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La entrevista de Playboy: Marilina Ross

Marzo de 1994 – Revista Playboy, N° 90, Año IX

LA ENTREVISTA DE PLAYBOY: MARILINA ROSS

Una profunda charla, sin desperdicio, con la actriz y cantante sobre sexo, política, su pasado, su presente y aquel gordito de gafas que fue a cambiarse los lentes.


"Dicen que el amor de pareja es posible, pero... yo no estoy tan segura. Lo difícil, creo, es la convivencia. Es la tumba del amor. Y siempre lo supe y siempre postulé la no convivencia y siempre terminé conviviendo. Y ahí es donde yo hago macanas. No sé poner límites..."


Por: CRISTINA CASTELLO

Todo lo que usted quería saber sobre... y no se animaba a preguntar, es el sueño de todo entrevistador que se precie. Pero casi nunca se consiguen resultados. Sólo aproximaciones. Porque, aunque se hagan las preguntas, no suele haber respuestas. No sabe-no contesta, es lo habitual. Sobre todo en los temas más íntimos. O más conflictivos.

No es éste el caso. Acá encontrará usted todo lo que quería saber sobreMarilina Ross o –en realidad- sobre María Celina Parrondo. Erguida sobre sus flamantes cincuenta y uno –aunque para algún nostálgico siga siendo La nena- no tuvo pelos en la lengua. Pero la vida acostumbra dar con una mano y quitar con la otra. Entonces, para estos resultados, hubo que evitar las preguntas de rigor.

¿Cuáles? Esas que hubieran dado como resultado que nació en Liniers, que fue la única hija mujer de un matrimonio que se llevaba como la mayoría de los matrimonios. Y que ella sufrió aquellas diferencias. Que empezó a hacer teatro a los ocho años, tarea ésta que fue intensa entre 1960 y 1976. Que de aquel tiempo recuerda obras como: Lucy Crown,Ah, Soledad, Tartufo y El rehén. Que, paralelamente, hizo tele:Yo soy porteño, La nena –ya estaba dicho- Cosa Juzgada y Piel naranja. Que participó en quince películas, entre ellas La tregua,Piedra libre y, claro, La Raulito. Que en el ’76 –represión obliga- tuvo que exiliarse en España. Y que a su regreso, en el ’80, dijo eldesde ahora y para siempre que ya no le dice al amor. Se lo dijo a la música. Con la cual tenía un romance añejo, cuya primera expresión pública fue el álbum Estados de ánimo (1974). Las preguntas convencionales la hubieran hecho contar, otra vez más y van... “sus shows” y discos posteriores. Soles, A mis queridos seres, Sobre un mar de miedos, Cruzando las grandes aguas, Mis hijos naturales, Conectándome, Latiendo y –el último- De amor y de locuras. Y, particularmente, aquel tema, que ella incluye en todos sus recitales: Puerto Pollensa.

¿Qué respuestas le dio a los otros interrogantes? A usted no le resultará fatigoso saberlo. Porque son contundentes y comprometidas. Y pobladas de humor. Como Marilina, sentada para esta entrevista en su casa de Palermo Viejo, pucho tras pucho y mate en mano.

Nuestra periodista Cristina Castello se llevó dos horas de grabación. Y unas cuantas reflexiones. Al grano.

Marilina le pareció una militante fervorosa, cuando se trata de defender la vida. La contracara de lo light y de lo soft tan de moda. De esa especie de monstruo que decreta: no sientas, no vibres, no ames, no te comprometas. Y consideró gratamente curioso cierto que recorte que hizo la entrevistada, de sus recuerdos. Por ejemplo, cuando de una actuación en Nueva York –luces, cámara, fama, todo eso...- ella rescató su encuentro con otros latinoamericanos. El intercambio humano.

Pero la idea más fuerte que se llevó nuestra cronista fue una. Que hubo preguntas que Marilina contestó por consideración hacia su trabajo. Pero que, en realidad, hubiera preferido obviar. Como la primera.


Playboy: -¿Qué es el erotismo?

Marilina: -No sé, yo parto del amor. Y ahí, todo es válido.

Playboy: -¿El amor? Parece una utopía en estos tiempos.

Marilina: -Pero existe la utopía y existe el amor.

Playboy: -Los pragmáticos la llamarían loca.

Marilina: -Entonces no tienen vida. No son seres humanos. O están locos ... ellos.

Playboy: -¿Qué es la locura?

Marilina: -Por un lado es toda esta crisis, de andar corriendo detrás de lo material. Es esto de los pragmáticos, como ironiza usted. Pero, por otro, es lo lindo, lo creativo, la balada para un loco, los sentimientos, John Lennon y...

Playboy: -¿John Lennon?

Marilina: -Sí... (sonríe y toma un block que tiene a un costado). Mire lo último que “le” escribí: “No sos el único en imaginar un planeta sin fronteras/ sin religiones que nos separen/ sin un motivo para matar o morir/ somos cada vez más los que...”.

Playboy: -¿Las personas del Ejército Zapatista, en México, tienen “un motivo para matar o morir”?

Marilina: -Claro que sí. Absolutamente. ¿Cómo que no? Tienen todos los motivos para matar o morir. El hambre, la injusticia... ¿le parece poco? Y el maltrato que sufren desde chicos. Si quiere, hablamos de política.

Playboy: -Enseguida. Chicos, decía, ¿Usted nació con flequillo?

Marilina: -Nací... nací... creo. No nací con flequillo, pero enseguida creció.

Playboy: -¿Y en aquella infancia suya con flequillo, era feliz?

Marilina: -No... había muchos conflictos familiares, pero... yo trataba de esconderme en los rincones. Y era feliz en el Albarden, en el teatro infantil. Donde yo podía jugar, y volar, y aprender, y estudiar.


"HICE EL AMOR EN UNA MOTO... ANDANDO ¡Y A 80! YA NO ERA TAN JOVEN... NO HACE TANTO. Y TAMBIÉN ¡EN UN AVIÓN...! Y EN UN COLECTIVO... ¡RODEADA DE GENTE!"


Playboy: -¿Cómo volaba entonces?

Marilina: -Bueno... llegué a volar en un trapecio, en el Teatro Colón. Fue para uno de los festivales de fin de curso, donde me tocó hacer de trapecista y de actriz. En el balanceo, llegaba hasta la mitad de la platea. Era un viaje de ida y vuelta y parecía que nunca terminaba.

Playboy: -También voló en Solita y sola...

Marilina: -Sí, fue cuando me separé del grupo Gente de Teatro. También puse un trapecio, pero me caí y me rompí el hombro. Es que hay vuelos y vuelos.

Playboy: -A veces, volar tiene sus riesgos. Pero usted insiste, parece...

Marilina: -No me resigno.

Playboy: -¿Resignar las alas es la muerte?

Marilina: -Y sí... yo quiero seguir volando, pero a veces no me dejan y no se puede, y no hay forma.

Playboy: -El vuelo es primo hermano de la imaginación. Y de los sueños. ¿Qué imaginaba y soñaba entonces?

