Escenas de PIEL NARANJA
Los 50 años del 13

Tapa del libro
Marilina Ross con Joe Rigoli y Luis Brandoni
LA NENA DEL 13
¿Existe alguien que haya visto LA NENA y no se haya encariñado, más allá de los malos tragos que le hacía pasar a su papá, con el personaje de Marilina? ¿Hay alguna persona que no se haya sentido identificado con la relación que tenían padre e hija en esa historia?
La protagonista de ese éxito fue Marilina Ross. Con sólo 16 años y con el apoyo del ya consagrado Osvaldo Miranda, esa joven de cara angelical comenzaba a plasmar su nombre en el espectáculo argentino.
Pero ese desafío no la agarró de sorpresa, porque había empezado a estudiar actuación a los 8 años y antes de ese programa que la catapultó a la fama había participado en otros dos ciclos llamados SEÑORITAS ALUMNAS y YO SOY PORTEÑO. En 1973 protagonizó junto a Juan Carlos Dual, LA CHISPA DEL AMOR.
Dos años más tarde, Alberto Migré tuvo la magnifica idea de juntar a Marilina con el galán en ascenso Arnaldo André en PIEL NARANJA, una novela que rompió records de audiencia convirtiéndola en el programa más visto de ese año. Pero no sólo por eso quedó en la historia, fue una de las primeras que tuvo un final trágico, rompiendo todo tipo de estructuras.
En 1976 y con el comienzo de la dictadura militar, la actriz y cantante tuvo que exiliarse en España donde, lejos de alejarse del espectáculo, filmó varias películas y se consolidó en el canto, aptitud que mostró en su vuelta a la Argentina.
Marilina Ross quedó muy marcada con su personaje de LA NENA, pero- tal como lo demostró en otros trabajos como PIEL NARANJA- pudo cautivar a millones de personas con su belleza y talento.
Piel Naranja
Aquel estado de ánimo (Marilina Ross)



En Buenos Aires época actual, Joaquín Salas Bau tiene entre 48 y 50 años. Es un hombre singular y posesivo. Un niño terrible. Un hombrón celoso de sus afectos, dominante, apasionado, generoso para los suyos mientras los suyos compartan lo que él les brinda, a su lado. Propietario de una tienda de cierta categoría en un barrio tradicional (como Almagro o Flores) ha vivido siempre de su trabajo y su esfuerzo.
Se casó sin gran amor, próximo a los 30 años y de ese matrimonio tuvo dos hijos: Marcelo y María Lidia (Quelo y Marilí). Hace tiempo su primera esposa falleció. Hoy, los hijos tienen entre 18 y 20 años. Son impetuosos como el padre, rebeldes, prototipos de la generación actual. A veces equivocados, pero no malos tipos.
Joaquín ocupa un departamento importante en la misma zona de la tienda, a pocas cuadras. Atesoró una fortuna, en base a lucha y sacrificios. Ha vuelto a casarse en segundas nupcias con Clara Romero, mucho más joven que él, hija de una ex-empleada de su tienda. (Clara es la protagonista femenina, tiene aspecto de chiquilina. Joaquín la ama desmedidamente). Es consciente de la tremenda diferencia de edad. Daría su vida por Clara. No sabría vivir sin ella, pero tampoco con ella. La llama su nena. La ahoga, tratándola por momentos como a la menor de sus hijas y exigiéndole aún más que a sus hijos verdaderos. Aquéllos tienen rebeldías que a Clara no le permite.


En el departamento de Joaquín conviven éste con sus dos hijos, Clara y doña Amparo, mujer dominante, mayor y madre de Don Joaquín. También Clotilde, mucama de absoluta confianza, y doña Elena, la madre de Clarita. En el piso de abajo, en un departamento exactamente igual, también propiedad de don Joaquín, reside la abuela Angélica, madre de su primera esposa y con la que mantiene una relación afectuosa. Angélica y Amparo no han perdonado a Joaquín este segundo casamiento. De la descripción familiar puede deducirse el extraño clima que se vive en ambas casas.
Años atrás, 2 ó 3 aproximadamente, cuando Joaquín regaló a Clara un automóvil para su cumpleaños, en viaje a Mar del Plata para estrenarlo sufrieron un accidente grave del que Clara resultó ilesa, con apenas algunas heridas sin importancia, pero que a Joaquín lo anuló psíquicamente. Para todo el mundo, Clara es la culpable de ese accidente. Se la acusa por su inexperiencia como volante. Ignoran todos ellos, que la cargosa impertinencia de Joaquín la obligó a hacer la maniobra que desató el drama.
Atendido por Luciano, gran amigo y médico de confianza de la familia, Joaquín tarda en reponerse de la crisis física y moral. Éste le hace entender que tan grave como ese accidente es su temperamento déspota y absolutista. Sus celos, su forma tan especial de copiar a los seres que lo rodean. Pero ni consejos ni medicina ni los tratamientos que inicia sin la voluntad de concluirlos, modifican a este singular neurótico, que promete cambiar a partir del día de mañana para convertirse en un hombre más amplio, menos absorbente. Él maneja desde el dinero, hasta los menúes que deben prepararse en la cocina. Muchas veces cocina él mismo, negándole capacidad a la servidumbre y compra desde la fruta hasta el café, porque considera que consigue mejor mercadería y a mejores precios. Sin ser un canalla, es un insoportable, un enfermo incurable.


Juan Manuel Alinari no es estudiante. Tiene entre 27 y 28 años. Marilí lo conoce luego de una revuelta aparentemente feminista de su club estudiantil. Una gresca con los muchachos frente a los cuales se sienten desplazadas las chicas. Se arma una batahola y Juan Manuel rescata de una paliza a Marilí, metiéndola en su camioneta. Es un hombre cabal. Propietario de un modesto supermercado, también por Almagro. Es paraguayo y tiene a cargo a su familia: madre y tres hermanas, dos de ellas aún en Asunción. Lucha denodadamente por reunir a todos en Buenos Aires. La madre, dominante, ve en ese hijo la esperanza de progresar, de obtener todo lo que siempre les faltó. Mitaí es otro personaje importante, un dependiente de 18 años que Juan Manuel tiene a su cargo en el supermercado.
Marilí se deslumbra en principio con el accidente a través del cual conoce a Juan Manuel. Luego, se cansa de él sin dejar de reconocer que en cierta forma le atrae su personalidad, su piel, su sonrisa, su sexo. Pero es un "bueno"... un "aburrido" para su modo de entender los primeros escarceos sentimentales.
