de Boda Blanca


Marilina Ross aún estaba prohibida en la televisión cuando regresó a nuestro país. Al no poder actuar en la pantalla chica, hizo teatro. Durante el '81, en la desaparecida sala del Planeta, actuó en "Boda blanca", con Sara Vinocur.

Fuente: Diario Crónica, Suplemento "Ahora"


Desde el rinconcito, esta imagen la compartió Christian. Muchas Gracias Chris!!!

Fotos de Marilina "Aquí y ahora"

Corría 1981 y aún gobernaba la dictadura militar en Argentina. Hacia fines del año anterior, Marilina había retornado al país, tras un largo y forzoso exilio en España. Como aún estaba prohibida en televisión, trabajó en el reestreno de la obra teatral "Boda blanca" dando los que, sin saberlo a ciencia cierta, serían sus últimos pasos como actriz en teatro. Paralelamente, comenzaba a realizar pequeños shows como cantautora en diversos pubs de la ciudad porteña. Uno de esos recitales se llamó "Marilina aquí y ahora" y se realizó en el pub "Tramps" de la calle Scalabrini Ortiz (en aquel entonces Canning) y Las Heras. Martín Pavlovsky, que tenía 18 años, la acompañaba en el piano del boliche, que se llenaba noche tras noche, hasta que hubo que apuntar a teatros más grandes.



Junto a Martín Pavlovsky




Marilina Ross había regresado a nuestro país en 1981 y, como seguía prohibida en el cine y la televisión, se dedicaba a cantar en los pubs y reductos de moda de la noche de Buenos Aires. Estos shows eran un acontecimiento para los amantes de su arte.




Marilina Ross volvía del exilio en 1981 y cantaba en pubs y cafés concert. La protagonista de "La Raulito" había abandonado la actuación y se dedicaba a cantar canciones de su autoría que firmaba como María Celina Parrondo.



Marilina Ross, después de años de estar exiliada en España, regresó a la Argentina a fines de 1980. Como aún seguía prohibida en la televisión y en los teatros oficiales, se dedicaba a cantar en pubs. Emilio Alfaro y Oscar Ferrigno (h) fueron los primeros colegas en alentarla.



Fuente: Diario Crónica, suplemento "Ahora"



Marilina y Christian desde el rinconcito compartieron estas fotos. Muchas Gracias!!

La nena que había perdido la alegría

1981 - Revista TV GUIA

MARILINA ROSS CINCO AÑOS DESPUES. EN ESPAÑA CRECIÓ, SUFRIÓ, MADURÓ

"LA NENA" QUE HABÍA PERDIDO LA ALEGRÍA





Hace cinco años que se fue del país y cinco meses han pasado desde su regreso... Y nos encontramos con aquella misma Marilina Ross, que tanto se luciera en "La Nena", "Cosa Juzgada", "La Raulito", "Piel Naranja", con su rostro aniñado y su cuerpo casi adolescente. Sin embargo, hay algo diferente; sus ojos se han vuelto muy profundos y su sonrisa tiene un dejo melancólico...

- Es que al parecer, es inevitable sufrir para crecer humanamente... Y por otra parte, cinco años no pasan en vano... Yo no sabía lo que era la melancolía hasta que estuve lejos de mi tierra y de mi gente... Tenía profundos pozos depresivos pese a que en España me lo dieron todo: trabajo, premios, afecto... Pero yo estaba a media máquina, a medio corazón... Era un problema mío, no de ellos.

- ¿Qué te faltaba?

- La alegría mía, personal, profunda y despreocupada. Me faltaba el estar allí en paz. Tanto fue así -y me siento mal al decir esto, porque ningún país y ningún pueblo puede haberme brindado tanto como el español, salvo el mío propio-, que nunca pude hablar con acento peninsular, pese a ser hija de españoles y haber escuchado ese dulce idioma desde toda mi vida... Creo que lo que ocurría es que nunca quise tomar conciencia de que no estaba realmente en mi tierra.