Marilina: -Fue cuando empezaron mis instintos como actriz. Aquella puesta en marcha de la imaginación, de la música y de la danza –como un juego- era muy placentera. Sin embargo, no era una cosa que tuviera consciente, como objetivo. Más bien (ríe)... eran los deseos de mi mamá.

Playboy: -¿Queda lejos la infancia?

Marilina: -Lejísimo y muy borrada.

Playboy: -¿Se siente adulta entonces?

Marilina: -No, no, claro, en ese sentido no. Mi analista lleva años tratando de conseguirlo (se divierte), pero hay una parte mía que se resiste. Porque hay algo de asombro y de aprendizaje que no quiero perder. Pero si dije que queda lejos es porque de la infancia no me queda un recuerdo, sino recuerdos. Dolorosos o bellos, pero aislados.

Playboy: -¿Alguno, a flor de neurona o de alma?

Marilina: -Uno feo: cuando Aníbal, un vecinito mío, se apretó un dedo. En el momento lo asumí con fuerza, pero llegué a mi casa y sufrí el primer desmayo de mi vida. ¿Algo lindo? (piensa largamente) ¡Ya está…! Me gustaban las flores… en realidad me las comía. Tenía predilección por unas amarillas, chiquititas, que crecían en el césped de la plaza. Cuando venia la primavera (se pone pícara), para mí era un festín: todavía recuerdo el gustito a limón que tenían.

Playboy: -¡Se comía la naturaleza! ¿Qué le diría Nacha Guevara?

Marilina: -¡Bueno, pero yo no atentaba contra la ecología! Además, adhiero totalmente a la postura de Nacha en ese sentido.

Playboy: -El Presidente dice lo mismo.

Marilina: -¡¿Cómo?!

Playboy: -Claro, el mes pasado apareció en su programa Carlos Menem, grabado en exteriores, adhirió a la propuesta de Nacha y la felicitó por su programa. Ella se mostró honrada.

Marilina: -No lo vi.

Playboy: -¿Usted se sentiría honrada con Menem en una platea, o con su felicitación por un disco?

Marilina: -No… no… ¡¡¡no!!! De ninguna manera.

Playboy: -Pero usted era peronista.

Marilina: -Yo ni siquiera estaba afiliada. En realidad, era una entusiasta. Pero adhería a aquellas banderas… ¡pavada de banderas!: soberanía política, independencia económica y justicia social.

Playboy: -¿Y Menem es peronista?

Marilina: -No, Menem no es peronista. Nada peronista. Menem es un elemento más –uno más- que está cumpliendo un plan muy bien orquestado. Se basa en un cambio económico aparente y, en realidad, sólo tiene en cuenta los intereses de unos pocos.

Playboy: -¿Qué sentimiento le inspira el Presidente?

Marilina: -A mí… (largo silencio, pensativo)… ¡a mí me resulta… simpático! (ríe, a carcajada pura).

Playboy: -¿Simpático?

Marilina: -(Siguen las carcajadas) En realidad, eso viene de un cuento español. Porque cuando vivía Franco, todos decían que era divino y cuando se murió, empezaron a darle con un hacha. Entonces circulaba este chiste: “¿Qué querés que te diga?... A mí me caía simpático”.

"...como dice un cuento -creo que de Landrú- acá hay tres poderes: ejecutivo, ejecutivo y ejecutivo. Para decir que estamos en democracia, deberíamos ser un país independiente y -en cambio-, estamos entregados a los Estados Unidos. Entonces... ¡basta de ridiculeces!"

Playboy: -Franco y Menem. El chiste no parece inocente…

Marilina: -Y bueno, me da igual. No quiero atacar su figura, pero acá lo que importa es la causa. Este plan que viene de los acreedores externos y que es un calco para todos los países. Es lo mismo para Brasil, para Venezuela, para…

Playboy: -En otros países, como los que nombra, funciona –por lo menos- el mecanismo del juicio político. Acá no pudo hacerse siquiera el de Servini de Cubría.

Marilina: -Es cierto. En la Argentina no hay juridicidad. En Brasil, como usted dice, el Congreso decidió el juicio a Collor de Melo. Pero acá también el Parlamento está controlado por el gobierno y la Justicia brilla por su ausencia.

Playboy: -Convengamos, sin embargo, que desde el ’83 hasta ahora se hacen encuestas. Y se vota…

Marilina: -Sí, se vota. Eso es todo. Pero a mí me da risa cuando dicen que en el ’83 empezó la democracia. ¡Mentira! Sólo se retomó la costumbre de votar. Pero yo había votado antes.

Playboy: -¿A quién votó en el ’89?

Marilina: -(Con gesto de desesperación) A Carlos Menem… un vaso de agua por favor (ríe y ríe).

Playboy: -¿Qué es lo que menos le gustó desde diciembre del ’83 en adelante?

Marilina: -El indulto. Fue una de las cosas peores. Y no sólo porque no se llevaran adelante las condenas, sino porque consagró la impunidad.

Playboy: -¿Cómo armaría, ahora, un gabinete ideal?

Marilina: -No lo armaría… ni loca.

Playboy: -No habría democracia…

Marilina: -¿Y acaso hay democracia?

Playboy: -¿Y por qué no hay democracia?

Marilina: -Porque, como dice un cuento –creo que de Landrú- acá hay tres poderes: ejecutivo, ejecutivo y ejecutivo. Para decir que estamos en democracia, deberíamos ser un país independiente, y –en cambio- estamos entregados a los Estados Unidos. Entonces… ¡basta de ridiculeces, basta de mentira!

Playboy: -¿Será por su lenguaje jugado que usted está poco en los medios?

Marilina: -La verdad es que no estoy mucho en los medios por elección propia. Hablo cuando estoy por hacer un espectáculo, o cuando promociono un disco nuevo. O, simplemente, cuando tengo algo que decir. Si no, me callo.

Playboy: -Pero hay gente del espectáculo, o empresarios, o médicos, que son opinadotes profesionales, en televisión. Y a usted no se la ve…

Marilina: -Ah, no… es que yo no voy. Digo que no.

Playboy: -Antes no era así.

Marilina: -Antes hacía todas las notas… Ahora hago lo necesario, pero no quiero perder el tiempo; tampoco voy a las reuniones de la farándula: me aburren.

Playboy: -Otros, de la farándula, van. ¿Qué tiene usted de distinto?

Marilina: -Lo distinto es que yo lo digo, porque todos deben aburrirse soberanamente allí.

Playboy: -¿Van porque son masoquistas?

Marilina: -Van, como fui yo en su momento. Hay que estar, para que se hable, para salir en los medios, todo eso…

Playboy: -¿Será por tanto preservarse que algunos tienen una imagen congelada de usted?

Marilina: -Para nada. Yo soy lo anticongelante. Soy movimiento. Además, acá hay un error muy grande, que consiste en considerar que la gente que no está en los medios de comunicación, no existe. Yo existo, pero me niego a aparecer como opinadora, como usted dice.

Playboy: -En el charter que trajo a Perón, usted opinó, con su presencia.