Absurdamente, para quitárselo de encima, le miente diciéndole como suya la vida de Clara. Le hace creer que está casada con un hombre mayor e insoportable (su padre). Tanto miente y complica las cosas que Juan Manuel se intriga y trata de conocer a la familia de Marilí. Por temor de que todo se descubra y Joaquín la castigue, Marilí suplica ayuda a Clara. Clara conocerá, por fin, a Juan Manuel. Ocurrirá entonces, desde el primer momento, una atracción, una simpatía, una admiración, una ternura, un deslumbramiento que ambos se niegan pero es evidente. La gestación de un amor tan doloroso como imposible y prohibido. El resto, como en toda telenovela, son encuentros y desencuentros.

Por su parte, la madre de Juan Manuel teme que su hijo lo abandone todo para unirse a una mujer con los compromisos de Clara. Y teme a una venganza de Joaquín.
Planteo fundamental: ¿por salvar las apariencias o un amor equivocado es preferible una mentira? ¿Qué derechos les corresponden a dos seres que, como Clara y Juan Manuel, se encuentran en la vida demasiado tarde?
Piel Naranja, tiene un trágico desenlace. Tras intentar la felicidad huyendo juntos, Clara y Juan Manuel son sorprendidos por Joaquín. Éste, cegado por su gran amor, el verdadero como él lo llama, los mata. Pero no sobrevive a esa muerte. Ante el horror de lo que hizo, víctima de crisis cada vez mayores, a pocos pasos de su pretendida Justicia, muere también víctima de un ataque.
Esto ocurre en las secuencias finales de una historia manejada con adultez, ternura, encanto y dueña de una amplia gama de personajes y situaciones, que abarcan casi todas las facetas humanas.
No me importa lo que digan
1975 – Revista Antena
Marilina Ross
“No me importa lo que digan”
* "Mucha gente piensa que he dado marcha atrás en mis conceptos artísticos. Y por eso se oyen algunos comentarios desfavorables por mi participación en "Piel Naranja". No me importa lo que digan, no voy a entrar en polémicas. Simplemente lamento su error. Porque yo nunca dije lo que ellos creen haber escuchado. Si hace falta vuelvo a aclarar que yo sólo estoy contra los programas para elites, eso no me interesa. Un actor debe trabajar para todos. Cuidando, sí, la calidad. Y yo creo que el programa de Migré alcanza esos objetivos: es un autor talentoso, que sabe bien lo que quiere. Y por eso me siento feliz de participar en el ciclo."

* "Espero con toda ansiedad el estreno de "La Raulito". Creo que es una gran película. Y de ello habla su selección para el próximo Festival de Moscú."
* "Es muy posible que en julio viaje a España, para presentar un disco que grabé con producción de Piero. Varios temas de ese LP me pertenecen. De realizar el viaje voy a tener que grabar varios capítulos del teleteatro."
Esta nota la compartió Danny de Toronto, Canadá. Muchas Gracias Danny!!!
Estoy orgullosa de no estar en cierta televisión
MARILINA ROSS, SU INTENSA VIDA Y SU FUGAZ REGRESO A LA PANTALLA CHICA CON PIEL NARANJA
“Estoy orgullosa de no estar en cierta televisión”
Hizo historia en TV con La Nena y en cine con La Raulito. Acompañó a Perón en su retorno de España. Sufrió censura y exilio. Se refugió en la música. Adora a Migré y sólo por él vuelve brevemente a una tele que ya no le gusta.
Por: JOSEFINA LICITRA
Marilina Ross no volvió del infarto. En mayo de 2002, un síncope y una angioplastia hicieron de Marilina otra mujer. Ya no canta (dice que le falta el aire, pero en realidad no tiene ganas), ya no actúa (buena parte de la televisión le desagrada) y pasa los días en su casa de Palermo Hollywood: una construcción antigua que conserva el aire verdadero que Palermo Hollywood le quitó a las cosas. Compró esta casa cuando estaba enamorada.
- Es hermosa, lástima la separación. Cuando es uno el que se queda, quedan también los recuerdos-, dice con la voz seca y reposada.
A Marilina le sobran recuerdos. Sólo por citar los que son públicos, está su protagónico en La nena (la telecomedia que, en los ’60, transformó su cara de ángel en un ícono de la televisión); su participación en Cosa Juzgada (una representación de casos policiales reales, hecha por el grupo Gente de Teatro de David Stivel); su composición en La Raulito, su exilio, su regreso, sus nueve discos. En el medio también está Piel naranja, el novelón que hizo con Arnaldo André en 1975, y que terminó hace dos décadas con un final que hizo llorar al país: Clara (Ross) y Juan Manuel (André) habían sido asesinados por el marido de ella.
Ahora, Alberto Migré decidió resucitar a Juan Manuel y hacer Piel naranja, años después: una continuación de cuatro capítulos, producida por Cuatro Cabezas, que termina el próximo sábado y que cuenta con una única aparición de Marilina Ross en televisión.
- Se supone que era una sorpresa para el público, pero Clarín habló de más. La vuelta de tuerca que le encontró Migré es muy linda y sorpresiva.
- En Piel Naranja hay una ganadora de reality. ¿Qué piensa de los programas como Lux Star, que son semilleros de “artistas”?
-¿Artistas? ¡Un artista es otra cosa! Si querés hacer un trabajo digno tenés que estudiar mucho y tener los ojos muy abiertos en la vida, para luego poder pintarla.
- ¿Y cómo espectadora, le gusta esta nueva Piel Naranja?
- Me encanta, adoro a Migré. Es más: también me tragué Piel naranja, el original, hace dos años por Volver. Felizmente, mi mala memoria hace que me hubiera olvidado todo.
- ¿Vive de recuerdos?
- No, porque no me alcanzaría la vida. Ahora vivo el aquí y ahora. Leo a Osho.
- ¿Y eso qué quiere decir?
- Que busco las respuestas en mí. También leo a Chopra y a Krishnamurti… No es de ahora: empecé en los ‘70. Buscaba en los libros lo que no encontré en la política: justicia social. Pero después vino el Proceso y empecé a preguntarme si la respuesta había que buscarla afuera o adentro, en cada uno.
- ¿Entonces ya dejó de ser peronista?
- Nooo, menos ahora. Me gusta lo que está pasando con Kirchner. En todo América Latina estamos viviendo un momento histórico en el que podrían cumplirse muchos de los deseos del General.
- ¿Es cierto que estuvo en chárter que lo trajo de regreso?
- Sí. Yo estaba haciendo teatro, me disloqué un hombro y me enyesaron. Se suspendió la obra. Ahí supe que buscaban gente de la cultura que pudiera ir. Y dije: “Yo puedo. Total, con este yeso imposible trabajar.”