“SIENTO COMO SI NUNCA ME HUBIERA IDO”



- ¿Cómo era tu vida en España?

- Si no hubiera sido por todo eso de lo que te hablé, diría que dichosa... Vivía en una buhardilla, que antes había sido el palomar de una vieja casa. Estaba en último piso y era todo una verdadera ruina, pero descubrí que el lugar tenía tres desniveles que se podían capitalizar estéticamente... y allí tengo ahora mi propio nido... El techo del baño, tiene vidrio entre las vigas, al igual que una de las paredes, lo que me permite bañarme al sol o a la luz de la luna, con una gran vista de los techos de Madrid y del jardín colgante que hice en la terraza. Lo extraño mucho, porque prácticamente lo hice con mis propias manos, dándole forma a la chimenea, redonda, al estilo de Ibiza, a las paredes -todas blancas- y a las columnas. Todo eso lo extraño porque es una parte muy importante de mí...


- ¿Te volviste a enamorar en España?

- Sí. Y eso fue lo que me ayudó a salir del pozo, a vivir de nuevo... Pero no quiero hablar de mi intimidad, ni de mi vida sentimental presente. Prefiero hablar del pasado, sobre todo, porque me dejó gratos recuerdos. Porque tengo una excelente relación con Emilio Alfaro y con su esposa, lo mismo que con Jorge Martínez, aunque a él no lo he visto desde que estoy en Buenos Aires. Mi vida afectiva siempre se vio perjudicada cuando hablé de ella, porque tengo el "sí" flojo a la confidencia... eso no debe hacerse con el periodismo...

- ¿Volverías a Madrid por ese amor?

- Sí. ¿Ves? ¡Ya otra vez volví a hablar! Lo que importa en última instancia es el amor en sí. El amor con mayúscula, el universal. Sobre todo, lo fundamental, es vivir el hoy y aquí, disfrutando en plenitud de lo que se tiene, sin lamentarse por lo que falta... Eso también lo he aprendido con la ausencia. Una ausencia que ya no es... Aquí me he reencontrado con los afectos y conmigo misma. Con lo bueno y con lo malo de mí. Y también con la posibilidad de volver a trabajar para el público argentino, al que espero darle toda mi emoción a través de "Boda blanca", que se reestrenará en abril. Y en Punta del Este voy a hacer recitales en el Casino San Rafael con el mismo espectáculo que presenté en Buenos Aires, en el "Tramp’s Pub" y el teatro de La Piedad. No quiero mirar hacia atrás, pero cuando lo haga, no puedo olvidar las seis películas realizadas en España, "Panorama desde el puente", en teatro, ni "Pigmalión", en televisión, como tampoco el último espectacular, también en TV, que se iniciaba en mi buhardilla madrileña diciendo: "¿Cómo llegué hasta aquí, si no salí?" Porque esa es la verdad... Siento como si nunca me hubiera ido...

El gran error de mi generación fue creer que lo sabía todo

1981 - Clarín Revista - Edición N° 13.238

Las dudas de Marilina Ross, una actriz dedicada ahora a la música

"EL GRAN ERROR DE MI GENERACIÓN FUE CREER QUE LO SABÍA TODO"



Marilina Ross durante un ensayo: "Ahora quiero dedicarme a la música, nada más que a la música".



Por: ANY VENTURA

Quizás el lector ignore que una entrevista es una tarea que resulta de un esfuerzo conjunto. Y en este reportaje, en especial, fue todo un desafío:

Nos encontramos en un bar y desde el principio -cuando, con la primera pregunta, Marilina pidió un té con limón y yo un cafecito- algo me decía que estábamos sintonizando en frecuencias totalmente diferentes.

Mientras María Celina Parrondo intentaba hablar de su experiencia con la música, yo trataba de encontrar a Marilina Ross... A la que para muchos, por sobre todas las cosas, es una excelente actriz:

Hace diez años era La Nena, una chica graciosa que hacía las delicias de los teleespectadores.