Marilina: -Fui “gracias” a que, como le conté, me rompí el hombro, porque me caí del trapecio. No podía trabajar. Me pagué el pasaje y fui como representante de la cultura, por los jóvenes. En realidad, no me lo quería perder.

Playboy: -¿Lo vio por primera vez en el avión?

Marilina: -No, en el Gran Hotel, en Roma. Yo estaba con mi bracito enyesado, y entonces no pude darle la mano, y entonces, y entonces… ¡me dio un beso!

Playboy: -No es difícil imaginarla. Usted menuda, al lado de una figura física alta, imponente… ¿Le temblaban las piernas?

Marilina: -Me temblaba todo… ¡Me morí en ese mismo instante! ¡Me morí! Después, en el avión, ya no hablamos, porque él estaba en primera y yo en turista.

"MENEM NO ES PERONISTA. NADA PERONISTA. MENEM ES UN ELEMENTO MÁS -UNO MÁS- QUE ESTÁ CUMPLIENDO UN PLAN MUY BIEN ORQUESTADO. SÓLO TIENE EN CUENTA LOS INTERESES DE UNOS POCOS."

Playboy: -¿Cuál fue el sentimiento predominante en aquel viaje?

Marilina: -La responsabilidad… porque ¡íbamos a cuidarlo! Para que no le pasara nada.

Playboy: -Además de la adhesión emotiva, ¿había racionalidad en usted?

Marilina: -Mire… (ríe, con mucha frescura) la racionalidad es mi lado flaco. Yo no suelo pensar mucho las cosas. Actúo más por impulso y por sentimiento y –cuando el pensamiento llega- ya está. ¡ya hice la macana! Sin embargo, no fue el caso: estoy contenta de haber estado en semejante momento histórico.

Playboy: -Eso de andar a puro vivir, ¿no le deja después?

Marilina: -… moretones? ¿Eso dice… moretones? ¡Y claro que sí! Pero me he puesto compresas de agua fresca y con sal gruesa (se ríe).

Playboy: -Algunos que anduvieron, como usted, a puro vitalismo, creyeron descubrir en Perón cierto componente fascistoide. ¿Le pasó?

Marilina: -No, porque eso se decía desde antes: mi papá insistía en que Perón era fascista. Pero yo sabía que era el discurso de los opositores, entonces traté de conocer más su propuesta. Y allí coincidí: no en lo fascistoide, sino en las tantas cosas que hizo. En las leyes laborales, en la protección de la infancia, en el respeto a los ancianos. ¿Se da cuenta? ¡Y usted me pregunta si Menem es peronista!

Playboy: -Lo curioso es que, de la lectura atenta de todos los libros de Perón, se deduce que la palabra libertad, no era lo frecuente.

Marilina: -¿Y dónde hay libertad?

Playboy: -Perdón… ¿No quiere que le derriben los ídolos?

Marilina: -Bueno, pero… ¿dónde hay libertad? ¿Hay libertad en Chiapas? ¿Hay libertad en Santiago del Estero? ¿Hay libertad en el mundo… o dónde hay libertad?

Playboy: -En Punta del Este.

Marilina: (Se divierte) No, pero… en serio… ¿dónde hay libertad?

Playboy: -Su respuesta es peligrosa. Ni siquiera el respeto a la infancia, o a la vejez deberían justificar la más mínima censura. ¿No le parece?

Marilina: -Es cierto, pero la libertad nunca va a venir de afuera. La libertad es un hecho de adentro y cada uno tiene que ganársela.

Playboy: -¿Fue para proclamar libertad –la del cuerpo- que posó desnuda junto a su grupo de música, para Siete Días, en 1985?

Marilina: -No, aquello fue una producción que planteó la revista. No fue idea nuestra.

Playboy: -¿Sentía pudor o vergüenza?

Marilina: -Sentía frío, mucho frío. No tengo esos pudores, -pero de todos modos- estaba tapada por los aparatos (de música), y tenía mi mallita (se ríe).

Playboy: -¿Y ahora, cómo se lleva con su cuerpo?

Marilina: -Mmm… no lo cuido, ni le doy mucha importancia. Es la carrocería, es el envoltorio y cuando está sano todo está bien; pero cuando falla algo, tomo conciencia de lo poco que lo tengo en cuenta.

Playboy: -Tiene usted unos kilos de más. ¿Por qué?

Marilina: -Por… ¡por menopausia! Entonces tengo retención de líquidos, me hincho y me deshincho. Pero no hago nada, ni quiero tomar hormonas, porque traen muchas consecuencias.

Playboy: -Tenía miedo a los cuarenta. Ahora tiene cincuenta y uno. ¿Cómo es?

Marilina: -No sé… siento que estoy en una época de crisis. Como un antes y un después de esta edad. Estoy en el medio y siento cambios muy fuertes en todo aspecto. Pero no sé cómo es, no sé cómo contárselo: por el momento sólo estoy sufriendo.

Playboy: -¿Y cómo se lleva con el espejo?

Marilina: -Mire… sinceramente… en realidad, hace dos años se me vinieron veinte años encima. Para colmo, siempre representé diez menos y ahora llegaron todos juntos. Tenía que disfrazarme de mayor para que se notara mi verdadera edad y ahora… ahora parezco de cincuenta y uno.

Playboy: -A lo mejor si adelgazara…

Marilina: -¡¿Qué adelgazar?! Esto… (se señala el cuello)… ¡esto es papada! ¡Estoy mofletuda! no sé… no sé cómo se llama esto. Pero… ¡qué cosas me hace decir usted! Además, este es el cuerpo de una mujer de cincuenta y uno, y si alguien me quiere, me querrá como soy.

Playboy: -Pero el cuerpo es, también, un lugar para el placer.

Marilina: -Mire… yo –salvo la cirugía de nariz, que me hice a los 18 años- tengo la carrocería de fábrica. Pero, además… ¿Es que hace falta tener la colita parada y hacer músculos y pesas, para sentir placer?

¡¿Qué adelgazar?! Esto… (se señala el cuello)… ¡esto es papada! ¡Estoy mofletuda! no sé… no sé cómo se llama esto. Pero… ¡qué cosas me hace decir usted! Además, este es el cuerpo de una mujer de cincuenta y uno, y si alguien me quiere, me querrá como soy.

Playboy: -Placer, no sólo trabajo, dicen que unía al elenco de Cosa Juzgada

Marilina: -(Desconcertada) No entiendo.

Playboy: -¿Es cierto que eran afectos a encuentros sexuales, ménage á trois y esas cosas?

Marilina: -(Estalla en carcajadas) ¿Y cómo no me invitaron? ¿Y cómo me la perdí? ¿Cuándo fue, que no me enteré? ¡No! ¡Qué cosas dicen! Teníamos reuniones de trabajo, de proyectos y de evaluaciones y éramos muy amigos entre todos. Pero ahí… fiestas… ¡no!

Playboy: -Entonces usted estaba casada con Emilio Alfaro. ¿Casada?

Marilina: -Sí, y con papeles y todo. Por México, porque él tenía cinco matrimonios anteriores. Yo me dije: esto es interesante… este señor debe saber mucho.

Playboy: -¿Y sabía?