- ¿Qué sintió dentro del avión?
- Que estaba metida en la tapa de un cuaderno Rivadavia. Era testigo de un hecho histórico. Yo soñaba con la vuelta de Perón. Pensaba que era la solución de todo. El pasaje me lo pagué yo, porque nunca pertenecí a ninguna cosa orgánica. Yo, por ejemplo, hacía trabajo en villas, pero no adoctrinamiento. Era hacer arte, darles lo que ni ellos sabían que existía. En los ’70, los artistas éramos muy molestos para ciertos grupos.
- ¿De cuántas maneras le manifestaron que usted era molesta?
- Me prohibieron. Los programas, de golpe, me dejaban afuera sin explicaciones. “No vengas porque se rompió una cámara”, esas excusas. No me podían nombrar. Finalmente me llegó un papelito, como a tanta gente, que decía: “O abandonan el país o serán ejecutados en el lugar donde se los encuentre”.
- Entre morirme allá de pena y morirme acá a balazos, preferí morirme acá. Era llanto tras llanto, así que en el ’81 volví y dije: “Que sea lo que Dios quiera. Si sobreviví a La Raulito, bien puedo sobrevivir a esto.”
- ¿Por qué “sobrevivió” a La Raulito?
- Porque la filmé en las calles de Buenos Aires amenazada de muerte. Fueron dos meses de rodaje en los que no me reconocía ni mi madre.
- ¿Fuera del rodaje usted seguía con el personaje?
- Sí. Mi analista me llegó a preguntar cuánto faltaba para terminar la filmación. Si entraba a un bar a buscar un sándwich para comer, me gritaban: “¡Roñoso, rajá de acá!”. No podía ir ni al baño, no me paraban los taxis. Una vez estaba sentada en un umbral, esperando para que me filmaran, y salió un portero y me dio una patada en el culo. Es increíble cómo pasé de ser Marilina Ross, una privilegiada a la que le decían “pase por acá”, a ser nadie. Y sólo por estar sucia y mal vestida.
- ¿Y por qué no se bañaba después de grabar?
- Porque quería ser La Raulito las 24 horas. En esa época tenía un novio que estaba furioso. El pobre no sabía qué hacer conmigo. No podía dormir en la almohada de plumas y me quedaba dormida en los umbrales. Un horror. Mi compañero hasta me puso un sobrenombre: El Sore.
- ¿Ahora tiene novedades de la Raulito original?
- Todo el tiempo. En su cumpleaños le llevo una torta con los jugadores de Boca. Más de una vez ella me dio ánimo a mí.
- ¿Cuándo fue la última?
- Cuando pasó lo del corazón. Y el día que murió mi madre cayó en casa por primera vez, de casualidad. No sabía que mi mamá estaba mal. Cuando llegó, yo acababa de venir de la Chacarita.
- Muy harta. La nena se levantó por mí. Al quinto año dije: “No lo hago más”, y eso que tenía contrato por diez años. Largué en pleno éxito, con cuarenta puntos de rating. Hasta me ofrecían el doble de plata, pero yo no quería morirme siendo “la nena”.
- ¿Cómo vivió la aparición de las primeras arrugas?
- Con felicidad. Yo nunca podía hacer personajes de mi edad, que tuvieran que ver con mi pensamiento. En algún momento la vejez me dio mucho miedo, pero no ahora. No me siento una señora de sesenta. Me siento muy vital, aún cuando pasé por momentos de mucha angustia, sobre todo después del infarto.
- ¿La angustió enterarse de que a usted también le va a llegar…?
-Eso por un lado. Y por otro, la limitación de la libertad. Siempre hice lo que quise y ahora no puedo. Tengo que estar cuidándome de todo. Yo adoraba el jamón crudo y nunca más pude comerlo, tampoco milanesas, que era mi plato preferido. Y encima este enfisema que me trae conflictos porque ahora no me da el aire…
- ¿Por eso desde hace tres años que no saca un disco?
-Sí. No creo que saque más discos ni que componga más. No tengo nada nuevo para decir. Ahora me voy a dedicar a hacer videos. O quizás vuelva a actuar… lo que no quiero es estar en televisión sólo por estar ahí. Es más: estoy orgullosa de no estar en cierta televisión, con tantos programas de chimentos y poco espacio para los actores.
-¿Qué cosas suyas cree que quedaron en la gente?
-La Raulito va a quedar. Puerto Pollensa también. Una terapeuta me contó que logró sacar a un pibe del autismo con una frase de Puerto Pollensa: “Pánico por que me rechazaras”. Y eso es eterno, es lo que más feliz me hace.
-Muchas lesbianas tomaron esa canción como una bandera personal. ¿Qué le parece?
-Odio que sea una bandera, porque eso sería una limitación. Puerto Pollensa habla de amor. Nunca pretendió ser un emblema gay. Es sólo un tema que habla de mi historia, porque me enamoré en Puerto Pollensa, en Palma de Mayorca. Todos mis temas siempre hablaron de mí, de cosas que me marcaron con fuego.
-¿Alguna vez hizo una canción contando lo del chárter?
-No. Lo más cercano es “La chacarera del Nunca más”, que retoma muchas ideas del General. Me acuerdo que me dieron una medallita de recuerdo por haber participado del chárter. Y yo encima la perdí, en un programa de Badía: me robaron una bolsa con mis recuerdos más valiosos.
-¿Qué más había en la bolsa?
-Un cuaderno escrito por la Raulito, de puño y letra. La foto de Luisa Vehil, que me dedicó cuando yo tenía 17 años, cuando recién empezaba, hablando de que yo tenía futuro. El libro de Carlos Mugica, una foto de Evita, el I-ching que me traje de España… Pero bueno. El I-ching era fácil de reponer.
Marilina Ross volverá a tener Piel Naranja
Marilina Ross volverá a tener Piel Naranja

Marilina Ross vuelve a la televisión, de la mano de Alberto Migré.
Si bien desde que comenzó la miniserie su figura aparece a través de los archivos en blanco y negro, en alguno de los dos capítulos que restan de Piel naranja, años después (sábado a las 23, por Canal 13), Marilina Ross retomará la actuación. Según la pluma de Alberto Migré -autor de la historia original, de 1975, y de esta suerte de continuación producida por Cuatro Cabezas-, la actriz y cantante volverá a ser Clara, el amor de Juan Manuel (Arnaldo André). Por ahora, ella asoma como viejos fantasmas (su personaje murió hace 28 años) del hombre que en esta miniserie tiene una relación amorosa con su vecina, Serena (interpretada por Leonor Benedeto). Luego de una participación en un especial de Alejandro Doria, Ross -que en mayo de 2002 sufrió un infarto- se había retirado de la ficción hace poco más de cinco años.