Después vino La Raulito, un personaje marginal. Una mujer que, tras las rejas de una cárcel, podía mostrar toda la ternura y toda la fuerza del desamparo.

Y también fue cierto pibe chaplinesco, en El gran soñador... Por todo esto, Clarín Revista quiso saber cómo se puede dejar impunemente el teatro.

"No dejé impunemente a la actriz -nos dijo-. Solamente estoy dejándola descansar. Pero esto no es definitivo. En este momento mis necesidades son éstas, las de dedicarme de lleno a la música".
Pero sucede que, a veces, ciertas respuestas generan dudas, y es necesario aclararlas: "Es algo que siempre quise, aunque era la actriz la que tenía el rol protagónico en mi vida. Pero a mí me gusta mucho más la música: a mí”. Y para que todas pero todas las dudas se esfumaran de un plumerazo, lanzó el último dardo: "A mí: a María Celina Parrondo, autora de Puerto Pollensa".

- ¿A qué edad empezó a elegir?

- A los treinta años empecé a diferenciar qué era lo que yo quería, y qué lo que querían los demás.

- Usted tiene una gran capacidad para situarse en diferentes personajes, con diferentes edades. ¿Desde dónde canta sus canciones? ¿Desde la adolescente que parece o desde la mujer que es?

- Canto desde la edad que tengo, que no sé muy bien cuál es. Este es el problema: hay una parte adolescente mía, que siempre estuvo y sigue estando. Que es útil, me sirve y la quiero. Quiero a esa nenita que fui y tengo mucho que aprender de ella.

- Su diálogo a través de las canciones, entonces, ¿está dirigido a los jóvenes?

- ¡Pero no es una propuesta! ¡No es algo que yo conscientemente haya elegido! Creí que iba a expresar a los de mi generación, porque hemos vivido más o menos la misma historia, pero no...

- Pero no, porque "Puerto Pollensa", por ejemplo, es un tema con el que se enganchaban los adolescentes por el desafío que implica hacer algo que irrite a los mayores, al "gordito de gafas"...
- Toda la canción es un desafío. Un desafío al miedo.

- En la Argentina de hoy, ¿dónde está puesto el acento? ¿En el miedo político o en el estrictamente personal?

- Es un solo miedo, que tiene mil caras. Son los miedos humanos.

- ¿Cuáles son los que quedan por vencer?

- Todos. Vivo llena de miedos.

- Si usted tuviera una goma con poderes mágicos, ¿cuántas cosas borraría?

- Muchas veces me hicieron esa pregunta, y sigo buscando la respuesta.

- Pero habrá "abdicado" de algunas cosas en favor de otras...

- No, porque siento que todo me ha servido. La vida, creo, es como un tránsito. Un recorrido.

- ¿Sin ningún "puntito" de llegada?

- Hay pequeños objetivos. Pero no tengo un objetivo final al cual aspire. Si usted quiere que yo tenga un objetivo, le diría que es el de vivir. Y ser feliz.

- ¿Y la música es el camino que más se aproxima?

- Es el que en este momento necesito transitar.

- Uno podría "acusarla" de haber elegido el camino de la música en este momento en que es el producto que justamente más se consume.

- Pero mi finalidad no es comercial. Cuando canté por primera vez todas mis canciones me di cuenta de que estaba contando mi vida. Incluso Puerto Pollensa era un regalo personal...

- Pero si usted canta su vida sobre un escenario, lo que canta deja de ser privado para pasar automáticamente a ser comercial. ¿O no?

- No, porque en principio yo compongo para mí, o para alguien en particular, y no con la idea de que esos temas sean llevados a un recital.

- Correcto. Pero ahora la historia se convirtió en un disco.

- Sí. Ahí hablo de mí, de las cosas que me pasan, de mi vuelta, de mi tiempo en España, de los miedos que tengo, de los amores que tengo... En ese sentido, creo que estoy hablando de todos.