Marilina: -Sí, fue algo muy importante en mi vida y aprendí mucho con él. Crecí mucho. Pero quizá lo que faltó fue demostrarme el afecto… no sé. Pero, aún hoy, tenemos una relación de respeto mutuo y de saber que los dos estamos cuando nos necesitamos.

Playboy: -¿Aquel amor nació con estrellitas en los ojos?

Marilina: -No, no hubo un enamoramiento loco de entrada. Eso tiene más valor para mí: porque no enceguece.

Playboy: -¿Por qué se terminó?

Marilina: -Porque se agotó.

Playboy: -¿El primer amor había sido con un hombre casado, cuando usted tenía dieciocho años?

Marilina: -¡¿De dónde sabrá eso?! Bueno, pero no… no fue con el casado. Fue cuando yo tenía once o doce años, y con un chico del barrio que…

Playboy: -¿Aníbal, el que se apretó el dedito?

Marilina: -(Se ríe) No, era el de la bicicleta. Yo tocaba el timbre de su casa y él salía. Paseábamos en bicicleta y no cruzábamos ni una palabra.

Playboy: -Poético… el lenguaje del silencio.

Marilina: -Sí… y recién el año pasado hablamos. Lo invitaron al programa “Volver a vivir”, donde yo estaba … (se entusiasma) y yo le pregunté si entonces sabía que yo estaba enamorada de él. Y me dijo que sí. Y después me animé y seguí: “¿Y yo te gustaba?” “Sí –me contestó- por eso salía en la bicicleta.”

Playboy: -Confirmó que sus voces no le mentían, después de cuarenta años. ¿Cómo fue con el casado?

Marilina: -Fue inevitable. Era mayor que yo y todo era muy difícil, por la situación. Duró tres años, pero me cansé. Me cansé de sus ausencias.

Playboy: -¿Por qué se terminó?

Marilina: -Porque se agotó.

Playboy: -¿Sintió impotencia o bronca?

Marilina: -No… es difícil que sienta bronca. O que la muestre. Me vienen angustias, llanto, desolación. Sufro como una condenada, pero después vuelvo a enamorarme y vuelvo a caerme y vuelvo a levantarme.

Playboy: -En orden cronológico, el de la bici, el casado, Emilio Alfaro. ¿Y qué, con Jorge Martínez?

Marilina: -(Parece fastidiada) Bueno, no lo niego…

Playboy: - Parece que la relación no la satisfizo mucho.

Marilina: -(Silencio) No… sin embargo cubrió el aspecto afectivo, porque yo venía carente de lo de Emilio. Jorge era todo hacia fuera y eso me vino muy bien. Pero, claro… faltaba una comunicación espiritual, o intelectual, o hubo crecimientos distintos. De todos modos, tengo un lindo recuerdo de él.

Playboy: -¿Por qué se terminó?

Marilina: -Se agotó.

Playboy: -Desde ahora y para siempre, se llama un film. Nada es para siempre, otro. Usted elegirá el título de la última, ¿no?

Marilina: -¡Pero claro! Dicen que el amor de pareja es posible, pero… yo no estoy tan segura. Lo difícil, creo, es la convivencia. Es la tumba del amor. Y siempre lo supe y siempre postulé la no convivencia y, finalmente, terminé conviviendo. Y ahí es donde yo hago macanas. No sé poner los límites, me mezclo, genero dependencia y me hago dependiente… ¡no va!

Playboy: -Bueno, la magia de los grandes encuentros, sin cotidianeidad, también tienen sus riesgos.

Marilina: -¡Ah…! pero a eso no hay que sacarle el cuerpo. Bienvenidos los grandes encuentros. Gracias a ellos, uno se siente más plena, más creativa, más capaz de dar, más vital.

"ES MARAVILLOSO MORIRSE. EN UN MOMENTO YO ESTUVE MUY CERCA Y LA SENSACIÓN QUE ME QUEDÓ FUE DE UN SALTO EVOLUTIVO MUY GRANDE. EL ALIVIO DE ESTE CUERPO QUE UNO ARRASTRA..."

Playboy: -Todo lo otro, según dice, se agota. ¿Será que no encontró su semejanza, su misma vibración de locura, parecida intensidad, o alguien que opaque al resto del mundo?

Marilina: -(Silencio más que eterno) Sí, sí, sí. Pero también se agotó, aunque… claro… no creo que haya sido el alma gemela entonces. A lo mejor llegamos a un momento de ahogo, de no creer, de que las fantasías no sean fuertes, o de que uno se canse.

Playboy: -Una piedad indecible se esconde en el corazón del amor, escribió William Yeats. ¿A usted no le pasa en esos casos?

Marilina: -No, porque suelo llegar a situaciones así, con el ego estaba maltratado. Entonces se me agota la paciencia. Y entonces digo basta.

Playboy: -¿Cómo se llama la persona que le inspiró ese amor?

Marilina: -(Más de treinta segundos de silencio.) Preferiría no dar nombres.

Playboy: -¿Habló de los anteriores? ¿Por qué no de éste?

Marilina: -Está bien. Es Juan Pérez.

Playboy: -Muy informativo. ¿Qué locuras hizo por amor?

Marilina: -(Vuelve al silencio) No son cosas que pueda decirle (se ríe).

Playboy: -¿Tiene prejuicios?

Marilina: -No, pero incluyo a otras personas y, para hablar, tendría que tener autorización.

Playboy: -Bueno, diga los hechos, no las personas.

Marilina: -No… se darían cuenta.

Playboy: -¿Hizo el amor en un Fiat 600 o…?

Marilina: -¡En una moto… andando y a 80! Eso es loco.

Playboy: -¿Cuándo fue?

Marilina: -Ya no era tan joven, no hace tanto.

Playboy: -Eso de sentir el vértigo… el de la moto, digo.

Marilina: -(Ríe a carcajadas) ¿El de la moto? ¡El otro vértigo también!¡No es nada fácil! Y también en un avión… ¡y en un colectivo… rodeada de gente! Pero… mire usted las cosas que me hace decir.

Playboy: -Eso es lo loco. ¿Y lo jugado?

Marilina: -Ah, no… eso no. Me jugué la vida y no me privé de nada. Pero no quiero entrar en particularizaciones.

Playboy: -Usted tiene el nombre en la cabeza, pero los lectores no lo saben. No lo diga, pero cuente el hecho.

Marilina: -No puedo. Tengo sólo esa referencia.

Playboy: -¿Cuántas parejas tuvo?

Marilina: -Parejas… una, dos, tres, cuatro y… como media docena. Me refiero a los compromisos afectivos.

Playboy: -¿Qué importancia asigna usted al sexo?

Marilina: -Mire… me siento muy rara: nunca hablo de estas cosas. Pero… bueno, para mí es más importante una relación enriquecedora, espiritual, tierna y afectuosa, que el sexo en sí mismo. ¿Ve? No le soy útil para Playboy.

Playboy: -¿Siempre fue así?

Marilina: -Y ahora más… (se ríe) … mire, me agarra medio jugada. No imagino mi vejez con una persona, sino en comunidad y compartiendo cosas.