Piel Naranja años después...
Esta saga retoma el trágico final de la telenovela original en que Juan Manuel Alinari y Clara Romero son asesinados por Joaquín Salazbau, que muere de un infarto minutos después. Sin embargo, Juan Manuel no murió, sino que pudo sobrevivir a la tragedia. Pero jamás superó los impactantes recuerdos de su amor por Clara y la amenaza que implicaba el fantasma de Joaquín.
Luego de 28 años, Juan Manuel es dueño de uno de los mejores viveros de la zona de Escobar, llamado significativamente “Rohaihú”. Allí, él trata de aislarse ya que descree de sus posibilidades de enamorarse de otra mujer que no sea Clara, cuya imagen lo atormenta diariamente. Sin embargo, intenta una extraña pero intensa historia de amor con su vecina Serena Santamarina, quien trata de superar el dolor de la muerte de su esposo, el millonario Amílcar Sandoval. Pero Facundo “El Potro” (hijo de su ex marido) regresa de París junto a su mujer y se interpondrá al encuentro de Serena y Juan Manuel.
Entretanto, Doña Elena, madre de Clara, busca al ex amante de su hija ya que le reprocha el haberla hecho embarcar en una aventura que le costó la vida e intentará vengarse utilizando a Serena como instrumento.
En el último episodio, de los 4 que se emitieron, estuvo presente Marilina Ross, quien junto a Arnaldo André protagonizó la historia original. Éste contó con innumerables flashbacks que interpolaban el presente de Juan Manuel Alinari, con los recuerdos de su amor por Clara Romero. Hacia el final del capítulo, entra al vivero la nueva vecina, Cristina Colomer, y Juan Manuel cree reconocer en ella una voz y una mirada que parecen hacerlo revivir, le recuerda tanto a su amada Clara...
“Piel Naranja años después...” fue la última participación de Alberto Migré en la televisión argentina antes de su fallecimiento en 2006 y es, hasta la fecha, la última intervención de Marilina Ross en una miniserie.
Arnaldo André ..... Juan Manuel Alinari
Leonor Benedetto ..... Serena Santamarino
Diego Olivera ..... Facundo “El Potro”
Carla Pandolfi ..... Abril Agrelo, esposa de Facundo “El Potro” (Ganadora Luxstar)
China Zorrilla ..... Doña Elena
Pablo Codevila
Marilina Ross ..... Cristina Colomer
Mercedes Funes ..... Nilda
Jorge García Marino ..... Villafañe
Daniela Katz ..... (Finalista Luxstar)
Anabela Blanco ..... (Finalista Luxstar)
Ficha Técnica:
Basada en libros originales de Alberto Migré
Colaboración autoral: Nora Mazzitelli
Dirección: Diego Suárez
Asistente de Dirección: Marcelo Suárez
Producción: S. Borensztein, A. Borensztein, D. Guebel, M. Pergolini
Post Producción: Maxi Ezzaouí
Producción Ejecutiva: Susana Rudni
Dirección de Arte: Karina Kreth, Verónica Geraige
Dirección de Fotografía: Leandro Martínez
Dirección de Contenidos: Ricardo Pichetto
Edición: Mariano Tomiozzo, Juan Pablo Dibitonto
Equipo de producción: Fabiana Giordano, Vanina Martorilli, Marcela Luznik
Diseño de post producción: Paula Gigliotti, Florencia Yeannoteguy
Jefe Técnico: Marcelo Quiroga
Operador de sonido: Nicolás Inza
Ambientación: Paula Mysyna, Anita Repetto
Vestuario: Alicia y Estela Flores
Maquillaje: Andy Sanzo
Duración: 4 episodios
Emitido durante el mes de Enero de 2004 los días Sábados a las 23.00 hs por Canal 13, Televisión Argentina.
Marilina Ross estará en el homenaje a "La Tregua"
Marilina Ross estará en el homenaje a "La tregua"
La actriz y cantautora ratificó que estará presente en el Festival de Cine en el tributo al filme de Sergio Renán. Además, analizó su carrera y su relación con Mar del Plata.
Por: GABRIEL IMPARATO
Son casi las cuatro de la mañana del domingo y atrás quedó el concierto especial que la intérprete brindó en "El Condado" para celebrar su cumple número 61 con sus fans, una celebración que arrancó casi con los mismos bloopers de sonido que Charly en Cosquín, aunque con distinto desenlace. Ubicada en su camarín y con excelente predisposición, la actriz intuye el motivo de la nota, y confirma que estará en Mar del Plata cuando el lunes 15 de marzo se rinda tributo especial a "La tregua", uno de los más esperados homenajes en el Festival Internacional de Cine.
-En el próximo Festival de cine se le va a rendir homenaje al filme "La tregua". ¿Cómo recordás aquella película?
-Sí, tal cual, voy a estar, voy a ir a Mar del Plata. El momento de aquella película fue hermoso, fue un "festival" de actuaciones, ves lo que es el trabajo... Nosotros ensayamos esa película como si fuera para teatro, la ensayamos fuera de los sets y decorados, después nos adaptábamos un poquito a la realidad del ámbito nuevo, pero nosotros por dentro sabíamos todo lo que nos estaba pasando. Es un grado de conciencia distinta, antes se trabajaba de otra manera, el trabajo del actor pasa por otros lados, no es una linda cara y un buen tono una cosa sorprendente. Es otra cosa.
-En su momento "La tregua" peleó por el Oscar...
-Y sí, fue muy fuerte, no sé si teníamos expectativas de ganar, supongo que Sergio (Renán) más que nada, el hacedor de eso fue él, nosotros fuimos sus títeres.
-Tu personaje no era protagónico pero resultó muy querido y entrañable.
-Un papel muy lindo, lo recuerdo con mucho cariño. La escena con la Picchio es maravillosa, y la escena con los recuerdos de la madre muerta en el desván con Héctor Alterio, son dos escenas muy lindas.
-Vas a Mar del Plata donde se almacenan excelentes momentos de tu trabajo...
-Tengo el recuerdo más bello, que es cuando estrené "Soles". Lo hice aquí en Capital y después lo monté para hacerlo todos los días en el teatro Diagonal; estuve todo el verano, día tras día con los dedos quebrados, enyesada la mano, y seguíamos con infinidad de público en cada función. Fue algo bellísimo.
