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Entrevista para TELEFE

http://telefe.com/musica/le-pongo-el-alma-y-el-cuerpo-a-lo-que-me-toca-vivir/

GRACIAS POR TODA LA FUERZA QUE ME DAN!!!

María

Más VIDEOS de Gracias por venir y sus tesoros...



Parte 4



Parte 5



Parte 6




Gracias a todos, a tantos... por tánto!!!
María

VIDEOS de Gracias por venir y sus tesoros...


Parte 1




Parte 2




Parte 3

Diario "La Razón"


30-11-13

Casi sin querer... Marilina cumplió 70 

La cantautora tiene mucho por celebrar. Su cumpleaños, su reciente casamiento y su vuelta a los escenarios. Dice que recién ahora después de 10 años, pudo volver a componer. 
"Tenía muchas ganas conectarme con la gente". 

POR LAURA NATALE
lnatale@larazon.com.ar 

Hace un año, el ciclo "Encuentro en el estudio" que conduce Lalo Mir por la señal Encuentro sorprendió con la visita de Marilina Ross. En esa cálida charla, la cantautora contó historias, desgranó melodías y brindó un emotivo y relajado concierto íntimo con la ayuda de su amiga Sandra Mihanovich. 
Con los himnos de una época que va entre los 70 y los 80: "Quereme, tengo frío", "Puerto Pollensa", "Casi sin querer", "Soles" y más. Todo fue sorpresivo: volver a ver a Marilina y escucharla después de su aleja- miento de los escenarios allá por el 2000. Y para ella también lo fue, ya que ese programa fue el que le dio el puntapié inicial a sus ganas y a sus deseos de volver a conectarse con el público. "No me gustó cuando me vi, me vi muy mal físicamente, pero me había sentido tan bien estando ahí que me picó el bichito de nuevo. Ese fue el inicio de la vuelta. 
Después, bajé 12 kilos, Sandra me insistió mucho para que hiciera ese programa, me acompañó, estuvo conmigo", cuenta Marilina Ross el nombre con el que se conoce a la cantautora María Celina Parrondoque este año, cumplió 70, número redondo, ideal para mover un poco la estantería, barajar y dar de nuevo. Y así fue. Empezó a componer, una canción trajo la otra y todas más las que sumó en estos cincuenta y tantos años de carrera- tendrán su merecido homenaje: el 22 y 23 de noviembre en El Nacional. 
¿Con qué tuvo que ver esa des- pedida hace 13 años? Con su salud, que empezó a quebrarse. "Cada vez me costaba más respirar, tenía un enfisema y me sentía cada vez peor. Además, fumaba mucho. ¿Sabés que empecé a los 20 años porque me decían que el pucho te agravaba la voz y yo quería tenerla más grave? Después me costó muy caro". 

¿Pensaste que te despedías? 
Yo pensé que iba a ir de mal en peor y no quería llegar a estar demasiado mal arriba de un escenario. Siempre me importó, y mucho, hacer las cosas bien. No quería deteriorarme ante el público. 

¿Cómo está tu salud ahora? 
El malestar está detenido. Todavía puedo cantar y hacerlo bien, no estoy para quedarme quieta. El Epoc (enfermedad pulmonar obstructiva crónica) está, sigue, pero no avanza. Y, por supuesto, no fumo más desde aquella época. 

¿Qué hiciste todos estos años? 
(Se ríe) ¿Qué hice? Viví. Estoy muy conectada con la computadora, tengo varias con las que edito videos que subo a YouTube. Siempre me atrajo mucho la tecnología, soy muy buscadora. Ah! y juego también. 
Y así fue, computadora median- te, jugando al scrabble online hace ocho años conoció a su actual pare- ja, Patricia, con quien se casó hace tres meses. "Ese es otro gran motivo para festejar. Mi casamiento. 
¿Cómo debería decirle a mi pareja ahora que me casé? ¿Cónyuge? ¿Marida?", se ríe. 

¿Qué pasó todos estos años con la Marilina compositora? 
Pude componer después de 10 años, también por eso hago este show. 
Recién ahora me salen las canciones, ojo que antes lo intenté, pero sin mucho éxito. Quisiera componer mucho más, pero no me salen. 
Y cuenta una anécdota sobre la primera canción que logró hacer en esta nueva etapa: "Es una samba que no estaba en mis cálculos. 
Pero me regalaron una guitarra criolla y salió. No tiene nada que ver conmigo, pero ahí me acordé de que lo primero que compuse en toda mi vida, fue una samba, allá lejos y hace tiempo, antes de cumplir los 20". ¿Y después? "Después, la otra, sí tiene que ver conmigo y mi pareja (¿le digo pareja? ¿cómo se dirá cuándo es mucho más que ser pareja de alguien?). Con Patricia y nuestra historia". 
Marilina actriz fue la Nena, la Raulito, fue Piel Naranja y la cara de un unitario políticamente comprometido, "Cosa juzgada". Se casó con Emilio Alfaro. Luego llegó el exilio, dejó el cine y regresó como cantautora, enamorada de una mujer. Con sus canciones musicalizó la vida de muchas personas que hoy, cuenta, la paran por la calle y le siguen dando las gracias. "Creo que tan mal no debo haber hecho las cosas". Dice Marilina, según pasan los años. 



Pagina 12 del domingo


radar
DOMINGO, 27 DE OCTUBRE DE 2013

Así nació este amor

Acaba de cumplir setenta años, se casó con la mujer a la que conoció online jugando scrabble y en unos pocos días, el 22 de noviembre,
subirá al escenario del teatro El Nacional para volver a tocar sus
canciones en público. Mientras cuida a ultranza la salud que
empezó a resentírsele, a pura somatización, durante la crisis de
2001, en esta entrevista Marilina Ross repasa una vida íntimamente
ligada al mundo del espectáculo –con hitos como La nena, Piel naranja
y su inolvidable interpretación de La Raulito– y a la militancia y la
realidad política argentina, desde su participación en la JP de los
setenta, su amistad con el padre Mugica y el peso de su figura en el regreso a la democracia. Marilina Ross según pasaron los años.