Playboy: -¿Siente una suerte de agotamiento de posibilidades, en cuanto a relación de pareja?

Marilina: -Eso… siempre siento eso. (Se ríe) Ya probé todo. No debo servir.

Playboy: -Pero… ¿no siente ganas?

Marilina: -Cuando tuve sed, fui al vaso de agua. Pero ahora ya no la tengo… ojalá volviera.

Playboy: -¿Está usted un poco escéptica con respecto a todo?

Marilina: -No, estoy escéptica con respecto a este momento de la humanidad. Con respecto al hombre viejo, que está muriendo. Pero, como contrapartida, estoy muy esperanzada en un ser humano nuevo que está naciendo.

Playboy: -Convengamos, sin embargo, que este “hombre viejo que se está muriendo” le está saliendo lo peor…

Marilina: -Sí, y viviremos todavía cosas más terribles. Porque este hombre viejo se muere pataleando, y sin querer perder todo el poder. Pero, a la vez, hay un bebé gateando.


"¿DROGAS? ALGO EN ESPAÑA, SÍ. FUMÉ MARIHUANA O HACHÍS Y PROBÉ COCA, PERO NO ME CREARON HÁBITO. AHORA MI DROGA ES ÉSTA (SEÑALA LOS CIGARRILLOS): FUMO MUCHÍSIMO."

Playboy: -¿Qué es lo viejo?

Marilina: -¿Lo viejo? Es este mundo, es esto que hemos hecho. Es esta corrupción, es toda esta hipocresía, es esta lucha por el poder que da el dinero, y son las armas. Y son tantos suicidios de adolescentes. Y tantos jóvenes bulímicos y anoréxicos. Me aterra. Sin futuro, sin un camino, sin una creencia, sin poder quererse, sin tenerse en cuenta.

Playboy: -¿Esto es crisis o decadencia?

Marilina: -Es decadencia. Y crisis también, porque crisis quiere decir cambio. Por suerte, en nuestro país se están dando movimientos del hombre nuevo.

Playboy: -¿Qué es el hombre nuevo?

Marilina: -Es algo que está dentro de nosotros. Y se ve muchísimo en los niños: ya vienen con códigos genéticos distintos. Será un cambio planetario.

Playboy: -¿Puede explicarse?

Marilina: -Creo que hay partes nuestras que tendrán que destruirse para que salga otra buena, que también está en nosotros.

Playboy: -¿Usted se imagina qué de bueno le puede salir a Videla, a Massera, o a Camps, por ejemplo?

Marilina: -Y... son grados evolutivos distintos. Yo tengo la creencia de que uno viene a esta vida, a esta reencarnación en la Tierra para evolucionar.

Playboy: -¿Puede aportar algo más, para que no se piense que usted está delirando?

Marilina: -Sí, creo que –tanto como los seres humanos- el planeta tiene un alma. Y que ahí, y a partir de esta crisis, se dará el cambio. Pero primero, insisto, tiene que morir el hombre viejo.

Playboy: -Usted murió en la ficción. En “Piel Naranja”, por ejemplo. ¿Cómo es morirse?

Marilina: -Mmmm... (se ríe). Disculpe, pero me acordé de una anécdota. Cuando volví al país en el ’80, iba en el coche y me paró un tipo del Ejército. “¡Ah... Marilina Ross! –me dijo-, pero... ¿a usted no la habían matado?” Yo... yo empecé a temblar. Pero el tipo agregó:“Claro... Don Joaquín”, y ahí comprendí que hablaba de Piel Naranja, con lo cual respiré un poquito-

Playboy: -¿Cómo es morirse? era la pregunta.

Marilina: -Es maravilloso morirse. En un momento yo estuve muy cerca y la sensación que me quedó fue de un salto evolutivo muy grande. El alivio de toda esta materia, de este peso, de este cuerpo que uno arrastra en esta vida.

Playboy: -¿Qué le pasó que estuvo cerca de morirse?

Marilina: -Desencarné.

Playboy: ¿Eso es voluntario o pasa no más?

Marilina: -No, es un susto, no sabía qué estaba pasando.

Playboy: -¿Cómo era la sensación?

Marilina: -Fue como un desmayo. Yo estaba arriba y, a la vez, me veía a mí misma abajo. Me daba mucho miedo porque no entendía nada.

Playboy: -¿Y qué Marilina tenía miedo, la de arriba o la de abajo?

Marilina: -Ninguna de las dos: el miedo vino después. Cuando dije... ¿qué pasó? ¿Qué fue esto? Y la sensación fue que estuve así en el límite entre la vida y la muerte. Pero sé que era más lindo allá... morirse.

Playboy: -¿A qué tiene miedo, ya que no a la muerte?

Marilina: -Tengo miedo a las muertes ajenas, a las de los seres queridos. Desde mi egoísmo más profundo, tengo horror a las ausencias.

Playboy: -¿Cómo se vence el miedo?

Marilina: -Enfrentándolo, enfrentándolo hasta que se salga de la sábana... ¡como un fantasma que es!

Playboy: -¿Cuáles son sus fantasmas cotidianos?

Marilina: -Ninguno. Me levanto tarde, me acuesto cuando amanece y me despierto al mediodía. Duermo ocho horas, pero en horarios distintos de la mayoría. Como cuando tengo hambre, y no soy metódica, ni planifico.

Playboy: -Como venga la vida.

Marilina: -Como venga la vida.

Playboy: -Vida sana. ¿Tomó drogas alguna vez?

Marilina: -Algo en España, sí. Fumé marihuana o hachís y probé coca, pero no me crearon hábito. Ahora mi droga es ésta (señala los cigarrillos): fumo muchísimo.

Playboy: -¿Usted tiene más amigos hombres o mujeres?

Marilina: -Mujeres. Las mujeres estamos en una búsqueda más completa, de cosas espirituales o esotéricas.

Playboy: -Marilina, ¿de qué se asustó el gordito de gafas de Puerto Pollensa?

Marilina: -(Más de treinta segundos de silencio, pesado.) De... dos personas que se amaban. Pero, mire... ya le dije: no me privé de nada. Pero no quiero que se utilice mi respuesta para que la gente se haga el bocho.


Desde el Rinconcito esta nota la compartió Christian.

El planeta tiene alma

Febrero de 1994 – El Vegetariano, Año IV, N° 26*

MARILINA ROSS: “EL PLANETA TIENE ALMA”


Por: GABRIEL RUGIERO

"Había saldado ya viejas cuentas pero otras quedaban pendientes... Y ella lo sabía... nadie mejor que ella lo sabía. Tenía que volver. Se tomó su tiempo... y su no -tiempo-, se acomodó en su espacio infinito y programó una vida. Escribió su guión, eligió a sus padres, se ordenó deberes, juró elegir la verdad y no el error. Y cuando escribió la palabra 'Fin' ya estaba lista para empezar.

Le costó menos esta vez despedirse de sus amigos de luz, sabía que iba a volver... y que los encontraría allá abajo. Repasó su libreto por última vez, prometo no olvidar... gritó con toda su Alma..."
(Ver Prometo no olvidar)

Y a eso voy, a que me cuente el guión.