Lo musical
-Después de un fuerte problema de salud, volviste con un show de cumpleaños, que, para variar, tuvo alguna sorpresa en el audio. ¿Siempre emociones fuertes, no?
-Sí, como las que pasé en el comienzo, no te puedo contar, pero bueno, en esto hay que sobreponerse, la vida es una carrera de obstáculos y siempre te ponen el palito un poquito más arriba, tenés que saltar cada vez más alto. La vida creo que es eso. Este show fue muy lindo, casi como una carrera de obstáculos pero pudimos llegar felices todos.
-¿Este concierto marca tu retorno a la música?
-En Capital, pero en la provincia estuve haciendo conciertos. Ahora voy a Santa Fe, por ejemplo. Lo que pasa es que no trasciende pero estoy haciendo conciertos.
-¿En lo discográfico tenés algo preparado en carpeta?
-No, eso no, no tengo ni el proyecto ni las ganas ni canciones compuestas, ni nada. Creo que no habrá más discos.
-¿Qué cosa te llama la atención de tu carrera sobre los nuevos espectadores?
-Bueno, me sorprendió mucho cuando fui a ver a Leo García que con su público de quince años cante mis canciones con arreglos nuevos. Me sorprendió muchísimo, sobre todo cuando Leo me dijo que Spinetta y yo éramos sus referentes, dije "¿qué está diciendo?". Sé que viene incluyendo temas míos en sus shows y ahora va a grabar alguno... una cosa así me alucina.
Cuando veo que chicos muy jovencitos saben mis canciones, como la primera que compuse, "Estado de ánimo" es en verdad emocionante y muy fuerte.
-¿Cómo viviste el reencuentro con la TV en este miniretorno de "Piel Naranja"?
-Muy contenta por reencontrarme con Alberto (Migré), con sus temas, sus libros y sus historias, que siempre me apasionan.
Pero poco feliz por cómo se trabaja hoy en día, y no lo digo por la gente con la que trabajé sino por el estilo y la forma que tiene la tevé actual, o será que yo no estoy muy acostumbrada a trabajar así, es todo como muy frío, muy distante de la emoción, muy mecánico y cortado, no te da tiempo a meterte en nada.
Tengo 32 años, no tengo hijos y estoy sola
LAS CONFESIONES DE MARILINA ROSS:
"TENGO 32 AÑOS, NO TENGO HIJOS Y ESTOY SOLA"
El título lo dice todo: ésta es una confesión fervorosa, la radiografía íntima de una mujer. Esa mujer tuvo, en 1975, muchísimos éxitos profesionales. Aquí no habla de eso. Habla de su vida, de sus 32 años. Un balance apasionado y lúcido a la vez. Una mirada comprometida hacia adentro.
Fotos: EDUARDO FRÍAS
- Una mujer de 32 años, plantada ante sí misma y ante los otros, ¿Cuál es el resultado de ese "enfrentamiento"?
- Los 30 años son, sin duda, una fecha clave. No para mí, en particular, sino para todo el mundo. Entonces, es común hacer un balance. Pesar lo que se quería y no se logró, lo que se tiene y no interesa, los 20 años que se fueron. Y eso produce una crisis, ya que no es posible no "darse por enterada" de que muchas cosas cambiaron.
- Hablame de esos cambios.
- A los 30, fundamentalmente, empecé a ser en todo yo misma. A los 20, estaba sometida a "lo que se debe hacer": mi familia esperaba que yo fuera una "nena perfecta", una niñita modelo. Entonces yo no tenía conciencia de las limitaciones que significaban esas exigencias; simplemente, las sufría. Después, bastante después, empecé a conocerme y aprendí que lo más importante no es hacer lo que todos dicen que se debe sino lo que a uno le hace bien.
- "Busqué la foto del bebé, mi nombre de mamá/ ampliada y a color quedó sin revelar", decías en "Fotos mías". ¿Por qué no está ese hijo, que parece ser tu mayor carencia?
- No sé... No existe ninguna dificultad física grave..., pero no está... Y yo siento la imperiosa necesidad de tenerlo. Podría decirte que porque es el mayor hecho creativo que uno puede realizar, pero más simplemente prefiero decirte que porque tengo muchas ganas de que esté conmigo. Sí, tenés razón, un hijo me obligaría a reorganizar mi vida. Pero puedo y quiero hacerlo.
- ¿Qué le darías a ese hijo?
- Fundamentalmente, armas para que pueda ser él mismo; para que sea capaz de elegir y para que, una vez que lo haya hecho, sepa respetar su elección. Es decir, para que luche para ser lo que quiera. En una palabra, trataría de darle libertad.
- El amor, la pareja, tus fracasos... "Dónde está mi príncipe, mamá/ Quiero que me venga a despertar...", has escrito...
- En esa canción, referida al "príncipe azul", ese de los cuentos, de las fotonovelas y de la televisión, quería mostrar que "el gran amor", ese con mayúscula, único y perfecto del que te hablan desde chica, no existe. El amor es algo más normal, más cotidiano y más difícil. Además, no hay "un" amor válido para todos. Cada uno encuentra una forma de amor... ¿Equivocarse? Es lo natural, lo real. Mis fracasos no me traumatizan porque he tomado conciencia, precisamente, de que aquel modelo ideal de amor es falso, irreal.
- Tu explicación es muy coherente. Pero supongo que en el momento en que el fracaso se da te duele, y empezás a preguntarte si no sos vos la responsable...
- Claro que me duele, pero en cuanto a las responsabilidades, generalmente, son "fifty- fifty". Yo sé que tengo fallas, pero quiero un hombre que me acepte tal cual soy, con todos mis defectos y con todos mis errores.
- En suma, no querés "inventar" otra Marilina, perfecta y encantadora, para gustar a un hombre, para seducirlo...
- ¡No, ni hablar! Yo no entro en eso de las trampas para gustar... Esas trampas suelen darse en una relación tradicional, en la que el hombre es que el lleva el dinero a casa y espera que su mujer sea tal como él quiere, porque eso forma parte de las reglas del juego. Yo trabajo y me mantengo, y esa independencia económica es el punto de partida de todo.
- ¿Eso es una ventaja o una dificultad para formar pareja?
- Y, en el fondo, yo creo que al hombre le cuesta bastante desprenderse del rol que desempeñó durante siglos...
- Y, en tu caso particular, puede sumarse a eso el problema de la lucha por el éxito, de la competencia...

- Mi objetivo es hacer trabajos en los que ambos coincidan, "La Raulito" es el que más quiero porque logra exactamente mi propósito: reflejar la realidad y comunicarme con todo tipo de público.