- ¿Quiénes son las personas que tienen -cuando usted se acerca buscándola- una respuesta? ¿Quiénes son los testigos cuya opinión realmente pesa?

- Creo que es algo que pasa siempre por lo personal: nadie me va a dar las respuestas que necesito, porque están dentro de mí. Y ni siquiera son eternas. Aseguro una cosa hoy, y mañana cambio.

- Pero hay personas, con trayectorias parecidas a la suya, de las que usted debe sentirse más cerca.

- Hay mucha gente a la que admiro y respeto muchísimo.

- ¿A quién admira?

- A Norma Aleandro. Es uno de mis ídolos, pero no intentaría parecerme a ella.

- Pero desde sus propias coincidencias, ¿cuál es la trayectoria que más tiene que ver con los valores constantes en usted, con lo que no cambia?

- ¡Es que no estoy de acuerdo con su planteo! Creo que nos separa una filosofía, una forma de vida que hace muy difícil que nos comuniquemos. Creo que usted rechaza lo que yo digo.

- No creo que nos separen tantas cosas, pero mi papel dentro de esta historia es el de preguntar. Y creo que el eje de todo esto es estar dudando permanentemente. ¿Con qué cosas trata de ser coherente?

- ¡Conmigo!

- ¿Cómo se da cuenta de que es coherente si está cambiando a cada rato?

- Estando alerta a cada necesidad de cada minuto, tratando de ser lo más fiel posible a mis instintos.

- Esa podría tomarse como una respuesta tramposa. Usted no hace precisiones, generaliza demasiado...

- Pero no es mi objetivo el dar aquí respuestas maravillosas, sobre la vida y sobre los demás, que no sé. Entonces prefiero ser honesta y decir: "No sé".

- No creo que sea justo dar de usted la imagen de una mujer que está en la estratósfera y que no sabe en dónde vive. Cuando sube a un escenario usted sabe lo que está diciendo...

- Lo que yo digo está en cada una de mis canciones: "Los líderes que he tenido/ no sirven para imitar". Yo no traigo respuestas. Yo planteo preguntas y que cada uno las responda, consigo mismo.

- ¿Cuántos años tiene, Marilina?

- 38.

- ¿No le parece que esa actitud de estar dudando siempre también es cómoda?

- ¿Usted prefiere que le mienta? El gran error de muchos de los de mi generación fue creer que lo sabían todo. Que para todo tenían una respuesta.

Piero es como mi hermano

1981 - Así

Piero es como mi hermano

Algunas veces es conveniente empezar por el final. Nos habíamos propuesto conversar con Marilina Ross sobre su reciente participación en el Festival Internacional de Teatro realizado en Caracas cuando, en los últimos días y coincidentemente con su regreso al país, volvió a hablarse acerca de su vinculación sentimental con Piero. Marilina no hizo esperar su respuesta: "Piero es uno de los seres que más amo. Lo definiría como un hermano mío. No me interesa ya lo que la gente pueda estar diciendo porque considero que es minimizar una hermosa amistad y llevarla al hecho de una relación secreta y de pareja, que no existe”.


Aclarado este aspecto, entonces sí fuimos al tema de nuestra entrevista: "Me sorprendieron algunos comentarios que salieron publicados acá, nos dijo la actriz y cantante. Realmente tuvimos una recepción estupenda: dimos seis funciones, tal como estaba previsto y la repercusión en el público fue "in crescendo" a un punto tal que el último día no había más butacas".



Marilina vivió en Caracas un éxito


- ¿Cuál es la diferencia fundamental entre nuestra manera de encarar el hecho teatral y la que actualmente se ha alcanzado en el mundo?

- Mirá: desde ese punto de vista fue muy útil y te puedo afirmar que el nivel de espectáculo que se está haciendo es maravilloso. Lamentablemente, nosotros estamos bastante lejos.