Gotitas de luz bañan la tarde de Buenos Aires, en Palermo Viejo, donde vive Marilina. Su casa es un jardín botánico, lleno de una variedad infinita de plantas que ella misma plantó.

Me recibe con el mate preparado. “Cuando los oídos están listos para oír, entonces vienen los labios a llenarlos de sabiduría”. (El Kybalión). Siento que yo también estoy cumpliendo aquí con mi guión, y que esta entrevista la habíamos pactado ambos, aún antes de nacer, cuando éramos blancas estrellitas en el azul firmamento.

Abrimos juntos el Mágico libro de la Vida y comenzamos a recorrer las páginas de su pasado.

LA NENA

En la primaria llevaba el brazalete de la Cruz Roja, en la manga del guardapolvo. A los catorce años, como anticipándose a aquel “honrar la vida no es callar y consentir tantas injusticias repetidas”, sale a defender los derechos de Blanca de la Vega, su maestra más querida de la Escuela Labardén.

“Levanté en huelga al Labardén. Agarré una sábana y escribí: -Queremos a Blanca de la Vega-, (la habían echado por problemas políticos)".

“Al día siguiente, subo al micro, y a medida que iban subiendo todos mis compañeros, les decía que no tenían que entrar, que se tenía que resolver esto. Era una injusticia y no teníamos que permitir que sucediera. Los convencí a todos y no entró ninguno. Nos quedamos en la calle, protestando. Cuando preguntaron -¿quién organizó ésto? -¡Ella!- Ella era yo. Y estaba echada de la escuela. Me despidieron. Esa fue mi primer rebeldía”.


LA ACTRIZ

Ya era actriz y famosa. Su rostro aparecía a diario por las pantallas de televisión. Sin embargo su Alma le pedía algo más.

“Quería ayudar, quería ser útil, quería prestar un servicio a los demás. Comenzó a cerrarse dentro mío la idea de que éramos necesarios. Que la sola presencia en la villa; dar un poquito de Amor, o compartir un mate, con un salamín, en una casilla, cantar una canción, o lo que sea. Era muy necesario”.

Por eso comenzó a compartir su tiempo junto a Oscar Rovito, Leonor Benedetto, Emilio Alfaro, Juan Carlos Gené, Carlos Carella, entre otros. Interpretando obras de teatro (Sainete del 17) y canciones, con la gente más humilde de la villa de Retiro.

“El padre Mugica era un ejemplo, con su capilla del Cristo Obrero, en el medio de la villa. Dedicó su vida a los pobres. Al lado de la capilla tenía un gran almacén, depósito de comida y de objetos que iba recolectando por un lado, para regalar por otro”.

“En esa época el cambio estaba puesto más en lo social, en lo político, en cómo hacer para que haya menos injusticias. Pero todo esto, desde afuera. Yo creía que los gobiernos no nos permitían ser felices, o la sociedad, o el mundo. Pero no es así”.

“En los países que -se suponen- son libres, que no son dependientes, la gente tendría que ser más feliz. Sin embargo, el índice de suicidios es mayor en los países más desarrollados. Entonces, por ahí no es”.

ESPAÑA

Una oportunidad disfrazada de tristeza.

Con el golpe militar de 1976, fue prohibida su aparición en todos los medios de comunicación. Ante la imposibilidad de trabajar en nuestro país (amenazas anónimas de por medio), decide aceptar una propuesta laboral en España.

“Llegaba de filmar y me moría de angustia... ¿y ahora qué hago? Y ¿qué estoy haciendo acá? Y ¿cuándo voy a salir de acá? ¡No quiero estar acá! Llamaba por teléfono a la Argentina, mi padre enfermo. Y yo sin poder hacer nada. En ese momento mi padre me dice: no te preocupes por mí, yo no me voy a morir hasta que pueda volver a verte en TV, aquí”.

La tristeza la ayudó a darse cuenta que se estaba olvidando del guión.

“Tal vez lo que más me ayudó a reconocer eso, fue el dolor. El aprendizaje a través del dolor”.

“Vivía una crisis bastante grande de valores. Todas las cosas que creía que tenían un valor, dejaron de tenerlo. Tenía una brillante carrera, éxito, fama, dinero, y todas esas cosas no me servían para nada. Las tenía todas y no era feliz. Entonces me dije, ¿donde está? ¿Cómo es? Me quería morir y dije -no, por acá no es-”.

“¡Yo, que soy la vitalidad en dos patas!; y le veía tan poco sentido a la vida...”.

Allí volvió a conectarse con la chispita divina que late en su corazón. Con la parte más sabia de su SER. Se reencontró con su Alma y comenzó a escucharla. Las respuestas no tardaron en llegar, algunas, en forma de grandes libros, como El Kybalión.

“Cuando lo leí, la cabeza me hizo ¡bloing! Empezó a aclararse todo. Todo empezó a tener otra dimensión, otra lectura”.

-¿Qué te enseñó El Kybalión?

-"El Kybalión son siete leyes aplicables a toda la creación; como el principio de correspondencia: como es arriba es abajo, como sucede arriba -en Dios- es en nosotros. ¿Cuál es la realidad? Muy bien no sé...”.

“El principio de vibración: Todo vibra, todo esta vivo”.

“El principio de polaridad: la ley del péndulo; cuanto más se avanza hacia un extremo, más se avanza hacia el otro. Todo es dual, todo tiene polos, todo posee su par de opuestos -semejante y desemejante-, son lo mismo. Los opuestos son idénticos, en naturaleza, pero diferentes en grados. Los extremos se encuentran. Todas las verdades no son, sino, medias verdades. Todas las paradojas pueden ser reconciliadas”.

“El principio de causa y efecto: La ley del karma; todo tiene un origen, un porqué, nada es casual. Y se supone que estamos en esta vida para saldar cosas que han quedado pendientes de otras vidas”.

También se reencontró con otro autor, “Castaneda” y sus Enseñanzas de Don Juan. De él destaca los cuatro enemigos del Hombre del Conocimiento.

“El Miedo es el primer enemigo; hay que vencer el miedo para que aparezca La Claridad. Pero la claridad enceguece, hay que vencerla para que aparezca el tercer enemigo; que es El Poder. También hay que vencerlo para que aparezca el cuarto enemigo que es La Vejez, que hay que enfrentarla y vencerla”.

Crecer da miedo. Uno da muchas vueltas hasta que decide conectarse con la lucecita interior, La Chispita Divina, que todos llevamos dentro. Cuando lo hacemos, aparece La Claridad y, lo que antes parecía importante; el éxito, la fama, el dinero, ya no tienen valor.

Nos preguntamos: ¿qué objeto tiene la vida? Si profundizamos en el conocimiento, encontramos la respuesta. Allí aparece el tercer enemigo: El Poder.

“Es una trampa espantosa. Te dice que todo depende de vos, entonces vos te crees eso y es una gran equivocación. Porque nada depende de una sola parte. Hay otras que es la que realmente ejerce el poder. La de Arriba, la de Dios”.