- ¿El teleteatro que hiciste entra dentro de esos objetivos?
- Mirá, yo tenía muchos prejuicios con respecto al teleteatro, pero ahora entiendo que la gente que trabaja y sufre bastante todos los días tiene derecho a distraerse. A mí el teleteatro me ha dado amor, el amor de mucha gente que me escribe, me llama... Yo creo que todos los prejuicios que existen con respecto a él se deben a quienes están molestos porque no pueden lograr una repercusión similar.
- En TV hiciste un espectacular en el que te mostraste vos, Marilina, sin personaje, cantando tus problemas, tus dudas, tus fracasos, asumiendo públicamente tu edad, tu madurez... ¿A qué necesidad respondió ese balance?
- A los 20 años uno tiene la vida por delante y mira sólo al futuro. A los 30, uno mira para adelante, pero también para atrás, y quizás por eso decidí juntar mis canciones que son, fundamentalmente, mis "estados de ánimo". En esa visión retrospectiva no me arrepiento de nada, porque lo que hice me llevó a ser la que ahora soy... Tal vez me gustaría volver a tener 20 años, pero con la experiencia de ahora.
- ¿Cómo ves la vejez?
- No la veo en sí misma sino como proximidad de la muerte y eso me angustia. Por eso trato de vivir intensamente cada momento...
- ¿Te asusta la decadencia física?
- Sí. Pero no creo que sea demasiado grave. Me importan más los valores interiores. Lo de afuera podés cambiarlo, mentir. Lo de adentro, no. Nunca me importó demasiado mi físico. A lo mejor porque nunca aparenté la edad que tenía...
- Es cierto, durante mucho tiempo se te identificó con "la nena", y tal vez a vos te gustaba que así fuera. Por eso llevabas siempre el pelo muy largo y vestías estilo adolescente.
- La hipocresía; el que quiera mostrarse como no es realmente, el que no tenga coraje para vivir a fondo. Me gusta que sea un poquito inconsciente, que no razone demasiado, que viva hoy y aquí, que no trate de modificarme.
- Quizá el estar tan poco dispuesta a hacer concesiones te dificulte la convivencia...
- Es posible, pero ya probé cambiar, ser menos exigente y no me sirvió. No quiero renunciar a mis necesidades por temor a quedarme sola, no quiero aceptar por comodidad lo menos malo, no quiero renunciar a mi individualidad. Quiero que cada uno en la pareja sea dueño de su vida. Mirá, esto se lo había escrito a Jorge: "Casi sin querer se olvida, casi sin querer se pierde. Casi sin querer se va el amor. Por eso te estoy queriendo casi sin querer. Jurarte eterno amor... no sé".
- ¿Cómo vivís tu soledad actual, como un fracaso?
- No, como un momento real por el que tengo que pasar. Siento que ahora necesito estar sola.
Sí, está sola. Definitivamente mujer, nunca más "nena", con algunas canas cruzando su pelo revuelto, con algunos surcos marcando su cara, con un poco de cansancio en la mirada. Está sola. Pero no se la ve desprotegida ni temerosa. Espera. Un amor (no "el gran amor"), un hijo. Sin dramatismos ni literaturas. Y mientras tanto vive, hoy y ahora, intensamente, sin mirar demasiado hacia atrás, sin aguardar demasiado del mañana. Vive y espera. Siendo ella misma. Sin trampas ni concesiones. Deseando que la quieran, simplemente, así, como es.
Muchas Gracias Silvina por tipear esta nota
¡Meta vivir nomás!
MARILINA ROSS: ¡META VIVIR NOMÁS!
Desde sus primerizos y triviales papeles televisivos hasta sus más recientes actuaciones, esa evolución modifica definitivamente su imagen de adolescente ingenua. Un camino que ahora, a los 32 años, la actriz rememora con Siete Días en un prolongado, sincero diálogo: aquí afloran sus opiniones sobre cine, televisión, política, feminismo y matrimonio.
La escalera desemboca en un amplio living, mezcla de biblioteca y sala de música. En un rincón dos guitarras más, un órgano eléctrico, un grabador, varias maracas y un par de castañuelas. En un mueble de madera están las obras completas de García Lorca, un Quijote encuadernado en cuero, varios ensayos sobre el oficio del actor, un ejemplar de El Don apacible con sus páginas plegadas sin guillotinar. "No soy muy lectora -se disculpó Marilina al comenzar el reportaje-; prefiero aprender escuchando, viendo, tocando. Las palabras limitan, no me alcanzan. Creo que se utilizan como defensa y a veces dificultan la verdadera comunicación".
Entre un libro de Ray Bradbury y El varón domado hay un yo-yo de plástico con su hilo roto. "Me lo regaló la verdadera Raulito -dijo-. Lo hizo para mi cumpleaños y me explicó que no pudo salir a la calle para comprarme algo mejor. Claro, ella está presa". Ese juguete, de algún modo, marcó los parámetros de la entrevista. Es que entre el presente y el pasado de la actriz media un largo trayecto, contradictorio y fecundo: el que va desde sus populares pero triviales actuaciones en cine y televisión -como Hotel alojamiento o el programa La nena- a costosas realizaciones personales, íntimas.
Marilina aceptó el juego. Habló de su personalidad y señaló cómo la fue desarrollando hasta convertirse, hoy, en una mujer totalmente distinta. Lo que sigue son sus respuestas textuales a un interrogatorio que no evitó, incluso, el tránsito por zonas difíciles: "Yo era bastante sectaria y si alguien no estaba de acuerdo con lo que pensaba, me negaba a dirigirle la palabra".
PRIMERO YO
Marilina toma el yo-yo y por momentos se queda pensativa, como si aún estuviera dentro de la Cárcel de Mujeres a la que, el día anterior al encuentro con la revista, concurrió a visitar a María Esther Duffau, la verdadera Raulito (entrevistada por Siete Días, ver número 396). "Estuvimos con Piero y Daniel Toro, cantando para las reclusas. Aprovechamos para festejar el cumpleaños de esa mujer que, aunque encerrada, tiene una libertad interior digna de admiración".
-¿La película puede ayudarle en algo a María Esther Duffau?
- Es posible que a raíz de ella, de que tanta gente haya visto La Raulito, se logre algún tipo de solución para este caso. Eso sería lo más gratificante que me pueda pasar en la vida. Demostraría que una película no sirve solamente para entretener, divertir o hacer llorar a la gente. Creo que si se consigue algo, sería fantástico, el premio más grande que yo pueda tener por mi trabajo en ese film.
-¿Te referís a la libertad de esa mujer?