 Por Mariano Del Mazo
A los 70, Marilina Ross vive de noche rodeada de cuatro computadoras Mac. Edita videos que sube a YouTube, actualiza su blog –una exhaustiva lupa sobre 55 años de trayectoria–, trata de escribir canciones y timbea. Así, jugando al scrabble online, conoció a la mujer con la que se acaba de casar. De la misma manera, en noches elásticas de pantalla y soledad, imaginó el espectáculo que mostrará en noviembre y que decidió titular como una de sus canciones, proféticas como tantas: Solo 70. Como sus adoradas computadoras, Marilina Ross es una máquina certera: un eterno resplandor de una mente con recuerdos. Exprime su memoria prodigiosa y va y viene, en violentos saltos de décadas. Define su singular temperamento artístico, social y político, que atraviesa el entretenimiento más familiar y masivo –la sempiterna “Nena”– y también el compromiso radicalizado de su generación. Como decir: la dulzura adhesiva de un cancionero sensible y el Hospital de Niños en el Sheraton Hotel. Entonces, de Luisa Vehil al padre Mugica; de la JP al matrimonio igualitario; de La Raulito al gordito de gafas; del charter de Perón al exilio... El prisma-Ross desarma colores que se acomodan sin conflictos, en su medida y armoniosamente. Como si sus modales de Jane Birkin peronista neutralizaran tanto dolor y tragedia y alcanzaran para pulverizar cualquier recuerdo funesto o cualquier claudicación.
Nadie sabe qué tiene, algo indefinible surca su rostro todavía aniñado. Es difícil explicar su carrera sin tropezar con palabras como “ángel” o carisma, en este caso eufemismos del misterio o de la magia. “Yo no sé qué es el ángel. Los españoles dicen duende. Pero no sé, la verdad es que no sé. Tal vez todo tenga que ver con cierto modo de la sencillez. Mis formas, mis canciones, si hacen alarde de algo es de la sencillez”, dice, debajo de su flequillo rotundo, café y perra durmiendo sobre sus pies. Lo concreto es que esa sencillez volverá a subir a escena con un afán completamente celebratorio el 22 de noviembre en el Teatro El Nacional. Que tiene que ver con su casamiento y con sus 70 años, pero también, yendo un poco atrás, con la recuperación de una salud que empezó a quebrarse en sintonía con la salud del país, en la crisis de 2002.
“Somatización total. Estaba viendo por televisión un programa que hablaba del Fondo Monetario Internacional y me agarró una angustia bárbara. Me empecé a sentir mal, estaba sola y ni siquiera podía tomarme la presión. Fue un infarto. Por suerte alcancé a llamar a mi hermano por teléfono. Fumaba muchísimo y lógicamente paré. Estoy desde hace bastante con un enfisema que me dificulta la acción. No puedo caminar mucho, no puedo agitarme. Si me fatigo me falta el aire.”

¿Cómo la llevás ahora?

–Como puedo. Bajé unos kilos, y eso me hizo mucho bien. Estoy haciendo pilates, que de ejercicios, es el único que me permiten. El marote se me obstruye por momentos y quedo atascada. Hace once años que no pruebo el pucho. Y bueno, le pego para adelante. En este período me costó mucho componer. Lo que pasa es que cuando tenés un infarto te dan antidepresivos para diluir la sangre. Eso hizo que se me aquietaran mis locuras. Toda mi parte creativa disminuyó. Yo soy muy perceptiva y observadora: me doy cuenta de todo. Por suerte ahora me salieron algunas canciones.

DE LINIERS A ROMA

No lo cuenta con dramatismo; más bien con un tono cadencioso, que supone cierta sabiduría. Su gestualidad sigue anclada en la actriz apta para todo público, y en la cantante con reminiscencias hippies que irrumpió en la democracia desde un sitio equidistante entre el rock y la canción melódica. “Es que no hay drama, por eso no hay dramatismo. Escribí la canción ‘Solo 70’ en 1988 cuando vi a dos ancianos haciéndose arrumacos en un bar. Y lo sigo viendo como algo ajeno: no me siento de 70, me siento joven. Y si bien me gusta recordar, vivo el aquí y el ahora. El instante es lo que vale para mí. La pasé mal, pero no me asusta la muerte. A lo que le tengo miedo es a la decadencia.”
De Liniers, clase 43, hija de un mozo socialista de Alfredo Palacios y un ama de casa, María Celina Parrondo calibra su origen como proletario. Y razona que todo, finalmente, fue una cadena de circunstancias azarosas que la blindaron de un sentido de la ubicuidad: estuvo siempre donde tenía que estar, y revisar su vida es escudriñar diferentes sentidos de la cultura argentina, y también muchos de los barquinazos políticos. “Yo a los ocho años estudiaba en el Teatro Infantil Labardén, que es una escuela de formación artística municipal. Aprendí jugando. En 1960 hice mi primer trabajo profesional, en la compañía de Luisa Vehil. Ella me llevó a la televisión, y conocí a David Stivel. Todo así, un poco de casualidad. David me incorporó al elenco de Yo soy porteño, ahí cantaba tangos. Después hice La nena. Y dejé”.
La nena fue un éxito furibundo, una suerte de sitcom a la criolla cuando esa palabra no quería decir nada. El ciclo que protagonizaba junto a Osvaldo Miranda se bajó en su apogeo de audiencia: ya Marilina había decidido sumarse al grupo Gente de Teatro de David Stivel que derivó en Cosa juzgada y que era, dice ahora, “el mejor programa que se podía hacer en la televisión argentina”. A través de la resolución de casos policiales reales, Marilina junto con Emilio Alfaro, Federico Luppi, Juan Carlos Gené, Bárbara Mujica y Carlos Carella, se tocaban temáticas sociales y políticas inéditas para la dictadura de Onganía.
Era, todavía, la muchacha cándida que su cara develaba, poco afecta a la política. Caía perfecto en el difuso estereotipo de “piba de barrio”. Cosa juzgada fue una bisagra. La chica de Liniers fue arropándose de la densidad de la época. Dice que en ese sentido haber conocido a Emilio Alfaro fue clave. “Fue mi mentor. Me casé con Emilio y fue una etapa de un aprendizaje muy intenso. Él fue, por ejemplo, el creador de Gente de Teatro. Tenía una conciencia social muy elevada. Me recomendaba libros, ¡me fue haciendo! También es cierto que yo estaba atenta y totalmente permeable por una cuestión generacional.”

¿Por qué?

–Artísticamente ni hablar. Pensá que soy contemporánea a Los Beatles, Caetano Veloso, Silvio Rodríguez, Serrat, Chico Buarque, los cantautores italianos que adoro, como Luccio Battisti y Claudio Baglioni. Yo no me privé de nada... ¡hasta fui hippie! Con Emilio nos fuimos a California en 1970 en plan John y Yoko... Yo andaba con mi sombrerito de cuero, unas tiras largas. Peace & love total. Nos agarró un tremendo terremoto en Los Angeles... Vimos mucho teatro, me empecé a enganchar con cantautores como Bob Dylan...

¿Ya militabas?

–Sí.