-¿Qué deberíamos hacer nosotros? ¿Unir ambas voluntades?

-“Hacer lo que de nosotros dependa. Yo creo que son dos mitades. Hay una mitad que sí depende de nosotros, que forma parte de esta realidad, aunque sea -si querés- ilusoria. Pero bueno, estamos en este mundo y somos tridimensionales y por algo lo somos. Esa parte de tridimensión tiene que lograr su mitad, la otra mitad, ya no depende de la tridimensión. Tenemos que estar muy abiertos a aceptarla y reconocerla”.

-En este proceso de aprendizaje, tuvo una experiencia muy cercana a la muerte. Ese fue un paso decisivo en su crecimiento.

-“En París tuve una desmaterialización. Se me fue el alma del cuerpo, y creo que estuve ahí, al borde de irme o de quedarme, y volví aunque me costó bastante”. (Ver La desmaterialización).

“Allí empezó realmente mi cambio. Ese fue el broche que necesitaba para que volviera”.

Mucho tuvo que ver el AMOR en esa decisión. Por aquella época se enamoró, entre olas y brisas del mar, en las playas de Puerto Pollensa (le dedicó una bellísima canción, que, luego Sandra Mihanovich y ella misma la convirtieron en un Himno entre los adolescentes).

Con las Alas del AMOR cruzó el océano que la separaba y regresó a estas costas, donde la esperaban sus padres e infinidad de seres queridos. Volvió cantando: “- Aunque no lo veamos el Sol siempre está-” (y se señala con su dedito el corazón)... “- no afuera, dentro de cada uno-”, aclara.

Tomó la guitarra y no la soltó más.

Ya sabía lo que su arte quería decir, y las canciones le dieron la oportunidad de hacerlo. Nunca negó a la actriz. Simplemente que la música era un “medio” más propicio para contar sus historias. Ningún guión, ningún libreto era tan claro como las canciones escritas de su puño y letra.

De su inspiración salieron textos tan trascendentes como: “Somos algo más que el barro y que la arcilla. Que una planta que crece. Que un cuerpo que envejece. Somos algo más que una cuenta en un banco. Que esta canción que canto, que las computadoras, que el reloj y sus horas, que esta angustia creciente, más, más, más que la misma muerte...”.
Por eso siguió siendo la protagonista.




LAS CANCIONES

-¿Cómo es esto... qué las canciones te las dicta un angelito?

-“Un ejército, en realidad. No les doy tregua (risas). Es mágico. Es absolutamente mágico”.

“El otro día José Luis Perales, decía que la inspiración existe, pero que lo tiene que encontrar a uno listo para recibirla”.

“Empieza a salir fluidamente todo, y a veces te atascás, y no salís de una palabra. Te querés esforzar, querés darlo vuelta, y no sale. De repente un día... empezás a escribir y no podés parar”.

-¿Con qué canción te pasó?

-Con 'Se Puede' fue muy fuerte. Me pongo en el piano (yo no sé tocar el piano) y empiezo... -Se puede...- y digo -ahora tendría que sonar- (ponía el dedo) y me imagino que tenía que sonar, y sonaba eso. Con la letra sucedía lo mismo. Me moría de risa, entonces: -si recuperás la risa...- y decía -¡no puede ser!-. Me imaginaba un acorde, lo ponía en mis dedos y sonaba. ¡No lo podía creer! ¡De dónde sale! Me estaban dictando las dos cosas a la vez. Donde poner los dedos en ese aparato desconocido (teclado) y qué decir. Eso fue muy loco.

ECOLOGÍA

Cuando hablamos de ecología, sobre la necesidad urgente de preservar esta gran casa nuestra, que es el planeta Tierra, ella me comenta...

-“Me interesa el ser humano. El planeta es el hábitat del ser humano”.

-¿Creés que el planeta es un ser?

-“Claro, el planeta tiene alma, es un ser vivo, late; la tierra no es un ente ajeno. Como ciertos ecologistas que se preocupan por los bichos, los animales. No. Es la totalidad, es la globalidad. Y como yo soy un ser humano, desde allí parto, para protestar o para cuidar todo lo que somos”.

“Somos también esta tierra. Somos esta integración. Como en el tema SOMOS PARTE DE LO MISMO...”.

La cinta del grabador se está por acabar. Pero nosotros seguimos hablando, mucho después que el grabador dejara de registrar nuestra conversación. Los dos estábamos interesados, más que nada, en aprender. Nos habíamos olvidado del reportaje. Queríamos desentramar la trama de la creación. Aportar un dato más que aclare algún concepto.

Continúa Marilina...

“Todos tenemos que ver, todo nos liga. Todos estamos ligados con todo”.

“El todo es mente, esa es otra de las verdades del Kybalión”.

“El origen es la mente, como unidad, como uno. Es la energía pura. Es Dios”.

“¿Qué es lo que crea? La mente”.

“Si no lo creo no lo veo”, (hace un juego de palabras entre crear y creer).

“Siempre está antes la idea. Si vos querés lograr algo, tenés la idea”.

“Vos estás acá porque hay una idea de que vos estés acá”.

“Primero está la idea -antes que nada-. Después está la palabra. Después la acción. Nosotros fuimos creados así”.

“Tal vez el origen, haya sido esa mente que tuvo éstas ideas que después somos nosotros”.

-¿Qué te parece que quiere esa mente, ahora?

-“Bueno, no sé. Hablá vos por teléfono con Él -directo-. Yo no sé, yo no sé...”.

-Se lo pregunto al DIOS que late en tu corazón. ¿Qué quiere esa MENTE?

Piensa un momento... como escuchando la respuesta de su corazón. Luego contesta:

-Evolucionar.

-¿Qué quiere el Planeta de nosotros?

-Yo no lo sé, pero estoy para servirle.



PROMETO NO OLVIDAR...

Había saldado ya viejas cuentas pero otras quedaban pendientes... Y ella lo sabía... Nadie mejor que ella lo sabía. Tenía que volver. Se tomo su tiempo... Y su no tiempo, se acomodó en su espacio infinito y programó una vida. Escribió su guión, eligió a sus padres, se ordeno deberes, juró elegir la verdad y no el error...y cuando escribió la palabra fin ya estaba lista para empezar.

Le costó menos esta vez despedirse de sus amigos de luz, sabía que iba a volver... Y que los encontraría allí abajo. Repasó su libreto por última vez. Prometo no olvidarme... gritó con toda su alma, mientras el aire se volvía más denso y lentamente iba muriendo a ese mundo de luz.

La oscuridad la envolvió... Se fue enredando de a poco en una sustancia viscosa, tibia, pegajosa que crecía... Crecía... Y la cubría... La rodeaba ... La encerraba . Esa prisión la acompañaría durante todo su viaje. Ya sé... Pero no debo olvidarme... El espacio fue haciéndose cada vez más pequeño. Por las únicas dos ventanillas percibía el agua... Tibia... Y ese tambor batiendo... Siempre a ritmo... Cada vez más fuerte. De pronto comienza a escuchar otro tambor, más pequeño... Que va creciendo, con su propio ritmo. Los dos tambores acompasados se aceleran, se aceleran... Siempre a ritmo... Más veloz... Cada vez más veloz...