- ¿Qué obras te impresionaron más?

- La que representó al Brasil por el talento y la autenticidad que tenía. También la obra polaca: ¡algo fuera de serie! E, incluso, me interesaron los dos espectáculos japoneses: ¡sin palabras! Emplean una técnica extraordinaria con la que, partiendo de la filosofía oriental, han ido incorporando elementos occidentales de una manera muy difícil de explicar: ¡Bellísimo!

- ¿Cómo definirías el nivel de repercusión logrado por "Boda blanca", y más allá del éxito de público?

- Creo que, con lo que te voy a decir, van a quedar atrás los comentarios poco halagüeños que se publicaron: la próxima tournée será en el Uruguay y, a raíz de nuestra actuación, estamos invitados a participar en tres festivales de teatro: el de México, el de Polonia (en Cracovia) y el de Bélgica. Ya ves, ¡el resultado fue muy bueno!


"¿Piero? Sólo una hermosa amistad".


Recordamos con Marilina que, apenas regresara de España en setiembre del año pasado, prácticamente se vio "obligada" a retomar su actividad como cantautora por una presentación suya, entre amigos, en Córdoba. De ahí en más la actriz tuvo una actividad febril que la llevó a ofrecer una serie de recitales como también a formar parte del elenco de "Boda blanca".

- ¿Volverías a España?

- Me han hecho llegar varias propuestas y las estoy estudiando muy en serio. Es muy probable que regrese a Europa para cumplir con alguna de ellas y, también para cumplir conmigo: descansar un poquito.

- ¿Qué posibilidades tenés de volver a cantar?

- A la actividad del teatro le sumo las presentaciones, desde el martes, en el pub en donde debutara el año pasado. Mi trabajo se ha convertido en un torbellino cuando, al regresar, ¡solo esperaba ver a mi familia y a mis amigos!

Uruguay, tres estupendos ofrecimientos de participar en festivales internacionales de teatro y una nueva serie de recitales han terminado por restarle todo tiempo libre a Marilina Ross. Su romance con Piero queda, según sus propias palabras, desmentido al mismo tiempo que ya está preparando sus valijas para regresar a Europa "en cuanto concrete alguna de las propuestas".

Cantando recuerdos

Sábado 4 de abril de 1981 - Clarín Espectáculos

Cantando recuerdos

Marilina Ross presenta, en el Teatro del Picadero, su espectáculo "Marilina, aquí y ahora". Acompañada por el tecladista Martín Pavlovsky recorre las instancias de su vida en una suerte de retrato o espejo que propone la simplicidad con trascendencia. Es el primer contacto con el público luego de cuatro años.




Marilina Ross: las posibilidades de descubrirse a uno mismo a través de las canciones.

Por: LUIS MAZAS

En su primer contacto con el público argentino después de cuatro años, Marilina Ross recorre su propia vida a través de canciones que integran el espectáculo Marilina, aquí y ahora y que la actriz protagoniza en el Teatro del Picadero. El encuentro es saludable y gratificante. A partir de un marco simple e informal la intérprete se dedica a desglosar diferentes aspectos de su existencia que, naturalmente, se unen y confunden con los comienzos y prosecusión de su carrera. Algo así como un retrato o un espejo que proyecta imágenes variadas pero siempre conmovedoras.

La trayectoria de Marilina Ross en nuestro país y la que luego cumplió en España, ha sido frecuentemente relatada. En esta propuesta musical la actriz intenta internarse profundamente en su personalidad y es así como, en Fotos mías, comienza hablando de "esa niña que ya no soy". Después cuenta lo que hizo con su primer sueldo o cómo vivió su primer amor. Uno de los temas más bellos es Canción de cuna, a la que ella misma define como "una canción dedicada a la panza y a la ganas de tener un hijo".