Es curioso, porque militancia y rock no cuajaban...

–Ah, querido, yo fui de todo: hippie, rockera, teatrera y militante.

¿Llegaste a militar en Montoneros?

–No, siempre estuve en contra de la violencia. Lo mío era la JP, pero ni siquiera estaba afiliada. Yo formé un grupo de teatro que se llamó José Podestá, y el chiste fue que las iniciales eran las mismas que las de la Juventud Peronista. Desde ese grupo hacíamos espectáculos en las villas, yo cantaba... Muchos insistían para que nos encuadráramos en Montoneros, pero yo me opuse. Si te ponés a pensar, Perón nunca apostó a la lucha armada, nunca quiso sangre.

Pero en un momento dio señales de apoyo a Montoneros...

–Perón era un conductor. Tenía una izquierda y una derecha: él se mantuvo al centro, con el pueblo atrás. A veces avanzó más por izquierda, a veces más por derecha. El peronismo es así, un movimiento. No sabés lo que era estar frente a Perón: no me lo olvido más.

¿Cómo llegaste a integrar el charter de regreso?

–Yo venía haciendo Solita y Sola, que era un espectáculo que incluía números acrobáticos. En una de las funciones, al bajarme del trapecio estuve a punto de caer arriba del público. Para no caer, di una vuelta con el cuerpo, el brazo giró totalmente y me rompí el hombro. Eso fue en el ’72. Como estaba sin hacer teatro, cuando me enteré de lo del charter le dije a Juan Carlos Gené que quería ir. Gené me respondió con lógica: “¡Pero si no estás invitada!”. Insistí, dije que podía viajar en representación de la juventud, que yo no estaba afiliada pero que apoyaba sentimentalmente. Al final fui, pagándome el pasaje. No quería perderme ese momento histórico.

¿Y cómo fue?

–Fuimos a un hotel en Roma, y ahí nos recibió Perón. Estaba parado, y nosotros en fila íbamos pasando delante de él. A todos les daba la mano. Cuando llegó mi turno, al ver que tenía el brazo adentro de un yeso, dijo: “M’hija, ¿pero qué le ha pasado?”. Y ahí me abrazó. Gracias al yeso fui una privilegiada, porque a todos les daba la mano. Fue un gran viaje. Yo andaba muy pegada al padre Mugica, éramos muy amigos. También estaba mucho con Chunchuna Villafañe y el padre Vernazza... Mugica llegó a dar una misa en una capilla chiquita del Vaticano. Se reía: “¿Cómo les explico a los villeros que estuve acá?”. La vuelta fue inolvidable: cuando el avión empezó a sobrevolar la Argentina todos nos pusimos a cantar el Himno.

¿Qué te queda de ese momento histórico?

–Que no medimos bien las fuerzas. Que el enemigo está en todos lados y es mucho más fuerte de lo que creemos. Y fijate que hablo en tiempo presente...

EN EL CORAZON DEL PUEBLO

El 11 de mayo de 1974 asesinan a Mugica y el 1º de julio muere Perón. El país se despeña hacia la cacería. Mientras se estrena La tregua, en la que hizo un rol clave, Marilina comienza a filmar La Raulito y a grabar su primer LP, con producción de Piero y arreglos de Oscar Cardozo Ocampo. El disco se titula Estados de ánimo y vende muy bien gracias a que Alberto Migré incluyó la canción “Quereme... tengo frío” en la telenovela Piel naranja, que Marilina protagonizó en 1975. Continúa habitando diversos universos: compromiso y frivolidad confluyen en su imagen pública. Ese 1974, mientras se jugaba la vida rodando La Raulito (ya estaba amenazada), la revista TV Guía le hace el enésimo reportaje a la actriz sensación:
“¿Qué ocurre con sus sentimientos? Hace unos meses se comentó que se había reconciliado con Emilio Alfaro. Ultimamente los rumores la vincularon con Joan Manuel Serrat...”
Marilina sonríe. Vuelve a parecer aquella adolescente traviesa de La nena, el ciclo que la lanzó a la popularidad.
–“Estoy sola –finaliza– y separada definitivamente. Con Serrat somos grandes amigos, es posible que grabe un tema suyo, pero... nada más. La prueba es que él retornó a España... y yo sigo en mi patria.”
Marilina Ross no para de reír. Es una mueca agridulce, pero ríe. “Fue el mejor momento de mi carrera. Mi primer disco, La Raulito, Piel naranja... Me había metido en el corazón del pueblo. No sabía qué hacer, porque había recibido una amenaza concreta. Me avisaron que en cuanto me encontraran me ejecutaban. A mí y a muchos de mis compañeros. Yo estaba en pleno rodaje de La Raulito y no me fui. El papel exigía que me cortara el pelo y que me afeara, y eso ayudó: estaba irreconocible. Me mudé y me escondí en la casa de una prima, en el campo. Igual, la última escena que rodé en la película fue terrible, y la tomé casi como una premonición de lo que podía venir.”

¿Cómo fue?

–La Raulito tenía que escaparse de Tribunales. La toma era una corrida mía entre la gente y terminaba cuando me metía en el subte. La cámara estaba del otro lado de la plaza. Todos sabíamos que la escena era riesgosa, pero había que hacerla. Cuando empecé a correr me siguió un tipo de civil con un revólver. Gritaba: “Pará o te mato, pará o te mato”. Yo seguía porque no quería arruinar la toma. Era muy ágil en ese momento. Cuando llegué al subte de Lavalle, paré: no podía respirar. El tipo me agarra el brazo y me dice: “¡Quedate quieto! Te voy a matar, hijo de puta”. Y yo le decía: “Soy Marilina Ross, estoy filmando una película”. No me creía. Justo llegaron los de la producción y me salvaron.

¿Y después?

–Lo que te decía, estar escondida hasta que aclare. Pero no aclaró. Y me tuve que ir. El exilio fue terrible. En España toqué fondo, y cuando tocás fondo aprendés muchísimo. Fue un sopapo muy grande, un dolor muy intenso. No le encontraba sentido a la vida, yo no quería vivir más. Después me pude acomodar. Filmé, hice teatro y me pude dedicar a lo que siempre fue mi gran amor: la música. Y mi historia cambió para siempre.

Fue fuerte el cambio de perfil cuando volviste del exilio.