Ya no queda espacio... Algo me empuja y recuerdo el miedo... Otra vez el miedo... Presiento un tubo estrecho y un leve resplandor allá... Al final... Lucho por llegar a él... El tamborcito casi estalla en un grito de espanto...

¡Es una nena!... El médico la toma por las patitas, le da un chirlo, la nena llora y todos festejan. Nadie sabe mi dolor...

Solo a veces, muy pocas veces tengo la sensación de estar cumpliendo con aquel guión, es cuando el amor me afloja la cara y la sonrisa se instala... Y las ventanillas brillan... Pero, por más esfuerzos que haga no logro recordar aquella promesa, aunque la intuición me dice que tiene mucho que ver con la elección de la verdad.


LA DESMATERIALIZACIÓN

“Estaba en una disco -Le Palace- y un rayo láser produjo un túnel, eterno, y dije: -¡Oia!, el túnel del tiem... po-, y en el po estaba en el suelo. Me desmayé, aparentemente. Pero no fue como otros desmayos, porque tuve memoria de esos momentos. Sé muy bien lo que sentí, lo que me pasó; y la sensación clarísima de ¡por fin!, ¡por fin estoy bien! Este calorcito, esta paz. Era una cosa tan placentera, tan maravillosa, y de ahí la sensación de que se había acabado la tortura”.

“Después me vi a mi, allí abajo, chiquitita, me estaban llevando en brazos, y dije... ¡esa que va ahí soy yo! Entonces la veo a Norma que estaba muy asustada y el susto de ella es lo que me hace dar cuenta que tengo que volver, para tranquilizarla. Entonces hago esfuerzos, vuelvo en mí, me despierto, la miro y le digo: ...quedate tranquila que estoy muy bien”.

“Me vuelvo a ir, al ratito, el calor es lo que me hace ir. Una bocanada de aire caliente del sitio, muy parecida a aquel calorcito y... me fui de nuevo”.

“En esa segunda ida tengo la sensación de que si daba un paso más, ya no había retorno. Y que no había terminado. La sensación que tenía que volver, me costaba muchísimo, muchísimo. Era como ir en contra de una escalera mecánica, esa era la sensación, no se podía, intentaba... y no caminaba, no avanzaba. De repente escucho una voz muy chiquita que me dice: -no te entregues, María- (susurrando). Y cuando vuelvo, Norma, me tenía agarrada de los pelos y a sopapos limpios me gritaba: -no te entregues, ¡María!-. -¡No te entregues!-...”


*De esta nota existen dos versiones. Ésta es la versión más completa, que se ilustra con la foto de Marilina con Gabriel Rugiero. La revista "El Vegetariano" publicó sólo un resumen de la misma, ilustrada con las fotos en verde.


Marilina y Christian desde el rinconcito compartieron esta nota. Muchas Gracias!!!

Fotos de Marilina en la Casona 1994

Fotos de presentaciones de Marilina en La Casona del Conde de Palermo durante 1994.















Mayo de 1994













L. Canaves y Christian, desde el rinconcito compartieron estas imágenes.

La Raulito, un personaje y un éxito

1994 – Diario Crónica, Suplemento Ahora

Todos se hacen "LA PELÍCULA"

Por: HUGO SUVCOPLAS

LA RAULITO, UN PERSONAJE Y UN EXITO


Hace un par de semanas se cumplieron veinte años de comienzo del rodaje de "La Raulito" uno de los mejores filmes argentinos de la década del 70, ya de por sí provechosa en el resurgimiento de la industria nacional, con triunfos internacionales y estupendas recaudaciones.

La película reflejaba la vida de María Esther Duffau, un personaje auténtico conocido por su pasión por Boca Juniors. "Si tengo que elegir que me regalen un vestido o una pelota, prefiero la pelota", dijo en cierta oportunidad la Duffau, mientras que hace pocos días reiteró, en un ciclo televisivo, su fervor por el club de sus amores, inalterable, a pesar del paso del tiempo.

Ahora, con 61 años, Duffau prefiere no recordar sus años de infancia. Nació en el hospital Tornú, hija de un alcohólico y de una mujer que murió a poco del parto. A los seis años las palizas paternas la condujeron a un orfanato y dos años después comenzó a vagar por las calles.


Siempre rodeada de varones y vestida como ellos, en "picados" en los que su destreza en el juego no desentonaba con el resto de sus compañeros que la adoptaron como uno más.

Ya adolescente, Duffau, a quien apodaban "La Raulito" o "La Pelada" actuó en cine en "Pelota de trapo", "Pantalones cortos" y "Toscanito y los detectives" y recibió de Eva Perón un equipo completo de ropa deportiva con los colores boquenses.

Al trascender las confesiones sobre su identidad sexual, el diario "Crítica" supuso: “La ternura y los cuidados que se le prodiguen habrán de devolver los atributos de su sexo. Harán falta muñecas y bellos libros de cuentos".

Tales anhelos no se concretaron. Habitante nómada de los barrios del sur, trabajó como canillita, abrió puertas de taxis y cometió robos menores, mientras viajaba en los baños de los trenes y dormía en zaguanes, galpones y estaciones de ferrocarril.

Terminó innumerables veces en comisarías, asilos, dependencias judiciales y reformatorios, de los que también con frecuencia escapó, seguida por policías a los que llamaba "Gestapo".

En el año 1969, Marilina Ross se prendió del personaje al encarnarlo en "Nadie" unitario escrito por Juan Carlos Gené para el ciclo de televisión "Cosa Juzgada". Marilina con un libreto para cine que pidió Gené, recorrió productoras durante cinco años hasta que en 1974 dio con Helicón, que contrató como director a Lautaro Murúa, quien tenía además de su trayectoria como actor, los antecedentes en la realización cinematográfica con "Shunko", "Un guapo del 900" y "Alias Gardelito".

Murúa debió trabajar con un reducido presupuesto y un corto plan de rodaje y eligió el camino de las tomas rápidas, espontáneas y sin necesidad de repetirlas. Su personaje central no fue exactamente María Esther Duffau, sino que tomó varios aspectos de su vida.

Por ejemplo, la fuga de "La Raulito" de los Tribunales se captó con cámara oculta para aumentar el tono espontáneo del relato, pero un policía de civil, de paso por allí, amenazó con su arma a Ross para que se detuviera.

"Mi analista. en esos días, quería internarme, yo estaba totalmente poseída por el personaje" confesaba Marilina Ross.

"La Raulito" se estrenó sin que hubiera grandes expectativas de taquilla. Sin embargo la película tuvo excelente repercusión de crítica y el público la apoyó desde el comienzo, atraído por la historia, el personaje, el nombre de Marilina Ross, de vigencia total en pantalla por entonces, y los antecedentes como director de Murúa.

Además, en el Festival Internacional de Cine de Panamá, Marilina Ross recibió el primer premio como mejor actriz por su interpretación de "La Raulito".


Christian, desde el rinconcito, aportó la nota y Silvina la tipeó