A medida que transcurre el espectáculo la actriz va ganando, naturalmente, a la cantante. Su fuerza interpretativa, su singular magnetismo, la hacen crecer por sobre las limitaciones de una propuesta intimista. Lo que intenta Marilina con este recorrido puede ser caratulado como una suerte de crónica elegíaca de ilusiones perdidas, de reencuentros, de esperanzas renovadas. Se entrega en cada tema, con fruición, a despoblar de fantasmas a su propia identidad reconociéndose en una saga de líneas opulentas y de discretos matices musicales.

"Monté a caballo sobre un mar de miedos. Llegué a esta tierra y encontré brazos abiertos, tan queridos que hasta pude yo también llorar, tan queridos que hasta puedo ahora también cantar", expresa la actriz en La canción de mis viejos. Esa afirmación resume singularmente este recital que cuenta con una enorme concurrencia joven y que reelabora la amistad y el reconocimiento entre Marilina y su público. Otros temas destacables son Carta a papá, Quereme (de un recordado teleteatro), Casi sin querer, Uno más uno, Pasaje de ida, Aquel estado de ánimo. También hay confesiones sobre el amor y una de ellas habita en Puerto Pollensa.

Junto a la actriz, que se acompaña con una guitarra, se destaca la participación del tecladista Martín Pavlovsky y ambos combinan vitalidad para conformar un show sin pretensiones cuya validez reside no tanto en la calidad de la música o de los poemas (varios de ellos pertenecen a Cristina Banegas) sino en la honestidad con que está plasmado.

Marilia, aquí y ahora

12 de febrero de 1981 – La Razón

"Marilina, Aquí y Ahora"

Marilina Ross, que se encuentra protagonizando un espectáculo unipersonal en Punta del Este, titulado: "Marilina, aquí y ahora", explica que en el mismo pretende reflejar las vivencias previas y posteriores a su viaje a España, donde estuvo radicada cuatro años, y llegó acompañada por la fama que le brindó su película "La Raulito". La ahora actriz-cantante, se manifestó admiradora de Woody Allen, a quien le pidió un autógrafo, "como si fuese una colegiala". Como cantantes admira a Susana Rinaldi, Mercedes Sosa y Alberto Cortez, y en el plano interpretativo a Federico Luppi, Alfredo Alcón y Norma Aleandro en ese orden.



Marilina, feliz, junto al director y principal intérprete de "Cocktail Show", Jean Cassanovas


PUNTA DEL ESTE (EFE)- Después de 4 años de residencia en España, la actriz y cantante argentina Marilina Ross se presentó ante el público uruguayo con un espectáculo musical titulado "Marilina, aquí y ahora". Marilina llegó hace 2 meses con un pasaje de ida y vuelta, pero decidió quedarse una temporada larga en el Río de la Plata. "Se trata -explicó- de algo que nació en el café-concert y que fue tomando forma poco a poco, fundamentalmente con la participación de los espectadores. Ellos me envían poemas, me cuentan historias, sienten la necesidad de tomar un café conmigo, y yo recojo estas experiencias y las traslado a otros espectadores". Continúa hablando de su espectáculo: "Canto una serie de temas que divido en dos partes, los que narran mis experiencias anteriores a la llegada a España, y los que cuentan historias posteriores a ese viaje. Y entre canción y canción, hablo, improviso". Para Marilina Ross, el paso por España fue un cambio grande en su vida. "Llegué de la mano de "La Raulito", la película que me dio a conocer, sobre todo después de su éxito en el Festival de San Sebastián, a pesar de que sólo había sido exhibida fuera de concurso y en muestras privadas". El triunfo le sonrió con facilidad, pues pronto pudo hacer cine en la Madre Patria: "No me faltaron los contratos y prueba de ello es que intervine en 6 películas y una obra teatral". Fueron, por este orden, "Parranda" y "Reina Zanahoria", del director Gonzalo Suárez; "La Raulito en libertad", dirigida por el chileno Lautaro Murúa; "Al servicio de la mujer española" y "Soldados", de Alfonso Ungría y, finalmente, "Un hombre de moda", estrenada recientemente. La obra teatral en la que intervino fue "Panorama desde el puente", dirigida por José Luis Alonso. Marilina es partidaria de la interpretación "tal y como somos", por eso es admiradora de Woody Allen, de quien confiesa que un día fue a pedirle un autógrafo, como si fuera una colegiala. En el campo de la canción siente verdadera pasión por 3 argentinos: Susana Rinaldi, Mercedes Sosa y Alberto Cortez, "ninguno de ellos es competencia para mí -dice- porque nadie lo hace tan mal como yo". De los actores del Río de la Plata considera a Norma Aleandro como la primera de todas, y entre los hombres prefiere, en este orden, a Federico Luppi y a Alfredo Alcón. Ahora continuará su carrera en Buenos Aires, donde va a incorporarse al elenco que está haciendo "Boda blanca", una obra en la que todos los actores llevan ya bastante tiempo representándola, y ella sustituirá a la protagonista.