–Es que me pasó de todo. Básicamente, volví enamorada. ¡Y enamorada de una mujer! Era 1980, y todavía estaba Videla en el poder. El ambiente era irrespirable, me podían atacar por cualquier lado, seguía el terror de siempre, y había una homofobia muy fuerte. Nos basureaban, nos trataban mal... Pero yo estaba feliz por un doble motivo: estaba en mi país y enamorada. El amor me salvó. Porque yo estaba llena de miedos. Ya tenía las canciones de Soles, un disco que me costó cuatro años de composición, que salió en el medio de la guerra de Malvinas. Para mí es mi mejor disco.
Otra vez, el azar o la ubicuidad: Soles se editó en un momento inmejorable, cuando las radios no podían pasar música en inglés y todo entraba en la insospechada categoría de “rock nacional”: de Mónica Posse a Víctor Heredia, de Los Jaivas a Rodolfo Mederos. Marilina Ross irrumpió como una Joan Báez en tren pacifista, en una reconversión generalizada de la izquierda peronista en la vaga idea de las “buenas ondas” de fin de la guerra y el comienzo de la democracia que embanderó Piero. “Empecé solita, con un guitarrista, en un pub mínimo que quedaba en Canning y Las Heras. Estábamos todos muertos de miedo, yo y los que venían a verme. De a poco se empezó a llenar... Así volví a la Argentina.”
El rock la miraba extrañado. ¿Quién es esa actriz que canta canciones de amor como escapada de una carpa de Woodstock? “Era como ahora. Yo no estoy encasillada en nada. Soy inclasificable. ¡Soy lo que soy! No soy rockera pero hago un rock que se llama ‘Basurero nuclear’, no soy tanguera pero hice y canté bastantes tangos, no soy folklorista pero hago una chacarera llamada ‘Y nunca más’ en la que hablo de la patria grande latinoamericana cuando nadie hablaba de eso. Decía: O logramos entre todos que la patria grande remonte o seremos una estrella más en la bandera del norte”.

A BUEN PUERTO

Lejos de cualquier politización, portadora de un linaje jazzístico, en este territorio de efervescencia y confusión de fin de dictadura también hizo su entrada a escena Sandra Mihanovich. Después de grabar varias canciones de Alejandro Lerner, Mihanovich tomó una de las canciones de Soles y la volvió hit e himno gay inoxidable: “Puerto Pollensa”.
“Lo de Sandra fue clave –dice Marilina–. Y eso que a mí no me convencía del todo la canción. Decía: ‘Ay, ese estribillo... ¡qué cuadrado es!’. Lo cambiaba, le ponía otra música, lo daba vuelta. Me parecía que la música era muy obvia, muy chotita, ¿no? Al final me ganó, no pude cambiarlo y lo dejé como estaba. Pero yo no tenía ni idea de que podía pegar como pegó. Es más, no pensaba grabarla, para mí era como un regalo personal a mi amada, porque está llena de códigos, de historias que nos pasaron. Yo en ese momento estaba muy consustanciada con el cambio interior. Pensaba que la revolución tenía que pasar por tu propia cabeza. Y así fue como fui asumiendo aspectos de la sexualidad.”

¿Cómo fue ese proceso?

–Fue duro. Lo cuento en parte en “Puerto Pollensa”: hablo del miedo, del pánico, del proceso, de la necesidad de que el miedo “se fuera por la ventana”. Yo no me considero lesbiana. En todo caso soy bisexual. Yo me enamoro... ¡y después averiguo qué tiene!

De algún modo “Puerto Pollensa” fue un grano de arena que derivó tantas décadas después en la ley de matrimonio igualitario...

–Sí. Yo creo que sirvió muchísimo. Abrió un poco más la mente. Se fueron abriendo ventanas, puertitas. Yo creo que habrá influido que siempre fui una persona pública muy querida. Fijate que ahora me casé, armé un buen quilombo y todo estuvo bárbaro.
Patricia Rincci anda por ahí, en un discreto segundo plano, jugando con la perra de la pareja que responde al nombre de Pompy. Hace ocho años que están juntas, se conocieron por Internet en diferentes entreveros lúdicos y la decisión de ir a los papeles tiene que ver, precisamente, con los derechos civiles que otorga la ley. “Un día estábamos mirando tele y conversando, cuando de golpe le pregunté: ‘¿Te querés casar conmigo?’. Fue así. Ella no paraba de reírse ante mi propuesta. Hay muchas cosas prácticas que se resuelven con el casamiento. Por ejemplo, casos de enfermedad. Uno crece y piensa en esas cosas. Por ejemplo, sin casamiento, si alguna de las dos se enferma y se tiene que internar, sólo se pueden quedar al lado los familiares... Yo estoy muy contenta con la ley, y con este gobierno. Y nos casamos cuando se cumplieron tres años exactos de sancionada la ley.”
Marilina exhibe un iPod, habla con parsimonia y detalles de experta de todo lo que tiene adentro (“éste es mi estudio de grabación”), y muestra una canción nueva que le compuso a su pareja. Se nota una obstinación en registrarlo todo, en testimoniar con canciones o en forma de blog cada una de las cosas que le suceden. “Escuchá: Coser no sabe, no tiene idea qué es bordar pero sí sabe abrir la puerta para ir a jugar. Es muy timbera. Primero fuimos amigas, un día nos dimos cuenta de que éramos más que amigas, que disfrutábamos mucho estar juntas. El amor a esta edad es muy diferente al de la juventud. Es como la canción de Milanés, ‘el amor no lo reflejo como ayer’. Tiene más que ver con la ternura, con la contención, con el cuidado. La mujer es más cuidadora que el hombre. Bah, por lo menos yo no encontré hombres con tanta ternura.”
El enfisema la tiene recluida en su casa. No sale, y no extraña salir. Dice que le encontró sentido al ocio, al olor a comida, a quedarse despierta hasta el amanecer sin necesidad de hacer nada. “Yo nunca paraba en casa. Tengo alma peregrina. Mi casa siempre fue como un hotel: me bañaba, me cambiaba y dormía. Pero ya está, me volví una mujer indoors. Mejor dicho, ¡una vieja indoors! Mirá: me acaban de operar de cataratas. Puedo volver a leer. Estoy feliz. La vida me va a marcando el camino... ¿quién iba a decir que la chica de la JP se iba a quedar prendida a la computadora? Yo hasta hice un espectáculo en el que criticaba la tecnología. La cabeza cambia. Ahora cuando agarro la guitarrita y no me sale nada, me aburro en seguida. Antes insistía. O me distraía viendo tele. Pero la televisión actual tiene un nivel deplorable, es puro maltrato. Prefiero hacer otras cosas.”

¿Hacer qué?

–Escuchar el silencio, pensar en Pato. Acordarme de mis muertos queridos, como Paco Urondo. Jugar al scrabble. Y si Dios está de mi lado, escribir alguna canción.

Gracias x venir... COMPLETO!!