-Sí. Ayer me dijeron que el juez está por pedir un indulto para ella.
-¿Sería entonces la primera vez que una película obtiene la excarcelación de una persona?
-No lo digamos, todavía. De ser así, sería histórico.
-¿Y María Esther lo sabe? ¿Vio la película?
-Estuve hablando mucho con ella. Y le pregunté a dónde iría en caso de ser liberada. Me dijo que no sabía muy bien qué hacer, pero que no veía mal la idea de radicarse en Claypole, un lugar de la provincia de Buenos Aires con pájaros, sol, árboles y mucho espacio para jugar al fútbol, su pasión. Ella vio la película en el cine Callao. Fue acompañada por el director de la Cárcel de Mujeres. Después me escribió una cartita muy tierna, muy humana. Entre muchas cosas lindísimas, me dice que ella piensa que la sociedad necesitaba una película así. Y la llama su película. Lo cual es rigurosamente cierto.
Marilina Ross no oculta -en su manera de hablar, en sus gestos, tampoco en su mirada vivaz y expresiva- que es una chica de barrio, muy porteña. "Nací en Liniers y mis viejos fueron los que me empujaron a esta profesión".
-Nada que ver con nada. Mi papá era mozo de una confitería; mi mamá, mamá. Ellos me inscribieron en el Teatro Infantil Labardén cuando tenía ocho años.
-¿Cómo fue ese empujón? ¿Vos querías aprender teatro?
-Bueno... la nena era graciosa. Participaba en fiestitas, recitaba versitos y bailaba en puntas de pie.
-¿La nena quería eso?
- Y... a la nena eso la divertía mucho. Recuerdo que a la vuelta de casa vivía un pintor que tenía títeres y un tingladito. Yo me pasaba allí todas las tardes, haciendo teatro, improvisando. Pero fue antes del Labardén, cuando tenía tres o cuatro años. Desde entonces me gustó más eso que el estudio.
-¿El Labardén te ocupaba mucho tiempo, y por eso dejaste de estudiar?
-Sí. El Labardén me ocupaba toda la tarde. Cuando llegué a sexto grado, elegí no seguir estudiando. No lo lamenté nunca.
-¿No te perjudicó esa decisión?
-De ninguna manera. En realidad, desde que nací estuve haciendo buena letra. Me vi obligada a ser la primera en todo. Y me mantuve en esa tendencia, seguí sometida a ella hasta que decidí psicoanalizarme.
EL TELEVISOR Y OTRAS CUESTIONES
Marilina hace un brevísimo inventario de su trabajo. "Filmé un montón de películas, entre ellas El televisor, Primero yo, El ojo de la cerradura, Las pirañas y ¡Ufa con el sexo!, que no se llegó a estrenar. También actué en un espectáculo de café-concert, uno de los primeros que se hicieron en Buenos Aires. Estaba basado en una obra de Anton Chéjov. Después hice Solita y sola, un espectáculo donde se mezclaban el teatro, el circo y la pantomima. Y también, claro, La nena, un teleteatro que fue todo un éxito".
Quizás el recuerdo de Solita y sola despierta en ella la necesidad de tomar la guitarra. Con voz tierna, susurrante -ignorando la presencia de los periodistas y el ronroneo del grabador-, hilvana los versos de una canción inédita, que compuso para el actor Jorge Martínez, su compañero. Mientras afinaba la guitarra alcanzó a decir que "estas estrofas explican mejor que mil palabras mi opinión sobre cómo debe ser una pareja”. La letra, al pasar, aporta otras claves de su vida: "Casi sin querer, nací. Casi sin querer crecí... Me gustó tu risa fresca, niño grandulón... Casi sin querer me enamoré... Casi sin querer se olvida. Casi sin querer se pierde... Tal vez algún día nos sorprenda la vejez, muy juntos, casi sin querer".
-¿Cómo es tu relación con Jorge?
-Él es un tipo simple, sano, directo y honesto. Que no pretende ser más de lo que es. Que es muy cariñoso. Que me ofrece seguridad, pero seguridad afectiva.
-¿Se conocen desde La Raulito?
-No, desde un poco antes.
-¿Te modificó Jorge?
-No. Me modifiqué yo. Me abrí, me propuse vivir una nueva forma de pareja.
-¿En qué consiste eso?
-En vivir aquí y ahora. En no hacer planes a largo alcance; en decidir y hacer todo de acuerdo al momento. En conquistar la libertad de elegir cotidianamente. Yo sé que esto es muy difícil, pero a ambos, estamos seguros, nos sirve. Por ejemplo, puede ocurrir que un domingo, mi día libre, Jorge elija ir a la cancha, solo. Y yo lo entiendo. Esa es una forma de ser libre: no dejar de hacer cosas por el otro.
Pero esa libertad no se expresa solamente en el plano afectivo. Marilina da otro ejemplo, explica algo que para muchos marca una contradicción: su intervención en Piel naranja, el hecho de que hubiera aceptado trabajar para Alberto Migré, un autor a quien en otros tiempos, se negara siquiera a leer.
-¿Hacés Piel naranja por sus posibilidades económicas?
-No, y si quieren lo aclaro.
-Bueno...
-En esta profesión se necesita tener éxitos, estar arriba. Porque si no te convertís en nadie, y nadie te contrata. Y Migré es el hacedor de éxitos. Pero ésa no es la única causa. Yo tenía muchas ganas de hacer un trabajo en el cual me viera mucha gente.
-¿Vos qué rescatás de Piel Naranja?
-Debe tener algún valor porque no es casual que la vea tanta gente.
-¿Estás diciendo que el rating es índice de calidad artística?
-De calidad artística, no. Pero hay algo que quiero saber qué es.
-¿No lo averiguaste todavía?
- Creo que sí. Creo que Migré da en este momento lo que la gente necesita ver. Si no la gente pondría otro canal o se iría al cine, porque tiene posibilidades de elegir. Quizás el público está en un proceso distinto del mío, pero pienso que hay que saber acompañarlo. Creo que la gente, sola y por sus propios medios, está en condiciones de crecer. Al pueblo no hay que acercarse como maestro, no hay que enseñarle nada. Yo no quisiera terminar como un genio, encerrada en un sótano con diez intelectuales inteligentísimos mirando a Europa. Necesito hacer Piel naranja para comunicarme, para ponerme en contacto con los espectadores. Pero, cuidado: también hago La Raulito. En ese aspecto estoy convencida de que no podría haber trabajado en esa película si antes no hubiera hecho La nena o Cosa juzgada, en televisión.
-¿Cómo sentís el oficio del actor? ¿Cómo asumís esa contradicción?