Boda Blanca en fotos

Fotos de la obra teatral "Boda Blanca" estrenada el 01 de abril de 1981 en la Sala Planeta.

Blanca (Marilina Ross) y Paulina (Patricia Hart) viven la alegría del fin de su niñez, intuyendo la adolescencia. Son primas; desde pequeñas han compartido todo: su habitación, la curiosidad ante la vida y un entrañable amor mutuo.

Regina (Ana María Castel) la madre de Blanca, siente que su vida se ha frustrado al lado de un hombre que la convirtió en una máquina de tener hijos. Se han negado uno al otro la posibilidad de vivir. Regina odia en silencio a su pareja.


A Vicente (Luis Campos) esposo de Regina, sólo le preocupan sus necesidades y sus apetencias. Entre su mujer y él se ha instalado un permisivo vacío moral. El matrimonio ha naufragado y ambos sobreviven entre sus restos.




Tadeo (Rubén Szuchmacher), el abuelo, no ha olvidado -pese a estar al borde de la muerte- sus instintos, que lo llevan a sentir una sospechosa simpatía por Paulina y perseguir con insistencia a la criada Margarita (Susana Yasan). Vicente no es ajeno a estas situaciones que son espiadas con interés por Aniela (Martha Rodríguez), cuñada de Vicente y madre de Paulina.




Durante la reunión familiar se produce una cándida escena de atracción entre Blanca y Benjamín (Carlos de Mattels). El joven queda extasiado.



Blanca cuenta a Paulina que Benjamín le ha declarado su amor y pedido en casamiento. Paulina -celosa- la interrumpe con el relato de un intento de seducción -algo senil- de Tadeo hacia ella. Blanca no presta atención y confiesa a su prima que aceptó el matrimonio con la condición de que nunca se consume... Será una boda blanca.


La futura esposa recuerda el desamor de su padre, que deseaba un varón; la indiferencia y sumisión de su madre; su rencor hacia la brutalidad y la desaprensión de los hombres. Blanca rasga las prendas de su ajuar. Su rebelión interior no quiere aceptar la degradación y la hipocresía que ha conocido como normas de vida.



Paulina, que se ha ido sumando a la degradación general intenta seducir a Benjamín pero es rechazado y esto le provoca una profunda herida que la aleja aún más de Blanca.



La fiesta de bodas es -para casi todos- sólo un acontecimiento social. Nadie nota la soledad en que se debate la pareja. Cuando la fiesta finaliza Benjamín cae en la desesperación y Blanca decide pasar por sobre todo lo que los separa para unirse a él. La vida puede ser diferente.


Blanca y Benjamín ya son marido y mujer. La familia ha pasado a un segundo plano. Comienzan a vivir sus propias vidas cuando Blanca se descubre por fin a sí misma: también la amistad entre un hombre y una mujer es una manera de amar.




Fuente: Revista TV Todo, 5 de mayo de 1981