Gracias "lagrimitaymorisqueta"

con Eduardo Aliverti

21-10-12

Programa: "Decime quién sos vos"


Entrevista con Eduardo Aliverti, para Radio Nacional, salió al aire el domingo 21 a las 10 de la mañana. Que lindo es tener enfrente a alguien que te escucha y no está pensando en cuál será la pregunta siguiente!!

Gracias Eduardo...

Clikear aqui abajo para escucharla.

con Eduardo Aliverti

3 de Octubre de 2012

Linda charla de una hora corrida con Aliverti. Saldrá al aire por Radio Nacional dentro de tres domingos, a las 10 hs. Como es imposible que yo esté a esas horas despierta, lo grabamos hoy.





Aqui va un adelanto del final...





Revista Platea, 12 de enero de 1962!




Una de las primeras entrevistas ... sacada de la galera de Mario Gallina!

Revista Mia





24.3.11 Reportaje realizado por Adriana Aboy



Canela y su Colectivo


26-2-2011

Estuvieron en casa haciendo esta nota en el mes de noviembre del año pasado. Al fin salió!
Valió la pena la espera porque está muy bien editada, con material inédito y con sentido.
Si no fuera por la que toca la guitarra...







Entrevista con Felipe Pigna

15-1-11

Parte final de la entrevista que le hiciera Felipe Pigna a Marilina Ross para la TV Publica, canal 7.

Entrevista con Rosario Lufrano


Enero 2011

“Para decidir tenés que saber, porque si no vas a decidir mal”







MIRADAS AL SUR

Año 3. Edición número 136. Domingo 26 de diciembre de 2010



Actriz y cantante o cantante y actriz, hasta hace poco pensaba que había llegado al momento de su the end, artístico. Fue todo lo contrario: Marilina Ross vivió con alegría, emoción y buenas compañías el reencuentro con un público que, a pesar del tiempo transcurrido, la recibió como si se hubieran visto ayer. Después de 17 años volvió a su teatro viejo Ópera. Allí, en su casa, Ella y un equipo de lobas cantaron sus grandes éxitos. Uno + Uno: dos noches brillantes, cargadas de alta emoción y público ferviente