Vital y enérgica pero a la vez libre y cariñosa, la protagonista de La Raulito reconoce vivir la mejor etapa de su vida: “Sólo me falta tener un hijo”.-Él me había llamado muchas veces para que interpretara algunos papeles en sus teleteatros. Y yo siempre me negaba porque, lo digo sinceramente, no sabía valorarlo. Por eso les dije antes que era bastante sectaria. Con el tiempo descubrí que esa postura mía era falsa. Así como yo aprendí a ver mis cosas buenas y malas, en los demás percibo lo mismo. Ahora la gente trato de aceptarla tal cual es. Con Migré me pasaba eso, hasta que lo conocí. Nos sentamos en un café y hablamos durante horas. Es decir, nos conocimos. Migré me explicó que escribe para el actor o la actriz que trabaja con él. Al margen de eso nos comunicamos. Y percibí que Migré pone mucho amor en las cosas que elabora. Y ése es el secreto de su éxito.
-Puede ser. Pero también tiene oficio, es un profesional.
-No, no es solamente oficio. No es el autor que se sienta frente a una máquina de escribir y llena carillas para ganar plata, como hacen otros. Él pone su vida en eso. Y si necesita desarrollar una escena con sillones y el canal no los tiene, los compra él. Por ejemplo, pagó de su bolsillo la publicidad de Piel naranja en Paraguay.
-Sí, porque puede.
-De acuerdo, pero también podría optar por no hacerlo, quedarse con ese dinero. Hay quienes pueden y no lo hacen.
LETRA POR LETRA, EL ABECEDARIO
Sus cambios, las actitudes frente a los grandes temas de la vida, no solamente se circunscribieron a cuestiones profesionales y afectivas. Cuando se le advirtió que en su biblioteca tenía numerosos libros sobre la condición de la mujer y que tanto en Solita y sola como en La Raulito había declamado que "la mujer era más oprimida que el varón oprimido” o que “la mujer es el proletariado del proletariado”, Marilina aceptó explicar mejor sus credos, sus puntos de vista sobre aspectos sociales y políticos, incluyendo su visión retrospectiva sobre su participación en el famoso charter que trajo de regreso al general Juan Perón al país en noviembre de 1972.
-¿Sos feminista?
-No fui representando a ningún sector en especial porque no soy ni política ni militante activa. Creo no equivocarme si digo que fui con intenciones de representar al pueblo. Pero no formalmente. Para adentro me sentía asumiendo esa representatividad. Pero eso era una cuestión personal.
-¿Qué pensás del momento actual?
-Sigo siendo peronista porque admiro al general Perón. Leo sus cosas, sus escritos antiguos, inclusive. Leo Cultura y Pueblo y lo considero una maravilla. Desde afuera me piden definiciones, que me inscriba en tal o cual sector. Yo no me siento ubicada en ninguno en especial. En ese sentido, estoy donde se instala el pueblo. Y el pueblo, las mayorías, no se inscriben en ningún sector en particular. El peronismo no es un partido político sino un movimiento nacional.
-¿Qué opinás de los partidos políticos?
-Estoy, obviamente, a favor. Siempre y cuando sean verdaderamente representativos. Pero si en vez de ser tres o cuatro son 18 mil estoy decididamente en contra. Porque así no se ayuda al país. Creo que los argentinos tenemos que juntarnos y aunar esfuerzos.
La actriz habla con franqueza y no elude referirse a lo que ella considera el mal del momento: la atomización, la sectarización. Aunque advierte que no es amante de las definiciones tajantes: "Pregúntenme cómo estoy y qué me pasa. No me pidan opiniones concretas", dice. A pesar de ello y respecto a su posición política del país, apeló a una parábola: "En este momento tan confuso, todo está tan dividido que si uno no es A, tiene que ser B. No se puede ser AB, tampoco A más B. Esto es lo terrible que nos está pasando. Y yo soy ABCDJH... hasta la Z".
Marilina no oculta que está pasando uno de los mejores momentos de su vida. "Hice la película que siempre quise hacer; tengo una buena pareja, estoy enamorada y trabajo en un programa exitoso".
-¿Tu preocupación por el país no empaña un poco esa felicidad?

-Yo creo que el actor es un obrero especializado, como ya dije. Pero a mí, a veces, se me mezclan los roles. Creo que es inevitable. Cuando hice La Raulito asumí ese personaje en mi casa, con mi mamá, con mis amigos y con la gente de la calle. En mi caso siempre el personaje le gana a la actriz. Y termina invadida por él. Eso me pasó con La Raulito y también en otros papeles. Aunque, por ahora, la señora Clarita (en Piel naranja) no me invadió.
-¿Hay momentos en que te sentís "solita y sola"?
-Sí, muchos. Pero no puedo dedicarme a la soledad porque me muero. Yo viví grandes soledades. Y hubo instantes en que necesité tocar fondo. Y en esos momentos no pude hacer nada como actriz.
-¿Es en esos momentos cuando escribís canciones?
-Cuando me pasa algo, cuando siento cosas, agarro la guitarra y le meto a la música. A veces, a partir de la melodía, nace una canción. Otras, es al revés. Estoy por sacar un disco con media docena de canciones.
-¿Qué buscás con ellas?
La pregunta queda flotando. Como respuesta, Marilina se acerca a su grabador y lo hace funcionar. El living se llena con su voz. Una tras otra las letras explican los diversos estados de ánimo que la inspiraron. Hay una canción para cada uno de ellos, aunque todas tienen un ingrediente común: la ternura, el mundo, la esperanza. "Creo en el hombre -dice-; quiero que el cielo sea la Tierra, la Tierra en su mejor forma. Creo que Dios está en todos. Quiero querer. La música es una de las cosas que más amo. Busco el canto porque las palabras solas, a veces, no alcanzan.”
Pero Marilina Ross -o mejor dicho, María Celina Parrondo-, busca otras cosas. Al final de la charla, mientras los periodistas abandonaban su living y miraban por última vez la pequeña galería de fotos donde ella saca la lengua, llora, ríe y hace muecas, la actriz, a modo de despedida, confesó: "Solamente me falta tener un hijo".
Entonces, cuando sus visitantes se iban y esperaban el ascensor, pudo escucharse esta canción:
Te estoy esperando,
no demores mucho,
porque hay tantas cosas
que hacer, en el mundo
...........
Yo sé que te esperan dolores y penas,
que vivir es duro y se es feliz apenas.
Pero con tu ayuda y la de otros más,
haremos que al fin se pueda respirar.
Despierte mi niño, despierte mi sol,