Y a la tarde siguiente de dos noches semejantes, uno y su circunstancia con forma de grabador, que pasará a objeto olvidado en la charla que mantendremos en el jardín de su casa de Palermo, su lugar amado. Estamos sentados a la mesa, como sabiendo del café con leche, jugo de naranjas y medialunas que llegarán después. Ha llovido y el azul del cielo es casi morado. Los pájaros que trinan lo hacen con frecuencia sensata y son afinados, estudiaron con la dueña de casa. La dueña de casa está aterrizando de un torbellino feliz y movilizante que no estaba en sus planes quietos. Demasiado quietos. “Estaba un poquito deprimida, bah.” Sonríe, con restos de buen mareo. Y cada tanto, por suerte seguido, Marilina larga una de sus carcajadas entusiastas, abiertas. Pompi intervendrá todo el tiempo. Es una perrita de año y medio, juguetona, rulos grises, se diría casi de satén. “Ella es Cholula loca por las fotos, salió en el suple Soy, en la tapa de La Nación, ahora en Miradas, en todos lados. O sea que Pompi a la ley de medios la tiene totalmente dominada.”
–¿Cómo fueron estas dos noches, vistas desde el escenario?
–Ahhh, cada vez que se prendía la luz de la sala y yo veía eso, no sabés lo que era. Y todos con fervor, y se ponía de pie uno y enseguida todos, y batían palmas, y cantaban, y lloraban. Gente de todas las edades. Entonces, yo descubro que esas canciones que fui haciendo como jugando, porque nunca me creí mucho esto de ser una compositora, escucharlas cantadas por artistas de semejante tamaño y enriquecidas a más no poder, dije qué más puedo pedir…
–Canciones que se dejaron enriquecer también porque eran enriquecibles. Quizá estos recitales sirven para realzar su importancia, ¿no?
–Es verdad, eso me gustó. A partir de este momento tratame de usted, ¿puede ser?
–Cómo no. Vamos a decir que esos artistas de semejante tamaño que la acompañaron fueron, ambas noches: Sandra Mihanovich, Julia Zenko, Patricia Sosa, Claudia Puyó, la soprano Paula Almerares, Lucía Galán; Juliana, del grupo Miranda, y Ángel Mahler, en la dirección musical. ¿Es verdad que le debemos a Sandra este regreso suyo?
–Sí, sí, yo estaba muy entregada. Muy ya está, ya fue. Así andaba, convencida de que había aparecido la palabra the end y de que ya estaba en los títulos finales. De repente empezó a ir para atrás, los títulos empezaron a ir al revés y ahora estoy en el comienzo de otra película. En vez de una despedida es un encuentro, un comienzo de algo.
–¿Qué dice el parte médico?
–Que tengo los pulmones a la mitad, por eso es un milagro que haya podido hacerse esto así. Mis pulmones trabajan en un cincuenta por ciento y en esto no hay vuelta atrás, no se revierte. Lo único que puede pasar es que se detenga y que no crezca. Pero lo que ya se estropeó se estropeó. ¡Por el cigarrillo, mirá qué lindo!
–¿Ahora cuántos fuma, la mitad?
–¡Nada eh nooo! Soy una paciente muy obediente. No dejo que fumen cerca tampoco, no, si hay humo me voy. A no ser que haya humo en tus ojos…
–Entonces bailamos…
–Ahí bailamos, cheek to cheek.
–¿Cómo fue ese escenario estas dos noches, se dejaba pisar?
–Sabés que anoche, en medio del show, me encontré diciendo, entre un tema y otro: Se estaba bien aquí eh. O sea, a mí me va sorprendiendo todo, es como que no tengo previstas muchas cosas. Me voy acomodando a lo que toca vivir, entonces en este momento tocó vivir esto, y como nunca nada está en mis planes, en realidad, mis planes se van haciendo así, casi un día tras otro. Así fue siempre. Y así fue mi desgracia también, tuve muchos conflictos por eso.
–¿Por qué?
–Por dejarse llevar hay un precio que hay que pagar. Pero bueno, soy así, el catálogo vino así. El modo de usarlo hay que saber tratarlo, estudiarlo un poco.
–Bravísimo el minerío cantor que la rodeaba.
–Yo las llamo las lobas. Por el libro
Mujeres que corren con lobos. Las lobas están ahí, cuidando, y se desatan cuando llega el momento. Cómo te explico lo maravilloso de escuchar esas versiones… A Julia yo le pedí que hiciera Voy a hablar de mi amante, porque ya la había visto haciéndolo y me pareció tan glorioso lo que hace con ese tema. Eligió otros también, pero ése se lo pedí yo. Después Patricia Sosa, con la chacarera Y que nunca más me sorprendió mucho, la verdad no me lo esperaba. Otra cosa muy linda para mí fue descubrir que había un tema que a Paula Almerares le iba a ir muy bien, y es Hacer el amor. Un tema que yo hace muchísimo dejé de cantar porque no llego con la voz. Es un lindo tema, pero tiene notas cada vez más altas, eleva, eleva y termina dando vuelta la tierra alrededor del sol y andá a buscarlo. Paula es genial.
–¿Ya en los ensayos eran todas ese estruendo?
–No tanto. En los ensayos medio se marca, se va probando si la voz llega, si los acordes están bien, si te sentís relajada, pero no te largás. Se soltaron en el show. Y ahí a mí se me cayeron los pantalones, las medias, me quedé en bolas. ¡Aunque vestida por Jorge Ibáñez! Esa golilla blanca se la pedí yo. Con un traje de payaso que después, sacándole los botones, queda un saco normal, de show. Para no tener que irme a cambiar. Fue todo muy fuerte. Igual yo, felizmente, venía un poquito acomodada, porque en agosto habíamos hecho el show en el Coliseo de La Plata, con las mismas chicas, a beneficio de un lugar de salud. No salió redondito como éste, pero lo pasamos tan bien allí que decidimos hacerlo de nuevo. Entonces se organizó, ya más prolijo, con una escenografía, una puesta más ordenada.
–¿Éstos salieron tal como los esperaba?
–Mucho más de lo que esperaba. En realidad no esperaba específicamente algo particular, esperaba poder llegar yo con la voz, con el aire, no cansarme demasiado, pero de todos modos anoche, después del show, se me disparó la presión bastante alta. Me puse hielo en la nuca, y dije paremos un poco. Mi presión es puramente emocional. Es que fue una gozada total. Hubo un momento, te lo voy a especificar, en que yo estaba adelante cantando
Soles, y termina mi parte sola (canta) “El sí por fin dijo no sé, ni el do ni el la ni el re pudieron responder”, y todas detrás de mí entraron “De repente una mañana de mi pecho se escapó…. Cómo explicarte, sentí el séptimo de infantería, un batallón cantándo a la tropa “A la carga”, de una fuerza, una polenta, casi me tumban.
–¿Por qué había dejado de hacer shows?
–Porque había dejado de disfrutarlos, y si no disfruto no sirve de nada lo que estoy haciendo, porque es mi motor el disfrute, el entusiasmo. Me cansaba, venía otro tema y ya no llegaba, me tenía que sentar. Y si quería pararme no me podía parar. Y dije basta. Esto tiene que ser para felicidad si no no es. Siempre fue así para mí. Esta no es una profesión de la cual viviera. Actriz era mi profesión, esto era el hobby.
–¿Qué pone en los formularios al lado de profesión?
–Uy, dudo mucho… ¡Sabés lo que me cuesta a mí poner eso! Pongo cantautora a veces, a veces actriz, no sé qué poner. La última vez, en un cuestionario médico, puse retirada. No me animé a poner jubilada. Puse retirada y viuda. Ahora la médica me dice: ¿te das cuenta lo que cambiaste? Hiciste dos Ópera y estás en pareja. O sea que me hizo bien el tratamiento.
–¿Por qué la disgustan tanto los rótulos?
–Porque el rótulo te detiene. Es algo que tiene que ver con la muerte, que está rígido, inamovible como la muerte misma. Y para mí la vida es movimiento, acción, camino hacia. El rótulo te estanca. “Fulana de Tal es actriz”, y no, yo soy algo más que actriz.
–¿Los rotuladores somos nosotros, los periodistas?
–¡Claro! O los que tienen que ponerle nombre a las cosas. Yo vivo.
–¿Se arrepintió de su decisión de no ir a almorzar con Mirtha?
–No, me quedé tranquila. ¡Sabés qué relajada dormí esa noche! Es que yo era el blanco perfecto para ese momento, imaginá que yo me pongo a hablar bien del Gobierno delante de ella, la que se arma. Y yo no me iba a callar. Más lo de Luppi. Si iba la ligaba por todos lados. Me dije más vale hagamos el Ópera. Lo lamenté porque dejé plantadas a mis compañeras que iban a ir. Julia se abrió antes que yo, a las demás las dejé pagando. Les pido perdón, pero supieron entender.
–Cuando Federico Luppi entró a la sala la noche de su primer recital, recibió una ovación. “Por algo sería”.
–Sí, sí, lo supe.
–Hoy salió en Clarín que Jorge Ibáñez quiere reconciliarlos a usted y a Luppi con Mirtha.
–¿En serio? ¡Qué ridículo!
–A raíz de la entrada de Luppi, un espectador suyo, muy gracioso, parodiaba a la Legrand con sus amigos: “Ay Mirtha, sabe que la gente de la calle dice que lo suyo fue autorrobo, para que usted pueda seguir hablando tranquila de la inseguridad. Ojo, es lo que dice la gente, eh”
–Claro, “lo dice la calle, eh”… ¡Es buena esa!
–Usted es peronista. ¿De cuál de todos?
–Peronismo para mí hay uno solo. Los demás son todos mentirosos, farsantes. No pueden ser peronistas. Menem no puede ser, nunca fue peronista, por más que lo diga. Porque sus acciones, sus actos no son peronistas. Duhalde tampoco. En cambio éste sí es un proyecto peronista. Gobernar es dar trabajo, era el apotegma de Perón. Y éstos es lo primero que hicieron. Si gobernás, tenés que dar trabajo. Y, entonces, ahí se genera todo el movimiento.
–¿Hay algo del Gobierno que no le guste?
–No, la verdad es que hasta ahora me gusta todo. Puede haber cosas que no me gusten, nadie es perfecto, además no debe ser nada fácil estar allí arriba, en ese puesto, haciendo tantas cosas, encima ser mujer, tener una carrera como la de Cristina: diputada, senadora, o sea que no llegó de la noche a la mañana, no es una advenediza como muchos la quieren hacer pintar. No es así. Ella está bien entonada, bien fogueada, sabe lo que es gobernar, y es muy inteligente. Y ni siquiera tiene un machete para hablar, nunca. Está intentando la unión latinoamericana, que era uno de los proyectos básicos de Perón. Porque ésa es la única salida que tenemos, no tenemos salida aislados, justamente la salida es uniéndose con el resto de América latina, ésta es la postura del peronismo. Intercambiando nuestros productos. Y generar un banco, que está en proyecto ahora, Banco del Sur, donde sean nuestras monedas las que circulen. Basta de monedas extranjeras. Cortarla con la dependencia económica y política y cultural.
–Pareciera que no sólo jóvenes de la primera edad recibieron una inyección de energía, también los jóvenes de la tercera edad, ¿no?
–A mí me reinyectaron todo, lo tenía perdido. Pensé que ya no se podían hacer estas cosas. Que no se podría estar juzgando como se está juzgando actualmente a los genocidas. El matrimonio igualitario, otra ley maravillosa, esperada por muchos de nosotros. La Asignación Universal por Hijo, ¿dónde se ha visto que se le pague a una madre para que su hijo vaya a la escuela? Entonces, el objetivo cuál es, que la gente piense un poquito más. Mientras que en toda la oposición el objetivo es que no pienses, no pienses, no pienses, sé un tarado así te manejamos mejor, desde el Gobierno se le está dando la otra parte: pensá, resolvé, ponete en condiciones de decidir por vos. Y para decidir tenés que saber, porque si no vas a decidir mal, no vas a poder elegir. Es un proyecto, no son actos sueltos de gobierno. Yo te haría la pregunta al revés: ¿qué dicen los demás que está mal de los kirchner? ¿Qué es lo que detestan? ¡Y no me digas las carteras de Cristina! El proyecto opositor es el de que seas tonto, no pienses, comete todas las mentiras que leés en los diarios de cierta prensa, mirá mucho Tinelli. Ése es el proyecto. Mantenete lo más tonto posible porque de esa manera nos vas a ayudar a manejarte mejor, y podemos adueñarnos de todo lo que tienen ustedes. ¿Por qué? Porque tenemos ganas de quedarnos con ello, dirían los del Norte. Que ahora con eso de los wikileaks se les vio la enagua, se mostraron todas las trapisondas que hacen, que siempre han hecho. Pero cuentan con una serie de periodistas ¿coaptados, se dice?, a los que les garpan, bah, para que digan lo que ellos quieren.
–El momento estremece porque está todo muy a la vista. Y por lo mismo entusiasma.
–A mí me gusta también. ¿Sabés qué quiere decir entusiasmo? Tener a Dios adentro, estar en posesión de los dioses, alegre como uno de ellos. Si no tenemos eso, no tenemos lo esencial para vivir.

• La Raulito de La Ross
La Raulito (Lautaro Murúa, 1975) es una película que se hizo inolvidable por las altas cumbres que alcanzó Marilina encarnándola. Subido a youtube está uno de los monólogos más conmovedores de la historia del cine, universal por supuesto.
–Y pensar que Lautaro no quería que yo lo hiciera, tenía prejuicios. Pero el proyecto era mío, lo había hecho en televisión en
Cosa juzgada. Me tomó una prueba, te voy a cortar el pelo así, no te podés lavar más los dientes. Yo estaba amenazada de muerte, también eso ayudó al personaje, y a mí. Por qué me joden, si yo lo que quiero es hacer cine, si yo lo que quiero es jugar al fútbol, decía la Raulito, por qué no me dejan tranquila, a quién jodo yo. Lautaro me dejó la cámara y me dijo vos arrancá. Tenía que contar la historia de la Raulito que me habían dado en unas páginas, lo que me acordara. El personaje le hablaba al juez pero yo le hablaba una especie de tornillo que tenía la cámara. Era lo primero de ese día de filmación, arrancábamos con ese monólogo. Puse primera y dije allá vamos. En un momento se escucha un ruido, era Lautaro que lloraba, sus mocos entran por sonido directo, y dice “Corten. Listo, guarden esto. Nadie toque esta lata, va a laboratorio y se la cuida como oro en polvo. Y nos vamos todos a casa, se terminó la jornada de filmación”. Que ese día duró lo que el monólogo: diez minutos.

• Un pulgar arriba, el otro abajo
–¿Habremos aprendido algo interesante los argentinos de estos tiempos? ¿Habrá algo interesante de aprender que no aprenderemos nunca? ¿Cuáles serían nuestra virtud y nuestro defecto más ostensibles, hoy por hoy?
–A mí me cuesta contestar estas cosas tan generales porque después la realidad te sorprende, como la juventud cuando lo fue a despedir a Kirchner. “¡La juventud es paco, la juventud es paco!”, hay más que eso, ¿no? La parte del argentino que a mí particularmente no me gusta, es el canchero, el que se las sabe todas, el piola, a ése no me lo banco. Porque además va dando cátedra de todo, “es la que yo te digo”, y es el que menos sabe. Pero no se enterará jamás de eso porque es tan necio que ni siquiera sabe que no sabe, no podés comunicarte con alguien así, de qué vas hablar. Esa especie está muy viva y se la ve mucho sobre todo en otros países, se llevan el mundo por delante. Yo me acuerdo que en España había muchos de éstos. Pero a la vez está el público argentino que va a ver un espectáculo. Nuestro pueblo, cuando es sensible, es de una sensibilidad exquisita, profunda. Lo dicen los artistas del mundo que vienen a hacer música o teatro lo que sea. Consideran al público argentino muy extraordinario. Y lo es. Su capacidad de devolverle al artista es impresionante.



Marilina se despide en el escenario

La Nación- Sábado 4 de diciembre de 2010 |



En un homenaje que repasa su trayectoria, se presenta junto a artistas invitadas en el Opera Citi


Marilina, en su casa, su refugio. Foto LA NACION / Marcelo Gomez


Dicen que no suele dar entrevistas. Es verdad. Pero este último tiempo dio muchas. Dicen que tiene bajones profundos. Es verdad. Pero esta vez decidió una vez más salir a ponerles el pecho a las balas. Dicen que no sale mucho. Es cierto. Su salud la volvió muy casera, ya desde hace tiempo. Sólo eso se dice de ella. Lo demás lo dijo ella misma siempre: en sus canciones. No hace falta conocerla mucho más porque Marilina Ross siempre fue una de las artistas argentinas más transparentes.

Cuando abre las puertas de esa casa soñada que tiene la tranquilidad del campo en medio de la gran ciudad uno la encuentra a ella, sin verla todavía. Paz, música de fondo, buen gusto, naturaleza. Y luego allí aparece ella, todavía con cierto aire años 60, la misma de esas canciones que pintan su alma y su historia. Dulce y valiente al mismo tiempo. Sensible y sensata. Encuentra su propia poesía hasta en las cosas más sencillas como acurrucar a su perro o levantar una flor que se cayó en su jardín.

Es la de "Puerto Pollensa", "Casi sin querer", "Escaleras mecánicas", "Soles", "Como mis padres" y "Mis hijos naturales", entre tantas canciones. Todos esos temas y otros más, hasta contar 30, serán el repertorio de Uno + Uno , un homenaje a su trayectoria, que compartirá con grandes intérpretes el miércoles y el jueves en el Opera. Ese es el motivo principal por el que decidió volver a abrir la puerta de su casa. Se quiere despedir.

"Esto se le ocurrió a Sandra Mihanovich, que me veía sin hacer nada. Me impulsó a hacer algo y lo organizó. Convocó a Patricia Sosa, Julia Zenko, Claudia Puyó y Paula Almerares, todas acompañadas por Angel Mahler para cantar mis canciones. Sandra y yo también cantaremos. Yo, pocas. Repartidas entre tanta gente talentosa, me tocan cinco. Me quedé con «El payaso del amanecer», «Se puede» y, entre todas, haremos «Puerto Pollensa», «Soles» y «Danza»", explica Marilina con una discreta felicidad en esos ojos enormes. Claro: es fácil de entender que esas gigantes de la canción melódica comprometida, todas juntas, se llevarían muy bien con los decires de este símbolo del mundo artístico argentino que aúna música, cine, teatro y televisión. "Cada cual eligió la canción que quería. Bueno, hubo peleas por «Puerto Pollensa». Todas querían hacerla -comenta muerta de risa-. Pero lo resolvimos repartiéndola entre todas."

Es que ese clásico que cuenta la desenfrenada historia de amor que alucinaba a un gordito de gafas es de esas letras difíciles de olvidar desde el comienzo hasta su final. En su último disco-libro Más que un sueño se atrevió a adaptarla a ritmos flamencos.

"Para mí, es una alegría muy grande escuchar mis canciones bien cantadas. Me da mucho placer escucharlas. Ya lo hicimos en La Plata y nos quedamos con ganas de volver a hacerlo; por eso lo repetimos en Buenos Aires", explica.

-¿Le costó convencerte a Sandra?

-Un poco. Porque, desde hace años, me estoy retirando de a poquito, sin que se note? En realidad, para que yo no me dé cuenta.

-¿Por qué esa retirada a paso lento?

-Por problemas de salud. Tengo enfisema y eso dificulta mucho mi desempeño. Ya no disfruto tanto estar sobre el escenario porque no llego con el aire; no me puedo mover; tengo que sentarme? Por mil cosas, no lo disfruto como antes. Entonces, ya decidí irme silbando bajito.

-Pero ¿se extraña?

-Sí, mucho.

-¿Cómo hacés para tapar ese vacío?

-A través de mi blog ( http://marilinarossoficial.blogspot.com ). Escribo mucho. Además, edito los videos y los posteo yo misma. Ahora me ocupo casi exclusivamente de eso. Lo hago sentada, no me canso y está muy bueno.

-¿No pensaste en un libro con todos esos escritos?

-No sirvo para eso. Escribo lo necesario. Y mi vida ha sido tan contada? En cuanta canción mía está mi vida. Ahí no miento. En algunos reportajes tampoco miento. En algunos -recalca-. Ya no podría aportar demasiadas novedades.

-¿Ya no pensás en canción, entonces?

-Siempre compuse porque tenía una gran necesidad de hacerlo. Eso ya no me está pasando últimamente. No me viene esa urgencia de dejar hecha una canción. Pienso más en cómo se hace un karaoke; me pongo, lo saco y lo subo al blog. Me gusta más ir hacia cosas distintas, nuevas. La búsqueda, más que lo recorrido. Eso de durar y transcurrir no nos da derecho a presumir.

-No salís mucho?

-Es verdad, estoy muy casera. Me agobia ya salir. No me puedo mover mucho, me fatigo y me tengo que sentar enseguida. Eso es bastante incómodo. Tengo la mitad de los pulmones funcionando. Lo mejor que me puede pasar es que el enfisema no avance, que se detenga aquí donde está. Hasta ahora lo estoy deteniendo. Tengo lo que tenía Sandro.

-¿Tenías una relación estrecha con él, verdad?

-No nos veíamos muy seguido, pero sí teníamos relación. El estaba mucho peor que yo. Pero se tomaba todo en joda. Me decía: "No tenés nada; dejate de embromar".

-¿Cómo ves a la Argentina hoy?

-Creo que estamos pasando por un muy buen momento en el país. Se están llevando adelante los juicios, de buena manera, con altura y con seriedad. Era algo que estaba pendiente y era necesario que sucediera. Estoy muy de acuerdo con este momento del país. Sufrí mucho la muerte de Néstor Kirchner. Era bastante seguidora de él y lo soy de Cristina. Estoy muy de acuerdo con sus formas de gobierno. Soy peronista de toda la vida. Esto no es nuevo y es bien conocido por todos. Y los Kirchner son peronistas.

-¿Cuál es tu refugio?

-Esto: mi casa, ver películas, escuchar música o charlar. Las charlas me gustan mucho. Suelo invitar amigos a comer.

-Bueno, no estás sola?

-No, para nada. Además, estoy con una relación muy linda de pareja desde hace un par de años.

-¿"Un par" son dos, o estamos disimulando más?

-Bueno, sí, un poquito más? Tal vez diga "un par" para quitarle importancia.

-¿Te casarías ahora que se puede?

-No, no, no? A mí, los compromisos me ponen muy nerviosa. Me sacan urticaria. Ningún compromiso. El aquí y ahora es lo más importante que tenemos. El lazo es el corazón.

PARA AGENDAR

  • Uno + uno,
    Homenaje a su trayectoria. Artistas invitadas: Sandra Mihanovich y Patricia Sosa entre otras

  • Teatro Opera Citi, Corrientes 860, 8 y 9 de diciembre, entradas desde $80.

LA MIRADA DE NORMA ALEANDRO

  • "Cuando creímos que iba a ser siempre la «Nena», Marilina Ross nos sorprendió encarnando personajes complejos en Cosa juzgada . Cuando pensamos que debía consagrarse en los unitarios, le dio un giro inusitado a la telenovela latinoamericana en Piel naranja , de Migré. Cuando la soñamos eterna en la TV, triunfó en teatro con clásicos y transgresores; y en cine, con La Raulito . Cuando capturamos su imagen de actriz, se dedicó a la canción con letra, música, alma y voz. Hoy estamos aquí, en pleno siglo XXI, celebrando su genio y figura, sus decires y cantares, sus apenas cuarenta años de maravillas entregados con amor a un público que la adora."
    Tomado del libro-disco
    Por arte de magia

Pablo Gorlero